Propiedades esenciales del matriminio


Unidad e indisolubilidad

Las propiedades esenciales del matrimonio son la unidad y la indisolubilidad, de tal modo que si se excluyen del consentimiento hace nulo el contrato matrimonial. Es decir, con otras palabras, el matrimonio es uno con una y para siempre, como viene exigido por el amor conyugal que es, por su misma naturaleza, un amor fiel y exclusivo hasta la muerte.

Sobre la unidad te diré algo que viene el Evangelio. Jesucristo recuerda que desde el principio sancionó Dios la unidad de la institución matrimonial: ¿No habéis leído que al principio el Creador los hizo varón y hembra, y que dijo: Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne? Así, pues, ya no son dos, sino una sola carne (Mt 19, 4-6).

El hecho de formar una sola carne hace del vínculo matrimonial una realidad exclusiva: de uno con una. En efecto, Dios prescribió la unidad matrimonial desde que instituyó el matrimonio al crear al hombre, para asegurar mejor la paz de la familia, y la educación y bienestar de los hijos.

Sobre esta propiedad esencial declaró el Concilio Vaticano II: La unidad del matrimonio, confirmada por el Señor, aparece ampliamente en la igual dignidad personal que hay que reconocer a la mujer y al varón en el mutuo y pleno amor (Constitución pastoral Gaudium et spes, n. 49). Se opone a la unidad del matrimonio la poligamia, que es contraria a esta igual dignidad de uno y otro y al amor conyugal que es único y exclusivo.

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