Carlo Acutis, el joven de la Eucaristía


El “ciberapóstol” de la Eucaristía (Venerable Carlo Acutis)

Un modelo para los jóvenes

En la exhortación apostólica postsinodal Christus vivit, publicada tras el Sínodo de Obispos sobre los Jóvenes, el papa Francisco se dirige especialmente a la gente joven. En ese documento invita a fijarse en la vida de santos jóvenes; y al referirse al mundo digital, señala ciertos peligros como son el aislamiento, el ensimismamiento o el placer vacío, pero también dice que no hay que olvidar a jóvenes que en estos ámbitos son creativos y a veces geniales, y cita como ejemplo al joven venerable Carlo Acutis, que fue un entusiasta de la informática. El Papa indica que la vida y testimonio de Carlo demuestran cómo la santidad es posible en todas las edades.

Infancia

Carlo Acutis nació el 3 de mayo de 1991 en Londres (Inglaterra). Sus padres -Andrea Acutis y Antonia Salzano- eran milaneses y se encontraban temporalmente en la capital inglesa por motivos laborales. El 18 de mayo es bautizado en la Iglesia londinense de Nuestra Señora de los Dolores. Pocos meses después del nacimiento de Carlo, la familia regresó a Milán. Crece en un entorno familiar sereno y acomodado, aunque sus padres eran poco practicantes en lo religioso. Sin embargo, Carlo comenzó a mostrar interés por las cosas de Dios, haciendo que sus padres fueran volviendo a la práctica religiosa. En la ciudad lombarda el chico asistió a la escuela primaria con las Hermanas Marcelinas; luego para cursar secundaria y bachillerato fue al Liceo Clásico León XIII, dirigido por los jesuitas.

Carlo era un niño como cualquier otro pero además tenía una pasión: Jesucristo. Su madre dijo de él: Era un muchacho experto con las computadoras, leía textos de ingeniería informática y dejaba a todos estupefactos, pero este don lo ponía al servicio del voluntariado y lo utilizaba para ayudar a sus amigos. Su gran generosidad lo hacía interesarse en todos. Estar cerca de Carlo era estar cerca de una fuente de agua fresca.

Vida de piedad

Desde muy joven, procuró vivir su fe en todos los aspectos de su vida. A los siete años pidió recibir por vez primera a Jesús Sacramentado; y gracias a un permiso especial pudo ver cumplido su deseo, que nada tenía que ver con un capricho. El obispo Pasquale Macchi personalmente comprueba la madurez y la formación cristiana de Carlo, condiciones para anticipar su primera comunión. Además recomienda a la familia que celebre el sacramento en un lugar recogido. Y así, el martes 16 de junio de 1998, con sólo siete años recibe por primera vez el Cuerpo de Cristo en el monasterio de Bernaga, un lugar de silencio colocado en la cima de un monte. Su amor a Jesús presente en la Eucaristía era inmenso y solía decir: La Eucaristía es mi autopista para el Cielo. Desde su infancia, y sobre todo después de su primera comunión, diariamente asistía a Misa y rezaba el Rosario. También hacía un rato de adoración eucarística, antes o después de la Misa. La adoración hace de él un compañero de Jesús. Este rato de adoración produjo en Carlo gozo, paz serenidad, dominio de sí mismo, capacidad de ver de lejos, no tener miedo a la muerte, vivir una vida para los demás. Y en más de una ocasión comentó: ¿Cómo es posible estar tristes teniendo a Dios siempre con nosotros? Somos más afortunados que los Apóstoles que vivieron con Jesús hace 2000 años: para encontrarnos con Él basta con que entremos en la Iglesia. Y añadía: Jerusalén está al lado de nuestras casas. También se preguntaba como era posible que tanta gente hiciera colas interminables para asistir a eventos mundanos como un concierto de rock, y a lo mejor, aun siendo católicos, no encontraran el tiempo para estar cinco segundos en silencio frente al sagrario donde está realmente Jesús.

Igualmente tenía devoción al Sagrado Corazón de Jesús y al Corazón Inmaculado de María. Con frecuencia repetía esta oración: Corazón divino de Jesús, yo te ofrezco por medio del Corazón Inmaculado de María, Madre de la Iglesia, y en unión al sacrificio eucarístico, las oraciones y las acciones, los gozos y sufrimientos de este día, en reparación de los pecados, por la salvación de todos los hombres, en la gracia del Espíritu Santo, por la gloria de Dios Padre.

También tenía un gran amor a la Virgen María, a la que consideraba como su confidente. En más de una ocasión dijo: María es la única mujer de mi vida. Es un apasionado de las historias de las apariciones de Virgen el Lourdes y en Fátima. Visita esos dos lugares marianos con sus padres. Y medita las palabras que la Virgen dirige a santa Bernadette, y luego aquellas otras dirigidas a Lucia, santa Jacinta y san Francisco, preguntándose sobre el sentido que tienen para él. Le impresiona mucho la visión que los tres pastorcitos tuvieron del infierno; y decide rezar cada día, con las oraciones sugeridas por la Virgen a los tres videntes, y así incluye la siguiente oración: Jesús mío perdona nuestras culpas, presérvanos del fuego del infierno, lleva al cielo todas las almas, y especialmente las que más necesitan de tu misericordia.

Igualmente era devoto de los santos, cuyos modelos fueron san Francisco de Asís, san Antonio de Padua, santa Jacinta Marto, santo Domingo Savio, san Luis Gonzaga y san Tarsicio, que, a excepción de los dos primeros, fueron santos que murieron jóvenes. También tenía devoción a los ángeles, y en su corazón latía amor a la Iglesia, traducido en fidelidad al Papa y a las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia.

Particular devoción le tenía al apóstol san Juan, el discípulo amado de Jesús. Es maravilloso -decía Carlo- porque todos los hombres están llamados a ser como Juan, discípulos predilectos, basta hacerse almas eucarísticas, permitiendo a Dios que obre en nosotros las maravillas que sólo Él puede hacer. Pero hace falta la libre adhesión de nuestra voluntad. Dios no quiere forzar a nadie. Quiere nuestro amor libre. Él sentía esa llamada a ser amigo íntimo de Jesús. Por eso quiere imitar al apóstol adolescente, y poner su corazón en Cristo.

Apreciaba el sacramento de la Penitencia, confesándose frecuentemente -cada semana-, y afirmaba: El defecto más pequeño nos tiene anclados a la tierra como le pasa a los globos que están tenidos abajo por el hilo en la mano. Y llena de verdad y belleza es está imagen suya: Igual que para viajar y subir alto en un globo aerostático hay que descargar pesos, también el alma para elevarse al Cielo necesita quitarse de encima esos pequeños pesos que son los pecados veniales.

Un adolescente normal

Su adolescencia fue como la de cualquier otro joven, pasaba tiempo con su familia y sus amigos. Carlo vivía con alegría su ser “joven”, su edad , sin drama, sin tensión, sin temor; estaba feliz de ser joven y, día tras día, capturaba lo bello, lo bueno, de la vida. Gracias a su intensa vida espiritual vivió plenamente y alegremente los quince años que Dios le concedió vida, dejando un profundo rastro de luminosidad y serenidad en quienes lo conocieron. Carlo había entendido el verdadero valor de la vida como don de Dios, como esfuerzo, como respuesta a dar al Señor Jesús día a día amor.

Le gustaba remontar cometas, disfrutaba de la naturaleza y de los animales. Jugaba al fútbol con sus amigos, y también con la PlayStation. Era muy amado y buscado por sus compañeros y amigos por su simpatía y vivacidad. En el colegio, Carlo jamás ocultó su fe, e invitaba a sus amigos y compañeros a ir juntos a Misa y volver a Dios, dando testimonio de vida cristiana. La fe la vivió en la vida cotidiana a través del cumplimiento de sus deberes en el estudio y en la vida de oración. A pesar de pertenecer a una familia acomodada vivía de manera muy austera.

También dedicaba parte de su tiempo en ayudar a personas sin hogar. Con sus primeros ahorros compró un saco de dormir para un mendigo que veía siempre en su camino a la iglesia para asistir a Misa. Y por la noche solía llevar comida a quienes vivían en la calle, a veces parte de su propia cena. Prestaba ayuda como voluntario en los comedores populares y en la atención a las personas necesitadas: los sin techo, los inmigrantes, los discapacitados, los niños y los mendigos.

En la parroquia de “Santa Maria Segreta” fue catequista, preparando muy bien las clases de catecismo que daba a los niños. Usó la tecnología de las comunicaciones y de los medios de comunicación para la evangelización. Creó páginas web para dar a conocer la doctrina católica. Sabía dedicar tiempo a los demás, estando disponible para todos. Sus amigos y compañeros del colegio lo buscaban para que les resolviera problemas con los ordenadores.

El recuerdo que dejó entre sus compañeros del colegio era el de un chico valiente y libre, capaz de bromear y reír, pero también fuerte a la hora de controlarse a sí mismo, sobre todo en la relación con las chicas, sin ser nunca grosero u ofensivo. Sus amigos estaban asombrados por verle cuidar tanto una virtud “pasada de moda”, la pureza, junto a un sereno rigor en la vida moral. Convencía a sus amigas y compañeras a que no banalizaran su cuerpo, sino que lo consideraran por lo que es: el templo del Espíritu Santo. También les decía a sus amigos que al utilizar internet no cayeran en las trampas de la pornografía, ya que hipnotiza y hace caer a tantos adolescentes el el túnel de la dependencia y en la esclavitud del pecado. Y afirmaba: ¿Dónde está el placer del hombre de vencer mil batallas si no es capaz de vencerse a sí mismo? El amor propio, no, pero sí la gloria de Dios. Un profesor suyo de religión dio el siguiente testimonio: A lo largo de una discusión en clase sobre el tema del aborto Carlo fue el único que se opuso.

Genio de la informática

Carlo fue un apasionado de la informática, desarrollando un especial talento para esta ciencia. Tenía conocimientos muy avanzados para su edad. Ha sido considerado como un genio en esta disciplina. Decidió utilizar sus conocimientos de informática para difundir el amor al Santísimo Sacramento. Por esto es conocido como el “ciberapóstol de la Eucaristía”. Con tan sólo 14 años supo idear y organizar un material audiovisual relacionado con sus creencias religiosas acerca de la Eucaristía siendo precursor del uso de estos materiales para la difusión masiva de contenidos religiosos. Fruto de su trabajo, fue una exposición virtual sobre los milagros eucarísticos en el mundo. Este trabajo le llevó tres años, luego de viajar mucho y recoger información, pues había logrado involucrar a sus padres para que le acompañaran a todos los lugares del mundo en los que se hubieran producido milagros de este tipo reconocidos por la Iglesia. Ardua su tarea de recopilar todos los milagros e informar detalladamente de cada uno, algo que no existía hasta ese momento, pero lo consiguió.

La exposición, que recoge un total de 136 milagros, se ha difundido por los cinco continentes. Solo en los Estados Unidos ha llegado a millares de parroquias y a cien universidades; en el resto del mundo, a cientos de parroquias y algunos de los santuarios marianos más famosos, como Fátima, Lourdes y Guadalupe.

Su pensamiento en frases

En un cuaderno, Carlo escribió: La tristeza es dirigir la mirada hacia uno mismo, la felicidad es dirigir la mirada hacia Dios. La conversión no es otra cosa que desviar la mirada desde lo bajo hacia lo alto: basta un simple movimiento de los ojos.

Como buen católico amaba a la Iglesia, y le dolía que otros la criticaran. Por eso dijo: Criticar a la Iglesia es criticarnos a nosotros mismos.

Siendo consciente de las cualidades recibidas de Dios, solía decir alentando a cada uno a hacer fructificar los dones personales que Dios le dio: Todos nacemos originales, pero muchos mueren como fotocopias. Éste ha sido el lema más emocionante, especialmente los jóvenes.

Su preocupación por el bien espiritual de los demás le hacía exclamar: ¿Por qué los hombres se preocupan tanto por la belleza de su cuerpo y no se preocupan por la belleza de su alma?

Fue un gran amigo de Jesús, y de aquí que dijera: Estar siempre unido a Jesús: ese es mi proyecto de vida. Y llevaba un convencimiento en su corazón: Vamos rectos al Paraíso, si nos acercamos todos los días a la Eucaristía.

Llevó una vida austera, preocupándose solamente por lo esencial. Él no quería tener un par de zapatos de más, aunque sus padres querían comprarles otros. Dejó escrito: El dinero sólo son papel de basura: lo que cuenta en la vida es la nobleza del alma, es decir, la manera con que se ama a Dios y al prójimo.

Su slogan más difundido y el más radical es: No yo, sino Dios, pues para él, sólo la vida en Dios puede asegurar la alegría.

Él siempre quiso tener cerca a Jesucristo. Le vio en la enfermedad, en la gente de su entorno, en los necesitados pero sobre todo en ese amor desmesurado a la Eucaristía. A los once años escribió: ¡Cuantas más eucaristías recibamos más nos pareceremos a Jesús y ya en esta tierra disfrutaremos del Paraíso!

Enfermedad y muerte

A principios de octubre del 2006, Carlo enfermó. Parecía una gripe normal y corriente, pero fue diagnosticado con una leucemia fulminante del tipo M3, la más agresiva. No había ninguna posibilidad de curación. Pocos meses antes y aún sin conocer su enfermedad, Carlo había predicho su muerte, lo cual quedó registrado en un vídeo. Estoy destinado a morir; moriré joven, dijo con mucha paz y serenidad; y manifestó que si moría, le gustaría que lo enterraran en Asís. Una vez conocida la enfermedad fue hospitalizado. Al cruzar la puerta del hospital, Carlo le dijo a su madre: De aquí ya no salgo. Más tarde, también les comentó a sus padres: Ofrezco al Señor los sufrimientos que tendré que padecer por el Papa y por la Iglesia, para no tener que estar en el Purgatorio y poder ir directo al Cielo. Durante la enfermedad mostró una valentía sobrehumana y mucha fe, a la vez que intentaba minimizar unos dolores que los médicos calificaban de atroces. Cuando la enfermera le preguntaba cómo se sentía con esos dolores, Carlo respondía: Bien. Hay gente que sufre mucho más que yo. De noche no duerme por causa de los dolores, pero a la enfermera que le pregunta si desea tener cerca a su madre él le contesta: No despierte a mi madre, que está cansada y se preocuparía más.

Murió en olor de santidad en el hospistal San Gerardo de Monza a los pocos días de ser diagnosticado, el 12 de octubre de 2006, con sólo 15 años. Dos días antes de su muerte había pedido recibir la Unción de los Enfermos y el Viático.

Fama de santidad

El día de su funeral, la iglesia y el cementerio estaban llenos de gente. Su madre recuerda que había gente que ella no conocía de nada. Muchos de los asistieron eran personas sin hogar, inmigrantes, mendigos, niños…, a los que Carlo había ayudado sin que su familia lo supiese. Aquella gente le hablaba de Carlo, de lo que él había hecho por ellos, y que ella no sabía nada. Su familia accedió a su petición de ser enterrado en Asís, que era el lugar del mundo preferido por Carlo.

Carlo Acutis va camino de los altares. Su vida -según recuerdan los que le rodearon olía a santidad– ha ayudado a muchos a descubrir el amor de Dios desde bien pequeño y el don de la Eucaristía uniendo a católicos de todos los países. Su fama de santidad comenzó a expandirse con rapidez por todo el mundo, de manera misteriosa. Alrededor de su vida ha sucedido algo grande, ante lo cual me inclino, comentaba el jefe de la Oficina para la Causa de los Santos de la diócesis milanesa. Existen más de doscientos sitios y blogs que hablan sobre él en diferentes idiomas. Ya hay muchas historias de conversión relacionadas con él, que ocurrieron tras su muerte. Los padres del Siervo de Dios reciben cartas y solicitudes de oración de todo el mundo, y gran parte de este material fue recolectado durante la fase de beatificación diocesana.

Proceso de beatificación y canonización

El 12 de octubre de 2016, en sexto aniversario de su muerte, se decide comenzar su proceso de beatificación, y semanas después, el 24 de noviembre de 2012, el arzobispo de Milán empezó los actos preliminares para la causa de canonización del Siervo de Dios Carlo Acutis. El comienzo del proceso tuvo lugar el 15 de febrero de 2013 en la Archidiócesis de Milán. El 24 de noviembre de 2016, con la firma del cardenal Angelo Scola, se cerró en la Curia milanesa la fase diocesana del proceso y pasó la causa a Roma. Debemos dar gracias al Señor por este gran don que se nos da en la actualidad. Personalmente, estoy seguro de que Carlo pronto será llevado a los altares, convirtiéndose así en un punto de referencia muy valioso para todos nosotros y especialmente para nuestros hijos, dijo el arzobispo de Milán.

El 5 de julio de 2018, el papa Francisco aprobó el decreto de virtudes heroicas del Siervo de Dios, declarando venerable a Carlo Acutis. Este decisión del Papa en tan corto espacio de tiempo fue acogida con entusiasmo y es motivo de consideración para todos aquellos que ven en Carlo un modelo de evangelizador del siglo XXI. Su jornada giraba en torno a Jesús, que estaba en el centro. Las personas que se dejan transformar por Jesús y tienen esta fuerte amistad con Dios interpelan a los otros, irradian la imagen de Dios, afirmaba su madre.

El 6 de abril de 2019, sus restos mortales fueron trasladados al “Santuario del Despojo”, en Asís, lugar donde san Francisco de Asís “dejó todo para seguir al Señor”. Desde entonces su cuerpo descansa en un sepulcro en la nave derecha del Santuario, donde cientos de fieles acuden a rezar y a encomendarse a su intercesión.

El 21 de febrero de 2020, el papa Francisco aprobó un milagro atribuido a Carlo Acutis, necesaria para su beatificación. La noticia fue recibida con mucha alegría por el obispo de Asís -Domenico Sorrentino- que exclamó: ¡Carlo Acutis será próximamente beato! Una gran alegría para los muchos devotos de Carlo en todo el mundo. Una gran alegría especialmente para los jóvenes, que encuentran en él un modelo de vida

El milagro fue la curación inexplicable de un niño en Brasil. El padre Marcelo Tenorio, vicepostulador de la causa de canonización de Carlo, cuenta lo sucedido aquel día: El 12 de octubre de 2010, en la capilla de Nuestra Señora Aparecida, en nuestra parroquia de Campo Grande (Mato Grosso del Sur), en el momento de la bendición con la reliquia, se acercó un niño acompañado por su abuelo. El niño estaba enfermo de páncreas anular, una enfermedad congénita que se estaba tratando. Esta enfermedad causaba que el niño vomitara todo el tiempo, lo que lo debilitaba y lo abatía mucho, porque todo lo que comía lo devolvía, incluido el líquido. Ya llevaba una toalla, porque su situación era grave. Cada vez más débil, debilitado, encontraría una muerte segura. Durante la bendición, el niño le preguntó a su abuelo qué debía pedir y éste le dijo que rezara, pidiendo “para dejar de vomitar”, y así sucedió. Cuando llegó el turno del enfermo, tocó la reliquia de Carlo y dijo con voz firme: “Dejar de vomitar” y, a partir de entonces, ya no vomitó. En febrero de 2011, la familia ordenó que se realizaran nuevas pruebas al niño y se descubrió que estaba completamente curado.

Carlo Acutis, con solo 15 años, se inscribe en ese catálogo de niños y jóvenes que por sus vidas, han narrado la belleza y la alegría de donarse a Dios y al bien de los demás.

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