Catequesis sobre la Confesión (XII)


Del libro: Un Dios que perdona

(El sacramento de la Penitencia explicado a los jóvenes)

Capítulo 4: Confesión

Uno de los conversos más famosos del siglo XX fue el gran escritor inglés Chesterton. Educado en el seno de la Iglesia Anglicana, se convirtió al Catolicismo en 1922, cuando contaba 48 años de edad y ya era conocido por sus publicaciones. Contó en sus escritos autobiográficos cómo a quienes le preguntaban acerca de los motivos de su conversión a la Iglesia Católica, les respondía sencillamente que se hizo católico para que se le perdonasen los pecados. He aquí lo que escribió al respecto: Cuando la gente me pregunta “¿por qué ha entrado usted en la Iglesia de Roma?”, mi primera respuesta es: “para librarme de mis pecados”. Pues no hay otro credo religioso que haga desaparecer realmente los pecados de las personas. Está confirmado por una lógica que a muchos maravilla y mediante la cual la Iglesia deduce que ese pecado confesado por el cual se siente arrepentimiento queda totalmente borrado, y el pecador vuelve a empezar de nuevo como si no hubiese pecado nunca (Gilber Keith Chesterton, Ortodoxia. Citado en Luis Ignacio Seco, Chesterton. Un escritor para todos los tiempos, p. 310. Ediciones Palabra. Madrid).

El relato precedente nos sirve de preámbulo para el tema que vamos a tratar a continuación, que es el sacramento de la Penitencia. Al hablar de la Confesión, lo primero que hay que considerar es la bondad de Dios que perdona los pecados por medio del sacramento de la Penitencia. Nuestro Dios, el único Dios que existe, es rico en misericordia y no quiere la muerte, la desgracia del pecador, sino que se arrepienta, se convierta y viva.

Jesucristo, en su paso por la tierra, tuvo una auténtica pasión por curar a hombres y mujeres de las enfermedades del cuerpo y del alma. No sólo devolvía la salud corporal, sino que también perdonaba los pecados. Por ejemplo, al paralítico de Cafarnaúm, que es llevado en camilla ante Jesús por cuatro amigos, además de ser curado milagrosamente, se le perdonan los pecados. María Magdalena, el Buen Ladrón, la Samaritana, Zaqueo… son algunos de los pecadores que aparecen en los Santos Evangelios perdonados por el Señor. Y también en la Sagrada Escritura vemos cómo el mismo Cristo habla de la misericordia de Dios en varias parábolas; entre otras, la del hijo pródigo y la de la oveja descarriada, que son bien conocidas.

Nuestro Señor quiso que el perdón de los pecados se consiguiese a través de un signo sensible, e instituyó el sacramento de la Penitencia, que también llamamos Confesión. Cuando acudimos a este sacramento bien arrepentidos, con las disposiciones necesarias, tenemos la certeza de que Dios nos perdona, borra todos nuestros pecados, todas nuestras faltas.

(continuará)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s