Dos hermanos santos: San Francisco Marto y Santa Jacinta Marto


San Francisco Marto y santa Jacinta Marto

El 13 de mayo de 1917 la Virgen María se apareció a tres pastorcitos en Fátima. Varias decenas de años después, en el mismo lugar, san Juan Pablo II beatificó a dos de aquellos niños (Francisco Marto y su hermana Jacinta). Asistió a la ceremonia una carmelita de 93 años, sor María Lucia de Jesús y del Inmaculado Corazón, única superviviente de los tres videntes.

Desde muy temprana edad, Francisco y Jacinta aprendieron a cuidarse de las malas relaciones, y por tanto preferían la compañía de Lucia dos Santos, prima de ellos, la cual les hablaba de Jesucristo. Los tres pasaban juntos el día, cuidando de las ovejas, rezando y jugando. Aunque su vida era muy dura, nunca estaban tristes, si bien a veces se enfadaban y reñían, porque Jacinta era un tanto caprichosa y Lucia tenía un genio muy vivo. Eran, en suma, unos niños normales, que no tenían nada de místicos.

Antes de las apariciones de la Virgen, a los tres niños se les apareció un ángel. Éste les dijo: Consolad a vuestro Dios. Estas palabras impresionaron vivamente a Francisco y orientaron toda su vida. Sólo a él Dios se dio a conocer muy triste, como decía. Una noche, su padre lo oyó sollozar y le preguntó por qué lloraba; el hijo respondió: Pensaba en Jesús, que está muy triste a causa de los pecados que se cometen contra Él. Quiso ser el Consolador de Jesús. Su pena era ver a Jesús ofendido; su ideal, consolarlo. Desde entonces hasta su muerte, vivirá movido por el único deseo -que expresa muy bien el modo pensar de los niños- de consolar y dar alegría a Jesús, y para esto hará todos los sacrificios que pueda.

Tanto él como su hermana fueron muy dóciles a los preceptos del Señor y a las palabras de la Santísima Virgen María. Progresaron constantemente en el camino de la santidad y, en breve tiempo, alcanzaron una gran y sólida perfección cristiana. Al saber por la Virgen que sus vidas iban a ser breves, pasaban los días en ardiente expectativa de entrar en el cielo. Y de hecho, su espera no se prolongó.

El 13 de julio, durante la aparición de la Virgen, tuvo lugar una visión del infierno. Jacinta se quedó tan impresionada con esta visión, que a partir de entonces todas las mortificaciones y penitencias le parecían pocas con tal de salvar a los pecadores. Años más tarde, su prima Lucia dijo de Jacinta: Vivía apasionada por el ideal de convertir pecadores, a fin de arrebatarlos del suplicio del infierno, cuya pavorosa visión tanto le impresionó. Alguna vez me preguntaba: “¿Por qué es que Nuestra Señora no muestra el infierno a los pecadores? Si lo viesen, ya no pecarían, para no ir allá. Has de decir a aquella Señora que muestre el infierno a toda aquella gente. Verás cómo se convierten. ¡Qué pena tengo de los pecadores! ¡Si yo pudiera mostrarles el infierno!”

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