Archivo de la categoría: Anécdotas de la historia

Una opinión particular… y su rectificación

Juan XXII. Papa. De nacionalidad francesa, residió en Aviñón. Gobernó la Iglesia desde agosto de 1316 a diciembre de 1334.

Una opinión particular

Cabe destacar del pontificado de Juan XXII algo más que una simple anécdota, pues dio lugar a la controversia. El día de Todos los Santos de 1331 el Papa, predicando en la catedral de Aviñón, como hacía con frecuencia, afirmó, advirtiendo que se trataba de una opinión personal que a nadie obligaba, que las almas de los bienaventurados no verían a Dios hasta después del Juicio Final. Esta arriesgada opinión fue de inmediato rebatida por la mayoría de los teólogos. El 18 de noviembre de 1333 aclaró que él no había querido decir que fuese doctrina segura, sino solamente que era una cuestión que convenía debatir.

Ya en su lecho de muerte, Juan XXII se retractó de su afirmación, expresando que la había hecho a título personal y diciendo: Creo y confieso que las almas, separadas del cuerpo y purificadas, están en el cielo con Jesucristo y con los ángeles, ven a Dios y la divina esencia claramente y cara a cara. Si alguna vez he predicado, dicho o escrito lo contrario, lo revoco expresamente.

Su sucesor, el papa Benedicto XII, con la constitución Benedictus Deus, definió dogmáticamente la visión beatífica de los bienaventurados sin tener que esperar al Juicio Final.

La avaricia rompe el saco

Había un labrador que tenía un borriquillo con el que se ganaba la vida. En invierno salía de su pueblo y se dirigía al bosque. Allí cortaba la leña, la amontonaba en pequeños haces y a continuación la cargaba sobre el lomo del animal. En verano salía también, muy de mañana, y se encaminaba a las frescas fuentes de la montaña para llenar los cántaros y llevar el agua a sus parientes y paisanos. Un día pensó que podía ganar más dinero si conseguía que el jumento comiese un poco menos. Era un pensamiento egoísta, pero la ambición le pudo. Decidió que el animal ayunaría un día a la semana. Dicho y hecho; el miércoles, al llegar a su establo, el pollino se encontró con que faltaba el alimento diario. Pasó la semana, y como no había ocurrido nada de particular, nuestro hombre decidió que a partir de entonces serían dos los días de ayuno. Así transcurrió la segunda semana, y el burrito continuaba trabajando sin desmayo. A la quinta semana eran cinco los días de ayuno, y cuando llegó la sexta, el pobre animal se murió. Entonces fue cuando el campesino, lleno de filosofía, exclamó contrariado: ¡Qué lástima, ahora que se estaba acostumbrando!

La puerta de la vida

Piénsalo bien, extranjero, dijo el Mandarín sentado en su trono de nácar. –En esta sala, como ves, hay dos puertas… -Ya sé, ya sé…, una de las puertas conduce a un pozo lleno de serpientes, y la otra a un caballo , una bolsa de oro y un salvoconducto para abandonar tu reino; ¿no es así? Sir Charles Campbell me lo contó todo a su regreso a Inglaterra. -Eres muy astuto, extranjero, pero voy a hacerte un pequeño cambio de programa. Las dos puertas están ahora guardadas por un solo soldado y a él es quien únicamente puedes preguntar. Con una sola pregunta y sin saber si el soldado es de los que siempre mienten o de los que siempre dicen la verdad.

Sir Alexander Winston palideció, pero su ágil mente de explorador encontró rápidamente la solución. ¿Cuál es?

La pregunta de sir Alexander Winston fue: Si yo te hubiera preguntado cuál es la puerta que conduce a la libertad, ¿qué puerta me habrías indicado? Si el soldado es de los que siempre dicen la verdad, le indicará la puerta correcta. Si es un mentiroso, también le indicará la puerta correcta, porque mentirá sobre la mentira que hubiera dicho al hacerle la pregunta directa.

Allá, en las montañas

Allá en la montaña -me dicen- vive un hombre de Dios. Le hemos visto rezar en la noche y fatigarse durante el día. Ve allí, a la montaña. Si mañana estás aquí, verás a las doce lucir una estrella.

Ese hombre de Dios -me enteré después- baja muy de mañana al pueblo que se encuentra al pie de la montaña. Trabaja con ilusión, sin olvidar a su Dios. Al terminar su labor comienza la ascensión pina y dura, con su borrico de carga; cuando más fuertemente pega el sol, se encuentra todos los días junto a la fuente clara de la montaña. Su boca pastosa se aliviaría con el agua, pero puede siempre más su amor, y siempre, cada día, ofrece ese pequeño dolor, se lo ofrece a su Padre-Dios. El cielo, en recompensa, con la luz del mediodía, dibuja entre las nubes una estrella. Así todos los días.

Han pasado unos meses, y un pequeñuelo se ha acercado a contemplar la vida de aquel pobre anciano. Un muchacho sin años, que pide aventuras, le quiere imitar. Pero el anciano le disuade: “No podrás, pequeño, sufrir esta vida”. Pero él insistió tanto, que trataron de poner su tesón a prueba un solo día.

Rezaron de noche a su Dios. Y muy de madrugada bajaron con la leña en el borriquillo al trabajo duro del amanecer. Los dos trabajaron, el viejo y el niño. Terminaron la labor, y de nuevo, tirando del jumento, iniciaron la subida. El pequeño jadea, se cansa y sonríe. ¿No podrá más? Las piedras, sujetas en falso, le hacen perder el equilibrio, y rueda alguna vez con pequeños gritos. Se levanta, sacude su alforja y sigue adelante. Ahora se le van los ojos hacia la fuente. Será un buen descanso. El muchacho mira al agua y mira al viejo.

-Si el viejo no bebe, ¿podré beber yo?

Y en el viejo, otra duda: -¿Me mortificaré, Señor? ¡No beberá el niño si no bebo yo!

Indecisión. ¿Mortificación o caridad? Una de las dos ha de postergarse en aquel momento.

Y pudo más la caridad. -Beberé para que él se atreva a beber.

Y el viejo se acercó a la fuente y bebió de ella. Al muchacho se le escapó un grito de alegría y se volcó en las aguas.

Los dos ahora descansan. Pero el buen viejo reflexiona: -¿Me sonreirá hoy también el cielo con su estrella?

Y con temor levantó, lentamente, sus ojos a las nubes.

En el cielo, aquel día, lucieron dos estrellas.

(Jesús Urteaga, El valor divino de lo humano)

El chico paduano

La carta de mi padre ha causado en mí gran impresión. No seré un soldado cobarde, pero iría más a gusto a la escuela si el maestro nos contase cada día una historia como la que hoy nos ha explicado. Dice que nos va a contar una todos los meses. La de hoy se llamaba: “El pequeño patriota paduano”. La voy a escribir:

Un barco francés salió un día de Barcelona con destino a Génova. En él viajaban gentes de todos los países: franceses, suizos, alemanes; y entre ellos se encontraba un niño de unos once años que siempre estaba aislado, no hablaba con nadie.

El pobre estaba muy mal vestido. Y tenía razón para estar triste: sus padres le habían entregado dos años antes a unos titiriteros que pasaban por Padua, quienes, a fuerza de golpes y patadas le habían enseñado a hacer unas piruetas, haciéndole pasar hambre, hasta que al fin se escapó y, pidiendo ayuda al cónsul de Italia en Barcelona, éste la había ayudado a embarcándole con una carta para el alcalde de Génova,a quien rogaba que mandase al muchacho a sus padres.

Había gente en el barco que le preguntaban, pero él no respondía nunca. Hasta que un día, tres hombres que no eran italianos le hicieron hablar a base de insistencia, y el chico les contó su historia. Los viajeros, aunque no sabían italiano, entendieron lo que les decía y, compadecidos, le dieron algunas monedas.

El chico dio las gracias y se fue a cubierta. Allí se puso a pensar en lo que podría comprar al llegar a Génova: podría comer algo que no fuera el duro pan del que se había alimentado casi exclusivamente durante dos años. También comprar una chaqueta para presentarse decentemente ante sus padres.

Estaba en estos pensamientos, cuando oyó a los tres viajeros que le escucharon, que hablaban entre sí de numerosos viajes alrededor del mundo.

Y vinieron a hablar de Italia. Uno empezó quejándose de los ferrocarriles, otro de las calles, otro de la gente.

Italia es un pueblo de estafadores, dijo uno. De bandidos, dijo otro y el tercero abrió la boca para decir algo ofensivo, pero no llegó a hacerlo, porque sobre sus cabezas cayeron multitud de monedas.

Al alzar las cabezas indignados, vieron al pequeño muchacho paduano, que les dijo: yo no acepto dinero de los que insultan a mi patria.

(Edmondo De Amicis, Corazón)

Momentos difíciles para la Iglesia y la Religión Católica en España

Momentos difíciles para la Iglesia en España

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, es decir, PSOE y Unidas Podemos, han llegado a un acuerdo programático y han anunciado las medidas conjuntas del futuro gobierno de España. En sus 50 páginas ambas formaciones anuncian las medidas que llevarán a cabo en coalición y que previsiblemente recibirán el apoyo puntual y el sostén de otras formaciones de extrema izquierda y nacionalistas.

El acuerdo programático es marcadamente ideológico y en él se establece un blindaje aún mayor del aborto, de la ideología de género, la legalización de la eutanasia, así como el ataque contra los católicos en distintos ámbitos anunciando incluso expropiaciones de bienes eclesiásticos.

Expropiación de los bienes de la Iglesia

Los socialistas y los populistas de Podemos anuncian, por ejemplo, en uno de los puntos de su programa conjunto de Gobierno que realizarán “las modificaciones legislativas oportunas para facilitar la recuperación de los bienes inmatriculados por la Iglesia basadas en el privilegio de inscribir en el Registro de la Propiedad bienes a partir de simples declaraciones de sus propios miembros”.

Además, obviando la Constitución española así como el hecho de que un 70% de la población se declare católica y un 20% de los españoles adultos vaya a misa todos los domingos o varias veces al mes, el nuevo Gobierno asegura que aprobará “una Ley sobre Libertad de Conciencia que garantice la laicidad del Estado y su neutralidad frente a todas las confesiones religiosas”.

Ataque a la Religión en la escuela y a la educación diferenciada

En el ámbito educativo, el acuerdo entre PSOE y Podemos prevé un nuevo ataque a la asignatura de Religión afirmando que “será de carácter voluntario para los estudiantes, sin que haya una asignatura alternativa ni la nota sea computable a efectos académicos”.

Por otro lado, anuncia la retirada del concierto a los colegios que tengan educación diferenciada. En este acuerdo programático afirman que “promoveremos la coeducación en todo el sistema educativo, impidiendo la segregación educativa por razón de sexo en los centros sostenidos con fondos públicos”.

Y además ambos partidos han llegado a un acuerdo para “potenciar la educación afectivo-sexual dentro del sistema educativo, conforme a un enfoque de derechos, de igualdad y libertad”.

Eutanasia, “nuevo derecho”

Con este nuevo gobierno la eutanasia tendrá vía libre. Entre los considerados “nuevos derechos”, socialistas y comunistas hablan del “derecho a la muerte digna y regulación de la eutanasia”.

De este modo, en el acuerdo avanzan que “daremos una respuesta jurídica, sistemática, equilibrada y garantista a las demandas sostenidas de la sociedad actual en relación con el final de la vida. Para ello, impulsaremos una Ley de derechos y garantías de la dignidad de la persona ante el proceso final de su vida, así como la Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia, y su inclusión en la cartera común de servicios del Sistema Nacional de Salud”.

El aborto se blindará aún más con este gobierno, pues se afirma que el nuevo gobierno “favorecerá el acceso, a los últimos métodos anticonceptivos, a la anticoncepción de urgencia y a la interrupción voluntaria del embarazo de todas las mujeres, en el Sistema Nacional de Salud” volviendo a la Ley Aído de 2010.

Acabar con los rescatadores y con la ayuda a personas homosexuales

También se perseguirá a los grupos provida que rezan o informan a las mujeres que van a abortar al afirmar que “garantizaremos la intimidad de las mujeres que acuden a las clínicas IVE (interrupción voluntaria del embarazo, nda), su integridad física y moral, así como su derecho a la libre circulación”.

La ideología de género también tendrá un nuevo espaldarazo con el nuevo Gobierno. De este modo, anuncian leyes nacionales en las que se incluye “la prohibición a nivel nacional de las llamadas terapias de reversión”. Igualmente, se realizará “una ley trans que trabaje de forma efectiva para erradicar todas las formas de discriminación hacia las personas trans en todos los ámbitos”.

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En 1974 Portugal pasó un momento muy difícil con la llegada de los comunistas al poder. Pero los católicos portugueses reaccionaron acudiendo a la Virgen de Fátima rezando millares de rosario, y el peligro pasó.

Este ejemplo de los portugueses debemos seguir los católicos españoles. La oración tiene mucha fuerza, y España que es tierra de María Santísima no será dejada de las maternales manos de la Virgen.

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No es nada nuevo querer destruir la religión católica. He aquí unos hechos históricos del fracaso de los que quisieron eliminar la religión católica.

La religión fundada por el misterio de la Cruz de Cristo no puede ser destruida por ningún género de crueldad. No se disminuye la Iglesia por las persecuciones, antes al contrario, se aumenta. El campo del Señor se viste entonces con una cosecha más rica. Cuando los granos que caen mueren, nacen multiplicados (San León Magno, In natali Apostolorum Petri et Pauli 6).

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Mons. Johann Neuhäusler, estuvo preso cuatro años recluido en el campo de concentración de Sachenhausen-Oramenburg. En sus recuerdos afirma: El 26 de mayo de 1941, cuando llegué al campo, una persona del departamento político me dijo: “Vamos a destruir la Iglesia Católica y el cristianismo por completo en Alemania”. Cuando le repuse, con toda tranquilidad: “Esto se ha anunciado e intentado muchas veces desde hace 1900 años, pero nunca se ha conseguido”. El funcionario de las SS declaró con decisión: “Sí, pero nosotros lo vamos a conseguir. Tenemos un plan, un plan perfectamente meditado y elaborado en todos sus detalles. Destruiremos la Iglesia”.

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El día 15 de febrero de 1798 las tropas napoleónicas, atropellando los derechos del Romano Pontífice, proclamaron la República Romana, de marcado carácter antirreligioso. A Pío VI, anciano de ochenta años, se le dio el título de ciudadano francés. Cuando el general Carvoni -al notificar oficialmente al Papa que quedaba despojado del poder temporal- ofreció a Pío VI la escarapela tricolor haciéndole ver que ya era un ciudadano más de la República Francesa, el Sumo Pontífice contestó con gran dignidad: No conozco ni admito ningún otro uniforme sino aquél con que la Iglesia me ha honrado. Y rogó: Pido con instancia que la religión católica sea respetada, y que no se derrame la sangre de los que me han servido fielmente.

El Papa se mantuvo firme en que no podía renunciar a los derechos de la Santa Sede.

El 20 de febrero se obligó al Pontífice a salir de Roma, aunque el anciano había suplicado se le dejase morir en la Ciudad Eterna. La respuesta a su súplica fue que en cualquier lugar se podía morir.

Antes de salir de Roma, camino de su cautiverio, Pío VI escribió a los obispos: Dios ha querido, vosotros lo sabéis, que la Iglesia debiera su nacimiento a la Cruz y al sufrimiento, su gloria a la ignominia, sus luces a las tinieblas del error, sus progresos a los ataques de sus enemigos, sus fuerzas a las privaciones y a la adversidad. Por eso su esplendor no ha sido nunca tan puro como cuando los hombres hicieron esfuerzo para ensombrecerlo; pues, “como el oro es probado en el fuego”, así los amigos de Dios son probados en la tribulación.

Pío VI murió en la noche del 28 al 29 de agosto de 1799 en Valence (Francia). Muchos pensaron en el fin del Papado y que la Iglesia había muerto al morir el Papa, su cabeza, en el destierro. Goethe dijo: La Iglesia Católica ha pasado a la historia como una ruina ilustre. En términos parecidos se expresó Napoleón que, al conocer la noticia, escribió: La vieja máquina de la Iglesia se deshará por sí sola.

Muchos creyeron que Papado había terminado y hasta llegaron a decir que había muerto el sexto de los Píos y el último de los Papas. Y con el Papado se había hundido la Iglesia: Sin el Papa ya no hay cristianismo, y el orden social está irremediablemente herido en su corazón.

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A finales del siglo XIX, en Prusia, el primer ministro Bismarck ‑llamado el Canciller de Hierro‑ desató una campaña contra los católicos (conocida como Kulturkampf), en la que se atacó con virulencia a la Iglesia. Pero los católicos alemanes se defendieron muy bien, y su líder, Windthorst, se encaró en el Reichstag (Parlamento) con Bismarck y le dijo: Tratáis de morder un bloque de granito. Mientras tanto, un periodista alemán, dándoselas de profeta escribía: Hagan lo que hagan los ultramontanos (es decir, los “papistas”), el poder político de la Iglesia romana ha muerto y el eclesiástico agoniza… Pío IX… ha aniquilado al Papado.

Por tanto, León XIII heredó el problema alemán. Lo supo llevar con gran tacto. Bismarck no estaba dispuesto a dar marcha atrás y dijo: No iremos otra vez a Canosa, en clara referencia a la escena medieval de Enrique IV pidiendo perdón a san Gregorio VII.

El papa León XIII consiguió llegar a un final conciliador con Bismarck.

Pedro Sánchez, Carlos V, Franco y Lutero

El Presidente en funciones del gobierno de España Pedro Sánchez, en vez de mirar hacia el futuro para procurar mejorar la vida de los españoles, está empeñado en mirar hacia atrás reavivando resentimientos. Yo les diría que a los muertos les dejen en paz. ¿Qué va a conseguir con haber desenterrado a Franco? Me permito contarle una anecdóta de Carlos I de Espeña y V de Alemania.

Carlos V luchó contra la Reforma Protestante y, desde luego, contra Martín Lutero. Después de muerto Lutero, en un viaje que realizó Carlos V por sus dominios alemanes, llegó a la ciudad donde estaba -y continúa estando- la tumba del Reformador. Los de su séquito le aconsejaron que hiciera destruir la tumba de Lutero. El Emperador se negó. No soy quién para juzgarle después de muerto ‑dijo‑, pues sería meterme en el terreno del Juez Supremo. Ni he hecho jamás la guerra a los muertos ni a nadie que no estuviera debidamente armado.

El próximo año

Cuenta Darus en su Historia de la República de Venecia esta finísima anécdota. En engrandecimiento de la Plaza de San Marcos exigía la demolición de una vieja iglesia, pero el Dogo no se atrevía a ordenarlo sin el consentimiento del Papa. El embajador de la República en Roma fue encargado de solicitar el permiso, y la Cámara Apostólica respondió así: La Santa Iglesia no permite jamás que se haga el mal, pero cuando el mal está hecho, lo perdona. Teniendo en cuenta esta decisión, el Dogo dio orden de derribar la vieja iglesia, y el Papa impuso a los venecianos una penitencia que era todos los años motivo de una ceremonia pública. El Dogo, acompañado de su consejo y de los embajadores extranjeros, se personaba en la Plaza de San Marcos. El cura de la parroquia, a la cabeza de los demás sacerdotes de su iglesia, se adelantaba hasta el extremo en que el viejo templo se levantó en otro tiempo. Una vez allí, dirigía al Dogo estas palabras: Pido a Vuestra Serenísima que, cuando tenga a bien, haga construir una iglesia sobre su primer emplazamiento. Y el Dogo respondía: El próximo año. Esta promesa, cuenta Darus, ha sido renovada durante seiscientos años.

Un jabón maravilloso

Un predicador inglés, Mac Nabb, hablando en Hyde Park, se había referido a la Iglesia. Al terminar, uno pide la palabra y dice: Bonito lo que ha dicho. Pero yo conozco algunos sacerdotes católicos que no han estado con los pobres y se han hecho ricos. Conozco también maridos católicos que han traicionado a su mujer. No me gusta esta Iglesia formada por pecadores.

El padre le dijo: Tiene algo de razón. Pero ¿puedo hacer una objeción?

Veamos.

Perdone, pero si no me equivoco, lleva usted el cuello de la camisa un poco sucio.

Sí, lo reconozco.

Pero ¿está sucio porque no ha empleado jabón o porque ha utilizado el jabón y no ha servido para nada?

No, no he usado jabón.

Pues bien, la Iglesia Católica tiene un jabón excelente: Evangelio, sacramentos, oración; Evangelio leído y vivido; sacramentos celebrados del modo debido; y oración bien hecha, serían un jabón maravilloso capaz de hacernos santos a todos. No somos todos santos por no haber utilizado bastante este jabón.

Modelo para un cuadro

La verdadera devoción a María nos debe llevar a imitarla y a tratar de parecernos más a ella cada día: los hijos deben parecerse a su Madre.

En cierta ocasión, un pintor famoso iba a dibujar una Inmaculada. Buscando el rostro de una joven que pudiera servirle de modelo, se fijó en una que correspondía al ideal que se había formado en su imaginación. Se acercó a la joven y le pidió si estaría dispuesta a posar en su taller para servir de modelo de una imagen de la Virgen. La joven se quedó sorprendida; pero, después de serenarse, dijo al artista: Hoy no puede ser; iré mañana.

Al día siguiente, después de los saludos previos, dijo la joven al pintor: Ayer no me atreví a servir de modelo para una imagen de la Inmaculada porque estaba en pecado. Esta mañana me he confesado y ahora podré servir menos indignamente.