Archivo de la categoría: Anécdotas de la historia

El tesoro de la viña

El tesoro de la viña

Campesino viendo que se acercaba la hora de su muerte, llamó a sus hijos: Vopy a dejaros, pero he pensado en vosotros. Cavad la viña y dividid lo que encontréis. Los hijos pensaron que su padre se refería a un tesoro escondido; así cuando el padre murió, empezaron a cavar y cavar con mucho ímpetu. No encontraron el tesoro, porque nunca había existido; pero la tierra bien trabajada, aquel año produjo una espléndida cosecha de uvas.

El tesoro oculto en el campo, como ya habrás descubierto, no es otro que el trabajo y el esfuerzo.

La viña, sin embargo, representa tu vida. Esta viña sólo es fértil y da fruto si la trabajas con esmero y extraes de ella los tesoros que encierra.

Anuncios

Anécdota. (Los retratos de la Madre)

San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, estuvo un día en Sevilla durante la Semana Santa, y quiso ver una procesión, para rezar. Se conmovió profundamente con la devoción de la gente, y allá se quedó, metido en su oración, sin darse cuenta de quien estaba a su alrededor. Y contaba: Me fui a la luna. Viendo aquella imagen de la Virgen tan preciosa, ni me daba cuenta que estaba en Sevilla, ni en la calle. Y alguien me tocó así, en el hombro. Me volví y encontré a un hombre del pueblo, que me dijo: “Padre cura; “¡ésta no vale na! ¡La nuestra es la que vale!” De primera intención casi me pareció una blasfemia. Después pensé: “Tiene razón; cuando yo enseño retratos de mi madre, aunque me gustan todos, también digo: éste, éste es el bueno”.

Visitantes ilustres del Monasterio de Guadalupe

Monasterio de Guadalupe

En su libro Cien personajes en Guadalupe, don Arturo Álvarez que lleva toda su vida investigando sobre los dos Guadalupe (el de España y su más célebre esqueje, el de Tepeyac) hace un recuento de personajes importantes que visitaron este santuario, uno de los más visitados. Y eso que Guadalupe no está en una populosa ciudad, sino perdido entre sierra y mal comunicado. Y aún así -escribe- fue el centro mariano más visitado de España en los siglos XIV-XVIII, y su Virgen es la Reina de la Hispanidad.

Aquí van algunos nombres totalmente documentados: san Vicente Ferrer, san Pedro Alcántara, san Francisco de Borja, santa Teresa de Jesús, santa Bestriz de Silva, san Juan de Dios, san Juan de Ávila, san Antonio Máría Claret, san Juan de Ribera, san Josemaría Escrivá y el beato Álvaro del Portillo.

Y entre los personajes civiles: Colón (3 veces), el canciller Pedro López de Ayala (siglo XIV), Cervantes, Góngora, Tirso de Molina, Lope de Vega, el Marqués de Santillana. Los Reyes Católicos (19 veces entre Isabel y Fernando), Felipe II, III y IV, y varios reyes de Portugal. El emperador Carlos I, Cortés, Pizarro, Arévalo y una pléyade de conquistadores. El cardenal Cisnero, el papa Adriano VI (siglo XV) y san Juan Pablo II (año 1982).

Anécdota (Paracerse a nuestra Madre, la Virgen María)

La verdadera devoción a María nos debe llevar a imitarla y a tratar de parecernos más a ella cada día: los hijos deben parecerse a su Madre.

En cierta ocasión, un pintor famoso iba a dibujar una Inmaculada. Buscando el rostro de una joven que pudiera servirle de modelo, se fijó en una que correspondía al ideal que se había formado en su imaginación. Se acercó a la joven y le pidió si estaría dispuesta a posar en su taller para servir de modelo de una imagen de la Virgen. La joven se quedó sorprendida; pero, después de serenarse, dijo al artista: Hoy no puede ser; iré mañana.

Al día siguiente, después de los saludos previos, dijo la joven al pintor: Ayer no me atreví a servir de modelo para una imagen de la Inmaculada porque estaba en pecado. Esta mañana me he confesado y ahora podré servir menos indignamente.

Conversión

La colina de la resurrección.

En su primer viaje a Europa en 1964, el escultor japonés Yasutake Funakoshi acompañado de su esposa, fue recibido en audiencia por el papa beato Pablo VI. Años más tarde, en 1972, le concedió una condecoración pontificia, de reconocimiento al espíritu cristiano de su meritoria obra artística.

Con acierto y razón. Entre 1958 y 1962 fue erigiéndose en Nagasaki, la ciudad mártir de la brutalidad humana, el gran monumento a los 26 mártires de Nagasaki, torturados, crucificados y atravesados con la lanza japonesa en 1597.

Yasutake recibió por esta obra el premio Kotaro Takamura. Los cristianos japoneses llaman al lugar del martirio la colina de la resurrección. El nombre resumida la fe recuperada que profesaba el corazón de Yasutake Funkoshi. Marcado por la mentalidad budista y sintoista le hervían los ancestrales sentimientos sobre el sentido de la vida, del sufrimiento y la muerte. Funakoshi que no era cristiano, leyó libros sobre Cristo, habló con un sacerdote, dibujó el rostro de Jesús, esculpió un gran crucifijo. Al final de este camino se hizo bautizar con toda su familia, lo que supuso una permanente renovación interior para él y para los suyos, un cambio de mentalidad como significa la palabra conversión.

Una reliquia

Un día vi, a primera hora de la tarde, que todas las luces del templo parroquial estaban encendidas; y las puertas, cerradas. Fui y vi que estaba el arzobispo de Colonia, acompañado por el vicario regional del Opus Dei en Alemania, y por un sacerdote de la parroquia, coadjutor como yo. Como san Alberto Magno, titular de la parroquia, era de Colonia, el cardenal Joachim Meisner, arzobispo de Colonia, quiso visitar la parroquia. Y prometió enviar una reliquia del santo. Esta reliquia fue enviada, y ahora está expuesta a la veneración de los fieles.

El año de los cuatro papas

El año de los cuatro papas

En el transcurso del año 1276 cuatro papas sucesivamente ocuparon la Silla Apostólica.

El primero de ellos fue el beato Gregorio X (1271-1276), el papa que instituyó el cónclave para evitar períodos de sede vacante prolongados. Falleció en Arezzo el 10 de enero de 1276.

Las nuevas disposiciones para elegir a los papas se revelaron eficaces. El 21 de enero de 1276 fue elegido como pontífice el dominico Pedro de Tarantasia, que eligió el nombre de Inocencio V. Pero su pontificado fue corto. Murió el 22 de junio de aquel mismo año. Fue beatificado en 1898 por León XIII.

Para elegirle sucesor el cónclave se reunió en Letrán. Y el 11 de julio de 1276 salió elegido un sobrino de Inocencio IV, Ottobono Fieschi, cardenal-diácono de San Adriano. Tomó el nombre de Adriano V. Ya era anciano cuando subió a la Sede de San Pedro. Atacado por las fiebres, fue a Viterbo con ánimo de curarse, pero sin mucha convicción de conseguirlo. Presentía su cercana muerte. Cuando sus familiares le felicitaban por su elevación al Papado, les respondía: ¡Ojalá pudierais alegraos con un cardenal sano, mas no como sucede ahora, con un Papa moribundo! Su presentimiento se cumplió. Sólo 39 días duró su pontificado. Falleció el 18 de agosto de 1276, antes de que pudiera ser ordenado sacerdote y, por consiguiente, consagrado obispo.

El 8 de septiembre de 1276 había un nuevo papa. Era Juan XXI, que tampoco tuvo un pontificado duradero. Sólo unos meses estuvo sentado en la Cátedra de San Pedro, pues murió el 20 de mayo de 1277. Eso sí, había conseguido superar el 31 de diciembre de 1276.