Archivo de la categoría: Devociones

Libro de las letanías (VIII): Afectos de amor a Jesús

Afectos de amor a Jesús

Jesús amadísimo, que por tantos medios habéis procurado ganar el amor de mi pobre corazón; oíd los suspiros de este indigno siervo vuestro, que os pide perdón de todos sus pecados y os dice con toda sinceridad:

A las siguientes invocaciones se contesta: Os amo, dulcísimo Jesús

Con todo mi corazón,

Con toda mi alma,

Con todas mis fuerzas

Sobre todos los bienes de la tierra,

Sobre todos los placeres del mundo,

Sobre todas las dignidades y honores,

Sobre todos los deudos y amigos,

Más que a mí mismo,

Más que a todos los Ángeles y Santos,

Más que cuanto existe fuera de Vos,

Porque sois infinitamente bueno,

Porque sois infinitamente santo,

Porque sois infinitamente hermoso,

Porque sois infinitamente sabio,

Porque sois infinitamente grande,

Porque sois infinitamente misericordioso,

Porque sois infinito en vuestras perfecciones y atributos,

Por el amor con que nos creaste y nos conserváis,

Por el amor con que os hicisteis Niño y nacisteis en un establo,

Por el amor con que os sometisteis a todas las miserias humanas, menos al pecado,

Por el amor con que sufristeis ser azotado, coronado de espinas, escarnecido

y crucificado,

Por el amor con que instituisteis el Santísimo Sacramento del Altar,

Por el amor que os movió a darnos a María por Madre,

Por el amor con que instituisteis la Iglesia con su Jerarquía y sus Sacramentos,

Por los infieles que no os conocen,

Por los herejes y cismáticos que os niegan,

Por los incrédulos e impíos que os blasfeman,

Por los malos cristianos que os ofenden,

Por las almas a Vos consagran que os deshonran,

Por las alma tibias y desamoradas que amargan vuestro corazón,

Por los demonios y condenados al infierno, que nunca tendrán la dicha de amaros,

A las siguientes invocaciones se contesta: Os amaré, dulcísimo Jesús

En la paz y en la tribulación,

En la abundancia y en la pobreza,

En la prosperidad y en la desgracia,

En la honra y en el desprecio,

En la alegría y en la tristeza,

En la vida y en la muerte,

En el tiempo y en la eternidad,

A las siguientes invocaciones se contesta: Os pido, dulcísimo Jesús

Que os ame mucho,

Que os ame siempre,

Que muera en vuestro amor,

Que muera por vuestro amor,

Que ame el padecer por vuestro amor,

Que por amor cumpla vuestros mandamientos y siga vuestros consejos,

Que me concedáis ganaros muchas almas para que todos os amemos,

Que enviéis a vuestra Iglesia grandes Santos, Apóstoles de vuestro amor,

Oración: Oh Dios, que prometisteis a vuestros amadores bienes invisibles; infundid en nuestros corazones el afecto de vuestro amor, para que, amándoos en todas y sobre todas las cosas, consigamos el cumplimiento de vuestras promesas, superiores a todo deseo. Vos que vivís y reináis por todos los siglos de los siglos. Amén.

Libro de las letanías (VII): Invocación común

Invocación común

Invoquemos a Cristo Señor del mundo, recurriendo confiados a la intercesión de su Santa Madre, sentada con él en la gloria de los cielos: Digamos juntos:

R/. Que tu Madre, Señor, interceda por nosotros

Sálvanos, Señor, por tu encarnación R/.

Sálvanos, Señor, por tu nacimiento en Belén R/.

Sálvanos, Señor, por tu presentación en el templo R/.

Sálvanos, Señor, por tu santo bautismo R/.

Sálvanos, Señor, por tu pasión y tu cruz R/.

Sálvanos, Señor, por tu muerte y sepultura R/.

Sálvanos, Señor, por tu santa resurrección R/.

Sálvanos, Señor, por tu gloriosa ascensión R/.

Sálvanos, Señor, por el don del Espíritu Santo R/.

Sálvanos, Señor, cuando vengas en la gloria R/.

Concede a nuestro Papa vida y salud y

consérvalo en la Santa Iglesia como guía

y pastor del pueblo de Dios R/. Interceda por él tu Madre

Ilumina las mentes de los gobernantes en

la búsqueda del bien común, de la paz y

la justicia

Escucha el llanto de los sufrientes, el

grito de los perseguidos, la invocación

de las víctimas inocentes

Guía a la conversión a cuantos se han

alejado de ti por culpa propia o por los

escándalos ajenos

Muestra la luz de tu rostro a cuantos te

buscan con sinceridad de corazón

Padre nuestro.

Oh Dios, tú has manifestado al mundo

entre los brazos de la Virgen Madre a tu Hijo,

gloria de Israel y luz de los pueblos;

haz que en la escuela de María

reforcemos nuestra fe en Cristo

y reconozcamos en él el único mediador

y salvador de todos los hombres.

Él vive y reina por los siglos de los siglos.

R/. Amén

(La oración se concluye con la Encomienda a la Madre del Señor)

Obedientes a la palabra de Jesús al morir en la cruz,

nos entregamos a ti como hijos,

oh Madre del Señor;

estréchanos con amor materno,

enséñanos la sabiduría del Evangelio,

guíanos a la comunión con Cristo.

Mes de mayo, mes de la Virgen María

Continuando con la catequesis sobre la Iglesia, me gustaría mirar a María como imagen y modelo de la Iglesia. Y lo hago recuperando una expresión del Concilio Vaticano II. Dice la constitución Lumen gentium: Como enseñaba san Ambrosio, la Madre de Dios es una figura de la Iglesia en el orden de la fe, la caridad y de la perfecta unión con Cristo (n. 63).

Partamos desde el primer aspecto, María como modelo de fe. ¿En qué sentido María es un modelo para la fe de la Iglesia? Pensemos en quién fue la Virgen María: una joven judía, que esperaba con todo el corazón la redención de su pueblo. Pero en aquel corazón de joven hija de Israel, había un secreto que ella misma aún no lo sabía: en el designio del amor de Dios estaba destinada a convertirse en la Madre del Redentor. En la Anunciación, el mensajero de Dios la llama “llena de gracia” y le revela este proyecto. María responde “sí”, y desde ese momento la fe de María recibe una nueva luz: se concentra en Jesús, el Hijo de Dios que se hizo carne en ella y en quien que se cumplen las promesas de toda la historia de la salvación. La fe de María es el cumplimiento de la fe de Israel, en ella realmente está reunido todo el camino, la vía de aquel pueblo que esperaba la redención, y en este sentido es el modelo de la fe de la Iglesia, que tiene como centro a Cristo, la encarnación del amor infinito de Dios.

¿Cómo ha vivido María esta fe? La vivió en la sencillez de las miles de ocupaciones y preocupaciones cotidianas de cada madre, en cómo ofrecer los alimentos, la ropa, la atención en el hogar… Esta misma existencia normal de la Virgen fue el terreno donde se desarrolla una relación singular y un diálogo profundo entre ella y Dios, entre ella y su hijo. El “sí” de María, ya perfecto al principio, creció hasta la hora de la Cruz. Allí, su maternidad se ha extendido abrazando a cada uno de nosotros, nuestra vida, para guiarnos a su Hijo. María siempre ha vivido inmersa en el misterio del Dios hecho hombre, como su primera y perfecta discípula, meditando cada cosa en su corazón a la luz del Espíritu Santo, para entender y poner en práctica toda la voluntad de Dios.

Podemos hacernos una pregunta: ¿nos dejamos iluminar por la fe de María, que es Madre nuestra? ¿O la creemos lejana, muy diferente a nosotros? En tiempos de dificultad, de prueba, de oscuridad, la vemos a ella como un modelo de confianza en Dios, que quiere siempre y solamente nuestro bien? Pensemos en ello, ¡tal vez nos hará bien reencontrar a María como modelo y figura de la Iglesia por esta fe que ella tenía!

Llegamos al segundo aspecto: María, modelo de caridad. ¿De qué modo María es para la Iglesia ejemplo viviente del amor? Pensemos en su disponibilidad hacia su prima Isabel. Visitándola, la Virgen María no solo le llevó ayuda material, también eso, pero le llevó a Jesús, quien ya vivía en su vientre. Llevar a Jesús en dicha casa significaba llevar la alegría, la alegría plena. Isabel y Zacarías estaban contentos por el embarazo que parecía imposible a su edad, pero es la joven María la que les lleva el gozo pleno, aquel que viene de Jesús y del Espíritu Santo, y que se expresa en la caridad gratuita, en el compartir, en el ayudarse, en el comprenderse.

Nuestra Señora quiere traernos a todos el gran regalo que es Jesús; y con Él nos trae su amor, su paz, su alegría. Así, la Iglesia es como María, la Iglesia no es un negocio, no es un organismo humanitario, la Iglesia no es una ONG, la Iglesia tiene que llevar a todos hacia Cristo y su evangelio; no se ofrece a sí misma -así sea pequeña, grande, fuerte o débil- la Iglesia lleva a Jesús y debe ser como María cuando fue a visitar a Isabel. ¿Qué llevaba María? A Jesús. La Iglesia lleva a Jesús: ¡este el centro de la Iglesia, llevar a Jesús! Si hipotéticamente, alguna vez sucediera que la Iglesia no lleva a Jesús, ¡esta sería una Iglesia muerta! La Iglesia debe llevar la caridad de Jesús, el amor de Jesús, la caridad de Jesús.

Hemos hablado de María, de Jesús. ¿Qué pasa con nosotros? ¿Con nosotros que somos la Iglesia? ¿Cuál es el amor que llevamos a los demás? Es el amor de Jesús que comparte, que perdona, que acompaña, ¿o es un amor aguado, como se alarga al vino que parece agua? ¿Es un amor fuerte, o débil, al punto que busca las simpatías, que quiere una contrapartida, un amor interesado?

Otra pregunta: ¿a Jesús le gusta el amor interesado? No, no le gusta, porque el amor debe ser gratuito, como el suyo. ¿Cómo son las relaciones en nuestras parroquias, en nuestras comunidades? ¿Nos tratamos unos a otros como hermanos y hermanas? ¿O nos juzgamos, hablamos mal de los demás, cuidamos cada uno nuestro “patio trasero”? ¿O nos cuidamos unos a otros? ¡Estas son preguntas de la caridad!

Y un último punto brevemente: María, modelo de unión con Cristo. La vida de la Virgen fue la vida de una mujer de su pueblo: María rezaba, trabajaba, iba a la sinagoga… Pero cada acción se realizaba siempre en perfecta unión con Jesús. Esta unión alcanza su culmen en el Calvario: aquí María se une al Hijo en el martirio del corazón y en la ofrenda de la vida al Padre para la salvación de la humanidad. Nuestra Madre ha abrazado el dolor del Hijo y ha aceptado con Él la voluntad del Padre, en aquella obediencia que da fruto, que trae la verdadera victoria sobre el mal y sobre la muerte.

Es hermosa esta realidad que María nos enseña: estar siempre unidos a Jesús. Podemos preguntarnos: ¿Nos acordamos de Jesús sólo cuando algo está mal y tenemos una necesidad? ¿O tenemos una relación constante, una profunda amistad, incluso cuando se trata de seguirlo en el camino de la cruz?

Pidamos al Señor que nos dé su gracia, su fuerza, para que en nuestra vida y en la vida de cada comunidad eclesial se refleje el modelo de María, Madre de la Iglesia. ¡Que así sea! (Papa Francisco).

Libro de las letanías (VI): Invocaciones a Jesús Salvador

Invocaciones a Jesús Salvador

Señor, ten piedad Señor, ten piedad

Cristo, ten piedad Cristo, ten piedad

Señor, ten piedad Señor, ten piedad

Cristo, óyenos Cristo, óyenos

Cristo, escúchanos Cristo, escúchanos

Jesús, hijo amado del Padre, Sabiduría divina,

esplendor de su gloria Ten piedad de nosotros

Jesús, hijo de Adán, descendencia de

Abrahán, retoño santo de David “

Jesús, cumplimiento de la profecía, plenitud

de la ley, destino del hombre

Jesús, don del Padre, concebido por obra del

Espíritu, hijo de la Virgen María

Jesús, nacido para nuestra salvación, revelado

a los pastores, manifestado a los magos

Jesús, luz de las gentes, gloria de Israel,

esperado de las naciones

Jesús, bautizado en el Jordán, consagrado

por el Espíritu, enviado por el Padre

Jesús, tentado en el desierto, orante en el

monte, glorioso en el Tabor

Jesús, maestro de verdad, palabra de vida,

camino hacia el Padre

Jesús, curación de los enfermos, consuelo de

los afligidos, misericordia de los pecadores

Jesús, camino y puerta de la salvación,

pastor y cordero, resurrección y vida

Jesús, condenado a muerte, coronado de

espinas, cubierto de heridas

Jesús, clavado al madero, sepultado en la

tierra, resucitado de entre los muertos

Jesús, descendido a los infiernos, ascendido

a los cielos, dador del Espíritu

Jesús, esperado por la Esposa, premio de los

Justos, plenitud del Reino

A ti, Jesús, el Viviente La alabanza y la gloria

A ti, Jesús, Viviente en la Iglesia

A ti, Jesús, Viviente por los siglos eternos

Libro de las letanías (V): Letanía a Cristo, Sacerdote y Víctima

Letanía a Cristo, Sacerdote y Víctima

Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad.

Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos.

A las siguientes invocaciones se responde: Ten piedad de nosotros.

Dios, Padre celestial.

Dios Hijo, Redentor del mundo.

Dios, Espíritu Santo.

Trinidad Santa, un solo Dios.

Jesús, Sacerdote y Víctima.

Jesús, Sacerdote Eterno según el rito

de Melquisedec.

Jesús, Sacerdote al que envió Dios

para evangelizar a los pobres.

Jesús, Sacerdote que en la última Cena

instituyó un tipo de sacrificio

perenne.

Jesús, Sacerdote siempre vivo para

interceder por nosotros.

Jesús, Pontífice al que el Padre ungió

con el Espíritu Santo y poder.

Jesús, Pontífice escogido entre

los hombres.

Jesús, Pontífice constituido a favor

de los hombres.

Jesús, Pontífice de nuestra Confesión.

Jesús, Pontífice digno de mayor gloria

que Moisés.

Jesús, Pontífice del verdadero

tabernáculo.

Jesús, Pontífice de los bienes futuros.

Jesús, Pontífice santo, inocente

e inmaculado.

Jesús, Pontífice fiel y misericordioso.

Jesús, Pontífice de Dios e inflamado

por el celo de las almas.

Jesús, Pontífice perfecto para siempre.

Jesús, Pontífice que penetraste en los

cielos por la propia sangre.

Jesús, Pontífice que iniciaste en

nosotros un camino nuevo.

Jesús, Pontífice que nos amaste y

lavaste de los pecados por tu sangre.

Jesús, Pontífice que te entregaste a

ti mismo a Dios como oblación

y hostia.

Jesús, Hostia de Dios y de los hombres.

Jesús, Hostia santa e inmaculada.

Jesús, Hostia clemente.

Jesús, Hostia pacífica.

Jesús, Hostia de propiciación y de

alabanza.

Jesús, Hostia de reconciliación y de

paz.

Jesús, Hostia en la que tenemos

confianza y acceso a Dios.

Jesús, Hostia viva por los siglos de

los siglos.

V/. Sénos propicio.

R/. Perdónanos, Jesús.

V/. Sénos propicio.

R/. Escúchanos, Jesús.

A las siguientes invocaciones se responde: Líbranos, Jesús

Del temerario ingreso en el estado

clerical.

Del pecado de sacrilegio.

Del espíritu de incontinencia.

Del oficio torpe.

De toda mancha de simonía.

De la indigna gestión de los trabajos

eclesiásticos.

Del amor del mundo y de sus vanidades.

De la indigna celebración de tus

Misterios.

Por tu sacerdocio eterno.

Por la santa unción, por la que Dios

Padre te constituyó sacerdote.

Por tu espíritu sacerdotal.

Por aquel ministerio por el cual tu

Padre te glorificó sobre la tierra.

Por tu cruenta y misma inmolación

realizada una vez en la cruz.

Por aquel sacrificio renovado

cada día en el altar.

Por aquel divino poder, el cual ejerces

invisiblemente en tus sacerdotes.

A las siguientes invocaciones se responde: Te rogamos, óyenos

Que te dignes conservar en la santa

religión a todo el orden

sacerdotal.

Que te dignes cuidar de tu pueblo

con pastores según tu corazón.

Que te dignes llenar en ellos tu

espíritu de sacerdote.

Que los labios de los sacerdotes

custodien la ciencia.

Que te dignes enviar a tu mies obreros

fieles.

Que te dignes multiplicar los

dispensadores fieles de tus misterios.

Que te dignes otorgar a ellos el

servicio perseverante en tu

voluntad.

Que te dignes concederles mansedumbre

en el ministerio, talento en la

acción y constancia en la oración.

Que te dignes extender por ellos en

todas partes el culto del Santísimo

Sacramento.

Que te dignes recibir en tu gozo a los

que bien te sirvieron.

Oremos

Dios, santificador y custodio de tu Iglesia, por tu Espíritu suscita en ella idóneos y fieles dispensadores de los santos misterios, para que por su ministerio y ejemplo el pueblo cristiano sea protegido y conducido en el camino de la salvación. Por Cristo Señor nuestro. Amén.

Dios, que mientras celebraban el culto y ayunaban los discípulos ordenaste segregar a Saulo y a Bernabé para la obra a la que les había destinado, atiende ahora a tu Iglesia orante, y Tú, que conoces todos los corazones, muestra a quienes eliges para el ministerio. Por Cristo Señor nuestro. Amén.

Libro de las letanías (IV): Letanía de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo

Letanía de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo

Estas letanías fueron aprobadas por san Juan XXIII para su inserción en el Ritual Romano en la carta apostólica fechada el 2 de julio de 1960.

*****

Señor, ten piedad de nosotros

Cristo, ten piedad de nosotros

Señor, ten piedad de nosotros

Cristo, óyenos

Cristo escúchanos

V/. Dios Padre celestial

R/. Ten piedad de nosotros

V/. Dios Hijo, Redentor del mundo

R/. Ten piedad de nosotros

V/. Dios Espíritu Santo

R/. Ten piedad de nosotros

V/. Santísima Trinidad, que sois un solo Dios

R/. Ten piedad de nosotros

A las invocaciones que vienen a continuación, se contesta: sálvanos

Sangre de Cristo, el Unigénito del Padre Eterno

Sangre de Cristo, Verbo de Dios encarnado

Sangre de Cristo, del Testamento Nuevo y Eterno

Sangre de Cristo, derramada sobre la toerra en la agonía

Sangre de Cristo, vertida copiosamente en la flagelación

Sangre de Cristo, brotada de la coronación de espinas

Sangre de Cristo, derramada en la Cruz

Sangre de Cristo, precio de nuestra salvación

Sangre de Cristo, sin la cual no hay perdón

Sangre de Cristo, bebida eucarística y limpieza de las almas

Sangre de Cristo, manantial de misericordia

Sangre de Cristo, vencedora de los demonios

Sangre de Cristo, fortaleza de los mártires

Sangre de Cristo, sostén de los confesores

Sangre de Cristo, que haces germinar las vírgenes

Sangre de Cristo, consuelo en el peligro

Sangre de Cristo, alivio de los afligidos

Sangre de Cristo, solaz en las penas

Sangre de Cristo, esperanza del penitente

Sangre de Cristo, consuelo del moribundo

Sangre de Cristo, paz y ternura para los corazones

Sangre de Cristo, prenda de vida eterna

Sangre de Cristo, que libras a las almas del Purgatorio

Sangre de Cristo, acreedora de todo honor y gloria

V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo

R/. Perdónanos, Señor

V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo

R/. Escúchanos, Señor

V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo

R/. Ten piedad de nosotros

V/. Oh Señor, nos ha redimido en tu Sangre

R/. Y nos ha hecho reino de nuestro Dios

Oración

Dios omnipotente y eterno, que has hecho de tu Hijo Unigénito el Redentor del mundo, y has querido ser aplacado por su Sangre, concédenos, te suplicamos, que de tal modo adoremos el precio de nuestra salvación, que por su virtud nos salvemos de los peligros de la vida presente y alcancemos el gozo de sus frutos eternamente en el cielo. Por el mismo Señor nuestro Jesucristo. Amén.

Libro de las letanías (III): Letanía del Santo Nombre de Jesús

Letanía del Santo Nombre de Jesús

Al nombre de Jesús doblan la rodilla

todas las criaturas del cielo,

tierra e infierno (Flp 2, 10).

La Iglesia nos revela las grandezas del Verbo encarnado al cantar las glorias de su nombre.

El nombre de Jesús significa Salvador. A san José se lo manifestó un ángel en sueños, y a la Santísima Virgen el arcángel san Gabriel al tiempo de la Anunciación. El Santo Nombre de Jesús nos habla de santidad, poder y dulzura. El solo hecho de oírlo despierta ternura en el alma cristiana y confianza en su poder salvífico.

También la Iglesia insiste en el poder de intervención y en la majestad temible de este nombre, que está sobre todo nombre y ante el cual se arrodilla todo ser en los cielos, en la tierra y en los infiernos.

Las letanías del Santo Nombre de Jesús fueron aprobadas por el beato Pío IX en el año 1862.

*****

Señor, ten misericordia de nosotros

Cristo, ten misericordia de nosotros

Señor, ten misericordia de nosotros

Cristo, óyenos

Cristo escúchanos

V/. Dios Padre celestial

R/. Ten misericordia de nosotros

V/. Dios Hijo, Redentor del mundo

R/. Ten misericordia de nosotros

V/. Dios Espíritu Santo

R/. Ten misericordia de nosotros

V/. Santísima Trinidad, un solo Dios

R/. Ten misericordia de nosotros

A las invocaciones que vienen a continuación, se contesta: ten piedad de nosotros

Jesús, Hijo de Dios vivo

Jesús, esplendor del Padre

Jesús, pureza de la luz eterna

Jesús, rey de la gloria

Jesús, sol de justicia

Jesús, Hijo de la Virgen María

Jesús, amable

Jesús, admirable

Jesús, Dios fuerte

Jesús, padre del siglo futuro

Jesús, mensajero del plan divino

Jesús, todopoderoso

Jesús, pacientísimo

Jesús, obedientísimo

Jesús, manso y humilde

Jesús, amante de la castidad

Jesús, amador nuestro

Jesús, Dios de paz

Jesús, autor de la vida

Jesús, modelo de virtudes

Jesús, celoso por la salvación de las almas

Jesús, nuestro Dios

Jesús, nuestro refugio

Jesús, padre de los pobres

Jesús, tesoro de los fieles

Jesús, pastor bueno

Jesús, verdadera luz

Jesús, sabiduría eterna

Jesús, bondad infinita

Jesús, camino y vida nuestra

Jesús, alegría de los ángeles

Jesús, rey de los patriarcas

Jesús, maestro de los apóstoles

Jesús, doctor de los evangelistas

Jesús, fortaleza de los mártires

Jesús, luz de los confesores

Jesús, pureza de las vírgenes

Jesús, corona de los santos

A las invocaciones que vienen a continuación, se contesta: líbranos, Jesús

De todo mal

De todo pecado

De tu ira

De las asechanzas del demonio

Del espíritu impuro

De la muerte eterna

Del menosprecio de tus inspiraciones

Por el misterio de tu santa encarnación

Por tu natividad

Por tu infancia

Por tu divinísima vida

Por tus trabajos

Por tu agonía y Pasión

Por tus sufrimientos

Por tu muerte y sepultura

Por tu resurrección

Por tu ascensión

Por la institución de la santísima Eucaristía

Por tus gozos

Por tu gloria

V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo

R/. Perdónanos, Señor

V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo

R/. Escúchanos, Señor

V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo

R/. Ten misericordia de nosotros

Jesús, óyenos

Jesús, escúchanos

Oración

Señor nuestro Jesucristo, que has dicho: Pedid y recibiréis, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; te rogamos nos concedas el fuego de tu amor divino, para que amemos de palabra, de obra y de todo corazón y nunca cesemos de bendecir tu santo nombre.

Haz, Señor, que reine siempre en nosotros u temor respetuoso y un amor ardiente a tu santo nombre, ya que jamás privas de tu asistencia a los que has establecido sólidamente en tu amor. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.