Archivo de la categoría: Devociones

El mandamiento nuevo del Señor

El Evangelio de este domingo VI de Pascua vuelve a llevarnos al Cenáculo, donde escuchamos el mandamiento nuevo de Jesús. Dice así: Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros, como yo os he amado. Y, pensando en el sacrificio de la cruz ya inminente, añade: Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Estas palabras resume todo lo que Él hizo: Jesús dio la vida por sus amigos. Amigos que no lo habían comprendido, que en el momento crucial lo abandonaron, traicionaron y negaron. Esto nos dice que Él nos ama sin ser merecedores de su amor: ¡así nos ama Jesús!Son muchos los pequeños y grandes gestos que obedecen al mandamiento del Señor: gestos pequeños, todos los días, gestos de cercanía a un anciano, a un niño, a un enfermo, a una persona sola y con dificultades, sin casa, sin trabajo, inmigrante, refugiada… Gracias a la fuerza de esta Palabra de Cristo, cada uno de nosotros puede hacerse prójimo del hermano y la hermana que encuentra (Papa Francisco).

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Contemplativos en medio del mundo

Marta y María: María, a los pies de Jesús, “escuchaba su palabra” , mientras que Marta estaba ocupada en muchos servicios (cf. Jn 10, 39-40). Ambas ofrecen acogida al Señor que está de paso, pero lo hacen de modo diverso. María se pone a los pies de Jesús, en escucha; Marta en cambio se deja absorber por las cosas que hay que preparar, y está tan ocupada que se dirige a Jesús diciendo: Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano (Jn 10, 40). Y Jesús le responde reprendiéndola con dulzura: Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; sólo una es necesaria. No se trata de la contraposición entre dos actitudes: la escucha de la Palabra del Señor, la contemplación, y el servicio concreto al prójimo. Son dos aspectos, ambos esenciales para nuestra vida cristiana; aspectos que nunca se han de separar, sino vivir en profunda unidad y armonía. ¿Por qué Marta recibe la reprensión, si bien hecha con dulzura? Porque consideró esencial sólo lo que estaba haciendo, es decir, estaba demasiado absorbida y preocupada por las cosas que había que “hacer”. En un cristiano, las obras de servicio y de caridad nunca están separadas de la fuente principal de cada acción nuestra: es decir, la escucha de la Palabra del Señor, el estar a los pies de Jesús, con la actitud del discípulo (Papa Francisco).

LETANÍA DE LA VIRGEN DE LOS MILAGROS, PATRONA DE PALOS DE LA FRONTERA

Letanía de Nuestra Señora de los Milagros, Patrona de Palos de la Frontera

V/. Señor, ten piedad

R/. Señor, ten piedad

V/. Cristo, ten piedad

R/. Cristo, ten piedad

V/. Señor, ten piedad

R/. Señor, ten piedad

V/. Cristo, óyenos

R/. Cristo, óyenos

V/. Cristo, escúchanos

R/. Cristo, escúchanos

V/. Dios Padre, Creador del universo

R/. Ten misericordia de nosotros

V/. Dios Hijo, Redentor del género humano

R/. Ten misericordia de nosotros

V/. Dios Espíritu Santo, Santificador de las almas

R/. Ten misericordia de nosotros

A las invocaciones que vienen a continuación, se contesta: ruega por nosotros

Santa María

Santa Madre de Dios

Santa María de La Rábida

Santa Virgen de las vírgenes

Santísima Virgen de los Milagros

Templo de la Trinidad Santísima

Madre del Señor

Madre de la Iglesia

Madre santa

Madre de la esperanza

Madre llena de bondad

Madre del Amor Hermoso

Madre de los marineros

Madre de los descubridores del Nuevo Mundo

Madre de España y de América

Virgen y Madre

Virgen llena de gracia

Virgen pobre y humilde

Virgen sencilla y obediente

Virgen digna de respeto

Virgen asunta al Cielo

Arca de la Nueva Alianza

Imagen sin sombras de la Luz divina

Sol sin ocaso del mundo

Modelo de entrega a Dios

Ideal de santidad

Asiento de la Sabiduría

Ejemplo de virtudes

Honor de los pueblos

Estrella de la mañana

Estrella de los mares

Estrella de la Evangelización

Patrona celestial de los palermos

Alcaldesa Perpetua de Palos de la Frontera

Señora del Cielo y de la tierra

Señora de los Lugares Colombinos

Manantial de misericordia

Fuente de la verdadera felicidad

Alegría del Pueblo de Dios

Abogada y refugio de los pecadores

Gloria de los santos

Auxilio de los cristianos

Puerto de salvación

Mar dilatado de gracias

Reina y Señora coronada

Reina de los espíritus angélicos

Reina de los Misiones

Reina de la Orden de los Frailes Menores

Reina de las familias cristianas

Reina de la paz

V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo

R/. Perdónanos, Señor

V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo

R/. Escúchanos, Señor

V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo

R/. Ten piedad de nosotros

Oremos

Reina y Señora de los Milagros, que desde el histórico lugar de La Rábida, cuna del Descubrimiento y Evangelización de América, en la confluencia de los ríos Tinto y Odiel, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. Protege a las familias, a los niños y jóvenes, a los ancianos, a los pobres y enfermos, a los que padecen soledad, y a cuantos se acogen a tu protección. Guíalos en el camino de la vida, para que encuentren al Señor. Dales luz y fuerza para que sigan sus huellas. Sé para todos tus hijos de Palos la Estrella que los conduzca a Jesús, Luz del mundo. Renueva en la Iglesia onubense y en toda España la conciencia misionera, que llevó a una pléyade de sus hijos a compartir la fe de sus mayores con los hermanos de ultramar. Ruega siempre por nosotros, Santa María de La Rábida, para que seamos dignos de alcanzar y gozar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Navidad: la Virgen María y San José

María, después de acoger el anuncio del Ángel, quedó embarazada por obra del Espíritu Santo. Cuando José se dio cuenta del hecho, quedó desconcertado. José quiere hacer la voluntad de Dios y decide, seguramente con gran dolor, repudiar a María en privado. Una prueba semejante a la del sacrificio de Abrahán, cuando Dios le pidió el hijo Isaac: renunciar a lo más precioso, a la persona más amada. Pero, como en el caso de Abrahán, el Señor interviene: encontró la fe que buscaba y abre un camino distinto, una vía de amor y de felicidad. Nosotros celebramos la Navidad contemplando a María y a José: María, la mujer llena de gracia que tuvo la valentía de fiarse totalmente de la Palabra de Dios; José, el hombre fiel y justo que prefirió creer al Señor en lugar de escuchar las voces de la duda y del orgullo humano. Con ellos, caminamos juntos hacia Belén (Papa Francisco).

Primer Domingo de Adviento

Domingo 1º de Adviento. Las cuatro semanas de Adviento pretenden recordar los 4000 años que, según pensaban nuestros mayores, transcurren entre la creación del primer Adán, en el edén del paraíso, y el nacimiento del segundo Adán, Jesucristo, en la cueva de Belén.

Las oraciones y lecturas de hoy insisten casi exclusivamente en el tema de la “Parusía” o segunda venida del Señor. En la 1ª lectura el profeta Isaías (63, 16-17; 64, 2b-7), que es el profeta del Adviento, pide al Señor que perdone sus muchos pecados a los hombres, ya que son hijos suyos y obras de sus manos. En la 2 (1 Corintios 1, 3-9) san Pablo afirma que el cristiano recibe su fe, fortaleza y gracia por medio de Jesucristo, a fin de no ser condenado en el tribunal divino.

En el evangelio (Marcos 13, 33-37) Jesucristo nos invita a vivir en guardia, pues ignoramos cuándo llegará el Señor; podemos morir en cualquier momento. “Mirad que no sabéis cuándo es el momento… No sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa: si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros se lo digo a todos: velad”.

El Rosario

El Rosario

Historia

El Santo Rosario es una devoción muy antigua. Surgió aproximadamente en el año 800 a la sombra de los monasterios, como Salterio de los laicos. Dado que los monjes rezaban los salmos (150), a los laicos, los cuales en su mayoría no sabían leer, se les enseñó a rezar 150 padrenuestros. A pasar el tiempo, se formaron otros tres salterios con 150 avemarías, 150 alabanzas en honor de Jesús y 150 alabanzas en honor de María. Por tanto, la piedad medieval de Occidente desarrolló la oración del Rosario en sustitución de la Oración de las Horas.

En el año 1365 se hizo una combinación de los cuatro salterios, dividiendo las 150 avemarías en 15 decenas y poniendo un padrenuestro al inicio de cada una de ellas. En 1500 se estableció, para cada decena, la meditación de un hecho de la vida de Jesús o María, y así surgió el Rosario de quince misterios.

Los misterios que se contemplaban se dividieron en tres grupos (misterios gozosos, misterios dolorosos y misterios gloriosos).

San Pío V, en la bula Consueverunt, del 17 de septiembre de 1569, afirmó: El Rosario o Salterio de la Virgen María, es un modo de oración a través del cual María es venerada con el saludo del ángel repetido 150 veces según el número de los Salmos de David, intercalando cada diez avemarías la oración del Señor con meditaciones que ilustran toda la vida del mismo Señor nuestro Jesucristo.

San Juan Pablo II, con la carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, del 16 de octubre de 2002, añadió a los 15 misterios del Rosario otros 5 (misterios luminosos) para completar toda la vida de Cristo, recogiendo momentos del ministerio público del Señor.

La Santa Iglesia recibió el Rosario en el año 1214 de una forma milagrosa: cuando la Virgen se apareció a santo Domingo y se lo entregó como un arma poderosa para la conversión de herejes y otros pecadores de esos tiempos. Desde entonces su devoción se propagó rápidamente alrededor del mundo con increíbles y milagrosos resultados.

Oración contemplativa

El Santo Rosario es considerado como la oración perfecta porque junto con él está aunada la majestuosa historia de nuestra salvación. Con el Rosario meditamos los misterios de gozo, luz, dolor y gloria de Jesús y de María. Es una oración simple, humilde como María. Es una oración que podemos hacer con ella, la Madre de Dios, contemplar con María el rostro de Cristo. Con el avemaría la invitamos a que rece por nosotros.

El Rosario es una meditación de la vida de Jesucristo y de la Virgen María. El papa san Juan Pablo II dijo: En el Rosario aprendemos de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor. Como toda oración cristiana, el Rosario se aplica preferentemente a meditar los misterios de Cristo. La meditación hace intervenir al pensamiento, la imaginación, la emoción y el deseo. Esta movilización es necesaria para profundizar en las convicciones de fe, suscitar la conversión del corazón y fortalecer la voluntad de seguir a Cristo. La meditación de estos misterios conduce a la contemplación.

El Rosario, oración especialmente recomendada

El mes de octubre tiene en el calendario religioso popular una dedicación tradicional de gran raigambre: el Santo Rosario. Siglos de presencia en la vida e historia de la Iglesia avalan su validez y le otorgan el primer lugar entre las devociones marianas.

Desde el pontificado de Sixto IV, 1478, hasta nuestros días el testimonio de todos los Papas sobre la excelencia del Rosario no ha podido ser más unánime. Sobre ninguna otra práctica de piedad los Papas han publicado jamás tanto número de encíclicas.

La vida cristiana de millones de católicos en los últimos siglos está trenzada con el rezo del Rosario y la espiritualidad mariana se ha alimentado con esta oración y meditación. El papa Pío XII lo definió como el breviario de todo el Evangelio y norma popular adaptada a la capacidad y al alcance de todos los fieles. Síntesis perfecta de oración mental y vocal amalgama las más preciosas plegarias con los contenidos fundamentales del Evangelio, del Dogma y de la Historia de la salvación.

En Lourdes y en Fátima la Santísima Virgen mostró el Rosario como instrumento de santificación y de salvación.

El Rosario o Salterio de la Virgen es una de las oraciones más excelsas a la Madre del Señor. Por eso, los Sumos Pontífices han exhortado repetidamente a los fieles a la recitación frecuente del santo Rosario, oración de impronta bíblica, centrada en la contemplación de los acontecimientos salvíficos de la vida de Cristo, a quien estuvo asociada estrechamente la Virgen María. Son numerosos los testimonios de los Pastores y de hombres de vida santa sobre el valor y eficacia de esta oración.

El Rosario es una oración esencialmente contemplativa, cuya recitación exige un ritmo tranquilo y un reflexivo remanso, que favorezcan, en quien ora, la meditación de los misterios de la vida del Señor. Está expresamente recomendado en la formación y en la vida espiritual de los clérigos y de los religiosos.

¿Cómo se reza el Rosario?

El Rosario está compuesto de dos elementos: oración mental y oración vocal. En el Rosario la oración mental no es otra cosa que la meditación sobre los principales misterios o hechos de la vida (infancia, ministerio público, pasión y gloria) de Jesucristo y de su Santísima Madre.

La oración vocal consiste en recitar veinte decenas del Rosario (o cinco decenas, si se reza una sola parte). En cada decena, después de enunciar el misterio, se reza diez avemarías encabezada por un padrenuestro. Al terminar las avemarías de la decena se reza el gloria. Durante la decena se medita el misterio que se contempla.

Los misterios del santo Rosario

Misterios gozosos:

1º La Encarnación del Hijo de Dios.

2º La Visitación de la Virgen María a su prima santa Isabel.

3º El Nacimiento de Jesús.

4º La Presentación del Niño y la Purificación de la Virgen María.

5º El Niño Jesús perdido y hallado en el Templo.

Misterios luminosos:

1º El bautismo de Jesús.

2º Las bodas de Caná.

3º El anuncio del reino de Dios invitando a la conversión.

4º La Transfiguración del Señor.

5º La institución de la eucarística.

Misterios dolorosos:

1º La oración de Jesús en el huerto de los olivos.

2º La flagelación del Señor.

3º La coronación de espinas.

4º. Jesús con la cruz a cuesta.

5º Muere Jesús en la cruz.

Misterios gloriosos:

1º La Resurrección del Señor.

2º La Ascensión del Señor al cielo.

3º La venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles.

4º La Asunción de la Virgen María.

5º La coronación de María Santísima como Reina y Señora del Universo.

Libro de las letanías (y XXX): Letanía a la Virgen de la Estrella

Letanía de la Virgen de la Estrella

V/. Señor, ten piedad

R/. Señor, ten piedad

V/. Cristo, ten piedad

R/. Cristo, ten piedad

V/. Señor, ten piedad

R/. Señor, ten piedad

V/. Cristo, óyenos

R/. Cristo, óyenos

V/. Cristo escúchanos

R/. Cristo, escúchanos

V/. Dios Padre celestial, Creador de la Luz

R/. Ten misericordia de nosotros

V/. Dios Hijo, Redentor y Luz del mundo

R/. Ten misericordia de nosotros

V/. Dios Espíritu Santo, Luz reveladora de la Verdad

R/. Ten misericordia de nosotros

V/. Trinidad Santa, un solo Dios

R/. Ten misericordia de nosotros

(A las invocaciones que vienen a continuación, se contesta: ruega por nosotros)

Santa María

Santa Madre de Dios

Santísima Virgen de la Estrella

Hija predilecta del Eterno Padre

Madre amantísima del Verbo Divino

Gloria del Espíritu Santo

Templo de la Santísima Trinidad

Virgen de las vírgenes

Virgen hija de Sión

Virgen pobre y humilde

Virgen sencilla y obediente

Virgen digna de respeto

Patrona celestial de chuceneros

Blasón de la villa de Chucena

Estrella coronada del Condado

Estrella luminosa de la mañana

Estrella de los mares

Estrella de la Evangelización

Estrella consoladora de los afligidos

Mujer vestida del sol

Mujer coronada de estrellas

Aurora del día de la salvación

Llena de gracia

Manantial de hermosura

Esplendor de la Iglesia

Honor del género humano

Gloria de las mujeres

Modelo de entrega a Dios

Imagen purísima de la Iglesia

Icono del amor divino

Fuente de la verdadera felicidad

Mar dilatado de misericordias

Emperatriz de los Ángeles

Gloria de los Querubines

Corona de los Serafines

Esperanza de los Patriarcas

Guía de los Profetas

Gozo de todos los Santos

Señora del cielo y de la tierra

Alegría de la Iglesia triunfante

Consuelo de la Iglesia purgante

Madre de la Iglesia militante

Protectora de los fieles cristianos

Honra de las vírgenes

Luz de los doctores

Ejemplo de los confesores

Fortaleza de los mártires

Reina de los apóstoles

Reina y Señora del Universo

Reina y Madre de Chucena

V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo

R/. Perdónanos, Señor

V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo

R/. Escúchanos, Señor

V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo

R/. Ten piedad de nosotros

Nos acogemos bajo tu protección gloriosa Virgen Madre de Dios, Reina del Cielo elevada a las alturas celestes brillando entre los astros del firmamento como estrella de la mañana. Con tu ejemplo y apoyo, haz que los que seguimos el mandato de tu Hijo iluminemos el mundo con la luz de Cristo. Tú, que eres la primera Luz del mundo a ejemplo del Verbo, en el Espíritu Santo y en tu Hijo encendida, acoge las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, y sálvanos siempre de todos los peligros Virgen bendita de la Estrella.

V/. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios

R/. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo

Oremos: Dios Uno y Trino, que os dignasteis coronar por Reina de cielos y tierra a la Santísima Virgen María, que precede con su luz al peregrino Pueblo de Dios como signo de esperanza cierta y de consuelo hasta que llegue el día del Señor, constituyéndola Madre nuestra, que en la villa Chucena la veneramos como celestial Patrona bajo la advocación de Nuestra Señora de la Estrella, Estrella que, como la de los Magos de Oriente, nos lleva hasta los pies de tu Hijo, haz que siempre sea nuestra protectora y guía por los caminos de la vida para que al final de nuestra peregrinación terrena lleguemos a la patria celestial. Amén.

*****

(Versión primitiva)

Letanía de la Virgen de la Estrella

V/. Señor, ten piedad

R/. Señor, ten piedad

V/. Cristo, ten piedad

R/. Cristo, ten piedad

V/. Señor, ten piedad

R/. Señor, ten piedad

V/. Cristo, óyenos

R/. Cristo, óyenos

V/. Cristo escúchanos

R/. Cristo, escúchanos

V/. Dios Padre celestial

R/. Ten misericordia de nosotros

V/. Dios Hijo, Redentor del mundo,

R/. Ten misericordia de nosotros

V/. Dios Espíritu Santo

R/. Ten misericordia de nosotros

V/. Trinidad Santa, un solo Dios

R/. Ten misericordia de nosotros

(A las invocaciones que vienen a continuación, se contesta: ruega por nosotros)

Santa María

Santa Madre de Dios

Santísima Virgen de la Estrella

Hija predilecta del Eterno Padre

Madre amantísima del Verbo Divino

Gloria del Espíritu Santo

Templo de la Santísima Trinidad

Virgen de las vírgenes

Virgen Hija de Sión

Virgen pobre y humilde

Virgen sencilla y obediente

Virgen digna de respeto

Patrona celestial de Chucena

Alcaldesa perpetua de los chuceneros

Estrella coronada del Condado

Estrella luminosa de la mañana

Estrella de los mares

Estrella de la Evangelización

Mujer vestida del sol

Mujer coronada de estrellas

Llena de gracia

Manantial de hermosura

Alegría de Israel

Esplendor de la Iglesia

Honor del género humano

Gloria de las mujeres

Modelo de entrega a Dios

Discípula perfecta de Cristo

Imagen purísima de la Iglesia

Icono del amor divino

Fuente de la verdadera felicidad

Mar dilatado de misericordias

Emperatriz de los Ángeles

Gloria de los Querubines

Corona de los Serafines

Esperanza de los Patriarcas

Guía de los Profetas

Gozo de todos los Santos

Señora del cielo y de la tierra

Alegría de la Iglesia triunfante

Consuelo de la Iglesia purgante

Madre de la Iglesia militante

Protectora de los fieles cristianos

Honra de las vírgenes

Luz de los doctores

Ejemplo de los confesores

Fortaleza de los mártires

Reina de los apóstoles

Reina y Señora del Universo

Reina de la paz

V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo

R/. Perdónanos, Señor

V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo

R/. Escúchanos, Señor

V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo

R/. Ten piedad de nosotros

Oremos: Dios todopoderoso, Uno y Trino, que os dignasteis coronar por Reina de cielos y tierra a la Santísima Virgen María, constituyéndola Madre nuestra, y que en Chucena la veneramos como celestial Patrona bajo la advocación de Nuestra Señora de la Estrella, haz que siempre nos proteja por los caminos de la vida y que en la hora de nuestra muerte la veamos a nuestro lado como abogada para que de su mano, libres de todos los peligros, entremos en la patria celestial. Amén.