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Navidad: la Virgen María y San José

María, después de acoger el anuncio del Ángel, quedó embarazada por obra del Espíritu Santo. Cuando José se dio cuenta del hecho, quedó desconcertado. José quiere hacer la voluntad de Dios y decide, seguramente con gran dolor, repudiar a María en privado. Una prueba semejante a la del sacrificio de Abrahán, cuando Dios le pidió el hijo Isaac: renunciar a lo más precioso, a la persona más amada. Pero, como en el caso de Abrahán, el Señor interviene: encontró la fe que buscaba y abre un camino distinto, una vía de amor y de felicidad. Nosotros celebramos la Navidad contemplando a María y a José: María, la mujer llena de gracia que tuvo la valentía de fiarse totalmente de la Palabra de Dios; José, el hombre fiel y justo que prefirió creer al Señor en lugar de escuchar las voces de la duda y del orgullo humano. Con ellos, caminamos juntos hacia Belén (Papa Francisco).

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Primer Domingo de Adviento

Domingo 1º de Adviento. Las cuatro semanas de Adviento pretenden recordar los 4000 años que, según pensaban nuestros mayores, transcurren entre la creación del primer Adán, en el edén del paraíso, y el nacimiento del segundo Adán, Jesucristo, en la cueva de Belén.

Las oraciones y lecturas de hoy insisten casi exclusivamente en el tema de la “Parusía” o segunda venida del Señor. En la 1ª lectura el profeta Isaías (63, 16-17; 64, 2b-7), que es el profeta del Adviento, pide al Señor que perdone sus muchos pecados a los hombres, ya que son hijos suyos y obras de sus manos. En la 2 (1 Corintios 1, 3-9) san Pablo afirma que el cristiano recibe su fe, fortaleza y gracia por medio de Jesucristo, a fin de no ser condenado en el tribunal divino.

En el evangelio (Marcos 13, 33-37) Jesucristo nos invita a vivir en guardia, pues ignoramos cuándo llegará el Señor; podemos morir en cualquier momento. “Mirad que no sabéis cuándo es el momento… No sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa: si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros se lo digo a todos: velad”.

El Rosario

El Rosario

Historia

El Santo Rosario es una devoción muy antigua. Surgió aproximadamente en el año 800 a la sombra de los monasterios, como Salterio de los laicos. Dado que los monjes rezaban los salmos (150), a los laicos, los cuales en su mayoría no sabían leer, se les enseñó a rezar 150 padrenuestros. A pasar el tiempo, se formaron otros tres salterios con 150 avemarías, 150 alabanzas en honor de Jesús y 150 alabanzas en honor de María. Por tanto, la piedad medieval de Occidente desarrolló la oración del Rosario en sustitución de la Oración de las Horas.

En el año 1365 se hizo una combinación de los cuatro salterios, dividiendo las 150 avemarías en 15 decenas y poniendo un padrenuestro al inicio de cada una de ellas. En 1500 se estableció, para cada decena, la meditación de un hecho de la vida de Jesús o María, y así surgió el Rosario de quince misterios.

Los misterios que se contemplaban se dividieron en tres grupos (misterios gozosos, misterios dolorosos y misterios gloriosos).

San Pío V, en la bula Consueverunt, del 17 de septiembre de 1569, afirmó: El Rosario o Salterio de la Virgen María, es un modo de oración a través del cual María es venerada con el saludo del ángel repetido 150 veces según el número de los Salmos de David, intercalando cada diez avemarías la oración del Señor con meditaciones que ilustran toda la vida del mismo Señor nuestro Jesucristo.

San Juan Pablo II, con la carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, del 16 de octubre de 2002, añadió a los 15 misterios del Rosario otros 5 (misterios luminosos) para completar toda la vida de Cristo, recogiendo momentos del ministerio público del Señor.

La Santa Iglesia recibió el Rosario en el año 1214 de una forma milagrosa: cuando la Virgen se apareció a santo Domingo y se lo entregó como un arma poderosa para la conversión de herejes y otros pecadores de esos tiempos. Desde entonces su devoción se propagó rápidamente alrededor del mundo con increíbles y milagrosos resultados.

Oración contemplativa

El Santo Rosario es considerado como la oración perfecta porque junto con él está aunada la majestuosa historia de nuestra salvación. Con el Rosario meditamos los misterios de gozo, luz, dolor y gloria de Jesús y de María. Es una oración simple, humilde como María. Es una oración que podemos hacer con ella, la Madre de Dios, contemplar con María el rostro de Cristo. Con el avemaría la invitamos a que rece por nosotros.

El Rosario es una meditación de la vida de Jesucristo y de la Virgen María. El papa san Juan Pablo II dijo: En el Rosario aprendemos de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor. Como toda oración cristiana, el Rosario se aplica preferentemente a meditar los misterios de Cristo. La meditación hace intervenir al pensamiento, la imaginación, la emoción y el deseo. Esta movilización es necesaria para profundizar en las convicciones de fe, suscitar la conversión del corazón y fortalecer la voluntad de seguir a Cristo. La meditación de estos misterios conduce a la contemplación.

El Rosario, oración especialmente recomendada

El mes de octubre tiene en el calendario religioso popular una dedicación tradicional de gran raigambre: el Santo Rosario. Siglos de presencia en la vida e historia de la Iglesia avalan su validez y le otorgan el primer lugar entre las devociones marianas.

Desde el pontificado de Sixto IV, 1478, hasta nuestros días el testimonio de todos los Papas sobre la excelencia del Rosario no ha podido ser más unánime. Sobre ninguna otra práctica de piedad los Papas han publicado jamás tanto número de encíclicas.

La vida cristiana de millones de católicos en los últimos siglos está trenzada con el rezo del Rosario y la espiritualidad mariana se ha alimentado con esta oración y meditación. El papa Pío XII lo definió como el breviario de todo el Evangelio y norma popular adaptada a la capacidad y al alcance de todos los fieles. Síntesis perfecta de oración mental y vocal amalgama las más preciosas plegarias con los contenidos fundamentales del Evangelio, del Dogma y de la Historia de la salvación.

En Lourdes y en Fátima la Santísima Virgen mostró el Rosario como instrumento de santificación y de salvación.

El Rosario o Salterio de la Virgen es una de las oraciones más excelsas a la Madre del Señor. Por eso, los Sumos Pontífices han exhortado repetidamente a los fieles a la recitación frecuente del santo Rosario, oración de impronta bíblica, centrada en la contemplación de los acontecimientos salvíficos de la vida de Cristo, a quien estuvo asociada estrechamente la Virgen María. Son numerosos los testimonios de los Pastores y de hombres de vida santa sobre el valor y eficacia de esta oración.

El Rosario es una oración esencialmente contemplativa, cuya recitación exige un ritmo tranquilo y un reflexivo remanso, que favorezcan, en quien ora, la meditación de los misterios de la vida del Señor. Está expresamente recomendado en la formación y en la vida espiritual de los clérigos y de los religiosos.

¿Cómo se reza el Rosario?

El Rosario está compuesto de dos elementos: oración mental y oración vocal. En el Rosario la oración mental no es otra cosa que la meditación sobre los principales misterios o hechos de la vida (infancia, ministerio público, pasión y gloria) de Jesucristo y de su Santísima Madre.

La oración vocal consiste en recitar veinte decenas del Rosario (o cinco decenas, si se reza una sola parte). En cada decena, después de enunciar el misterio, se reza diez avemarías encabezada por un padrenuestro. Al terminar las avemarías de la decena se reza el gloria. Durante la decena se medita el misterio que se contempla.

Los misterios del santo Rosario

Misterios gozosos:

1º La Encarnación del Hijo de Dios.

2º La Visitación de la Virgen María a su prima santa Isabel.

3º El Nacimiento de Jesús.

4º La Presentación del Niño y la Purificación de la Virgen María.

5º El Niño Jesús perdido y hallado en el Templo.

Misterios luminosos:

1º El bautismo de Jesús.

2º Las bodas de Caná.

3º El anuncio del reino de Dios invitando a la conversión.

4º La Transfiguración del Señor.

5º La institución de la eucarística.

Misterios dolorosos:

1º La oración de Jesús en el huerto de los olivos.

2º La flagelación del Señor.

3º La coronación de espinas.

4º. Jesús con la cruz a cuesta.

5º Muere Jesús en la cruz.

Misterios gloriosos:

1º La Resurrección del Señor.

2º La Ascensión del Señor al cielo.

3º La venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles.

4º La Asunción de la Virgen María.

5º La coronación de María Santísima como Reina y Señora del Universo.

Libro de las letanías (y XXX): Letanía a la Virgen de la Estrella

Letanía de la Virgen de la Estrella

V/. Señor, ten piedad

R/. Señor, ten piedad

V/. Cristo, ten piedad

R/. Cristo, ten piedad

V/. Señor, ten piedad

R/. Señor, ten piedad

V/. Cristo, óyenos

R/. Cristo, óyenos

V/. Cristo escúchanos

R/. Cristo, escúchanos

V/. Dios Padre celestial, Creador de la Luz

R/. Ten misericordia de nosotros

V/. Dios Hijo, Redentor y Luz del mundo

R/. Ten misericordia de nosotros

V/. Dios Espíritu Santo, Luz reveladora de la Verdad

R/. Ten misericordia de nosotros

V/. Trinidad Santa, un solo Dios

R/. Ten misericordia de nosotros

(A las invocaciones que vienen a continuación, se contesta: ruega por nosotros)

Santa María

Santa Madre de Dios

Santísima Virgen de la Estrella

Hija predilecta del Eterno Padre

Madre amantísima del Verbo Divino

Gloria del Espíritu Santo

Templo de la Santísima Trinidad

Virgen de las vírgenes

Virgen hija de Sión

Virgen pobre y humilde

Virgen sencilla y obediente

Virgen digna de respeto

Patrona celestial de chuceneros

Blasón de la villa de Chucena

Estrella coronada del Condado

Estrella luminosa de la mañana

Estrella de los mares

Estrella de la Evangelización

Estrella consoladora de los afligidos

Mujer vestida del sol

Mujer coronada de estrellas

Aurora del día de la salvación

Llena de gracia

Manantial de hermosura

Esplendor de la Iglesia

Honor del género humano

Gloria de las mujeres

Modelo de entrega a Dios

Imagen purísima de la Iglesia

Icono del amor divino

Fuente de la verdadera felicidad

Mar dilatado de misericordias

Emperatriz de los Ángeles

Gloria de los Querubines

Corona de los Serafines

Esperanza de los Patriarcas

Guía de los Profetas

Gozo de todos los Santos

Señora del cielo y de la tierra

Alegría de la Iglesia triunfante

Consuelo de la Iglesia purgante

Madre de la Iglesia militante

Protectora de los fieles cristianos

Honra de las vírgenes

Luz de los doctores

Ejemplo de los confesores

Fortaleza de los mártires

Reina de los apóstoles

Reina y Señora del Universo

Reina y Madre de Chucena

V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo

R/. Perdónanos, Señor

V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo

R/. Escúchanos, Señor

V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo

R/. Ten piedad de nosotros

Nos acogemos bajo tu protección gloriosa Virgen Madre de Dios, Reina del Cielo elevada a las alturas celestes brillando entre los astros del firmamento como estrella de la mañana. Con tu ejemplo y apoyo, haz que los que seguimos el mandato de tu Hijo iluminemos el mundo con la luz de Cristo. Tú, que eres la primera Luz del mundo a ejemplo del Verbo, en el Espíritu Santo y en tu Hijo encendida, acoge las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, y sálvanos siempre de todos los peligros Virgen bendita de la Estrella.

V/. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios

R/. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo

Oremos: Dios Uno y Trino, que os dignasteis coronar por Reina de cielos y tierra a la Santísima Virgen María, que precede con su luz al peregrino Pueblo de Dios como signo de esperanza cierta y de consuelo hasta que llegue el día del Señor, constituyéndola Madre nuestra, que en la villa Chucena la veneramos como celestial Patrona bajo la advocación de Nuestra Señora de la Estrella, Estrella que, como la de los Magos de Oriente, nos lleva hasta los pies de tu Hijo, haz que siempre sea nuestra protectora y guía por los caminos de la vida para que al final de nuestra peregrinación terrena lleguemos a la patria celestial. Amén.

*****

(Versión primitiva)

Letanía de la Virgen de la Estrella

V/. Señor, ten piedad

R/. Señor, ten piedad

V/. Cristo, ten piedad

R/. Cristo, ten piedad

V/. Señor, ten piedad

R/. Señor, ten piedad

V/. Cristo, óyenos

R/. Cristo, óyenos

V/. Cristo escúchanos

R/. Cristo, escúchanos

V/. Dios Padre celestial

R/. Ten misericordia de nosotros

V/. Dios Hijo, Redentor del mundo,

R/. Ten misericordia de nosotros

V/. Dios Espíritu Santo

R/. Ten misericordia de nosotros

V/. Trinidad Santa, un solo Dios

R/. Ten misericordia de nosotros

(A las invocaciones que vienen a continuación, se contesta: ruega por nosotros)

Santa María

Santa Madre de Dios

Santísima Virgen de la Estrella

Hija predilecta del Eterno Padre

Madre amantísima del Verbo Divino

Gloria del Espíritu Santo

Templo de la Santísima Trinidad

Virgen de las vírgenes

Virgen Hija de Sión

Virgen pobre y humilde

Virgen sencilla y obediente

Virgen digna de respeto

Patrona celestial de Chucena

Alcaldesa perpetua de los chuceneros

Estrella coronada del Condado

Estrella luminosa de la mañana

Estrella de los mares

Estrella de la Evangelización

Mujer vestida del sol

Mujer coronada de estrellas

Llena de gracia

Manantial de hermosura

Alegría de Israel

Esplendor de la Iglesia

Honor del género humano

Gloria de las mujeres

Modelo de entrega a Dios

Discípula perfecta de Cristo

Imagen purísima de la Iglesia

Icono del amor divino

Fuente de la verdadera felicidad

Mar dilatado de misericordias

Emperatriz de los Ángeles

Gloria de los Querubines

Corona de los Serafines

Esperanza de los Patriarcas

Guía de los Profetas

Gozo de todos los Santos

Señora del cielo y de la tierra

Alegría de la Iglesia triunfante

Consuelo de la Iglesia purgante

Madre de la Iglesia militante

Protectora de los fieles cristianos

Honra de las vírgenes

Luz de los doctores

Ejemplo de los confesores

Fortaleza de los mártires

Reina de los apóstoles

Reina y Señora del Universo

Reina de la paz

V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo

R/. Perdónanos, Señor

V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo

R/. Escúchanos, Señor

V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo

R/. Ten piedad de nosotros

Oremos: Dios todopoderoso, Uno y Trino, que os dignasteis coronar por Reina de cielos y tierra a la Santísima Virgen María, constituyéndola Madre nuestra, y que en Chucena la veneramos como celestial Patrona bajo la advocación de Nuestra Señora de la Estrella, haz que siempre nos proteja por los caminos de la vida y que en la hora de nuestra muerte la veamos a nuestro lado como abogada para que de su mano, libres de todos los peligros, entremos en la patria celestial. Amén.

Libro de las letanías: (XXIX): Letanía por todos los hombres

Letanías por todos los hombres

Santa María, Madre de Cristo, hermano nuestro: escúchanos.

Santa María, puñado de sonrisas, enséñanos a sonreír

Santa María, dulzura del corazón, endulza nuestras amarguras.

Santa María, alegría de los ángeles, alegra nuestra vida.

Santa María, sencilla como paloma, rompe nuestra soberbia.

Santa María, palmera en el desierto, danos tu sombra.

Santa María, agua cristalina, lava nuestra suciedad.

Santa María, sueño de los niños, duerme nuestros desvelos.

(A las siguientes invocaciones, se responde: Ruega por nosotros)

Madre de los sin pan,

Madre de los sin albergue,

Madre de los que andan descalzos,

Madre de los que piden limosna,

Madre de los que odian,

Madre de los que caen,

Madre de los que no tienen madre,

Madre de los subnormales,

Madre de los que lloran,

Madre de los derrotados,

Madre de los débiles,

Madre de los cobardes,

Madre de los ateos,

Madre de los marginados,

Madre de los cristianos tibios,

Madre de los jóvenes sin ilusión,

Madre de los desengañados,

Madre de los enfermos,

Reina de los que dijeron “sí”,

Reina de los que triunfan,

Reina de los que viven alegres,

Reina de los que no miran atrás,

Reina de los que se levantan,

Reina de los corazones generosos,

Reina de los que se aman,

Reina de los que se mantienen puros,

Reina de los que han renunciado a todo por amor,

Reina de los valientes,

Reina de los amantes de la verdad,

Reina de los nobles ancianos,

Reina de los libros buenos,

Reina de las cosas de cada día,

Reina de mi vida,

Reina de los días alegres,

Reina de los momentos de heroísmo,

Reina de los seguidores de tu Hijo,

Reina del mundo.

Oración: María, Virgen Poderosa, excelsa protectora de la Iglesia, auxilio admirable de los cristianos, terrible como un ejército ordenado para la batalla. Tú, que has destruido todos los errores del mundo, defiéndenos del enemigo en las angustias, en las luchas, en las necesidades; y en la hora de muerte acógenos en el gozo eterno. Amén.

Libro de las letanías (XXVIII): Letanía a la Divina Providencia

Letanía a la Divina Providencia

Señor, ten piedad Señor, ten piedad

Cristo, ten piedad Cristo, ten piedad

Señor, ten piedad Señor, ten piedad

Cristo, óyenos Cristo, óyenos

Cristo, escúchanos Cristo, escúchanos

(A las siguientes invocaciones, se responde: Ten piedad de nosotros)

Dios, Padre celestial

Dios, Hijo Redentor del mundo

Dios, Espíritu Santo

Trinidad Santa, un solo Dios

Dios, en quien vivimos, nos movemos y somos

Tú, que creaste el cielo, la tierra y el mar

Tú, que ordenaste todas las cosas según su medida, número y peso

Tú, que equilibraste los cielos con tu mano y señalaste los límites del mar

Tú, que los diriges todo según el designio de tu voluntad

Tú, Dios omnipotente y sapientísimo

Tú, que abres tu mano y colmas de bendiciones a todos los vivientes

Tú, que haces salir el sol sobre los justos y los pecadores

Tú, que alientas las aves del cielo y vistes los lirios del campo

Tú, Dios lleno de bondad y de misericordia

Tú, que diriges todo al bien de los que aman

Tú, que envías la tribulación para probarnos y perfeccionarnos

Tú, que sanas a los heridos y levantas a los abatidos de corazón

Tú, que premias con alegría eterna la paciencia cristiana

Padre de bondad y Dios de todo consuelo

Sénos propicio Perdónanos, Señor

Sénos propicio Escúchanos, Señor

(A las siguientes invocaciones, se responde: Líbranos, Señor)

De todo mal

De todo pecado

De tu ira

De la peste, el hambre y la guerra

Del rayo y de la tempestad

Del granizo, de la lluvia y de la sequía destructoras

De la pérdida de las cosechas y de la carestía

De toda desconfianza en tu divina Providencia

De la murmuración y quejas contra tus santas disposiciones

Del desánimo y la impaciencia

De la excesiva preocupación por las cosas temporales

Del abuso de tus gracias y beneficios

De la insensibilidad para con el prójimo

En el día del juicio

(A las siguientes invocaciones, se responde: Te rogamos óyenos)

Pecadores

Que siempre confiemos en tu divina Providencia

Que no seamos arrogantes en la buena fortuna y desalentados en la calamidad

Que nos sometamos filialmente a todas tus disposiciones

Que alabemos tu nombre cuando quieras darnos algo o cuando quieras quitárnoslo

Que nos des lo necesario para la conservación de nuestra vida

Que te dignes bendecir nuestros esfuerzos y trabajos

Que te dignes darnos fortaleza y paciencia en todas las adversidades

Que te dignes conducirnos por la tribulación a la enmienda

Que te dignes concedernos la alegría eterna por los padecimientos temporales

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo

Perdónanos, Señor

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo

Escúchanos, Señor

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo

Ten piedad de nosotros

Oración: Oh Dios de quien procede todo bien: concédenos misericordiosamente que por tu inspiración reconozcamos lo que es recto y que lo cumplamos siempre bajo tu dirección. Te pedimos que nos ayudes, Dios Todopoderoso: que en nuestra tribulación confiemos en tu bondad, y que por tu protección estemos seguros de toda adversidad. Oh Dios cuya Providencia es infalible en sus disposiciones: te pedimos humildemente que apartes de nosotros todo lo nocivo y que nos concedas todo lo provechoso, por Cristo nuestro Señor. Amén

Libro de las letanías (XXVII): Letanía de los tres Arcángeles

Letanía de los tres Arcángeles

V/. Señor, ten piedad de nosotros
R/. Señor, ten piedad de nosotros

V/. Cristo, ten piedad de nosotros

R/. Cristo, ten piedad de nosotros
V/. Señor, ten piedad de nosotros
R/. Señor, ten piedad de nosotros

A las siguientes invocaciones se responde: permaneced con nosotros

Santos Ángeles que nos ilumináis con la gracia de Dios para saber lo que necesita curación

Arcángel san Miguel

Santo príncipe de las huestes celestiales
Arcángel san Miguel, portador de la luz y la claridad de Dios

Arcángel san Miguel, nuestro defensor contra el enemigo

Arcángel san Gabriel

Arcángel san Gabriel que iluminas nuestras mentes con la palabra de Dios
Arcángel san Gabriel perfecto modelo de oración
Arcángel san Gabriel revelador de misterios
Arcángel san Rafael

Arcángel san Rafael, cuyo nombre significa “Dios ha curado”
Arcángel san Rafael uno de los siete Ángeles que están en presencia del Altísimo
Arcángel san Rafael que intercedes por nosotros ante Dios
Arcángel san Rafael, noble y poderoso mensajero de Dios
Arcángel san Rafael nuestro guía y protector en el viaje de la vida
Arcángel san Rafael, patrón de todos aquellos que buscan salvación
Arcángel san Rafael, patrón de todos los sanadores
Arcángel san Rafael consuelo de los enfermos
Arcángel san Rafael que guiaste a Tobías
Arcángel san Rafael que curaste al padre de Tobías de su ceguera
Arcángel san Rafael que expulsaste a los Ángeles caídos con el poder de Dios
Arcángel san Rafael encargado de sanar la tierra y proclamar salvación
Arcángel san Rafael guardián de la familia y ángel de los matrimonios felices
Todos vosotros ángeles sanadores
Vosotros que sois poderosos, cumplís sus mandamientos y obedecéis sus palabras

Bendecid al Señor todos sus ángeles

Recemos como Jesús nos enseñó: Padre nuestro, que estás en el Cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en el tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos deje caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Oremos: Padre nuestro, Dios de amor que nos proporcionas la vida a humanos y Ángeles, acudimos a ti con la esperanza de sanar, pidiéndote que llenes nuestros corazones y cuerpos con tu luz. Ilumínanos para saber lo que necesitamos y danos fe para conocer y agradecer lo que ya nos has concedido. Te lo pedimos en nombre de Jesús, Amén.