Archivo de la categoría: Doctrina

En comunión con Jesús

¿Qué significa “comer la carne y beber la sangre” de Jesús? Para responder es necesario intuir qué sucede en el corazón de Jesús mientras parte el pan para la muchedumbre hambrienta. Sabiendo que deberá morir en la cruz por nosotros, Jesús se identifica con ese pan partido y compartido, y eso se convierte para Él en “signo” del sacrificio que le espera. Este proceso culmina en la Última Cena, donde el pan y el vino se convierten realmente en su Cuerpo y en su Sangre. Es la Eucaristía, que Jesús nos deja con una finalidad precisa: que nosotros podamos convertirnos en una sola cosa con Él. Nutrirnos de ese “Pan de vida” significa entrar en sintonía con el corazón de Cristo, asimilar sus elecciones, sus pensamientos, sus comportamientos. Significa entrar en un dinamismo de amor y convertirse en personas de paz, personas de perdón, de reconciliación, de compartir solidario. Vivir en comunión real con Jesús en esta tierra, nos hace pasar de la muerte a la vida. El Cielo comienza precisamente en esta comunión con Jesús (Papa Francisco).

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Fiesta de la Santísima Trinidad

Hoy celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad, que nos recuerda el misterio del único Dios en tres Personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La Trinidad es comunión de Personas divinas, las cuales son una con la otra, una para la otra y una en la otra: esta comunión es la vida de Dios, el misterio de amor del Dios vivo: Y Jesús nos reveló este misterio. Él nos habló de Dios como Padre; nos habló del Espíritu, y nos habló de sí mismo como Hijo de Dios. No estamos llamados a vivir los unos sin los otros, por encima o contra los demás, sino los unos con los otros, por los otros y en los otros. Esto significa acoger y testimoniar concordes la belleza del Evangelio; vivir el amor recíproco y hacia todos, compartiendo alegrías y sufrimientos, aprendiendo a pedir y conceder el perdón, valorando los diversos carismas bajo la guía de los pastores. En una palabra, se nos encomienda la tarea de edificar comunidades eclesiales que sean cada vez más familia, capaces de reflejar el esplendor de la Trinidad y evangelizar, no solo con las palabras, sino con la fuerza del amor de Dios que habita en nosotros (Papa Francisco).

Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 17ª (Llegada del cristianismo a China)

Llegada del cristianismo a China

¿Cuándo llegó el cristianismo a China? Los primeros cristianos que llegaron a China eran nestorianos de Persia y establecieron una floreciente Iglesia con numerosos obispos. Esto ocurrió en el siglo VII. Del siglo XIII data la misión católica a China. El papa Inocencio IV envió a franciscanos, y estos fueron los primeros en dar a conocer en Europa la existencia de la antigua civilización china. La misión se mantuvo por espacio de más de un siglo, hasta que, con la caída de los mongoles en 1368, tocó a su fin en circunstancias poco conocidas.

La misión moderna en China comenzó realmente con la llegada del jesuita Mateo Ricci en 1568, juntamente con otros miembros de la Compañía de Jesús. Pero no fueron los hijos de san Ignacio de Loyola los únicos misioneros. También franciscanos y dominicos compartieron la tarea evangelizadora de China. A fines del siglo XVII Francia empezó a enviar sacerdotes del seminario de Misiones Extranjeras, que se había fundado en París. Y los lazaristas comenzaron a misionar el inmenso país chino, tomando bajo su responsabilidad, después de la supresión de los jesuitas, las misiones que éstos abandonaron.

¿Hubo persecución contra los cristianos en China? Sí. La evangelización de China no careció de dificultades. La conquista de los manchúes, en 1644, ocasionó un considerable retroceso, y a mediados del siglo XVIII la persecución empezó a ser sistemática. Hubo nuevos edictos y nuevos martirios durante toda la mitad del siglo XIX, hasta 1870. El heroísmo de los cristianos chinos hace que su martirologio recuerde los peores tiempos de las persecuciones romanas. Muchos de los mártires de China -indígenas y europeos, obispos, sacerdotes y laicos- han sido canonizados.

Ya en el siglo XX, en 1949, triunfó de la Revolución Comunista de Mao Tse Tung. Nada más instaurarse, el régimen comunista comenzó la persecución de las religiones -consideradas instrumentos extranjeros de control- y a interferir políticamente en las instituciones religiosas. En 1951 el papa Pío XII excomulgó a dos obispos nombrados por el Gobierno chino sin su autorización. La respuesta gubernamental fue la expulsión del nuncio apostólico y de todos los misioneros y religiosos extranjeros, restringiendo la propagación del cristianismo por todo el territorio nacional. Las relaciones diplomáticas entre Pekín y el Vaticano quedaron rotas. En 1957 el Gobierno comunista de China creó la Asociación Patriótica Católica China, un organismo estatal que pretendía implantar “los principios de independencia y autonomía, autogestión y administración democrática” en la Iglesia Católica china. Todos aquellos cristianos que formaran parte de este órgano de vigilancia e intervención del Partido Comunista podían practicar su religión públicamente.

En los años cincuenta y sesenta hubo una persecución muy fuerte contra los cristianos: todo el clero nativo y muchos laicos con capacidad de liderazgo fueron encarcelados o conducidos a campos de trabajos forzados. Muchos cristianos no soportaron los largos años de padecimiento y se hicieron miembros de la Asociación Patriótica, cediendo así a la imposición gubernamental. Otros prefirieron permanecer en la clandestinidad, manteniéndose fieles a la unidad de la Iglesia universal y al Papa. Estos últimos siguieron sufriendo la persecución, especialmente los obispos, los sacerdotes y los religiosos.

A partir de la reforma política impulsada por Deng Xiaoping a comienzos de los años ochenta, se empezó a dejar paulatinamente en libertad a sacerdotes que habían pasado hasta 25 años en la cárcel. Los excarcelados optaron por continuar en la clandestinidad para salvaguardar su fidelidad a la Iglesia y al Papa. Trataban de evitar de ese modo su detención y cautiverio.

En China existe una única Iglesia Católica, pero dividida en dos comunidades: una oficial y otra clandestina. Es decir, no hay diferencias doctrinales entre ellas, pero una admite la injerencia del gobierno y la otra no. Mientras los fieles católicos oficiales practican su religión abiertamente en hermosas iglesias y catedrales, los fieles clandestinos lo hacen en casas particulares, con cuidado de no ser descubiertos, y protegiendo a sus pastores para que no sean detenidos y sometidos a interrogatorios inhumanos por el simple hecho de ser sacerdotes. Los seminaristas oficiales reciben su formación en seminarios abiertos y son seleccionados para la ordenación en función de su afinidad con el pensamiento comunista; los seminaristas clandestinos lo hacen ocultos en viviendas normales y con frecuentes cambios de domicilio cada vez que hay indicios de que pueden ser descubiertos.

Compendio de Historia de l Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 17ª (La singular evangelización de Corea)

 

La singular evangelización de Corea

¿Qué singularidad presenta la evangelización en Corea? El catolicismo en Corea es una página única de la historia de la Iglesia. Nació a finales del siglo XVIII; primero como convicción intelectual y luego como aceptación de la fe. Un “jangban”, un letrado de formación confuciana llamado Lee Byeok, tuvo noticia del cristianismo por la lectura de un libro editado en China. Durante años reflexionó en aquella doctrina. En 1779 acudió a la pagoda budista de Chonjinam y discutió diez días con otros sabios. Ni las enseñanzas de Buda ni la ética agnóstica de Confucio respondían a los temas de la inmortalidad del alma, la sanción moral eterna y la existencia de un Dios personal. El cristianismo era la ilustración misma de esos problemas. Lee Byeok y sus colegas abrazaron la fe católica antes de haber conocido un solo católico. La Iglesia coreana nació así con un grupo de laicos, antes de toda catequesis oral, sin jerarquías, sin sacerdocio, sin sacramentos, y años antes de que ninguno de ellos recibiera el bautismo.

En 1784, uno de ellos -Lee Seung-hun- fue enviado a Pekín para ser bautizado recibiendo el nombre de Pedro y traer algún catecismo. Cuando seis meses después regresó a Corea, bautizó a sus compañeros. Lee Byeok al ser bautizado tomó el nombre de Juan Bautista. Aún sin sacerdotes, dividieron el país en “diócesis” y comenzaron a difundir su fe. La oposición del confucionismo oficial era previsible: Los católicos abandonaban el culto a los antepasados, predicaban la igualdad ante Dios del hombre y de la mujer, y difundiendo la igual dignidad humana alteraban la estratificación de clases entre nobleza y sirvientes. Demasiado para el humanismo formal de Confucio y para el estático devenir de la rueda eterna de Buda.

Este progresismo social de la doctrina cristiana originó la primera persecución. Lee Byeok fue encerrado en su casa por su propio padre que amenazaba suicidarse. La costumbre social confuciana prohibía a los hijos comer, dormir o reír mientras sus padres estuvieran enfadados por su causa. Lee Byeok, entonces de treinta y un años, se lavó, vistió su traje blanco solemne, se encerró en su habitación e, inmóvil, se dedicó a la oración. No se movió más. No volvió a comer ni a dormir. Quince días más tarde, el fundador de la Iglesia Católica en Corea moría de inanición. Cuando diez años después -año 1794- llegaba desde Pekín Chu Mun-mo Vellozo, el primer sacerdote católico, de nacionalidad china, los bautizados eran ya cuatro mil, tan fervorosos que en poco tiempo su número se duplicó: sin duda, un caso único de toda la cristiandad.

¿Hubo paz para los cristianos coreanos en el siglo XIX? No. En 1801 se produjo una fuerte represión contra la comunidad católica, y el sacerdote chino fue asesinado con unos trescientos cristianos, entre los que estaban el noble Juan Niou y su mujer Lutgarda, A pesar de que en 1815 y en 1827 hubo nuevas oleadas persecutorias, en 1831 el número de cristianos ya era de de seis mil. Fue entonces cuando la Santa Sede erigió un vicariato apostólico en Corea, poniendo al frente del mismo a un fervoroso misionero de China: Lorenzo Imbert. Éste es consagrado obispo en mayo de 1837 y llega a Corea seis meses más tarde. Dos años después, el 21 de septiembre de 1839 recibió la palma del martirio. Con él también compartieron el martirio dos misioneros franceses: Pedro Maubant y Jacobo Chastan.

Pero no eran ellos solos. Antes y después sufrieron martirio otros muchos cristianos, entre otros Andrés Kim Taegon y Pablo Chong Hassang.

¿Quiénes fueron Andrés KimTaegon y Pablo Chong Hassang? Andrés Kim Taegon nació en 1821 en Solmoe (Corea). Era niño cuando la familia se trasladó a Kolbaemasil para huir de las persecuciones. Su padre murió mártir en 1839. También un bisabuelo suyo había muerto mártir en el año 1814, después de diez años de prisión. Tenía quince años de edad cuando el padre Maubant lo invitó a ingresar al seminario.

Fue enviado al seminario de Macao. Hacia el año 1843 intentó regresar a Corea con el obispo Ferréol, pero en la frontera fueron rechazados. Se ordenó diácono en China en el año 1844. Volvió a Corea el 15 de enero de 1845. Por su seguridad sólo saludó unos cuantos catequistas; ni siquiera vio a su madre. En una pequeña embarcación de madera guió a los misioneros franceses hasta Shangai, a la que arribaron soportando peligrosas tormentas.

En Shangai recibió la ordenación sacerdotal de manos de monseñor Ferréol el 17 de agosto de 1845, convirtiéndose en el primer sacerdote coreano. Hacia fines del mismo mes emprendió el regreso a Corea con el obispo y el padre Daveluy. Llegaron a la Isla Cheju y, en octubre del mismo año, arribaron a Kanggyong donde pudo ver a su madre.

El 5 de junio de 1846 fue arrestado en la isla Yonpyong mientras trataba con los pescadores la forma de llevar a Corea a los misioneros franceses que estaban en China. Inmediatamente fue enviado a la prisión central de Seúl. El rey y algunos de ministros no lo querían condenar por sus vastos conocimientos y dominar varios idiomas. Otros ministros insistieron en que se le aplicara la pena de muerte. Después de tres meses de cárcel fue decapitado el 16 de septiembre de 1846, a la edad de veintiséis años. Antes de morir dijo: ¡Ahora comienza la eternidad! y con serenidad y valentía se acercó al martirio.

Pablo Chong Ha-Sang nació en el año 1795 en Mahyon (Corea) siendo miembro de una noble familia tradicional. Después del martirio de su padre y de su hermano mayor Carlos, ocurridos en el año 1801, la familia sufrió mucho. Pablo tenía siete años. Su madre vio cómo confiscaban sus bienes y les dejaban en extrema pobreza. Se educó bajo los cuidados de su devota madre.

A los veinte años dejó su familia para reorganizar la Iglesia Católica en Seúl y pensó en traer misioneros. En el año 1816 viajó a Pekín para solicitar al obispo algunos misioneros; se le concedió uno que falleció antes de llegar a Corea. Él y sus compañeros escribieron al papa para que enviara misioneros. Finalmente gracias a los ruegos de los católicos, el 9 de septiembre de 1831 se estableció el vicariato apostólico de Corea y se nombró su primer obispo, encargando a la Sociedad de las Misiones Extranjeras de París la evangelización de Corea.

Pablo introdujo al obispo Imbert en Corea, lo recibió en su casa y lo ayudó durante su ministerio. Monseñor Imbert pensó que Pablo podía ser sacerdote y comenzó a enseñarle teología… Mientras tanto brotó una nueva persecución. Pablo, su mamá y su hermana Isabel fueron arrestados en el año 1839. Aguantó las torturas hasta que fue decapitado a las afueras de Seúl el 22 de septiembre. Poco después también su madre y su hermana sufrieron el martirio.

¿Fue la del año 1846 la última persecución contra los católicos coreanos? No. Se desencadenó una nueva persecución que en un primer momento se cobró sólo en Seúl la vida de unos cuatrocientos católicos, preludio de una tragedia en toda Corea que para septiembre de 1868 sumó unos dos mil fieles martirizados, cifra que en 1870 alcanzó los ocho mil, entre quienes sufrieron trabajos forzados o fueron asesinados por su fe.

Pese a la brutal persecución de sucesivos gobiernos contra los católicos coreanos a los largo de todo el siglo XIX, a comienzos del siglo XX aún se contaban hasta cincuenta mil los católicos que había en Corea.

¿Se puede decir también en Corea que “la sangre de los mártires es semilla de cristianos”? Sí. La Iglesia Católica en Corea del Sur ha experimentado un crecimiento enorme en los últimos años del siglo XX y principios del XXI teniendo un aumento de sus miembros en un 70% en la primera década del tercer milenio. Parte de este crecimiento puede atribuirse a la percepción relativamente positiva de la Iglesia por el público en general por su papel en la democratización de Corea del Sur, su participación activa en diversas obras de bienestar social, y su aproximación respetuosa a la relación entre religiones y las cuestiones de la espiritualidad tradicional coreana. Al 31 de diciembre de 2011 la Iglesia tenía más de cinco millones de católicos en Corea del Sur -el 10% de la población-. La proporción de católicos es superior entre los estudiantes y los intelectuales. Hay 15 diócesis incluyendo tres archidiócesis. Actualmente constituye la religión de mayor crecimiento en Corea del Sur, con una de las tasas de conversión más altas del mundo con unos 150.000 bautismos de personas mayores de edad al año. Las conversiones proceden del confucionismo y del budismo prevalentemente en las áreas urbanas. El concepto cristiano de igualdad y de dignidad humana, la oración como diálogo con Dios y, por tanto, como superación del “nirvana” budista, el acento personal de la moral cristiana, todo eso es atrayente para una sociedad confuciana que no comprende las virtudes morales más que en el cuadro de su utilidad social. La Iglesia Católica constituye la tercera religión más importante de Corea del Sur con un 35% de creyentes que profesan el catolicismo entre la población religiosa.

La fiesta de Pentecostés

La fiesta de Pentecostés nos hace revivir los inicios de la Iglesia: De repente se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente… y se llenaron todos de Espíritu Santo. Esta efusión transformó completamente a los discípulos: el miedo es remplazado por la valentía, la cerrazón cede el lugar al anuncio, y toda duda es expulsada por la fe llena de amor. Es el “bautismo” de la Iglesia, que así comenzaba su camino en la historia, guiada por la fuerza del Espíritu Santo. El Espíritu Santo, efundido en Pentecostés en el corazón de los discípulos, es el inicio de una nueva época: la época del testimonio y la fraternidad. Es un tiempo que viene de lo alto, viene de Dios, como las llamas de fuego que se posaron sobre la cabeza de cada discípulo. Era la llama del amor que quema toda aspereza; era la lengua del Evangelio que traspasa los límites puestos por los hombres y toca los corazones de la muchedumbre, sin distinción de lengua, raza o nacionalidad. Como ese día de Pentecostés, el Espíritu Santo es derramado continuamente también hoy sobre la Iglesia y sobre cada uno de nosotros para que salgamos de nuestras mediocridades y de nuestras cerrazones y comuniquemos a todo el mundo el amor misericordioso del Señor (Papa Francisco).

Unión con Cristo

Concluye la lectura del discurso sobre el “Pan de vida” que Jesús pronunció el día después del milagro de la multiplicación de los panes y los peces. Al final de su discurso, el gran entusiasmo del día anterior se desvaneció, porque Jesús había dicho que era el Pan bajado del cielo y que daría su carne como alimento y su sangre como bebida. Desde ese momentos, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con Él. Frente a estas deserciones, Jesús no regatea ni atenúa sus palabras, es más: obliga a hacer una elección clara: o estar con Él o separarse de Él, y les dice a los Doce: ¿También vosotros queréis marcharos? Entonces, Pedro hace su confesión de fe en nombre de los otros Apóstoles: Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de Vida eterna. No dice: ¿adónde iremos?, sino ¿a quién iremos? El problema de fondo no es ir y abandonar la obra emprendida, sino a quién ir. La fidelidad a Dios es una cuestión de fidelidad a una persona, a la cual nos adherimos para recorrer juntos un mismo camino. Y esta persona es Jesús. Todo lo que tenemos en el mundo no sacia nuestra hambre de infinito. ¡Tenemos necesidad de Jesús, de estar con Él, de alimentarnos en su mesa, con sus palabras de vida eterna! Creer en Jesús significa hacer de Él el centro, el sentido de nuestra vida (Papa Francisco).

Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 17ª (La evangelización en Japón)

La evangelización de Japón

¿Qué se entiende por el Siglo Cristiano del Japón? La historia de la Iglesia Católica en Japón está dividida en tres grandes períodos: el Siglo Cristiano del Japón, la Iglesia de las Catacumbas o la de los Cristianos ocultos (Kakure Kirishitan), y el Catolicismo japonés en la actualidad.

El primer período (el Siglo Cristiano del Japón) va desde el año 1549 al 1640. En 1543 arribaron los primeros barcos portugueses y la actividad misionera de los primeros sacerdotes católicos en Japón se inició a comienzos de 1549, principalmente por jesuitas patrocinados por el Reino de Portugal. Muy poco tiempo después comenzaron a llegar sacerdotes pertenecientes a las órdenes mendicantes como la de los dominicos y los franciscanos, patrocinados por España.

El jesuita san Francisco Javier llegó a tierras niponas en 15 de agosto de 1549, acompañado por otros dos misioneros jesuitas, Cosme de Torres y Juan Fernández, y por el traductor Anjirô, dando inicio a lo que se ha denominado el Siglo Cristiano del Japón. En Kagoshima permaneció san Francisco Javier un año. Después estuvo evangelizando otras poblaciones japonesas (Yamaguchi, Sakai y Meaco) junto con su compañero Pablo de Santa Fe, e hizo traducir la obra Declaración de los artículos de la Fe, que se aprendió de memoria y solía recitar en las esquinas. Para responder a las preguntas que los transeúntes realizaban se valía de un intérprete. Ante el fracaso de la misión, pensó en citarse con el rey de la zona con la esperanza de que si éste se convertía al catolicismo, el pueblo también lo haría.

En Meaco intentó, sin lograrlo, ser recibido por el emperador. De nuevo en Yamaguchi, realizó junto con sus dos compañeros una intensa labor de predicación que da su fruto en la creación de una pequeña comunidad católica. En septiembre de 1551 le llamó el príncipe de Bungo, y le permitió predicar en las islas de su territorio. Un mes después abandonó el Japón, dejando la tarea de la evangelización del Imperio del Sol Naciente a los jesuitas Cosme de Torres y Juan Fernández. Los dos jesuitas optaron por tratar de convertir a personas de las clases altas y lograron que varios nobles se bautizaran.

En 1579 llegó por primera vez al Japón Alessandro Valgnano, y nada más llegar fundó un seminario en Arima que contó con 22 seminaristas japoneses. Tres años después fundó otro seminario en Azuchi, con 33 seminaristas, también nativos del país. En 1582 organizó el viaje de cuatro jóvenes japoneses a Roma para ser formados como sacerdotes. Este grupo fue recibido por el papa Gregorio XIII.

A finales del siglo XVI había ya en el Japón 300.000 católicos.

¿Por qué no prosperó más el cristianismo en Japón? Por las persecuciones. En 1587 se promulgó el primer edicto de persecución contra los cristianos a instancia de un bonzo. En 1597 fueron condenados a muerte veintiséis cristianos. Sentencia que se cumplió el 5 de febrero. Los mártires fueron atados en cruces, elevadas en lo alto de una colina de Nagasaki y fueron lanceados. Son conocidos como los 26 mártires de Japón. Uno de ellos, san Pablo Miki dijo antes de morir: Soy japonés y hermano jesuita y no he cometido ningún crimen pero muero sólo por haber predicado la religión de Jesucristo, Nuestro Señor. Siento gran regocijo de morir por esta causa. Para mí es una gran bendición. Puedo garantizar y afirmar que el único modo de salvación es a través del camino cristiano.

Después, desde 1597 hasta 1614 los casos de martirio fueron 70 en total. En este último año fueron expulsados los jesuitas del Japón. Pero luego, durante la primera mitad del siglo XVII, al menos 5.500 cristianos fueron asesinados. En 1622 se produjo otro martirio de cristianos conocido como el Gran Martirio de Nagasaki. Y en 1637 estalló una rebelión -la Rebelión de Shimabara- siendo uno de los líderes un adolescente cristiano. Cerca de 37.000 rebeldes fueron muertos durante los combates, la mayoría de ellos cristianos. Cincuenta y cinco personas de todas las edades y de ambos sexos fueron quemados vivos en el cauce seco del Río Kamo en Kioto, entre ellos había un niño de cinco o seis años en los brazos de su madre, llorando e implorando, ¡Jesús, recibe sus almas!

¿Quiénes fueron los “cristianos ocultos”? Con el término japonés Kakure Kirishitan se denomina a un miembro japonés de la Iglesia Católica que pasó a la clandestinidad después de la Rebelión de Shimabara.

La historia cuenta que los campesinos Hichiemon y Magoemon eran amigos que se criaron como cristianos. Un día Magoemon le propuso a Hichiemon ir a pescar al río Urakami. Ninguno de los dos sabía si el otro había abandonado la fe. Al comprobar cada uno que el otro había conservado la fe, decidieron crear una organización clandestina para preservar el cristianismo en Japón. Los dos amigos se dirigieron al pueblo para preguntar a cada uno de los aldeanos si aún eran cristianos. Con los que se habían mantenido fieles a Cristo, formaron la organización con un hombre (mizukata) que se dedicaba a bautizar a los niños; otro hombre cuya misión era mantener el calendario litúrgico, y una persona (chokata) que era el jefe de la comunidad cristiana (de los cristianos escondidos). El cargo de jefe era hereditario, y pasaba al hijo mayor de la familia; todos eran laicos ya que no existían sacerdotes en Japón.

¿Se puede decir que formaron una “Iglesia de las Catacumbas”? Sí. Los cristianos ocultos adoraban en cuartos secretos y en sus hogares. La Biblia se transmitía por tradición, debidos a que las versiones impresas eran confiscadas por las autoridades japonesas. Tras la expulsión de los sacerdotes, la formación de los cristianos había quedado en manos de laicos, y estos eran los que bautizaban a los nuevos miembros de la comunidad cristiana. Los cristianos, durante más de 200 años, transmitieron la fe oralmente, de generación en generación, confiando en el retorno prometido de los misioneros. La Virgen María era conocida como la madre en la alacena ya que la imagen la colocaban en las alacenas del hogar.

Los cristianos ocultos subieron persecución. Cada Año Nuevo japonés se les obligaban a pisar imágenes de la Virgen María y de otros santos para probar que no eran cristianos. En caso contrario eran asesinados arrojándolos en el volcán del monte Unzen. Y la Iglesia de las Catacumbas dio nuevos mártires de la fe al Japón.

¿Por qué la fiesta más importante para la Iglesia en Japón es la “Nuestra Señora del Descubrimiento de los Cristianos Japoneses”? Los sacerdotes europeos, cuando fueron expulsados de Japón, en el siglo XVII, habían dejado dicho a los cristianos japoneses algo que sería utilizado como una señal, y que ellos preservaron oralmente: La Iglesia retornará al Japón, y vosotros lo sabrán por estos tres signos: los sacerdotes serán célibes, habrá una imagen de María, y ellos obedecerán al Papa de Roma.

En 1865 el sacerdote francés Bernard Petitjean edificó una iglesia en Urakami, en las afueras de Nagasaki, para atender las necesidades espirituales de los católicos europeos. El 17 de marzo de ese año, el sacerdote encontró a un grupo de 15 japoneses, asustados, en la puerta de la parroquia. Uno de ellos, de nombre Pedro se presentó como catequista y preguntó si Petitjean obedecía al gran jefe que vivía en Roma, si creía en la Madre de Dios y si no estaba casado. Luego que el sacerdote respondiera afirmativamente, aquellos cristianos japoneses se convencieron de que el misionero pertenecía a la fe de sus antepasados. Y Pedro feliz dijo que en casa (Urakami) todos son como nosotros. Todos tienen el mismo corazón.

Después de este encuentro, el misionero francés visitó de incógnito el lugar donde vivían los cristianos escondidos. El cristianismo para los japoneses era aún una práctica ilegal. Allí se enteró que los que habían ido a la iglesia lo hicieron para ver si allí había una imagen de la Virgen María. Petitjean animó a los cristianos japoneses a practicar su fe libremente, un consejo muy imprudente que le costaría la vida a muchos de ellos. Enterado de esto, las autoridades japonesas arrestaron a cien cristianos ocultos, y con el correr de los años, hasta 1873, más de 3.404 cristianos fueron deportados a distintas parte del Japón o sufrieron prisión, y trece de ellos fueron asesinados; 660 murieron en el exilio y sólo 1.580 retornaron a Urakami.

¿Desde cuándo en Japón hay libertad para la Iglesia Católica? Las naciones occidentales protestaron contra la persecución contra los cristianos en el Japón. Persecución iniciada en 1587 y finalizada en 1873. En 1889 se estableció la libertad de religión en el Imperio del Sol Naciente. Desde entonces los católicos japoneses han vivido en paz. En 1918 el político católico Hara Takasi fue designado Primer Ministro, siendo el primer católico en ocupar tan alta posición. Y más recientemente, en 2008, otro católico -Taro Aso- también fue elegido Primer Ministro.