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Apostolado

Queridísimos jóvenes: Cada generación necesita nuevos apóstoles. Es aquí donde surge una misión especial para vosotros. Sois los primeros apóstoles y evangelizadores del mundo juvenil, atormentado, hoy, por tantos retos y amenazas. Ante todo vosotros podéis serlo y nadie os puede reemplazar en vuestro ambiente de estudio, de trabajo y de recreo. Son muchos vuestros coetáneos que no conocen a Cristo, o no lo conocen lo suficiente. Por consiguiente, no podéis permanecer callados o indiferentes. Debéis tener el valor de hablar de Cristo, de dar testimonio de vuestra fe a través de vuestro estilo de vida inspirado en el Evangelio. San Pablo escribe: ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio! Cristo confía en vosotros y cuenta con vuestra colaboración. ¡Cristo tiene necesidad de vosotros! ¡Responded a su llamamiento con el valor y el entusiasmo característicos de vuestra edad!

(San Juan Pablo II, Mensaje a los jóvenes, 1989)

Aires del Odiel (Extracto del capítulo XIII)

Semana Santa de 2003

Con las clases de la tarde del viernes anterior a la Semana Santa -el Viernes de Dolores, como lo llamaba aún la abuela de Conrado- se había ido el segundo trimestre. Durante las breves vacaciones estaba previsto el viaje fin de estudios de los alumnos de 2º de bachillerato del “Manuel Siurot”, que empezaría el Domingo de Ramos para acabar el Sábado Santo. El elevado coste y el hecho de que el lugar al que se iba no fuera muy atractivo para algunos, hizo que menos de la mitad de los alumnos del curso se apuntara al viaje. De la clase de Conrado -2º C- sólo decidieron ir seis; los demás prefirieron hacer otros planes para las vacaciones de Semana Santa. Después de muchas propuestas e indecisiones, se decidió ir a las islas Canarias; en concreto, al sur de la isla de Tenerife. Conrado, que había estado desde el principio en el comité organizador del viaje fin de estudios, optó por no ir. Prefirió pasar las vacaciones en Huelva para estar con Marta.

Cuando en noviembre se empezó a hablar del viaje, Conrado sugirió una tournée por las ocho provincias andaluzas. En un intento para convencer a sus compañeros de curso, comentó:

-Hay de todo en Andalucía y para todos los gustos. Ciudades patrimonio de la Humanidad; monumentos de las diversas culturas y civilizaciones como la Alhambra de Granada, la Mezquita de Córdoba, las Catedrales de Sevilla y de Granada, e infinidades de iglesias que tienen obras de arte que son verdaderas joyas; montañas como Sierra Nevada; paisajes pintorescos como los pueblos blancos de la sierra de Cádiz o la serranía de Ronda, sin olvidar las Alpujarras; pueblos cargados de historia; zonas turísticas de playas prácticamente en todo el litoral de las provincias de Almería, Málaga, Cádiz y Huelva; parques naturales como el Cazorla en Jaén o el mismo parque de Doñana; incluso el “lejano oeste” en Almería.

A pesar de la buena defensa que realizó Conrado de su propuesta, a la mayoría no les hizo mucha gracia un viaje sin salir de Andalucía. Sólo Sergio Moreno se mostró muy partidario del viaje andaluz, aunque terminó por reconocer que era mejor quemar el cartucho que suponía el viaje fin de estudios en empresas mayores como era viajar a sitios más bien lejanos.

Otra propuesta fue la de Marisela que, como profesora encargada del curso, también participaba en las reuniones del consejo de curso. En una de estas reuniones insinuó la posibilidad hacer un recorrido histórico-artístico por Madrid, Toledo, Segovia y Ávila. El delegado de 2º C, Marcos Soria, transmitió a sus compañeros la propuesta de la profesora de Historia sin más. Sin embargo, el subdelegado de 2º B, Andrés Huertas, se esforzó en vender bien el producto.

-Marisela lo que hace es arrimar el ascua a su sardina, dijo Beatriz Heras, alumna de 2º D.

-Seguro que nos llevará a ver “piedras”, añadió Ernesto Valle.

-El viaje es para pasarlo bien, no para ampliar conocimientos. Estar todo el día viendo monumentos es un verdadero… estaba diciendo Miranda, cuando dejó de hablar al darse cuenta de que el vocablo que iba a pronunciar, además de ser grosero, en los tiempos actuales podría ser considerado como puro machismo por las chicas presentes; después de una pausa, concluyó diciendo: es un auténtico rollo.

Fue entonces cuando Andrés Huertas expuso el plan sugerido por Marisela, dirigiéndose en primer lugar a Miranda:

-Gonzalo, el pasarlo bien y visitar museos y ciudades monumentales son dos cosas compatibles. A continuación fue detallando su proyectado viaje. El domingo tenemos toda la tarde para estar en Madrid. Quienes quieran ir a una discoteca, que vayan. Quizás otros quieran ir al teatro o a ver una película de estreno… o simplemente pasear viendo la ciudad. Que cada uno se organice como quiera. El lunes, como los museos y demás monumentos están cerrados, es un día libre, y refiriéndose a sus compañeras, añadió: que se puede dedicar a ir de tiendas. Tened en cuenta que el jueves y viernes son festivos y no abren los comercios ni las grandes superficies. Y de nuevo, dirigiéndose a todos: El martes, se podría ir a Segovia y a La Granja; el miércoles por la mañana, visitar el Museo del Prado, y por la noche -con suerte- habrá un partido del Real Madrid en la Liga de Campeones, pues ese día está previsto el partido vuelta de los cuartos de final. No es seguro, porque depende de que el Madrid esté aún en la competición y que el segundo partido de la eliminatoria lo juegue en casa. El jueves, en Toledo. Visita a la Catedral, a San Juan de los Reyes…, y Greco a tope. El viernes, a Ávila. Y aún tenemos el sábado por la mañana para ver más cosas de Madrid. Además, los días que salimos de Madrid, regresamos a media tarde.

Una decisión (Del libro “Brisa de primavera”)

Preocupada por el examen de Filosofía que tendría al día siguiente, Belén se había quedado estudiando después de cenar. Los temas que entraban en la última evaluación del curso los tenía cogido con alfileres. A eso de las doce y media sonó el teléfono. Era la única de su casa que aún permanecía despierta. ¿Quién podría llamar a esas horas, tan tarde?, rumió en su mente, mientras se levantaba para coger la llamada. Por el auricular sonó la voz de Katia.

-Belén…, soy Katia. ¿Estabas durmiendo ya?   

-No. Estoy repasando Filosofía para el examen de mañana. Pero ¿ocurre algo? Son pasadas las doce…

-No creí que fuera tan tarde. Ni siquiera me he fijado en la hora. No pasa nada de particular, pero hace un momento que me he decidido.

-¿Decidida?… ¿a qué?

            -¿No recuerdas la conversación que tuvimos la semana pasada en tu casa, después de la movida que hubo con motivo de que Marisela fuera denunciada?

            -Sí, quedamos que hablaríamos más adelante…

            -Pues ya estoy decidida a bautizarme. Y quiero que me ayudes.

            -Me parece que muy requetebién. Pero, ¿lo has pensado bien?

            -Ni bien, ni mal. No lo he pensado. Ni me parece que sea un asunto que deba pensarse. Si es algo bueno, lo que hay que hacer es decidirse, y eso es lo que he hecho.

Después de felicitar a su amiga y quedar con ella para charlar el próximo sábado, Belén ya no pudo concentrarse en el estudio. Katia le había pedido ayuda y ella no podía escurrir el bulto. A su cabeza le venía todo lo que habría que hacer para el bautizo de Katia, empezando por la catequesis; después, otros trámites que desconocía por completo. Lo mejor sería ir a la parroquia y exponer el caso. Allí le dirían los pasos a seguir. Con estas reflexiones en la cabeza que le imposibilitaban seguir estudiando, Belén se fue a la cama.

Un pequeño incidente (Del libro “Brisa de primavera”)

Cuando llegaron a un lugar con varias casas relativamente próximas unas de otras, se acercaron a la primera. Ahora estaban seguros de que pronto su búsqueda obtendría el resultado apetecido. La casa era un antiguo caserón restaurado y acondicionado, que estaba rodeada de una cerca de piedras semiderruida, y todavía en algunas partes conservaba su alambrada de espinos.

-Preguntemos aquí, dijo Conrado.

La puerta de la fachada daba la impresión de no usarse, por lo que se fueron a la parte de detrás en busca de otra puerta, después de cerrar la cancela por la que habían entrado. La encontraron y, cuando Conrado iba a pulsar el timbre, un pastor alemán con sus ladridos les dio un susto mayúsculo. Pablo salió corriendo hacia el murete de piedras, mientras que su primo optó instintivamente por quedarse quieto. Siempre había oído el refrán: perro ladrador, poco mordedor, y que no es conveniente correr cuando un perro ladra; pero para eso hay que tener mucha sangre fría, que él demostró tener en esa ocasión. Afortunadamente, el perro estaba sujeto con una cadena -más bien corta- que le impedía llegar hasta el sitio donde Conrado estaba. Éste, al darse cuenta, gritó a Pablo:

-¡Vuelve, vuelve!

Sin embargo, su primo no volvió. Su suerte fue adversa. Al saltar la cerca, con el pie izquierdo derribó varias piedras, y su pantalón bermudas quedó enganchado por un espino de los alambres que se lo rasgó de arriba abajo, dejando al descubierto el slip y, parcialmente, el trasero. Todo esto hizo que cayera al suelo, lastimándose la rodilla derecha y haciéndose unos rasguños en las palmas de las manos, pues las colocó para evitar dar con la cara en el suelo. Sacudiéndose el polvo estaba cuando llegó Conrado. Al verse, ambos rieron. Más cómica y ridícula no podía ser la situación, que fue definida por Pablo de kafkiana.

-¡Maldito perro!, exclamó Pablo, añadiendo: -Y ahora, ¿qué hacemos?

-Lo primero, curar tu herida. Estás sangrando un poco por la rodilla.

-No es nada. Me di al caer con una piedra y me produjo un pequeño corte, pero ya ha dejado de salir sangre.

            -Sí, pero hay que limpiarla. Toma mi pañuelo; está sin usar, y límpiate. ¿Te duele la rodilla?

            -No, nada. Tengo también unos rasguños en las manos, pero totalmente superficiales. Si hubiera agua por aquí… 

            -Y el alambre, ¿te ha rasguñado?

            -No lo sé. Pero mira el destrozo que ha hecho. Me he quedado sin pantalón y… ahora, ¿cómo vuelvo a casa sin él?

            Conrado de nuevo se rió. Efectivamente, era un problema. Pero lo primero que hizo fue comprobar visualmente que los espinos no habían tocado las nalgas ni los muslos del accidentado. Un respiro, porque los alambres estaban bastantes oxidados. Para reponerse del susto -y de la carrera, en el caso de Pablo- se sentaron al borde del camino.

            -Pablo, ¿quieres que te cuente un chiste?

            -Bueno, uno; pero hay que pensar en hacer algo. 

            -Es de vascos. En un bar hay un grupo de hombres jugando al mus en un local anexo. Entra rápido el camarero y dice: ‑“¡Por favor! ¿Está aquí Joseba Gabica? Es urgente. Que vaya rápido al caserío, porque su mujer ha tenido un grave accidente doméstico”. Uno de los jugadores al mus se levanta rápido, va a la puerta, ve una bicicleta, se monta y al cabo de unos metros se cae y se da un porrazo tremendo. Mientras se levanta dice: ‑“Lo tengo bien merecido por precipitado. Ni sé montar en bicicleta, ni tengo caserío, ni estoy casado ni me llamo Joseba Gabica”.

            -O sea, que me he precipitado en salir corriendo… sin comprobar que el perro tenía una cadena.

            -No te des por aludido. Sólo era un chiste. Dijiste que hay que hacer algo…

            -Sí.

            -Pues tendrás que reparar la cerca poniendo las piedras que has derribado.

            -Supongo que lo dices en broma.

            -Tú, ¿qué crees?

Voluntariado (Del libro “Brisa de primavera”)

Para Marta, sus vacaciones iban a ser reducidas a poco más de una quincena o, a lo sumo, tres semanas, durante el mes de julio; tiempo previsto para hacer el camino de Santiago con un grupo de jóvenes de la parroquia de su barrio. En agosto estudiaría para recuperar en septiembre dos asignaturas, el Inglés y las Matemáticas. Pero, comparada con Charo, se consideraba afortunada. Por las mañanas, estudio; y por las tardes podría salir con sus amigas.

El verano del año próximo pienso pasar unas vacaciones solidarias, con una ONG, ayudando a niños del Tercer Mundo -añadió Marta, después de explicar su plan veraniego-. Mi hermana Pilar estuvo el año pasado en Chad colaborando con unos misioneros, y dice que mola un montón.

Con cierto escepticismo por lo que oía, Daniel intervino:

Sí, tu hermana ya ha terminado medicina, y puede trabajar como médico, pero tú, ¿qué harías? Porque supongo que no pensarás ir en plan pijo, sólo para hacerte unos fotos con unas criaturas desnutridas.    

Tú, Daniel, siempre igual -dijo tomando la palabra Belén, un poco indignada, en defensa de su amiga-. Se puede hacer muchas cosas, como enseñar a cuidar la higiene, o acondicionar viviendas. Y aunque no se solucione ningún problema serio, sí se puede ayudar, o por lo menos que los niños se lo pasen bien jugando. 

Mi hermana volvió muy contenta -de nuevo era Marta la que hablaba-. Pese a las duras experiencias vividas, dice que vale la pena. 

¿Cómo se le ocurrió ir?, preguntó Alicia a Marta, interesada por el nuevo tema que había surgido.

Supongo que lo hizo por vivir una experiencia que le llevara a comprender una realidad diferente. Y por ayudar, claro. Aquí tengo una carta que me escribió estando allí. Leo unas líneas: “La vida aquí no es nada fácil, pero como médico, la forma de socorrer a esta gente es estando con ellos. Sé que lo que hacemos es algo puntual. Colaborar no es fácil en este país, pues Chad es muy inseguro. Aquí te asaltan ‘coupeurs de route’, ladrones armados que disparan al conductor y roban. A veces, ir a un hospital situado a menos de un kilómetro de dónde vivimos los cooperantes se convierte en una odisea. Las condiciones de vida son paupérrimas, pero vale la pena ayudar a multitud de personas, que carecen de lo más elemental para vivir. En más de una ocasión he pensado: ‘Te la juegas, pero da mucho’. Y es así. Aquí aún no se han perdido valores, que en Occidente han desaparecido por el individualismo, como la familia, la comunidad o la solidaridad. No existen los antidepresivos porque tienen cosas más importantes de las que preocuparse. Podría decirse que ellos, los nativos, me ayudan más a mí que yo a ellos. Estás aquí y se te viene a la cabeza que la vida en Europa parece insultante, ridícula”.     

¿Qué dijeron tus padres cuando leyeron la carta de tu hermana? Supongo que se asustarían, especialmente tu madre, inquirió Alejandro, que hasta entonces no había intervenido, aunque sí permaneció atento a todo lo que se estaba hablando.

No tienen noticia de la carta. Me la envió a mí, y como comprenderás, no se me ha ocurrido enseñársela a ellos.

San Kizito, un mártir de trece años

San Kizito

VIAJE APOSTÓLICO DE BENEDICTO XVI A BENÍN 8-20 DE NOVIEMBRE DE 2011

ENCUENTRO CON LOS NIÑOS

PALABRAS DEL SANTO PADRE BENEDETTO XVI

Cotonú, iglesia parroquial de Santa Rita

Sábado 19 de noviembre de 2011

Queridos niños.

Agradezco a Monseñor René-Marie Ehuzu, Obispo de Porto Novo y responsable de la Pastoral Social de la Conferencia Episcopal de Benin, sus palabras de bienvenida. Doy las gracias también al Señor Cura Párroco y a Aïcha por lo que me han dicho en nombre de todos. Después de este precioso momento de adoración, os saludo con gran alegría. Gracias por haber venido tantos.

Dios nuestro Padre nos ha convocado alrededor de su Hijo y nuestro hermano, Jesús, presente en la hostia consagrada en la misa. Es un gran misterio que hay que adorar y creer. Jesús, que nos quiere tanto, está verdaderamente presente en los sagrarios de todas las iglesias del mundo, en los sagrarios de las iglesias de vuestros barrios y parroquias. Os invito a visitarlo con frecuencia para manifestarle vuestro amor.

Algunos de vosotros habéis hecho ya la primera comunión, otros os estáis preparando para hacerla. El día de mi primera comunión fue uno de los más bonitos de mi vida. También para vosotros, ¿no es verdad? Y, ¿sabéis por qué? No sólo por los lindos vestidos, los regalos o el banquete de fiesta, sino principalmente porque en ese día recibimos por primera vez a Jesús-Cristo. Cuando yo comulgo, Jesús viene a habitar dentro de mí. Tengo que recibirlo con amor y escucharlo con atención. En lo más profundo del corazón, le puedo decir por ejemplo: “Jesús, yo sé que tú me amas. Dame tu amor para que te ame y ame a los demás con tu amor. Te confío mis alegrías, mis penas y mi futuro”. Queridos niños, no dudéis en hablar de Jesús a los demás. Es un tesoro que hay que saber compartir con generosidad. En la historia de la Iglesia, el amor a Jesús ha llenado de valor y de fuerza a muchos cristianos, incluso a niños como vosotros. Así, a san Kizito, un muchacho ugandés, lo mataron porque él quería vivir según el bautismo que acababa de recibir. Kizito rezó. Había comprendido que Dios no sólo es importante sino que lo es todo.

Pero, ¿qué es la oración? Es un grito de amor dirigido a Dios nuestro Padre, deseando imitar a Jesús nuestro Hermano. Jesús se fue a un lugar apartado para orar. Como Jesús, yo también puedo encontrar cada día un lugar tranquilo para recogerme delante de una cruz o una imagen sagrada y hablar y escuchar a Jesús. También puedo usar el Evangelio. Después me fijo con el corazón en un pasaje que me ha impresionado y me que guiará durante la jornada. Quedarme así por un rato con Jesús, él me puede llenar con su amor, su luz y su vida. Y estoy llamado, por mi parte, a dar este amor que recibo en la oración a mis padres, mis amigos, a todos los que me rodean, incluso a los que no me quieren o a los que yo quiero tanto. Queridos niños, Jesús os ama. Pedid también a vuestros padres que recen con vosotros. Algunas veces habrá que insistirles un poco. No dudéis en hacerlo. Dios es muy importante.

Que la Virgen María, su madre, os enseñe a amarlo cada vez más mediante la oración, el perdón y la caridad. Os confío a todos a Ella, así como a vuestras familias y educadores. Mirad, saco un rosario de mi bolsillo. El rosario es como un instrumento que uso para rezar. Es muy sencillo rezar el rosario. Tal vez lo sabéis ya, si no es así, pedid a vuestros padres que os lo enseñen. Además, cada uno de vosotros recibirá un rosario al terminar nuestro encuentro. Cuando lo tengáis en vuestras manos, podréis rezar por el Papa, os lo ruego, por la Iglesia y por todas las intenciones importantes. Y ahora, antes de que os bendiga con gran afecto, recemos juntos un Ave María por los niños de todo el mundo, especialmente por los que sufren a causa de la enfermedad, el hambre y la guerra. Recemos ahora: Ave María, etc.

¿Quién fue San Kizito?

Kizito nació en 1872. Fue nombrado paje del rey de Buganda, actual Uganda. En aquella época, los mejores jóvenes del reino eran llevados al palacio del rey, donde se preparaba para ser gobernantes o militares.

Kizito conoció la fe cristiana a través de los Padres Blancos, religiosos misioneros; y se convirtió en un fiel seguidor de Jesús. En 1885, el rey de Buganda empezó a perseguir a los cristianos. Kizito tenía miedo de morir sin haber sido bautizado. Pero su catequista, san Carlos Lwanga, le bautizó y le dijo: Cuando llegue la prueba decisiva, yo te tomaré de la mano. Si tenemos que morir por Jesús, moriremos juntos, mano con mano. Al día siguiente, 3 de junio de 1886, los dos murieron martirizados. Kizito tenía trece años.

Carlos, Kizito y otros veinte mártires ugandeses fueron declarados santos en 1964. el día de su fiesta, 3 de junio, cientos de miles de católicos ugandeses y de otros países africanos peregrinan al santuario de Namugongo, en Uganda, para rezar juntos. Este templo fue construido en el lugar donde Kizito y sus compañeros dieron su vida por Jesús.