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El anuncio del Evangelio

El mandato apostólico de Cristo es siempre actual. Los cristianos de todos los tiempos se encuentran llamados a esta misión de cristianizar una vez y otra la tierra. En nuestros días urge salir a los caminos -hoy tan llenos de falsos profetas-, y dar a conocer la doctrina y la vida de Jesucristo, mediante un apostolado personal que descubra a las almas los horizontes maravillosos del mundo sobrenatural. No tengáis miedo de salir a las calles y a los lugares públicos, como los primeros Apóstoles que predicaban a Cristo y la buena nueva de la salvación en las plazas de las ciudades, de los pueblos y de las aldeas. No es tiempo de avergonzarse del Evangelio. Es tiempo de predicarlo desde los terrados. No tengáis miedo de romper con los estilos de vida confortables y rutinarios, para aceptar el reto de dar a conocer a Cristo en la metrópoli moderna. Debéis ir a “los cruces de los caminos” e invitar a todos los que encontréis al banquete que Dios ha preparado para su pueblo. No hay que esconder el Evangelio por miedo o indiferencia. No fue pensado para tenerlo escondido. Hay que ponerlo en el candelero, para que la gente pueda ver su luz y alabe a nuestro Padre celestial (San Juan Pablo II, Homilía 15.VIII.1993).

Un incidente con el perro

Cuando llegaron a un lugar con varias casas relativamente próximas unas de otras, se acercaron a la primera. Ahora estaban seguros de que pronto su búsqueda obtendría el resultado apetecido. La casa era un antiguo caserón restaurado y acondicionado, que estaba rodeada de una cerca de piedras semiderruida, y todavía en algunas partes conservaba su alambrada de espinos.

-Preguntemos aquí, dijo Conrado.

La puerta de la fachada daba la impresión de no usarse, por lo que se fueron a la parte de detrás en busca de otra puerta, después de cerrar la cancela por la que habían entrado. La encontraron y, cuando Conrado iba a pulsar el timbre, un pastor alemán con sus ladridos les dio un susto mayúsculo. Pablo salió corriendo hacia el murete de piedras, mientras que su primo optó instintivamente por quedarse quieto. Siempre había oído el refrán: perro ladrador, poco mordedor, y que no es conveniente correr cuando un perro ladra; pero para eso hay que tener mucha sangre fría, que él demostró tener en esa ocasión. Afortunadamente, el perro estaba sujeto con una cadena -más bien corta- que le impedía llegar hasta el sitio donde Conrado estaba. Éste, al darse cuenta, gritó a Pablo:

-¡Vuelve, vuelve!

Sin embargo, su primo no volvió. Su suerte fue adversa. Al saltar la cerca, con el pie izquierdo derribó varias piedras, y su pantalón bermudas quedó enganchado por un espino de los alambres que se lo rasgó de arriba abajo, dejando al descubierto el slip y, parcialmente, el trasero. Todo esto hizo que cayera al suelo, lastimándose la rodilla derecha y haciéndose unos rasguños en las palmas de las manos, pues las colocó para evitar dar con la cara en el suelo. Sacudiéndose el polvo estaba cuando llegó Conrado. Al verse, ambos rieron. Más cómica y ridícula no podía ser la situación, que fue definida por Pablo de kafkiana.

-¡Maldito perro!, exclamó Pablo, añadiendo: Y ahora, ¿qué hacemos?

-Lo primero, curar tu herida. Estás sangrando un poco por la rodilla.

-No es nada. Me di al caer con una piedra y me produjo un pequeño corte, pero ya ha dejado de salir sangre.

-Sí, pero hay que limpiarla. Toma mi pañuelo; está sin usar, y límpiate. ¿Te duele la rodilla?

-No, nada. Tengo también unos rasguños en las manos, pero totalmente superficiales. Si hubiera agua por aquí…

-Y el alambre, ¿te ha rasguñado?

-No lo sé. Pero mira el destrozo que ha hecho. Me he quedado sin pantalón y… ahora, ¿cómo vuelvo a casa sin él?

Conrado de nuevo se rio. Efectivamente, era un problema. Pero lo primero que hizo fue comprobar visualmente que los espinos no habían tocado las nalgas ni los muslos del accidentado. Un respiro, porque los alambres estaban bastantes oxidados. Para reponerse del susto -y de la carrera, en el caso de Pablo- se sentaron al borde del camino.

-Pablo, ¿quieres que te cuente un chiste?

-Bueno, uno; pero hay que pensar en hacer algo.

-Es de vascos. En un bar hay un grupo de hombres jugando al mus en un local anexo. Entra rápido el camarero y dice: “¡Por favor! ¿Está aquí Joseba Gabica? Es urgente. Que vaya rápido al caserío, porque su mujer ha tenido un grave accidente doméstico”. Uno de los jugadores al mus se levanta rápido, va a la puerta, ve una bicicleta, se monta y al cabo de unos metros se cae y se da un porrazo tremendo. Mientras se levanta dice: -“Lo tengo bien merecido por precipitado. Ni sé montar en bicicleta, ni tengo caserío, ni estoy casado ni me llamo Joseba Gabica”.

-O sea, que me he precipitado en salir corriendo… sin comprobar que el perro tenía una cadena.

-No te des por aludido. Sólo era un chiste. Dijiste que hay que hacer algo…

-Sí.

-Pues tendrás que reparar la cerca poniendo las piedras que has derribado.

-Supongo que lo dices en broma.

-Tú, ¿qué crees?

Voluntariado en África

Para Marta, sus vacaciones iban a ser reducidas a poco más de una quincena o, a lo sumo, tres semanas, durante el mes de julio; tiempo previsto para hacer el Camino de Santiago con un grupo de jóvenes de la parroquia de su barrio. En agosto estudiaría para recuperar en septiembre dos asignaturas, el Inglés y las Matemáticas. Pero, comparada con Charo, se consideraba afortunada. Por las mañanas, estudio; y por las tardes podría salir con sus amigas.

El verano del año próximo pienso pasar unas vacaciones solidarias, con una ONG, ayudando a niños del Tercer Mundo -añadió Marta, después de explicar su plan veraniego-. Mi hermana Pilar estuvo el año pasado en Chad colaborando con unos misioneros, y dice que mola un montón.

Con cierto escepticismo por lo que oía, Daniel intervino:

Sí, tu hermana ya ha terminado medicina, y puede trabajar como médico, pero tú, ¿qué harías? Porque supongo que no pensarás ir en plan pijo, sólo para hacerte unos fotos con unas criaturas desnutridas.

Tú, Daniel, siempre igual -dijo tomando la palabra Belén, un poco indignada, en defensa de su amiga-. Se puede hacer muchas cosas, como enseñar a cuidar la higiene, o acondicionar viviendas. Y aunque no se solucione ningún problema serio, sí se puede ayudar, o por lo menos que los niños se lo pasen bien jugando.

Mi hermana volvió muy contenta -de nuevo era Marta la que hablaba-. Pese a las duras experiencias vividas, dice que vale la pena.

¿Cómo se le ocurrió ir?, preguntó Alicia a Marta, interesada por el nuevo tema que había surgido.

Supongo que lo hizo por vivir una experiencia que le llevara a comprender una realidad diferente. Y por ayudar, claro. Aquí tengo una carta que me escribió estando allí. Leo unas líneas: “La vida aquí no es nada fácil, pero como médico, la forma de socorrer a esta gente es estando con ellos. Sé que lo que hacemos es algo puntual. Colaborar no es fácil en este país, pues Chad es muy inseguro. Aquí te asaltan ‘coupeurs de route’, ladrones armados que disparan al conductor y roban. A veces, ir a un hospital situado a menos de un kilómetro de dónde vivimos los cooperantes se convierte en una odisea. Las condiciones de vida son paupérrimas, pero vale la pena ayudar a multitud de personas, que carecen de lo más elemental para vivir. En más de una ocasión he pensado: ‘Te la juegas, pero da mucho’. Y es así. Aquí aún no se han perdido valores, que en Occidente han desaparecido por el individualismo, como la familia, la comunidad o la solidaridad. No existen los antidepresivos porque tienen cosas más importantes de las que preocuparse. Podría decirse que ellos, los nativos, me ayudan más a mí que yo a ellos. Estás aquí y se te viene a la cabeza que la vida en Europa parece insultante, ridícula”.

¿Qué dijeron tus padres cuando leyeron la carta de tu hermana? Supongo que se asustarían, especialmente tu madre, inquirió Alejandro, que hasta entonces no había intervenido, aunque sí permaneció atento a todo lo que se estaba hablando.

No tienen noticia de la carta. Me la envió a mí, y como comprenderás, no se me ha ocurrido enseñársela a ellos.

Venerable Faustino Pérez-Manglano

Un joven llamado por Dios (Venerable Faustino Pérez-Manglano)

Proceso de beatificación de un adolescente

El 14 de enero de 2011 el papa Benedicto XVI aprobó el decreto de virtudes heroicas de Faustino Pérez-Manglano Magro, por lo que el Siervo de Dios pasó a ser declarado Venerable. La Causa de beatificación y canonización de Faustino comenzó el 17 de octubre de 1986. El entonces arzobispo de Valencia, Miguel Roca Cabanellas presidió la apertura del proceso. Anteriormente, a raíz de la muerte de Faustino, Mons. Marcelino Olaechea, que era quien regía la archidiócesis valenciana cuando murió Faustino, leyó un breve escrito con rasgos de la vida de Faustino, testimonios, extractos de su Diario… Se entusiasmó y, como buen educador salesiano, dijo: ¡Aquí tenemos un nuevo santo Domingo Savio! Éste, el joven discípulo de san Juan Bosco, fue el primer adolescente no mártir canonizado. Y el prelado valenciano aprobó una oración para pedir favores por intercesión de Faustino.

Por una serie de circunstancias, la Causa tardó en empezarse oficialmente. Uno de los motivos, la discusión entre teólogos sobre la posible santidad canonizable de niños y jóvenes. San Pablo VI nombró una comisión de expertos para estudiar la cuestión. Terminaron su estudio ya bajo el pontificado de san Juan Pablo II. La conclusión era clara: el Concilio Vaticano II había declarado que la santidad tenía que ser la meta de todo bautizado. También niños y adolescentes, fallecidos prematuramente, pueden acceder a la santidad oficial, si han amado a Dios y al prójimo de modo sobresaliente, según su edad, a su estilo y en sus circunstancias.

Dadas las nuevas normas para las Causas de Canonización, se pudo iniciar el proceso de Faustino. Mons. Roca Cabanellas se entusiasmó cuando se le propuso iniciar la fase diocesana en vista a la beatificación. Confesó que la lectura de la vida de Faustino le había conmovido hasta las lágrimas al recordar algún episodio de su propia juventud. Además, pidió que fueran traslados los restos mortales de Faustino a la capilla del Colegio del Pilar de Valencia y así se hizo. Él mismo quiso presidir personalmente la ceremonia el 11 de abril de 1986. Desde entonces en la Capilla Faustino del Colegio del Pilar donde están enterrados sus restos, esperando el día de la resurrección.

Iniciado el proceso, durante cuatro años fueron desfilando testigos para declarar ante el tribunal diocesano: familiares, profesores, compañeros, personas que le habían conocido. Se recogieron todos sus escritos. Se hicieron dos estudios teológicos… Y el 14 de diciembre 1990, de nuevo mons. Roca presidió la ceremonia de clausura. Se sellaron varios paquetes con toda la información recibida y se envió todo a la Congregación para las Causas de los Santos del Vaticano. El postulador de las causas marianistas estudió toda la documentación para comprobar si de verdad podía tratarse de una auténtica santidad canonizable. Con todos esos estudios y documentación se imprimió un volumen de más de setecientas páginas, llamado Positio. En el año 2009 nueve teólogos, después de haber estudiado los escritos de Fautisno y los muchos testimonios sobre él, dieron su parecer por escrito. La conclusión fue unánime: Faustino ha practicado las virtudes cristianas de modo heroico. Traduciéndolo al lenguaje corriente nos querían decir que Faustino se merecía una matrícula de honor en vida cristiana. Y eso sin dejar de ser un joven aficionado al fútbol, a la natación, al montañismo, a los deportes. Faustino vivió su vida sonriendo siempre. Era todo sonrisa, dijo alguien de él. Alegre, entusiasta, se le ocurrió a sus catorce años decir sí a todo lo bueno, a lo humano y a lo divino. Amigo de sus amigos y amigo de Cristo y de María, que eran -como aquellos- una presencia habitual en su vida. Sus compañeros decían que era muy servicial. Tanto que él se sintió llamado por Cristo para ser marianista y misionero. No pudo, pues la enfermedad de Hodgkin acabó con su vida el 3 de marzo de 1963.

Una comisión de cardenales y obispos volvió a estudiar todo el proceso y dio su aprobación para que el papa lo ratificara. Y Benedicto XVI al aprobar el decreto de virtudes heroicas del Siervo de Dios Faustino Pérez-Manglano Magro, alumno y postulante de los Padres Marianistas, nacido en Valencia (España) el 4 de agosto de 1946 y muerto el 3 de marzo de 1963, confirmó que Faustino supo vivir con sentido común y naturalidad, y además con el don de sabiduría del Espíritu Santo. Por lo tanto se le puede dar el título de Venerable.

Alumno del Pilar

Faustino Pérez-Manglano Magro nació en Valencia el 4 de agosto 1946, siendo el mayor de cuatro hermanos. Recibió de sus padres, Faustino y Encarnación, una cuidada educación cristiana. En 1952 ingresa en el colegio marianista “Nuestra Señora del Pilar” de Valencia. En 1954, recibe la primera comunión y en el 1955 la confirmación. En 1957 empieza el segundo curso de Bachillerato. Su vida se desarrollaba como un chico corriente, alegre y simpático, con una vida bastante común. Le gustaban los deportes, especialmente el fútbol, por el que sentía pasión -era seguidor del Valencia CF- y también la montaña, entusiasta del camping,la natación, el cine, la televisión, leer novelas, hacer amigos… de todo lo bueno. Pocos podían sospechar la grandeza de alma que se escondía en el cuerpo menudo de este chico sencillo y amigo de todos: su fidelidad a toda prueba, su voluntad de hierro, su amor intenso a Cristo, su cariño filial a la Virgen.

A los trece años hizo su primer retiro espiritual, una experiencia común para los alumnos del Pilar. Tiene ahí momentos de silencio, de oración, y conferencias. Durante este retiro, Faustino comunica a su capellán la promesa que ha hecho: Le prometí a la Virgen María rezar el Rosario todos los días, sobre todo cuando voy al colegio solo. Escribió más tarde: El mayor esfuerzo de mi vida, lo hice en el retiro, cuando traté de cambiar mi vida por completo.

El 14 de septiembre 1960 escribió la primera página de su Diario. Llevar un diario fue una idea que se le ocurrió después de leer una novela. Ahora escribirá periódicamente, incluso mencionando los hechos que marcaron el día. Este Diario es un indicador valioso de su vida espiritual y de los acontecimientos de su vida. El valor es su espontaneidad, ya que es es el diario de un adolescente. El 17 de octubre 1960, escribe: He rezado el rosario. He comulgado durante el recreo. He tenido un examen de Ciencias Naturales, y he contestado bien. He hablado durante 10 minutos con Cristo, sobre las misiones y sobre el empate entre el Zaragoza-Valencia. Es en este Diario donde se menciona por primera vez el dolor que anuncia su enfermedad. Lo escribió el 14 de noviembre de 1960.

La llamada de Dios

En octubre de 1960, se unió a una fraternidad de jóvenes del colegio. Este grupo se reúne una vez a la semana. El 22 de octubre ocurre algo muy importante para él. En un retiro, después de reunirse con su capellán, escribió ese día: Hablamos de muchas cosas, pero hubo una cosa que me llamó la atención: ¿Qué vocación es la mía? ¿Médico, químico? ¿Tal vez la opción de ser sacerdote? Esa última posibilidad es lo que más me ha impresionado. ¿Me ha elegido Dios? Él me lo dirá. Las horas que me quedan hoy de retiro, voy a guardar completo silencio. Tal vez me hable Dios… Fue también durante este retiro cuando escribió en forma de resolución: “Voy a tratar de vivir la “ascesis de sí”: decir que sí a todo lo que es bueno“. Más tarde, cuando se le preguntó cuándo sintió la llamada del Señor, dirá que esa misma noche, durante la cena en silencio: En la cena vi con toda claridad: el Señor me quiere religioso marianista. Su gran ideal fue consagrar su vida a la salvación de los hombres como religioso marianista; prometiendo, antes de morir, ocuparse desde el cielo de las vocaciones.

A partir del día de la llamada divina, su amistad con el Señor crece día a día. Esta relación tan estrecha y frecuente con Cristo se convierte en amistad sencilla y profunda. Para él, Jesús es un familiar, un amigo con quien se puede hablar de todo, incluso el fútbol. Miembro de la Congregación-estado de María Inmaculada (C.E.M.I.) desde 1962, el 9 de febrero de 1963, después de recibir la unción de enfermos, hizo su consagración definitiva como congregante.

Su Diario

A través de su Diario puede rastrearse un poco la obra del Espíritu Santo en su alma totalmente entregada al Señor. He aquí algunos extractos de su Diario que muestran que para Faustino, Cristo es alguien cercano: ¡Qué bien se está en compañía de Cristo (21.X.1960). Ayúdame, Jesús, para ser apóstol. Ya no guardo nada para mí. Que mi amor por ti me haga darme a los demás (22.VI.1961). Me trajeron la comunión. Es maravilloso recibir el cuerpo de Cristo!(28.I.1961). Cristo está aquí, junto a mí, en mí … (24.II.1962). ¡Qué bueno que está aquí, cerca de Cristo! (25.I.1962). Soy muy feliz. Hoy es el primer viernes de mayo, un día importante para mí. Sentí la llamada de Dios como pocas veces antes. Unido a María y Jesús, yo estaba desbordante de alegría. ¿Cómo daré gracias a Dios, por ser tan hermoso y maravilloso vivir cerca de Cristo! (4.V.1962). Me doy cuenta de que debo llegar a ser santo. No se puede ser cristiano mediocre. Que los que me ven, puedan ver a Cristo en mí  (20.I.1963). Tenemos que ser apóstoles por el ejemplo; debe ser nuestra sola presencia la que atraiga a otros a Cristo (22.I.1963 ). Y la alegría de vivir con Cristo no le impide, sino todo lo contrario, su pasión por el fútbol, la montaña, la lectura y los amigos.

En enero de 1962, Faustino cuenta en el Diario una anécdota que muestra la preocupación que tiene por el otro: Este chico tiene catorce años. Vive en una buhardilla, apenas puede comer, trabaja ocho horas al día. Se cita con un amigo que pasa necesidad, para ayudarle. Este sentido del otro es una señal importante de su carácter y sensibilidad social. Su camino espiritual no le centra en sí mismo sino en los otros: Ser útil a los demás es una de mis resoluciones y quiero ponerlo en práctica estaré muy atento con todos los que conozco y les voy a ayudar (22.VI.1961). Tenemos que empezar a trabajar por eliminar de nosotros mismos todo lo que Cristo no aprobaría. Eso significa trabajar en mi entorno, en casa, en el colegio, con mis compañeros de clase, en la ciudad, en el mundo entero. (25.I.1962). Pero no ahorra ningún esfuerzo por vivir al cien por cien la vida cristiana: Hoy la Iglesia necesita testigos Debemos ser testigos de Cristo del siglo XX muestran que uno puede vivir una santa tan grande que durante los primeros siglos de la Iglesia (26.I.1962). En este proceso, María ocupa un lugar muy grande: “María, yo quiero ser tu apóstol. Tenemos que ganar el mundo para ti, como hizo el Padre Chaminade, tenerte como nuestra guía y a Jesús como nuestro modelo. Ayúdame, Madre, para amarte más y mejor (16.V.1962).

Enfermo

El 29 de noviembre 1960 cae enfermo. Después de los análisis médicos, finalmente le diagnosticaron la enfermedad de Hodgkin, un cáncer del sistema linfático, una dolencia incurable en aquel momento. En 1961 la enfermedad deteriora rápidamente su salud, pero él asumió su muerte con naturalidad después de dar un testimonio excepcional durante toda su vida y hasta el último momento. Se le aplica un tratamiento agresivo y agotador. Durante largos períodos, tiene que permanecer en casa, pero él sigue trabajando duro con el fin de no perder el curso. Nunca se quejó, pero en su Diario, se descubren los momento más difíciles: Durante la tarde me dolía todo el tiempo (6.II.1961). A las 8, le pedí a mamá que me diera masajes para dormir sin demasiado dolor. A las 10, me desperté, y nos fuimos a la Cruz Roja. Me hicieron dos radiografías. Cuando volvimos a casa al mediodía, sentía ganas de llorar. Estaba muy mal, con la moral baja. (27.XI.1961). Desde febrero, ya no puede ir a clase. Pero le dedica mucho tiempo a su trabajo escolar: él no quiere perder su año. Tiene que limitar todos los deportes, pero no se queja: está satisfecho con lo que puede hacer y escribe que él es feliz y que todo es “maravilloso”: es la palabra favorita de Faustino. Disfruta con las sesiones de cine-fórum que tiene lugar en el colegio. Ve la película Los cuatrocientos golpes de François Truffaut. A pesar de que ya no podía hacer deporte, está con sus compañeros cuando compiten. En 1961 peregrina a Lourdes y pasa temporadas alternando la vida en el campo (recomendación de los médicos) y el curso escolar. Hay meses en los que se siente mejor, aunque las sesiones de radioterapia le suponen cansancio y desmejora física.

A los 15 años, escribió en su Diario, con fecha 22 de junio de 1962: Hoy hace veinte meses que Dios me dijo que le siguiera. Es maravilloso pensar que estaré toda mi vida al servicio de Jesús y de María. Seré un pescador de almas. He estado reflexionando y me gustaría ir como religioso marianista a Sudamérica, donde hacen falta tantos brazos para salvar almas. Faustino es consecuente: no olvida la decisión tomada veinte meses antes. En el verano de 1962 participa en el camping colegial por Francia y Suiza. El 23 de enero 1963 escribe: Tengo que ser un verdadero cristiano. Para lograr esto, tengo que limar lentamente mis imperfecciones porque ser un buen cristiano no es fácil. Es aún más difícil de lo que uno imagina. María, ayúdame a ser otro Cristo.

Muerte santa

El 23 de enero 1963 no se levanta de la cama. Ya no se recuperará. No reacciona al tratamiento. Los médicos están desarmados y saben que no hay esperanza de recuperación. El 11 de febrero 1963 escribe: Anteayer sábado, fue un día muy feliz para mí, porque recibí el sacramento de los enfermos y renové mis promesas por un mes como miembro de la Fraternidad. Hoy es la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes. Que nuestra maravillosa madre del Cielo nos ayude a todos a ser mejores. Ayúdame, madre, a ofrecer estas pequeñas molestias para el bien del mundo.

Tres días antes de su muerte, su capellán lo visita; parece sufrir mucho. El sacerdote le pregunta: ¿Cómo estás Faustino?, y el chico responde: Bien, padre. Ante esta respuesta, el capellán le pregunta de nuevo: ¿Tienes dolores? Y Faustino, con sencillez, dice: Depende del punto de vista. El sacerdote, un poco extrañado por la contestación, pregunta: ¿Cómo es eso? La respuesta del enfermo, muestra la grandeza de su alma: Bueno, vamos a ver, padre, en este momento hay muchos que están sufriendo más que yo Faustino tiene un gran dominio de sí. No se le oía ni una palabra de queja. El 3 de marzo 1963, por la tarde, su capellán viene a ver a Faustino que parece sufrir mucho. Pero en medio de la conversación, preguntó de todos modos: Padre, ¿sabe usted si el partido de esta noche lo van a televisar? ¡Pero qué tonto soy: si no voy a poder seguirlo! ¡Estoy muy cansado! En la mesilla de noche hay un papel en el que se puede leer la alineación del partido. Esa misma noche, tarde, llama a su madre. Al enderezar el cuerpo dolorido, cae de repente, sin un gesto, en silencio, con suavidad, y ya permanece inconsciente en los brazos de su madre. Así pasó a los brazos de Dios nuestro Padre. Quedaban cuarenta minutos para la medianoche. Tenía dieciséis años y estaba cursando Preuniversitario cuando retornó a la Casa del Padre. Su breve vida estuvo llena de síes a la Virgen, a una existencia consagrada a Dios, al sufrimiento y también a la muerte

Difusión de la devoción

Faustino practicó en vida las virtudes teologales y cardinales en un grado superior, convirtiéndose en un auténtico misionero que, incluso tras su muerte, misiona, allí donde alguien se pone en contacto con él. Había manifestado su deseo de ir a Sudamérica para evangelizar, algo que no pudo hacer por su breve vida, pero su vocación misionera continua hoy desde el cielo. Muchas personas han recibido gracias a través de su intercesión. Las biografías de él que se han publicado han ayudado a abundantes vocaciones sacerdotales y religiosas, como lo prometió él mismo el último día antes de morir, y hoy jóvenes de todo el mundo lo tienen ya como ejemplo de vida cristiana.

Desde que comenzó la causa de beatificación y canonización, se han registrado más de cuatrocientos testimonios sobre la intercesión del venerable siervo de Dios. Durante todos estos años Faustino ha ido conquistando a las personas que han conocido su vida. Cientos de cartas atestiguan el bien que hace. Favores materiales de todo tipo. Hay vocaciones de consagrados a Dios ayudadas por él: prometió hacerlo desde el cielo ya que él no podía. Pero sobre todo, cuando a través de la lectura de su vida, se cuela en el alma de alguien, despierta el santo dormido que todos llevamos dentro, y dan ganas de ser mejor.

Supo perdonar

La niña que se entregó a Dios (Venerable Mari Carmen González-Valerio)

Consagrada a la Virgen

Mientras en España se vivía momentos muy difíciles, el matrimonio formado por Julio Gonzalez-Valerio y Carmen Sáenz de Heredia está esperando su segundo hijo. Desde el primer momento de su embarazo, Carmen consagró al hijo que esperaba a la Santísima Virgen, durante la Novena de Nuestra Señora del Monte Carmelo. El 14 de marzo de 1930 nació Mari Carmen, en una casa humilde de Madrid. Una vez ya nacida sus padres la ofrecieron de nuevo a la Virgen en diversas peregrinaciones a santuarios marianos. Después de ella vendrían otros tres hermanos. Desde el primer momento su salud fue delicada, por lo que gravemente enferma fue bautizada de urgencia a las pocas horas de nacer con el nombre de María del Carmen del Sagrado Corazón. Sus padres, pertenecían a la nobleza española. Eran familiares de José Antonio Primo de Rivera, conocido político y fundador de la Falange española. Tanto Julio como Carmen profesaban una devoción especial a la Virgen María y ayunaban todos los sábados en su honor.

En 1931 el rey Alfonso XIII se exilió dejando paso a la II República. Los años de la niñez de Mari Carmen fueron tremendamente agitados en el país; en las calles de Madrid se vivía una tensión extrema. Hubo quema de conventos e iglesias, asesinatos de sacerdotes y persecución a los cristianos. Lo que se vivió durante la II República constituyó una de las etapas más trágicas de la historia de nuestro país.

Primera Comunión

En el hogar familiar aprendió a llevar una vida cristiana. Desde su infancia, Mari Carmen se mostró muy generosa. En cierta ocasión, un mendigo llamó a la puerta de su casa. La niña le abrió la puerta, le dio todo el dinero que tenía y le dijo: Ahora llame otra vez para que mamá le dé algo. La pequeña sabía que su madre daba la ropa usada a los pobres, por lo que en diversas ocasiones le dijo que sus vestimentas, casi sin estrenar, estaban usadas.

Dos de sus aficiones preferidas eran pasar mucho tiempo mirando imágenes piadosas que iba guardando en una caja y darles un curso de espiritualidad a sus muñecas para enseñarles a rezar y hacer la señal de la Cruz. Ya desde los cuatro o cinco años era la encargada de dirigir el rosario en familia y de recitar de memoria las letanías de la Virgen en latín, algo de lo que sus padres se sentían muy orgullosos.

Gracias al nuncio apostólico, monseñor Federico Tedeschini, que era amigo de la familia, Mari Carmen recibió la confirmación a los dos años, y ya desde entonces se notaban en ella síntomas de una vida interior inexplicable a su edad, si no es por obra de la gracia. Y cuando tenía seis años, la pequeña Mari Carmen hizo su Primera Comunión el 27 de junio de 1936, día de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, a quien su padre profesaba una devoción muy especial. Fue un día muy feliz para ella. Con ansias incontenidas se había preparado con entusiasmo, seriedad y un interés impropio de su corta edad, para recibir a Jesús-Eucaristía. Su madre explicó tiempo después: Yo estaba convencida de que España, y nuestra familia en particular, iban a atravesar un período muy difícil; se notaba que se estaba preparando una persecución religiosa y quería que ella hiciera su Primera Comunión. Ella comenzó realmente a santificarse después de su Primera Comunión. A partir de entonces, Mari Carmen comienza a asistir a Misa y a comulgar diariamente.

Asesinato de su padre

No todo fueron alegrías en la vida de esta pequeña porque desde temprana edad tuvo problemas de salud. La persecución religiosa en España, que había comenzado con la llegada de la República, fue haciéndose cada vez más fuerte, lo que llevó a que se cometieran numerosos asesinatos. No creemos que haya habido jamás, en la historia del cristianismo, un estallido semejante de odio contra Jesús y contra la religión, manifestado en todos los aspectos del pensamiento, de la voluntad y de la pasión, y ello en sólo algunas semanas… Los mártires se cuentan por miles, afirmaron los obispos españoles de la época. Estallada la guerra civil española, la persecución contra la Iglesia, fue mucho más violenta y se tradujo en una voluntad terrible de aniquilar todo lo que es católico. La familia González-Valerio no se libró de estos sucesos porque a finales del mes de agosto de 1936 el padre fue arrestado y conducido a una cheka. Justo antes de su detención y viendo que su vida corría peligro le haría una emocionante confesión a su mujer: Los niños son demasiado pequeños, no comprenden, pero cuando sean grandes diles que su padre ha luchado y dado su vida por Dios y por España, para que se los pueda educar en una España católica donde el crucifijo presida todas las escuelas. Pocos días más tarde -el 29 de agosto- sería asesinado. Mari Carmen tenía sólo 6 años cuando perdió a su padre.

Caridad heroica

Tras la muerte de su marido, la madre de Mari Carmen se refugia en la embajada de Bélgica en Madrid por correr peligro su vida debido a sus lazos familiares con el fundador de la Falange. Al ver partir a su madre, Julio, el hijo mayor, cree que va a sufrir la misma suerte que su padre. Mari Carmen consuela a Julio y a la tía Sofía, quien también está muy angustiada: Recemos el Rosario y las oraciones a las llagas de Jesús.

Mari Carmen y sus cuatro hermano quedaron al cuidado de su tía Sofía, que relataría más tarde la actitud de la niña ante aquellos difíciles momentos: Durante su estancia en mi casa, la niña recitaba todos los días el rosario de las Llagas del Señor para la conversión de los asesinos de su padre. Para la pequeña, éstos se encarnaban en el presidente de la República, Manuel Azaña. Por eso más tarde, en su espíritu infantil, Mari Carmen preguntaría a su madre: ¿Azaña ira al cielo?, a lo que su madre contestó que si ella se sacrificaba y rezaba por él sí se salvaría.

El 11 de febrero de 1937, fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, los niños se unieron a su madre en la Embajada belga, escapando así al peligro de ser deportados a la URSS para ser educados allí en el marxismo. Finalmente, el 31 de marzo, la familia pudo ser evacuada de la zona republicana y logró pasar a la parte de España del otro bando, para instalarse en San Sebastián. Mari Carmen finalizó el año escolar en el Colegio del Sagrado Corazón y, en octubre de 1938, ingresó como interna en el Colegio de las Religiosas Irlandesas de Zalla.

Vida de piedad

Para ella todo se encontraba en Jesús. Tenía mucha devoción a su Sagrado Corazón y gastaba todos sus ahorros en propagarlas. Sentía una gran repugnancia hacia la mentira. Era muy agradecida a cualquier servicio que le hicieran. Todos se sentían felices a su lado. La fe alumbraba su camino y ya desde muy pequeña tenia claro el concepto de la santidad, siguiendo el ejemplo de Cristo. Sus virtudes características fueron: la pureza y la caridad. De la primera dio pruebas constante defendiéndola a cualquier precio. La segunda la practicaba con todos los que la rodeaban y con los desconocidos que estaban lejos. Toda su vida pidió a Dios el perdón por aquellos que habían fucilado a su padre

Entrega a Dios

En una carta a su abuela desde el internado le dice: Me gustaría mucho que me mandaras lana para hacer abrigos para los pobres. Durante las vacaciones regresó a su casa. Al ver a su madre agobiada por sus preocupaciones domésticas, le dijo: Mamá, te ocupas demasiado de las cosas de la tierra; deberías orar más. Y ante la respuesta de su madre: Hijita, es necesario que me ocupe de la casa, insiste: Mamá, el Cielo es tu casa…

Durante las vacaciones de Semana Santa, el 6 de abril de 1938, Jueves Santo, Mari Carmen asistió a Misa con su abuela. Al entrar a la Iglesia, la niña preguntó:¿Abuela, me entrego? La abuela asintió, sin comprender bien lo que quería decir su nieta; y luego contó: La seguí después de la comunión; se hubiera dicho que la transportaban los ángeles. Se cubrió el rostro con sus pequeñas manos, luego se quedó un momento de rodillas en acción de gracias. A la salida de la Iglesia, me preguntó el sentido exacto de entregarse, y le respondí: es darse por entero a Dios y pertenecerle completamente. Ya en la calle, insistió para ir a la confitería e invitar a todos. No se pudo precisar con certeza cuál fue el motivo de su ofrenda, pero más tarde, cuando cayó enferma, esas palabras tomaron su sentido: se ofreció por su padre y por quienes lo mataron.

Poseía un cuaderno en cuya tapa había anotado “Personal”. El cuaderno estaba dentro de un sobre cerrado, con varios trozos de papel de pegar, en los que también se leía: Completamente personal, completamente personal, completamente personal. Después de su muerte, se leyó en su agenda: Me entregué a Dios en la Parroquia del Buen Pastor, el 6 de abril de 1939.

Enferma de gravedad

Pasada la Semana Santa, el 8 de abril, al regresar del colegio, Mari Carmen debió guardar cama, pues había contraído la escarlatina. La cosa se agravó: primero apareció una otitis, luego una mastoiditis que degeneró en septicemia cardíaca y renal. La niña no tardó en anunciar el día de su muerte. Mari Carmen se dio a un abandono que se manifestaba en los menores detalles. En ocasión de que una religiosa corrió las cortinas de su habitación diciéndole que esa luz debía molestarle, respondió: Gracias, Madre, que el Buen Dios se lo devuelva. Pero entró otra religiosa y descorrió las cortinas para alegrar el ambiente. Mari Carmen le agradeció de igual manera: Gracias, Madre, así está bien. Cuando su madre le propuso pedirle al Niño Jesús que la sanara: Mari Carmen exclamó: No, mamá, no pido eso, pido que se haga Su Voluntad.

El 27 de mayo se la llevó a Madrid y allí fue operada. Pero ya se sabía que la lucha será en vano; a pesar de ello, los médicos no renunciaron a probar toda la medicación posible, por dolorosa que fuera, causándole un martirio inútil. Su enfermera testimonió: Cuando le colocábamos el suero en las venas de las manos, porque las otras estaban dañadas, nos pedía que rezáramos. Entonces orábamos un Credo y un Padrenuestro, todas juntas con ella. Rezaba muy lentamente, y cuando la inyectábamos rezaba mucho más rápido.

Soportaba más de veinte inyecciones de toda clase: tonificantes cardíacos, sulfamidas, suero, inyecciones endovenosas… todas muy dolorosas. Cada vez era más difícil hallar una vena en sus manos. La diarrea era una de las cosas que más la hacía sufrir debido a su amor a la higiene. La septicemia impide la cicatrización de una de sus orejas, y para facilitar la curación, es menester cortarle algunos mechones de cabello. La niña comentó: Desde esos cabellos, que acaban de cortarme, hasta la uña del meñique del pie, me duele todo el cuerpo. Estaba repitiendo, sin saberlo, las palabras de Isaías: Desde la planta de los pies hasta la cabeza, no hay nada sano en Él (Is. 1, 6).

Apareció también una doble flebitis, y en las piernas se formaron llagas gangrenosas. El simple contacto de las sábanas se volvía un suplicio y se desmayaba cuando las cambiaban. Padeció mucha fiebre, grandes sufrimientos y largas noches de insomnio. Solamente el nombre de Jesús la ayudaba a soportarlo. Le llevaban libros, pero ella no miraba más que el cuaderno parroquial “Jesús mío”, y siempre en la misma página: una donde se ve un ángel que lleva un niño apretado contra él, sobrevolando, entre sus estrellas, la cruz y los cipreses de un cementerio. Se trata del alma, y en el texto se lee: Cuando se oyen trinos en un matorral, no es el matorral que canta sino una avecilla en él escondida. En cuanto a nosotros, pensamos, deseamos y conservamos el recuerdo de las cosas: es el alma quien piensa y recuerda. El alma no morirá nunca, y cuando el cuerpo sea enterrado, el alma será juzgada por Dios.

Muerte santa

A través de sus sufrimientos Mari Carmen veía la manifestación de la bondad de Dios. Frecuentemente le pedía a su madre: Cántame: ¡Qué bueno eres, Jesús! ¡Qué bueno eres!, y siempre se emocionaba. Había dicho que la Virgen María vendría a buscarla el día de su cumpleaños, el 16 de julio. Cuando se enteró de que su tía Sofía se casaría ese día, anunció que moriría al día siguiente. La víspera del casamiento, Sofía fue a verla y le dijo que le traería flores. La niña respondió: Envíame solamente flores de lis, ésas las necesitaré.

El 17 de julio por la mañana, Mari Carmen se sentó en la cama, cosa que no podía hacer desde hacía mucho tiempo. Y dijo: Hoy me voy a morir, ¡me voy al Cielo!. Su madre congregó a toda la familia alrededor de su hija. Ésta pidió perdón por no haber sabido amar a Maripé, su enfermera, y por haber omitido alguna vez sus oraciones. Después, le pidió a su madre que cantara: ¡Qué bueno eres, Jesús!…” Y muy simplemente le dijo: Pronto voy a ver a papá, ¿quieres que le diga algo de tu parte?

A la una del mediodía, Mari Carmen se recogió totalmente, en un recogimiento sobrenatural, diría su abuela. Y aconsejó: Ámense unos a otros. Su madre contó los últimos instantes de la vida de su hija: Mari Carmen se sentó en su cama, tendió sus bracitos abiertos al Cielo y pareció querer librarse de algo que la molestaba, diciendo: “¡Déjenme, quiero irme!”. Cuando se le preguntó adónde quería ir, respondió: “¡Al cielo! Voy a él sin pasar por el Purgatorio, porque los médicos me han martirizado. Mi padre murió mártir, yo muero víctima”. Al médico que quería aún retenerla en la tierra, le dijo: “Déjenme partir, ahora, ¿no ve que la Santísima Virgen viene a buscarme con los ángeles? Y ante la estupefacción de todos, dice: “Jesús, María, José, ¡asistidme en mi última agonía! Haced que muera en vuestra compañía!”

Son sus últimas palabras; cae sobre la almohada y exhala el último suspiro sin agonía, sin ninguna contracción del rostro. Son las tres de la tarde. En el momento de su muerte, Mari Carmen estaba destrozada y deformada físicamente por la enfermedad, pero uno de sus tíos, que se hallaba junto a su cama, exclamó: ¡Miren qué bella se vuelve! Cuando murió, cambió completamente, un dulce perfume emanó de ella, totalmente diferente del de las flores que la rodeaban. La rigidez había desaparecido. Se transfiguró de tal manera, que el médico, al principio, se negó a certificar la muerte; afirmaba que la niña estaba ciertamente muerta pero que ese cuerpo no era un cadáver. Mari Carmen fue vestida con el vestido de su Primera Comunión y depositada entre las flores de lis del casamiento de su tía.

Fama de santidad

El Señor aceptó su oferta victimal. Murió, después de sufrir sin quejas, en conformidad con la voluntad de Dios. Había predicho el día de su entrada en el cielo y que la Virgen vendría a buscarla. Tenía nueve años. Su existencia terrena la vivió con visión sobrenatural. Un día en el colegio el sacerdote que la confesó dijo de ella que estaba llena de Espíritu Santo.

Mari Carmen fue enterrada en la cripta del panteón que su familia tenía en el cementerio de San Amaro de Aravaca. Allí estuvieron sus restos mortales hasta 1979 en que fueron traslados al Convento de las Carmelitas de Aravaca, donde estaba de monja su hermana Lourdes. Fueron las carmelitas de esta comunidad de carmelitas quienes llevaron el proceso de beatificación y canonización. Posteriormente, los restos de la venerable María del Carmen González-Valerio y Sáenz de Heredia, el 20 de octubre de 2014 se trasladaron a la Parroquia de Santa María de Caná, en Pozuelo de Alarcón. 

Fueron sus familiares quienes dieron a conocer la vida ejemplar de Mari Carmen. Pilar Alós, viuda de uno de los hermanos de la Sierva de Dios, declaró: Su madre y su abuela siempre me han dicho que Mari Carmen era especial. Según nos han contado, en misa tenía un recogimiento impresionante y su devoción a Jesús y a la Virgen era incalculable. Para Pilar, su cuñada es mi protectora desde que estoy viuda y es ejemplo de fe y de amor a la Virgen.

El 12 de enero de 1996, el papa san Juan Pablo II declaró venerable a Mari Carmen, y mandó publicar el Decreto de sus virtudes heroicas. Consta que la niña María del Carmen González-Valerio y Sáenz de Heredia -así se lee en el Decreto-, ejercitó en grado heroico las virtudes teologales de Fe, Esperanza y Caridad, tanto hacia Dios como hacia el prójimo, y las cardinales de Prudencia, Justicia, Templanza y Fortaleza.

Epílogo

La Asociación que promueve la causa de beatificación afirma de la venerable Mari Carmen: Perdió a su padre, asesinado en la Guerra Civil. Desde entonces, empezó a rezar por la conversión de los asesinos de su padre y entregó su vida a Dios. Murió a los nueve años y ofreció sus dolores por la conversión de Manuel Azaña. El presidente republicano se convirtió antes de morir, según el obispo que estuvo a su lado. Y su sobrina Sonsoles Guitart dice: En su mentalidad de niña de seis años, ella entendía que era Azaña el que había matado a su padre; le perdonó y escribió: ¡Me entregué!, y siempre entendimos todos que eso lo había hecho por su conversión.

Son muy pocos los que conocen lo que aconteció en los momentos previos a la muerte del presidente de la Segunda República. El 3 de noviembre de 1940, Azaña muere en Montauban, ciudad al sudeste de Francia, cercana a Toulouse. Según el testimonio de monseñor Théas, obispo de la diócesis, que en ese momento le prestaba su asistencia espiritual, Azaña, a pesar de los amigos que lo rodeaban, recibió con toda lucidez el Sacramento de la Penitencia, expirando en el amor de Dios y la esperanza de verlo. Sin ninguna duda, lo que ni el presidente ni sus allegados sabían era que una niña de nueve años, había rezado, sufrido y ofrecido sus penurias durante toda su vida por su salvación.

Un día en la playa

Poco antes de las diez de la mañana del Sábado Santo Marta y Belén ya estaban en la estación de autobuses y acomodadas en los asientos del autocar que les llevaría a la playa. Sin embargo, aún no había aparecido Conrado.

Seguro que no viene, comentó Belén.

Pues me dijo que sí, y que yo sepa es un tío legal. Siempre se porta bien, dijo Marta, con bastante nerviosismo.

Bueno, tampoco pasa nada porque no venga.

Pero, mejor es que sí.

Quizás, al ver el mal día que hace… Mira, por ahí llega.

Menos mal, dijo suspirando Marta. Ya te decía que… y antes de terminar la frase, se dijo a sí misma: Está guapísimo.

Con el tiempo justo de sacar el billete y subirse al autobús, había llegado Conrado. El autocar iba medio vacío. Después de saludar a sus compañeras de clase, o ya amigas, se sentó cerca de ellas y les comentó:

Vaya tiempecito.

Y para sus adentros: ¡Qué original he estado!

*****

Ya en La Antilla, Conrado fue presentado a Silvia. Ésta tenía dieciséis años. Veraneaba en aquella playa del litoral onubense. Y en los veranos coincidía con Belén, de ahí su amistad. Estaba en el chalé pasando el fin de semana con otra chica, Maribel Herrera, un poco mayor, quizás de diecisiete años. Aunque lloviznaba un poco, Conrado decidió correr por la playa. Las chicas se quedaron esperando al resto de los invitados, amigas y amigos. En el cielo aparecieron unos claros. El día parecía que iba a abrirse y, efectivamente, así ocurrió. Al mediodía ya lucía un sol primaveral. Habían tenido suerte las jóvenes: podían tomar el sol y ponerse un poco morenitas. Al volver Conrado, se las encontró en la terraza en unas tumbonas. Silvia y su amiga estaban en bikini; Belén, con una minifalda y una camisa parcialmente desabrochada, dejando ver un escote generoso; Marta se había puesto un short y una camiseta, ambas prendas ajustadas. Estaba muy sexy.

Conrado, hay una fiesta esta noche, aquí. Los padres de Silvia no están y nos podemos quedar. Ya hemos llamado a casa, no hay problemas por parte de nuestros padres para volver a Huelva mañana por la tarde. Espero que tú también te quedes, dijo Marta.

El joven, estupefacto, no sabía cómo reaccionar, qué hacer. Aquella fiesta no estaba prevista en el plan. Hay que deshojar una margarita para decidir, pensó. Se produjo un silencio, sólo roto por el rumor del oleaje. Ante el mutismo de Conrado, Marta insistió. También Belén le pedía que participara en la fiesta.

No sé si me quedaré -dijo el chico-. He quedado mañana domingo con un amigo para terminar el trabajo de arte. Tengo aún que ver las fotos que hice ayer… Bueno, llamaré luego a este amigo… y ya veremos.

Mientras estaba diciendo esto, llegaron dos chicas y cuatro chicos. Eran los amigos invitados por Silvia a su chalé para pasar el día y asistir a la fiesta. Ellos eran un poco mayores, cerca de los veinte años; ellas, más o menos de la misma edad que Silvia. Hubo saludos y las correspondientes presentaciones. Los saludos -con abrazo incluido- demasiados afectuosos por parte de los amigos, especialmente con la anfitriona. El grupo formado, casi una docena de jóvenes, era más bien heterogéneo en cuanto a edades. Unos, eran aún adolescentes; y otros, de adolescentes no tenían ya nada. La margarita ya está deshojada, se dijo a sí mismo Conrado.

Los recién llegados aportaban bebidas para la comida y para la fiesta de la noche. El aperitivo lo tomaron en la terraza. Los chicos, a excepción de Conrado, bebieron cervezas en cantidad. Parecían esponjas. Para el almuerzo pasaron al comedor. Marta y Belén no se cambiaron de atuendo para comer, pero tampoco lo hicieron Silvia y su amiga Maribel. Aunque era una comida informal, Conrado procuró que Marta se sentara a su lado, y así se lo indicó ostensiblemente, de forma que todos se dieron cuenta de su deseo. Marta, un poco perpleja, no cabía en sí de felicidad. Durante el almuerzo quien más o menos se levantaba para ir trayendo cosas de la cocina y del frigorífico. La sangría fue abundante, se bebieron varias jarras. Conrado fue sobrio y, en la medida que pudo, procuró que Marta no bebiera tanto como los demás comensales. En cierto modo lo consiguió, pero no del todo. En una ida a la cocina para traer refrescos, Conrado observó que en el frigorífico había varias botellas de bebidas alcohólicas de bastantes grados de alcohol (ginebra, vodka, vermut, whisky), reservadas para la noche.

*****

Conrado se daba perfecta cuenta de que Marta le estaba tirando los tejos, y decidió, nada más de acabar de comer, invitarla a dar un paseo por la playa. La chica se puso un poco nerviosa y le parecía que su corazón daba un vuelco; no salía de su asombro, pero era lo que más deseaba en aquel momento. Está claro que él está interesado por mí. Seguramente se me declarará, o me pedirá salir juntos, pensó Marta.

Ponte algo de abrigo, porque hay unas nubes y a veces ocultan el sol. Al sol no hace frío, pero en la sombra, sí, le aconsejó Conrado.

La muchacha le hizo caso, y tomó una rebeca.

¿Qué te parece si nos acercamos a aquel chiringuito y tomamos allí el café?, propuso el chico.

Ella asintió. Sentados en una mesa, ambos pidieron un café granizado. Conrado hasta entonces se había mostrado sereno, aparentemente imperturbable, pero de repente un nerviosismo se apoderó de él y era incapaz de conversar. Marta, contenta e ilusionada, dejaba volar la imaginación, mientras fingía estar indiferente.

Marta, quizás te haya extrañado el haberte pedido que me acompañaras a dar un paseo. La realidad es que me ha salido espontáneo. Pero quiero decirte algo que no sé cómo empezar. Y un sudor empezó a recorrer todo el cuerpo del muchacho; se sentía acalorado.

¿Ah, sí…? apenas consiguió decir la adolescente, lenta en reaccionar, quizás debido a la sangría que había bebido.

Mira, desde que llegué al instituto tú has sido amable conmigo; te lo agradezco mucho, pues te habrás dado cuenta de que algunos han pretendido hacerme la vida imposible. Me han insultado y, además, han dicho cosas falsas de mí, como que no soy varonil y otras lindezas por el estilo.

Marta permanecía en silencio, alucinada por las palabras sinceras de Conrado. Éste continuó hablando:

Aunque no hemos hablado mucho, y nunca como ahora, los dos solos, voy a decirte una cosa…

Al muchacho parecía que le faltaba aire, apenas podía respirar. Estaba tenso. Se quedó un momento dubitativo, pero prosiguió:

-Lo siento. Hay cosas que no fáciles de decir. Quizás hieran, pero creo que debo decírtelas. Si hubiera querido, ya me habría enrollado contigo, sin esperar a la fiesta de esta noche. Me lo has puesto muy fácil…

Marta enrojeció, no se sabe si de rabia o de vergüenza, o por las dos cosas a la vez. Ni por asomo esperaba que le dijera aquello y, sin embargo, él tenía razón.

Con lo que acababa de decir Conrado, se había creado una situación nueva y los dos se daban cuenta de la tirantez existente. Ella se quedó sin habla y completamente pálida.

Conrado, visiblemente nervioso y tragando saliva, siguió:

Sé que eres una chica decente, por eso tu comportamiento de hoy, lleno de ambigüedad y de demasiada coquetería con todos, me ha extrañado. No te va el papel de marchosa. Seguramente sea debido al ambiente frívolo y sensual, de tonteo, que hay en el chalé de Silvia, con esa panda de manos largas que son esos amigos suyos. Parecían pulpos con sus tentáculos, manoseando a quien se ponía delante. Y ella y su amiguita, andando prácticamente desnudas por la casa.

Sólo estaban en bañador, acertó a decir Marta con voz muy débil, y enfadada.

Efectivamente, algo muy apropiado para bañarse, pero para nada más…, bueno, también para tomar el sol. Oye, Marta, no te enfades. ¿Sabes por qué quise que te sentara junto a mí? Pues te lo voy a decir. Porque tu compañía me resulta muy grata. Te aprecio mucho, cantidad. Pero además, estando sentada en medio de Belén y de mí, estabas protegida de las manos largas.

¿Tú crees que soy una cualquiera, que me hubiera dejado tocar?

En absoluto, pero había mucha sangría con bastante alcohol por medio, y el exceso en la bebida acostumbra a jugar malas pasadas. ¿No te diste cuenta de qué estaban bebidos? Y también ellas. Hazme el favor, atiende. Yo sé distinguir un clínex de una mujer. El clínex se usa y se tira luego. ¿Comprendes? Pues hay quienes no solamente usan -mejor es decir abusan- de las chicas y, después…

Ya tengo bastante con aguantar los sermones de mi padre para que tú me largues otro, espetó Marta, desafiante.

Si quieres, me callo. Pero…

Bueno…, perdona, titubeó Marta, bajando la vista, avergonzada.

Yo no soy de los que se enrollan con las niñas por lo que te he dicho ya: no sois como los clínex, pero hoy hay otra razón. Me caes muy bien. Eres una buena chica y espero que seamos amigos siempre…, no descarto nada, aunque con quince años… ¿sabes?, además, apenas nos conocemos. Demos tiempo al tiempo. ¿Comprendes?

La verdad, no mucho, contestó ella, bastante intrigada, mientras se preguntaba: ¿Qué querrá decirme?

Te he dicho que no descarto nada. Quizás más adelante, esta amistad sea algo más. Y el otro motivo está en esta frase que aprendí hace poco tiempo: Amarse entre hombre y mujer, entre chico y chica, es respetar al otro, en su cuerpo, en su corazón, en su libertad.

Marta, sintió como los ojos se le llenaban de lágrimas. No sabía por qué lloraba. Quizás de felicidad, por las últimas palabras de Conrado; tal vez de arrepentimiento por su actitud frívola, temeraria; o de rabia y vergüenza. El hecho es que lloraba. Se llevó las manos a los ojos para secarse las lágrimas. Conrado le ofreció un pañuelo. Ella lo aceptó, dándole las gracias. El muchacho, con ternura, le dijo:

Marta, estás bonita también llorando, lo que hizo sonreír a la chica. Y con mayor fluidez que antes, continuó hablando:

-No me voy a quedar a la fiesta. No me inspira ninguna confianza los amigos de Silvia. Han llenado el frigorífico de bebidas alcohólicas; he visto que tenían papelillos de liar tabaco, seguramente para hacerse unos porros; y las dos chicas que trajeron… y la amiguita de Silvia… En fin, ojalá me equivoque, pero me huele que va a ser una fiesta en lo que va a haber drogas, sexo y alcohol. Me gustaría que tú tampoco te quedaras.

Conrado, exageras un montón. Sí, hay varias botellas de alcohol, pero me ha dicho Silvia que seremos muchos. Además, no voy a dejar sola a Belén.

Pues habla con ella, y la convences…

*****

A ninguno de los dos le apetecía volver a la casa de Silvia, por lo que decidieron, después de pagar la consumición, levantarse de la mesa del aquel merendero y pasear por la orilla del mar. La tarde empezaba a ponerse desapacible. Menos mal que Marta había cogido la rebeca, pues se había levantado un viento fresco. Conrado, a pesar de no estar abrigado, prefería pasar frío a estar en un ambiente que no era precisamente al que estaba acostumbrado.

El autobús para Huelva salía a las ocho. Después de pasar por el chalé, Conrado se dirigió a la parada con tiempo de sobra. Belén le había insistido para que se quedara. Marta permaneció en silencio. No había comentado aún con su amiga el motivo de la decisión del chico. Una vez que éste se despidió de ellas, Marta habló con Belén.

A diferencia de la ida, el autocar estaba con pocas plazas libres. Nada más arrancar, el conductor frenó para parar. Dos chicas llegaban corriendo. Conrado había empezado a leer una novela, por lo que no prestó atención alguna a las viajeras retrasadas. Éstas, después de subir, fueron por el pasillo hacia el fondo del autobús buscando donde sentarse. Y es entonces cuando Conrado las vio. Eran Marta y Belén. Esta última, como saludo, le guiñó un ojo con complicidad. El chico sonrió y respiró aliviado.

*****

En Huelva, Conrado acompañó a sus amigas hasta la casa de cada una. Primero fueron a la de Marta. La joven había permanecido seria durante el viaje y así continuó después. Al despedirse, Conrado le dijo:

Ayer, al saludarnos, me besaste en cada mejilla. Y hoy, ahora que nos despedimos, ¿no me besas?

El semblante serio de Marta cambió por completo, como por arte de magia con el toque de una varita, apareciendo sonriente, con una sonrisa alegre. Y se acercó al muchacho para besarle en la cara. El rubor subía por sus mejillas, sintiéndose presa de radiante felicidad.

Al quedarse solos Belén y Conrado, ella dijo:

¿Sabes que tú le gustas a Marta? No quiero hacer de celestina, pero te diré que es una chica encantadora, sin malicia alguna. Ella me ha contado la conversación que habéis tenido. Las dos te agradecemos que nos haya aguado la fiesta. Hoy nos ha demostrado tu hombría de bien. Podías haberte aprovechado tanto de Marta como de mí, pero… y sin acabar, se echó a llorar.

Cuando se despidieron, Conrado besó las mejillas, aún húmedas por las lágrimas, de Belén.

En la sierra de Aracena

La casa de sus abuelos estaba situada a la salida del pueblo, en la carretera HU-8122, que va a Cortelazor. Era un chalet grande, con dos pisos, jardín y porche. En la planta baja estaba el vestíbulo de entrada, un saloncito que se comunicaba con el comedor, el dormitorio de los abuelos con cuarto de baño, un recibidor, la cocina, un cuarto de aseos. Además, una habitación contigua a la cocina para la chica de servicio. En la planta superior, sólo había habitaciones y dos cuartos de lavabos con sus correspondientes inodoros y duchas. En tiempos pasados, se llenaba la casa en el estío, pues los abuelos habían tenido siete hijos -cinco varones y dos chicas- , pero ahora rara vez estaban ocupadas todas las habitaciones.

Al llegar, Conrado estudió la situación en la que se encontraba para perfilar un plan de operaciones para su estancia allí. Los Marines estaba cerca de varios pueblos, especialmente de Fuenteheridos, Aracena y Cortelazor. También había unas cuantas -no muchas- urbanizaciones con instalaciones deportivas. Y un aliciente importante de la sierra era las excursiones por aquellos parajes y caminos para el senderismo. Además, se informó de las fiestas patronales de los pueblos cercanos. Sí, será un verano distinto, pero no aburrido, se dijo Conrado a sí mismo. Para empezar, una agradable sorpresa: la casa rural tan odiada por Charo estaba en Cortelazor, a menos de diez kilómetros de la suya, distancia asequible en bicicleta. Pero, además, también durante un mes estarían en casa de los abuelos dos primos suyos: Pablo y Elena, los dos hijos más pequeños de la hermana de su madre. No les conocía de nada. Quizás alguna vez, cuando eran Pablo y Conrado eran muy pequeños, y antes de nacer Elena, habrían coincidido los dos primos en alguna celebración familiar… Vivían ahora en Madrid, pero antes estuvieron varios años en Chile. Pablo era de su edad, sólo unos meses mayor que él. Elena iba a cumplir en septiembre once años. Y José David que vendría en la segunda quincena de agosto.

Carlo Acutis, el joven de la Eucaristía

El “ciberapóstol” de la Eucaristía (Venerable Carlo Acutis)

Un modelo para los jóvenes

En la exhortación apostólica postsinodal Christus vivit, publicada tras el Sínodo de Obispos sobre los Jóvenes, el papa Francisco se dirige especialmente a la gente joven. En ese documento invita a fijarse en la vida de santos jóvenes; y al referirse al mundo digital, señala ciertos peligros como son el aislamiento, el ensimismamiento o el placer vacío, pero también dice que no hay que olvidar a jóvenes que en estos ámbitos son creativos y a veces geniales, y cita como ejemplo al joven venerable Carlo Acutis, que fue un entusiasta de la informática. El Papa indica que la vida y testimonio de Carlo demuestran cómo la santidad es posible en todas las edades.

Infancia

Carlo Acutis nació el 3 de mayo de 1991 en Londres (Inglaterra). Sus padres -Andrea Acutis y Antonia Salzano- eran milaneses y se encontraban temporalmente en la capital inglesa por motivos laborales. El 18 de mayo es bautizado en la Iglesia londinense de Nuestra Señora de los Dolores. Pocos meses después del nacimiento de Carlo, la familia regresó a Milán. Crece en un entorno familiar sereno y acomodado, aunque sus padres eran poco practicantes en lo religioso. Sin embargo, Carlo comenzó a mostrar interés por las cosas de Dios, haciendo que sus padres fueran volviendo a la práctica religiosa. En la ciudad lombarda el chico asistió a la escuela primaria con las Hermanas Marcelinas; luego para cursar secundaria y bachillerato fue al Liceo Clásico León XIII, dirigido por los jesuitas.

Carlo era un niño como cualquier otro pero además tenía una pasión: Jesucristo. Su madre dijo de él: Era un muchacho experto con las computadoras, leía textos de ingeniería informática y dejaba a todos estupefactos, pero este don lo ponía al servicio del voluntariado y lo utilizaba para ayudar a sus amigos. Su gran generosidad lo hacía interesarse en todos. Estar cerca de Carlo era estar cerca de una fuente de agua fresca.

Vida de piedad

Desde muy joven, procuró vivir su fe en todos los aspectos de su vida. A los siete años pidió recibir por vez primera a Jesús Sacramentado; y gracias a un permiso especial pudo ver cumplido su deseo, que nada tenía que ver con un capricho. El obispo Pasquale Macchi personalmente comprueba la madurez y la formación cristiana de Carlo, condiciones para anticipar su primera comunión. Además recomienda a la familia que celebre el sacramento en un lugar recogido. Y así, el martes 16 de junio de 1998, con sólo siete años recibe por primera vez el Cuerpo de Cristo en el monasterio de Bernaga, un lugar de silencio colocado en la cima de un monte. Su amor a Jesús presente en la Eucaristía era inmenso y solía decir: La Eucaristía es mi autopista para el Cielo. Desde su infancia, y sobre todo después de su primera comunión, diariamente asistía a Misa y rezaba el Rosario. También hacía un rato de adoración eucarística, antes o después de la Misa. La adoración hace de él un compañero de Jesús. Este rato de adoración produjo en Carlo gozo, paz serenidad, dominio de sí mismo, capacidad de ver de lejos, no tener miedo a la muerte, vivir una vida para los demás. Y en más de una ocasión comentó: ¿Cómo es posible estar tristes teniendo a Dios siempre con nosotros? Somos más afortunados que los Apóstoles que vivieron con Jesús hace 2000 años: para encontrarnos con Él basta con que entremos en la Iglesia. Y añadía: Jerusalén está al lado de nuestras casas. También se preguntaba como era posible que tanta gente hiciera colas interminables para asistir a eventos mundanos como un concierto de rock, y a lo mejor, aun siendo católicos, no encontraran el tiempo para estar cinco segundos en silencio frente al sagrario donde está realmente Jesús.

Igualmente tenía devoción al Sagrado Corazón de Jesús y al Corazón Inmaculado de María. Con frecuencia repetía esta oración: Corazón divino de Jesús, yo te ofrezco por medio del Corazón Inmaculado de María, Madre de la Iglesia, y en unión al sacrificio eucarístico, las oraciones y las acciones, los gozos y sufrimientos de este día, en reparación de los pecados, por la salvación de todos los hombres, en la gracia del Espíritu Santo, por la gloria de Dios Padre.

También tenía un gran amor a la Virgen María, a la que consideraba como su confidente. En más de una ocasión dijo: María es la única mujer de mi vida. Es un apasionado de las historias de las apariciones de Virgen el Lourdes y en Fátima. Visita esos dos lugares marianos con sus padres. Y medita las palabras que la Virgen dirige a santa Bernadette, y luego aquellas otras dirigidas a Lucia, santa Jacinta y san Francisco, preguntándose sobre el sentido que tienen para él. Le impresiona mucho la visión que los tres pastorcitos tuvieron del infierno; y decide rezar cada día, con las oraciones sugeridas por la Virgen a los tres videntes, y así incluye la siguiente oración: Jesús mío perdona nuestras culpas, presérvanos del fuego del infierno, lleva al cielo todas las almas, y especialmente las que más necesitan de tu misericordia.

Igualmente era devoto de los santos, cuyos modelos fueron san Francisco de Asís, san Antonio de Padua, santa Jacinta Marto, santo Domingo Savio, san Luis Gonzaga y san Tarsicio, que, a excepción de los dos primeros, fueron santos que murieron jóvenes. También tenía devoción a los ángeles, y en su corazón latía amor a la Iglesia, traducido en fidelidad al Papa y a las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia.

Particular devoción le tenía al apóstol san Juan, el discípulo amado de Jesús. Es maravilloso -decía Carlo- porque todos los hombres están llamados a ser como Juan, discípulos predilectos, basta hacerse almas eucarísticas, permitiendo a Dios que obre en nosotros las maravillas que sólo Él puede hacer. Pero hace falta la libre adhesión de nuestra voluntad. Dios no quiere forzar a nadie. Quiere nuestro amor libre. Él sentía esa llamada a ser amigo íntimo de Jesús. Por eso quiere imitar al apóstol adolescente, y poner su corazón en Cristo.

Apreciaba el sacramento de la Penitencia, confesándose frecuentemente -cada semana-, y afirmaba: El defecto más pequeño nos tiene anclados a la tierra como le pasa a los globos que están tenidos abajo por el hilo en la mano. Y llena de verdad y belleza es está imagen suya: Igual que para viajar y subir alto en un globo aerostático hay que descargar pesos, también el alma para elevarse al Cielo necesita quitarse de encima esos pequeños pesos que son los pecados veniales.

Un adolescente normal

Su adolescencia fue como la de cualquier otro joven, pasaba tiempo con su familia y sus amigos. Carlo vivía con alegría su ser “joven”, su edad , sin drama, sin tensión, sin temor; estaba feliz de ser joven y, día tras día, capturaba lo bello, lo bueno, de la vida. Gracias a su intensa vida espiritual vivió plenamente y alegremente los quince años que Dios le concedió vida, dejando un profundo rastro de luminosidad y serenidad en quienes lo conocieron. Carlo había entendido el verdadero valor de la vida como don de Dios, como esfuerzo, como respuesta a dar al Señor Jesús día a día amor.

Le gustaba remontar cometas, disfrutaba de la naturaleza y de los animales. Jugaba al fútbol con sus amigos, y también con la PlayStation. Era muy amado y buscado por sus compañeros y amigos por su simpatía y vivacidad. En el colegio, Carlo jamás ocultó su fe, e invitaba a sus amigos y compañeros a ir juntos a Misa y volver a Dios, dando testimonio de vida cristiana. La fe la vivió en la vida cotidiana a través del cumplimiento de sus deberes en el estudio y en la vida de oración. A pesar de pertenecer a una familia acomodada vivía de manera muy austera.

También dedicaba parte de su tiempo en ayudar a personas sin hogar. Con sus primeros ahorros compró un saco de dormir para un mendigo que veía siempre en su camino a la iglesia para asistir a Misa. Y por la noche solía llevar comida a quienes vivían en la calle, a veces parte de su propia cena. Prestaba ayuda como voluntario en los comedores populares y en la atención a las personas necesitadas: los sin techo, los inmigrantes, los discapacitados, los niños y los mendigos.

En la parroquia de “Santa Maria Segreta” fue catequista, preparando muy bien las clases de catecismo que daba a los niños. Usó la tecnología de las comunicaciones y de los medios de comunicación para la evangelización. Creó páginas web para dar a conocer la doctrina católica. Sabía dedicar tiempo a los demás, estando disponible para todos. Sus amigos y compañeros del colegio lo buscaban para que les resolviera problemas con los ordenadores.

El recuerdo que dejó entre sus compañeros del colegio era el de un chico valiente y libre, capaz de bromear y reír, pero también fuerte a la hora de controlarse a sí mismo, sobre todo en la relación con las chicas, sin ser nunca grosero u ofensivo. Sus amigos estaban asombrados por verle cuidar tanto una virtud “pasada de moda”, la pureza, junto a un sereno rigor en la vida moral. Convencía a sus amigas y compañeras a que no banalizaran su cuerpo, sino que lo consideraran por lo que es: el templo del Espíritu Santo. También les decía a sus amigos que al utilizar internet no cayeran en las trampas de la pornografía, ya que hipnotiza y hace caer a tantos adolescentes el el túnel de la dependencia y en la esclavitud del pecado. Y afirmaba: ¿Dónde está el placer del hombre de vencer mil batallas si no es capaz de vencerse a sí mismo? El amor propio, no, pero sí la gloria de Dios. Un profesor suyo de religión dio el siguiente testimonio: A lo largo de una discusión en clase sobre el tema del aborto Carlo fue el único que se opuso.

Genio de la informática

Carlo fue un apasionado de la informática, desarrollando un especial talento para esta ciencia. Tenía conocimientos muy avanzados para su edad. Ha sido considerado como un genio en esta disciplina. Decidió utilizar sus conocimientos de informática para difundir el amor al Santísimo Sacramento. Por esto es conocido como el “ciberapóstol de la Eucaristía”. Con tan sólo 14 años supo idear y organizar un material audiovisual relacionado con sus creencias religiosas acerca de la Eucaristía siendo precursor del uso de estos materiales para la difusión masiva de contenidos religiosos. Fruto de su trabajo, fue una exposición virtual sobre los milagros eucarísticos en el mundo. Este trabajo le llevó tres años, luego de viajar mucho y recoger información, pues había logrado involucrar a sus padres para que le acompañaran a todos los lugares del mundo en los que se hubieran producido milagros de este tipo reconocidos por la Iglesia. Ardua su tarea de recopilar todos los milagros e informar detalladamente de cada uno, algo que no existía hasta ese momento, pero lo consiguió.

La exposición, que recoge un total de 136 milagros, se ha difundido por los cinco continentes. Solo en los Estados Unidos ha llegado a millares de parroquias y a cien universidades; en el resto del mundo, a cientos de parroquias y algunos de los santuarios marianos más famosos, como Fátima, Lourdes y Guadalupe.

Su pensamiento en frases

En un cuaderno, Carlo escribió: La tristeza es dirigir la mirada hacia uno mismo, la felicidad es dirigir la mirada hacia Dios. La conversión no es otra cosa que desviar la mirada desde lo bajo hacia lo alto: basta un simple movimiento de los ojos.

Como buen católico amaba a la Iglesia, y le dolía que otros la criticaran. Por eso dijo: Criticar a la Iglesia es criticarnos a nosotros mismos.

Siendo consciente de las cualidades recibidas de Dios, solía decir alentando a cada uno a hacer fructificar los dones personales que Dios le dio: Todos nacemos originales, pero muchos mueren como fotocopias. Éste ha sido el lema más emocionante, especialmente los jóvenes.

Su preocupación por el bien espiritual de los demás le hacía exclamar: ¿Por qué los hombres se preocupan tanto por la belleza de su cuerpo y no se preocupan por la belleza de su alma?

Fue un gran amigo de Jesús, y de aquí que dijera: Estar siempre unido a Jesús: ese es mi proyecto de vida. Y llevaba un convencimiento en su corazón: Vamos rectos al Paraíso, si nos acercamos todos los días a la Eucaristía.

Llevó una vida austera, preocupándose solamente por lo esencial. Él no quería tener un par de zapatos de más, aunque sus padres querían comprarles otros. Dejó escrito: El dinero sólo son papel de basura: lo que cuenta en la vida es la nobleza del alma, es decir, la manera con que se ama a Dios y al prójimo.

Su slogan más difundido y el más radical es: No yo, sino Dios, pues para él, sólo la vida en Dios puede asegurar la alegría.

Él siempre quiso tener cerca a Jesucristo. Le vio en la enfermedad, en la gente de su entorno, en los necesitados pero sobre todo en ese amor desmesurado a la Eucaristía. A los once años escribió: ¡Cuantas más eucaristías recibamos más nos pareceremos a Jesús y ya en esta tierra disfrutaremos del Paraíso!

Enfermedad y muerte

A principios de octubre del 2006, Carlo enfermó. Parecía una gripe normal y corriente, pero fue diagnosticado con una leucemia fulminante del tipo M3, la más agresiva. No había ninguna posibilidad de curación. Pocos meses antes y aún sin conocer su enfermedad, Carlo había predicho su muerte, lo cual quedó registrado en un vídeo. Estoy destinado a morir; moriré joven, dijo con mucha paz y serenidad; y manifestó que si moría, le gustaría que lo enterraran en Asís. Una vez conocida la enfermedad fue hospitalizado. Al cruzar la puerta del hospital, Carlo le dijo a su madre: De aquí ya no salgo. Más tarde, también les comentó a sus padres: Ofrezco al Señor los sufrimientos que tendré que padecer por el Papa y por la Iglesia, para no tener que estar en el Purgatorio y poder ir directo al Cielo. Durante la enfermedad mostró una valentía sobrehumana y mucha fe, a la vez que intentaba minimizar unos dolores que los médicos calificaban de atroces. Cuando la enfermera le preguntaba cómo se sentía con esos dolores, Carlo respondía: Bien. Hay gente que sufre mucho más que yo. De noche no duerme por causa de los dolores, pero a la enfermera que le pregunta si desea tener cerca a su madre él le contesta: No despierte a mi madre, que está cansada y se preocuparía más.

Murió en olor de santidad en el hospistal San Gerardo de Monza a los pocos días de ser diagnosticado, el 12 de octubre de 2006, con sólo 15 años. Dos días antes de su muerte había pedido recibir la Unción de los Enfermos y el Viático.

Fama de santidad

El día de su funeral, la iglesia y el cementerio estaban llenos de gente. Su madre recuerda que había gente que ella no conocía de nada. Muchos de los asistieron eran personas sin hogar, inmigrantes, mendigos, niños…, a los que Carlo había ayudado sin que su familia lo supiese. Aquella gente le hablaba de Carlo, de lo que él había hecho por ellos, y que ella no sabía nada. Su familia accedió a su petición de ser enterrado en Asís, que era el lugar del mundo preferido por Carlo.

Carlo Acutis va camino de los altares. Su vida -según recuerdan los que le rodearon olía a santidad– ha ayudado a muchos a descubrir el amor de Dios desde bien pequeño y el don de la Eucaristía uniendo a católicos de todos los países. Su fama de santidad comenzó a expandirse con rapidez por todo el mundo, de manera misteriosa. Alrededor de su vida ha sucedido algo grande, ante lo cual me inclino, comentaba el jefe de la Oficina para la Causa de los Santos de la diócesis milanesa. Existen más de doscientos sitios y blogs que hablan sobre él en diferentes idiomas. Ya hay muchas historias de conversión relacionadas con él, que ocurrieron tras su muerte. Los padres del Siervo de Dios reciben cartas y solicitudes de oración de todo el mundo, y gran parte de este material fue recolectado durante la fase de beatificación diocesana.

Proceso de beatificación y canonización

El 12 de octubre de 2016, en sexto aniversario de su muerte, se decide comenzar su proceso de beatificación, y semanas después, el 24 de noviembre de 2012, el arzobispo de Milán empezó los actos preliminares para la causa de canonización del Siervo de Dios Carlo Acutis. El comienzo del proceso tuvo lugar el 15 de febrero de 2013 en la Archidiócesis de Milán. El 24 de noviembre de 2016, con la firma del cardenal Angelo Scola, se cerró en la Curia milanesa la fase diocesana del proceso y pasó la causa a Roma. Debemos dar gracias al Señor por este gran don que se nos da en la actualidad. Personalmente, estoy seguro de que Carlo pronto será llevado a los altares, convirtiéndose así en un punto de referencia muy valioso para todos nosotros y especialmente para nuestros hijos, dijo el arzobispo de Milán.

El 5 de julio de 2018, el papa Francisco aprobó el decreto de virtudes heroicas del Siervo de Dios, declarando venerable a Carlo Acutis. Este decisión del Papa en tan corto espacio de tiempo fue acogida con entusiasmo y es motivo de consideración para todos aquellos que ven en Carlo un modelo de evangelizador del siglo XXI. Su jornada giraba en torno a Jesús, que estaba en el centro. Las personas que se dejan transformar por Jesús y tienen esta fuerte amistad con Dios interpelan a los otros, irradian la imagen de Dios, afirmaba su madre.

El 6 de abril de 2019, sus restos mortales fueron trasladados al “Santuario del Despojo”, en Asís, lugar donde san Francisco de Asís “dejó todo para seguir al Señor”. Desde entonces su cuerpo descansa en un sepulcro en la nave derecha del Santuario, donde cientos de fieles acuden a rezar y a encomendarse a su intercesión.

El 21 de febrero de 2020, el papa Francisco aprobó un milagro atribuido a Carlo Acutis, necesaria para su beatificación. La noticia fue recibida con mucha alegría por el obispo de Asís -Domenico Sorrentino- que exclamó: ¡Carlo Acutis será próximamente beato! Una gran alegría para los muchos devotos de Carlo en todo el mundo. Una gran alegría especialmente para los jóvenes, que encuentran en él un modelo de vida

El milagro fue la curación inexplicable de un niño en Brasil. El padre Marcelo Tenorio, vicepostulador de la causa de canonización de Carlo, cuenta lo sucedido aquel día: El 12 de octubre de 2010, en la capilla de Nuestra Señora Aparecida, en nuestra parroquia de Campo Grande (Mato Grosso del Sur), en el momento de la bendición con la reliquia, se acercó un niño acompañado por su abuelo. El niño estaba enfermo de páncreas anular, una enfermedad congénita que se estaba tratando. Esta enfermedad causaba que el niño vomitara todo el tiempo, lo que lo debilitaba y lo abatía mucho, porque todo lo que comía lo devolvía, incluido el líquido. Ya llevaba una toalla, porque su situación era grave. Cada vez más débil, debilitado, encontraría una muerte segura. Durante la bendición, el niño le preguntó a su abuelo qué debía pedir y éste le dijo que rezara, pidiendo “para dejar de vomitar”, y así sucedió. Cuando llegó el turno del enfermo, tocó la reliquia de Carlo y dijo con voz firme: “Dejar de vomitar” y, a partir de entonces, ya no vomitó. En febrero de 2011, la familia ordenó que se realizaran nuevas pruebas al niño y se descubrió que estaba completamente curado.

Carlo Acutis, con solo 15 años, se inscribe en ese catálogo de niños y jóvenes que por sus vidas, han narrado la belleza y la alegría de donarse a Dios y al bien de los demás.

Cielo estrellado

La noche de estrellas

La noche, silenciosa, quieta.

Tu mirada hacia la infinitud del espacio celeste,

morada de estrellas inalcanzables.

Horas llenas de oscuridad…

…llegó la luz primera del nuevo día.

La aurora, luz sonrosada del amanecer,

borró de tu cielo las estrellas.

Horas de sol hiriente… y mediodía,

con su cegadora claridad.

Una brisa en la tarde,

y un sol andariego hacia el ocaso.

El crepúsculo, con su horizonte de fuego.

Atrás queda tu ansiedad.

Luminarias en el firmamento

tímidamente suspendidas en el vacío etéreo…

…y en la noche, tu cielo de estrellas.

Nostalgia de Huelva

Las páginas más entrañables del libro, en las que el autor había volcado todos sus sentimientos, eran las dedicadas a los amigos de su adolescencia. Muchos de ellos se abrieron camino por la vida lejos de Huelva. Al terminar el bachillerato, los jóvenes onubenses que decidían ir a la Universidad no les quedaban más remedio que marcharse de la ciudad, pues en la vieja Onuba sólo se podía cursar estudios en la Escuela de Facultativos de Minas, en la de Comercio y en la Normal de Magisterio. Y así, gente de Huelva, en la edad prometedora de su juventud, emprendieron la aventura de su porvenir en ciudades con Universidad y Escuelas Superiores de Ingeniería. Muchos de ellos, no regresaron. Mientras aún estaban estudiando la carrera, volvían en los períodos vacacionales, pero una vez licenciados y al encontrar trabajo, normalmente en la misma ciudad en las que habían cursado sus estudios universitarios, rara vez se les veían por Huelva. Sin embargo, había algo común en todos ellos: la añoranza de su ciudad natal. Añoranza bien expresada en una charla pronunciada por uno de estos onubenses, con motivo de la celebración de la fiesta de la Virgen de la Cinta en Madrid:

En la línea del horizonte, donde el cielo parece juntarse con la tierra, lejana y rosa vio el poeta, desde su Moguer natal, a Huelva, la ciudad en la que muchos de los aquí presentes hemos nacido. Y los onubenses que, por diversos avatares de la vida, vivimos en otros puntos de la geografía española sentimos esa lejanía. Añoramos el pasear por las calles de la vieja Onuba. Con nostalgia recordamos nuestros juegos infantiles en la plaza de las Monjas o en la de la Merced; los atardeceres, en el ocaso del día, con el cielo rojo sobre las marismas del Odiel; el navegar por la ría en bote de remo, o en la canoa que conducía a las cercanas playas; las excursiones a La Rábida, donde los muros del monasterio franciscano hablan de una historia simpar: el descubrimiento de todo un Continente y el inicio de la Evangelización de pueblos remotos. Pero lo que más se echa de menos, es el caminar por el Conquero para llegar al Santuario de Nuestra Señora de la Cinta. ¡En cuántas ocasiones nos hemos acercado a ese lugar bendito, tan querido por los onubenses, para rezarle a nuestra Patrona, la Virgen de la Cinta, tan choquera y marinera como sus hijos!

Gracias al trabajo de Conrado, la primera edición de Aires del Odiel salió de la imprenta a principios de abril. En el periódico local apareció la crítica del libro:

Manuel Siurot, una de las mejores plumas andaluzas de principios del siglo XX, llevó a su libro “Sal y sol” unos personajes, recios, cuerpos fuertes y almas de niños; eran los marineros del estuario del Odiel. Ahora, cuando se ha entrado en otro siglo y Huelva es una ciudad moderna, el onubense Francisco Díez ha tenido el acierto de relatar en un precioso libro, salpicado de anécdotas, estampas y narraciones, sus recuerdos de la Huelva que vivió en sus años de juventud. Por él desfilan hombres sencillos, protagonistas de la vida onubense de los años centrales del pasado siglo, pero también los jóvenes de aquellos años que hoy día, ya en su madurez, por doquier que están van haciendo “patria chica” en su entorno. Los fuertes caracteres aparecen dibujados con pocos trazos, lo mismo que las costumbres y tradiciones de una época, que aunque reciente, parece alejada por los cambios introducidos en la manera de vivir las ciudades. En realidad, asistimos en las páginas de “Aires del Odiel” a la transformación de una capital de provincia, Huelva; y un aire nostálgico, suavemente poético, se extiende por todo el libro. La ingenua gracia de una gente que va desapareciendo brota, fresca y salada en cada episodio. En fin, un libro entretenido, escrito con pasión y galanura.