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Domingo, 12 de enero de 2014

Domingo, 12 de enero de 2014

Fiesta del Bautismo del Señor

Lecturas: Is 42, 1-4.6-7; Hch 10, 34-38; Mt 3, 13-17

Homilía

Necesidad del arrepentimiento. Las tres primeras manifestaciones de la divinidad de Cristo: la adoración de los Magos, el Bautismo de Jesús y el milagro que hizo el Señor en las bodas de Caná. En este domingo se celebra la segunda de las manifestaciones  citadas.

Juan Bautista tiene la misión de preparar la venida del Señor y se presenta predicando la necesidad de la conversión y de hacer penitencia para recibir al Mesías. Además, exhortaba a someterse al rito de su bautismo, que prefiguraba las disposiciones para recibir el Bautismo cristiano: fe en Cristo, fuente toda gracia, y apartamiento del pecado. El reconocimiento humilde de los pecados por parte de los que acudían al Precursor disponía a recibir la gracia de Cristo por el Bautismo en el Espíritu y el fuego. En otras palabras, el bautismo de Juan no producía justificación (no limpiaba el alma de los pecados), mientras que el Bautismo cristiano perdona los pecados y da la gracia santificante.

¿Por qué se bautizó Jesús? Sin tener mancha alguna que purificar, Jesucristo quiso someterse al rito del bautismo de Juan. Al hacerse hombre, se sujetó a las leyes que regían en el pueblo elegido por Dios para preparar la venida del Mesías. Los Santos Padres comentan que el Señor fue a recibir el bautismo de Juan para darnos ejemplo de humildad, para ser conocido por todos, para que todos creyeran en Él y para dar fuerza vivificante al agua del Bautismo. El Señor deseó ser bautizado para proclamar con su humildad lo que para nosotros era necesidad (San Agustín). Además, con el bautismo de Jesús en el Jordán quedó preparado el Bautismo cristiano, que fue directamente instituido por Jesucristo, e impuesto como ley universal.

El Bautismo es necesario para la salvación de todos aquellos a quienes el Evangelio ha sido anunciado y han tenido la posibilidad de pedir este sacramento. Cuando Cristo, momentos antes de su Ascensión, envió a los Apóstoles a ir por todo el mundo para que predicasen el Evangelio, les dijo: El que creyere y fuere bautizado se salvará (Mc 16, 16).

Revelación del misterio trinitario. Se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios que descendía en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz desde los cielos dijo: “Éste es mi Hijo, el amado, en quien me he complacido”. Cuando Nuestro Señor fue bautizado por Juan en el Jordán se reveló el misterio de la Santísima Trinidad: el Hijo, que recibe el Bautismo; el Espíritu Santo, que desciende sobre Él en figura de paloma; y la voz del Padre, que da testimonio de la persona de su Hijo. La Iglesia bautiza en el nombre de las tres divinas Personas.

Los hombres, al recibir el Bautismo, quedan consagrados por la invocación y virtud de la Trinidad Beatísima. El abrirse de los cielos significa que la fuerza de este Sacramento, su eficacia, viene de arriba, de Dios, y que por él queda expedita a los bautizados la vía del Cielo. Los compromisos bautismales se viven contemplando el rostro de Cristo, a la vez que se escuchan las palabras del Padre y se recibe el amor que nos viene del Espíritu Santo.

Preguntas y respuestas

¿Qué es la Historia Sagrada?

En primer lugar hay que decir que Historia es la narración verídica y ordenada de los acontecimientos pasados y dignos de memoria, sean públicos o privados. Dicho esto, Historia Sagrada, tomada en su acepción más amplia, es la narración de los acontecimientos que prepararon, acompañaron y siguieron la venida de Nuestro Señor Jesucristo. Comprende, pues, la Historia del pueblo de Dios, la vida de Jesucristo y la Historia de la Iglesia.

En un sentido más estricto y concreto, se entiende por Historia Sagrada la narración de los hechos relatados en la Biblia.

En la Historia Sagrada se distinguen dos edades. En la primera, Dios va preparando el gran misterio de la redención del género humano; en la segunda, lo realiza por medio de su Hijo, Jesucristo.

¿Qué es la Biblia?

La palabra Biblia procede del griego, y significa: libros. La Biblia es el conjunto de los Libros Sagrados, que son setenta y tres. Se llaman Libros Sagrados porque han sido escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo. Por tanto, tiene a Dios como autor principal. La Biblia contiene doctrinas sublimes, a veces difíciles de entender y de interpretar. Por eso Dios ha confiado a la Iglesia la misión de explicar y comentar estos Libros Sagrados. La Iglesia está asistida por el Espíritu Santo para esta misión. También es conocida la Biblia como la Sagrada Escritura.

¿Y qué es la Historia de la Salvación?

Es la historia de los acontecimientos ocurridos en las relaciones de Dios con el hombre. Unos hechos muy concretos, que por la voluntad salvífica de Dios y por la respuesta libre del hombre han acontecido del modo que narra la Sagrada Escritura. Habiendo pecado Adán, que trajo consigo la ruina del hombre, Dios infinitamente sabio y misericordioso, quiso llevar a cabo la redención del mundo, y al llegar la plenitud de los tiempos, envió a su Hijo, nacido de mujer para que recibiésemos la adopción de hijos. El cual, por nosotros los hombres y por nuestra salvación, descendió de los cielos y por obra del Espíritu Santo se encarnó de la Virgen María.

 

 

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Las Bienaventuranzas

En la catequesis que asistí para mi Primera Comunión hacían a los niños aprender las ocho Bienaventuranzas, pero yo nunca conseguí aprenderlas de memoria. Tampoco ahora sabría decirlas. ¿Tan importantes son las Bienaventuranzas en las enseñanzas de Jesús?

Para que refresques tu memoria, te cito en primer lugar las ocho Bienaventuranzas que están en Evangelio según san Mateo.

Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia..

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los que padecen persecución por ser justos, porque de ellos es el Reino de los cielos (Mt 5, 3-10).

Claro que son importantes para nosotros las Bienaventuranzas. Las Bienaventuranzas son como el centro de la predicación de Jesús; recogen y perfeccionan las promesas de Dios hechas a partir de Abraham. Dibujan el rostro mismo de Jesús, y trazan la auténtica vida cristiana, desvelando al hombre el fin último de sus actos: la bienaventuranza eterna (Compendio, n. 360).

El espíritu de las Bienaventuranzas consiste en tener una firme decisión de amar a Dios y a nuestros prójimos en todas las circunstancias de la vida, aun en las más difíciles. El premio que anuncia Jesús en las Bienaventuranzas es la felicidad plena y eterna con Dios en el Cielo. Las Bienaventuranzas responden al innato deseo de felicidad que Dios ha puesto en el corazón del hombre, a fin de atraerlo hacia Él, el único que lo puede satisfacer (Compendio, n. 361).