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¿A quién le puede molestar un crucifijo?

¿A quién puede ofender un crucifijo?

En el invierno del 96 se produjeron dos hechos sin ninguna relación directa, pero unidos tal vez por el odioso vínculo de la intolerancia hacia los signos cristianos. La tropelía más salvaje se producía en una pequeña población madrileña, cuando unos vándalos arrasaron su cementerio, destrozando las sepulturas e invirtiendo las cruces después de arrancarlas y destrozarlas.

El otro sucedido pertenece más bien a la categoría de torpeza o imprudencia política al ser protagonizado por una concejala de Toledo a quién se lo ocurrió la idea de abolir por decreto la instalación del Belén navideño en el colegio público que dirige.

No deseo comentar el intolerante gesto de la concejala. Sólo quiero invitar a la reflexión sobre ciertos caminos por donde transita una parte de la juventud de esta década, a la que se ha privado de ideales, de ilusión, de futuro y de referencias éticas. Cuan a un renombrado alcalde de ideas agnósticas le propusieron quitar el crucifijo de la mesa de su despacho privado respondió: ¿A quién puede ofender un crucifijo? ¿No es Jesucristo un símbolo de paz y amor?

¿Qué significa mi nombre?

¿Qué significa mi nombre?

Atanasio me pregunta ¿qué significa su nombre? Inmortal. ¿Y Anastasio? Resucitado. Anacleto, vuelto a llamar. Aniceto, invencible. Anselmo, que tiene protección divina. Antonio, floreciente. Aquilino, como águila. Aurelio, dorado. Andrés, varonil. Ángel, enviado. Basilio, regio. Beatriz, que hace feliz. Benito, bendito. Brígida, alta. Calixto, bellísimo. Cándido, blanco. Carina, querida. Carlos, hombre fuerte. Carmen, viña. Casilda, cantar. Celedonio, golondrina. Ciriaco, Cirilo, Cirino, señorial. Claudio, cojo.

Cleto, llamado. Clotilde, que lucha con gloria. Cosme, adornado. Crisanto, flor dorada. Crispín, Críspulo, de pelo rizado. Dámaso, domador. Damián, hombre de pueblo. Domitila, doméstica. Domnino, señorito. Eduardo, fuerte por su riqueza. Eduvigis, luchadora. Efrén, fructífero. Elvira, luna nueva. Emilio, amable. Enrique, rico en fincas. Ernesto, potencia de águila. Esteban, corona. Eugenio, bien nacido. Eulalia, que habla bien. Evaristo, muy agradable. Facundo, elocuente. Felipe, amigos de los caballos. Filomeno, amigo de la melodía. Filiberto, muy brillante. Froilán, señorito. Gertrudis, fuerza de lanza. Gonzalo o Gundisalvo, luchador en la guerra. Gregorio, vigilante. Gumersindo, gente varonil. Heliodoro, don del sol. Herrmenegildo, gran luchador. Hipólito, que desata los caballos. Ignacio, ardiente. Isabel o Elisa, la que jura por Dios. Isidoro, don de Isis, diosa del Nilo. Inés, cordera. Jerónimo, nombre sagrado. Jonás, paloma. Juan, Dios es misericordioso. Julián, descendiente de Julio. Lázaro, Dios es mi auxilio. Leandro, hombre del pueblo. Leopoldo, valiente en el ejército. Lucas, luminoso. Macario, dichoso. Manuel, Dios con nosotros. Marta, atractiva. Mario, del mar. Matilde, que lucha con fuerza. Nemesio, justiciero. Onésimo, útil. Orestes, montañés. Paula, Pablo, pequeño. Pantaleón, en todo como un león. Policarpo, de abundante fruto. Poncio, quinto. Prisca, Priscila, antigua. Raimundo, Ramiro, consejero. Rebeca, lazo. Remigio, remero. Ricardo, muy rico. Roberto, de brillante fama. Rodolfo, lobo famoso. Rodrigo, rico en fama. Rogelio, luchador famoso. Samuel, el nombre de Dios. Sergio, hazañoso. Simeón, el que obedece. Sinforosa, desgraciada. Susana, azucena. Teófanes, el que manifiesta a Dios. Terencio, el que trilla. Teresa, de la isla de Tera. Tobías, Dios es bueno. Tomás, gemelo. Valentín, fuerte. Virgilio, que florece. Yolanda o Violante, violeta. Zacarías, Dios recordó. Zaqueo, puro. Zoilo, lleno de vida. Zósimo, vital.

¿Quién fue Platón?

Platón. Filósofo griego. Nació en la isla de Egina hacia el año 429 antes de Cristo. Discípulo en su juventud de Sócrates. En Atenas, en el jardín de su amigo Academo abrió una escuela, que tomó el nombre de Academia. Durante toda su vida se dedicó al estudio y enseñanza de la filosofía. Murió a la edad de 81 años.

La obra de Platón

Platón expuso su doctrina en sus Diálogos, obras literarias maravillosas, tanto por su estilo de una pureza y una variedad exentas de retórica, como por la verdad y la vida de los personajes que en ellos hablan y obran. Cada diálogo forma un todo completo, como una obra de teatro; y Platón, que era profundamente poeta, no indicó nunca con rigor de lógica los temas de que iba a tratar, antes conservó la libertad de exposición y de discusión propias de una obra literaria. Se pueden indicar como principales: 1) Protágoras o los sofistas; 2) Gorgias o de la retórica; 3) Menón o de la virtud; 4) El Banquete o del amor; 5) Fedro o de la hermosura; 6) Fedón o de la inmortalidad; 7) Parménides o de las ideas; 8) Teeteto o de la ciencia; 9) El Sofista o del ser; 10) Timeo o de la naturaleza.

¿Quién fue el Padre Pío?

Pío de Pietrelcina. Santo. Religioso capuchino. La mayor parte de su vida transcurre en el siglo XX. Tuvo durante cincuenta años los estigmas de la Pasión del Señor. Taumaturgo, tuvo el don de la bilocación. Dedicó muchas horas al día a la administración del sacramento de la Penitencia.

Una profecía

Un día del año 1947 un joven sacerdote polaco que ampliaba estudios en Roma, llamado Karol Wojtyla, viajó desde Roma a San Giovanni Rotondo y allí se confesó con el Padre Pío. Alguien ha comentado que el fraile capuchino dijo al sacerdote: Llegarás a ser papa. Pero veo también sangre y violencia sobre ti. Al cabo del tiempo, la profecía se cumplió al pie de la letra. Karol Wojtyla fue elegido papa en el otoño de 1978 y herido de gravedad por varios disparos de pistola en la primavera de 1981. No es de extrañar que así sucediera, pues hay constancia del cumplimiento de varias profecías formuladas por el Padre Pío a lo largo de su vida, pero sobre la veracidad de las palabras dichas en 1947 al joven polaco estudiante en Roma sólo cabe decir que Juan Pablo II nunca las confirmó ni desmintió. Lo que sí ha reveló el papa Juan Pablo II es que le conoció en persona. Cuando era estudiante en Roma, tuve yo mismo ocasión de conocerlo personalmente y agradezco a Dios, que me da hoy la posibilidad de inscribirlo en el elenco de los Beatos. Pocos años después el mismo Juan Pablo II canonizó al Padre Pío.

¿Qué es una peregrinación?

Peregrinación. Es todo viaje emprendido con espíritu religioso por una persona aislada o de toda una comunidad cristiana a un lugar sagrado situado a una cierta distancia. El lugar sagrado suele ser un santuario o lugar especialmente consagrado por la presencia divina, en virtud de una teofanía o manifestación sobrenatural, de una experiencia personal o colectiva excepcional, o de la presencia del sepulcro de un profeta, de un apóstol, de un mártir o de un santo. Desde la más remota antigüedad, y con toda seguridad desde la paz de Constantino (año 313), se va en peregrinación a Jerusalén, a los Santos Lugares y a Roma a las tumbas de Pedro y Pablo. Más tarde se irá a Santiago de Compostela, y a cualquier otro lugar al que la presencia verdadera o supuesta, de las reliquias, atraiga a las muchedumbres. Actualmente también son lugares de peregrinación Lourdes, Fátima y otros sitios relacionados con apariciones de la Virgen.

¿Quién fue Saulo de Tarso?

Pablo. Santo. Apóstol de Cristo, aunque no perteneciente al grupo de los Doce. Antes de su conversión, persiguió a los cristianos. Camino de Damasco se le apareció el Señor, convirtiéndose. Predicó el Evangelio en numerosas ciudades. Es llamado el Apóstol de los gentiles. Escribió varias cartas inspiradas, que están en el Nuevo Testamento. Murió mártir en Roma durante la persecución del emperador Nerón.

Unas palabras sobre san Pablo de Benedicto XVI

Llamado por el Señor mismo, por el Resucitado, a ser también él auténtico apóstol, es Pablo de Tarso. Brilla como una estrella de primera magnitud en la historia de la Iglesia, y no sólo en la de los orígenes. San Juan Crisóstomo lo exalta como personaje superior incluso a muchos ángeles y arcángeles. Dante Alighieri, en la Divina Comedia, inspirándose en la narración de san Lucas en los Hechos de los Apóstoles, lo define sencillamente como “vaso de elección”, que significa: instrumento escogido por Dios. Otros lo han llamado el “el decimotercer apóstol” -y realmente él insiste mucho en que es un verdadero apóstol, habiendo sido llamado por el Resucitado-, o incluso “el primero después del Único”.

Ciertamente, después de Jesús, él es el personaje de los orígenes del que tenemos más información, pues no sólo contamos con los relatos de san Lucas en los Hechos de los Apóstoles, sino también con un grupo de cartas que proviene directamente de su mano y que, sin intermediarios, nos revelan su personalidad y su pensamiento. San Lucas nos informa que su nombre original era Saulo, en hebreo Saúl, como el rey Saúl, y era un judío de la diáspora, dado que la ciudad de Tarso está situada entre Anatolia y Siria. Muy pronto había ido a Jerusalén para estudiar a fondo la Ley mosaica a los pies del gran rabino Gamaliel. Había aprendido también un trabajo manual y rudo, la fabricación de tiendas, que más tarde le permitiría proveer él mismo a su propio sustento sin ser una carga para las Iglesias.

Para él fue decisivo conocer la comunidad de quienes se declaraban discípulos de Jesús. Por ellos tuvo noticia de una nueva fe, un nuevo “camino”, como se decía, que no ponía en el centro la Ley de Dios, sino la persona de Jesús, crucificado y resucitado, a quien se le atribuía el perdón de los pecados. Como judío celoso, consideraba este mensaje inaceptable, más aún, escandaloso, y por eso sintió el deber de perseguir a los discípulos de Cristo incluso fuera de Jerusalén. Precisamente, en el camino hacia Damasco, a inicios de los años treinta, Saulo, según sus palabras, fue “alcanzado por Cristo Jesús”.

Mientras san Lucas cuenta el hecho con abundancia de detalles -la manera en que la luz del Resucitado le alcanzó, cambiando radicalmente toda su vida-, él en sus cartas va a lo esencial y no habla sólo de una visión, sino también de una iluminación y sobre todo de una revelación y una vocación en el encuentro con el Resucitado. De hecho, se definirá explícitamente “apóstol por vocación” o “apóstol por voluntad de Dios”, como para subrayar que su conversión no fue resultado de pensamientos o reflexiones, sino fruto de una intervención divina, de una gracia imprevisible. A partir de entonces, todo lo que antes tenía valor se convirtió paradójicamente, según sus palabras, en pérdida y basura. Y desde aquel momento puso todas sus energías al servicio exclusivo de Jesucristo y de su Evangelio. Desde entonces su vida fue la de un apóstol deseoso de “hacerse todo a todos” sin reservas (Discurso 25.X.2006).

¿Quién fue Origenes?

Orígenes. Sacerdote. Escritor eclesiástico del siglo III, nacido en Alejandría. Discípulo de Clemente de Alejandría. Es una de las personalidades determinantes para todo el desarrollo del pensamiento cristiano.

El deseo de ser mártir

Durante toda su vida anhelaba el martirio. Cuanto tenía diecisiete años, en el décimo del emperador Septimio Severo, se desató en Alejandría la persecución contra los cristianos. Clemente, su maestro, abandonó la ciudad, y el padre de Orígenes, Leonidas, fue encarcelado. Su hijo anhelaba ardientemente el martirio, pero no pudo realizar este deseo. Entonces escribió a su padre, exhortándolo a no desfallecer en el supremo testimonio de la fe. Y cuando Leonidas fue decapitado, el joven Orígenes sintió el deber de acoger el ejemplo de su vida. Cuarenta años más tarde, mientras predicaba en Cesarea, declaró: De nada me sirve haber tenido un padre mártir si no tengo una buena conducta y no honro la nobleza de mi estirpe, esto, el martirio de mi padre y el testimonio que lo hizo ilustre en Cristo (Benedicto XVI, Discurso 25.IV.2007).

Domingo, 12 de enero de 2014

Domingo, 12 de enero de 2014

Fiesta del Bautismo del Señor

Lecturas: Is 42, 1-4.6-7; Hch 10, 34-38; Mt 3, 13-17

Homilía

Necesidad del arrepentimiento. Las tres primeras manifestaciones de la divinidad de Cristo: la adoración de los Magos, el Bautismo de Jesús y el milagro que hizo el Señor en las bodas de Caná. En este domingo se celebra la segunda de las manifestaciones  citadas.

Juan Bautista tiene la misión de preparar la venida del Señor y se presenta predicando la necesidad de la conversión y de hacer penitencia para recibir al Mesías. Además, exhortaba a someterse al rito de su bautismo, que prefiguraba las disposiciones para recibir el Bautismo cristiano: fe en Cristo, fuente toda gracia, y apartamiento del pecado. El reconocimiento humilde de los pecados por parte de los que acudían al Precursor disponía a recibir la gracia de Cristo por el Bautismo en el Espíritu y el fuego. En otras palabras, el bautismo de Juan no producía justificación (no limpiaba el alma de los pecados), mientras que el Bautismo cristiano perdona los pecados y da la gracia santificante.

¿Por qué se bautizó Jesús? Sin tener mancha alguna que purificar, Jesucristo quiso someterse al rito del bautismo de Juan. Al hacerse hombre, se sujetó a las leyes que regían en el pueblo elegido por Dios para preparar la venida del Mesías. Los Santos Padres comentan que el Señor fue a recibir el bautismo de Juan para darnos ejemplo de humildad, para ser conocido por todos, para que todos creyeran en Él y para dar fuerza vivificante al agua del Bautismo. El Señor deseó ser bautizado para proclamar con su humildad lo que para nosotros era necesidad (San Agustín). Además, con el bautismo de Jesús en el Jordán quedó preparado el Bautismo cristiano, que fue directamente instituido por Jesucristo, e impuesto como ley universal.

El Bautismo es necesario para la salvación de todos aquellos a quienes el Evangelio ha sido anunciado y han tenido la posibilidad de pedir este sacramento. Cuando Cristo, momentos antes de su Ascensión, envió a los Apóstoles a ir por todo el mundo para que predicasen el Evangelio, les dijo: El que creyere y fuere bautizado se salvará (Mc 16, 16).

Revelación del misterio trinitario. Se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios que descendía en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz desde los cielos dijo: “Éste es mi Hijo, el amado, en quien me he complacido”. Cuando Nuestro Señor fue bautizado por Juan en el Jordán se reveló el misterio de la Santísima Trinidad: el Hijo, que recibe el Bautismo; el Espíritu Santo, que desciende sobre Él en figura de paloma; y la voz del Padre, que da testimonio de la persona de su Hijo. La Iglesia bautiza en el nombre de las tres divinas Personas.

Los hombres, al recibir el Bautismo, quedan consagrados por la invocación y virtud de la Trinidad Beatísima. El abrirse de los cielos significa que la fuerza de este Sacramento, su eficacia, viene de arriba, de Dios, y que por él queda expedita a los bautizados la vía del Cielo. Los compromisos bautismales se viven contemplando el rostro de Cristo, a la vez que se escuchan las palabras del Padre y se recibe el amor que nos viene del Espíritu Santo.

Preguntas y respuestas

¿Qué es la Historia Sagrada?

En primer lugar hay que decir que Historia es la narración verídica y ordenada de los acontecimientos pasados y dignos de memoria, sean públicos o privados. Dicho esto, Historia Sagrada, tomada en su acepción más amplia, es la narración de los acontecimientos que prepararon, acompañaron y siguieron la venida de Nuestro Señor Jesucristo. Comprende, pues, la Historia del pueblo de Dios, la vida de Jesucristo y la Historia de la Iglesia.

En un sentido más estricto y concreto, se entiende por Historia Sagrada la narración de los hechos relatados en la Biblia.

En la Historia Sagrada se distinguen dos edades. En la primera, Dios va preparando el gran misterio de la redención del género humano; en la segunda, lo realiza por medio de su Hijo, Jesucristo.

¿Qué es la Biblia?

La palabra Biblia procede del griego, y significa: libros. La Biblia es el conjunto de los Libros Sagrados, que son setenta y tres. Se llaman Libros Sagrados porque han sido escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo. Por tanto, tiene a Dios como autor principal. La Biblia contiene doctrinas sublimes, a veces difíciles de entender y de interpretar. Por eso Dios ha confiado a la Iglesia la misión de explicar y comentar estos Libros Sagrados. La Iglesia está asistida por el Espíritu Santo para esta misión. También es conocida la Biblia como la Sagrada Escritura.

¿Y qué es la Historia de la Salvación?

Es la historia de los acontecimientos ocurridos en las relaciones de Dios con el hombre. Unos hechos muy concretos, que por la voluntad salvífica de Dios y por la respuesta libre del hombre han acontecido del modo que narra la Sagrada Escritura. Habiendo pecado Adán, que trajo consigo la ruina del hombre, Dios infinitamente sabio y misericordioso, quiso llevar a cabo la redención del mundo, y al llegar la plenitud de los tiempos, envió a su Hijo, nacido de mujer para que recibiésemos la adopción de hijos. El cual, por nosotros los hombres y por nuestra salvación, descendió de los cielos y por obra del Espíritu Santo se encarnó de la Virgen María.

 

 

Las Bienaventuranzas

En la catequesis que asistí para mi Primera Comunión hacían a los niños aprender las ocho Bienaventuranzas, pero yo nunca conseguí aprenderlas de memoria. Tampoco ahora sabría decirlas. ¿Tan importantes son las Bienaventuranzas en las enseñanzas de Jesús?

Para que refresques tu memoria, te cito en primer lugar las ocho Bienaventuranzas que están en Evangelio según san Mateo.

Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia..

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los que padecen persecución por ser justos, porque de ellos es el Reino de los cielos (Mt 5, 3-10).

Claro que son importantes para nosotros las Bienaventuranzas. Las Bienaventuranzas son como el centro de la predicación de Jesús; recogen y perfeccionan las promesas de Dios hechas a partir de Abraham. Dibujan el rostro mismo de Jesús, y trazan la auténtica vida cristiana, desvelando al hombre el fin último de sus actos: la bienaventuranza eterna (Compendio, n. 360).

El espíritu de las Bienaventuranzas consiste en tener una firme decisión de amar a Dios y a nuestros prójimos en todas las circunstancias de la vida, aun en las más difíciles. El premio que anuncia Jesús en las Bienaventuranzas es la felicidad plena y eterna con Dios en el Cielo. Las Bienaventuranzas responden al innato deseo de felicidad que Dios ha puesto en el corazón del hombre, a fin de atraerlo hacia Él, el único que lo puede satisfacer (Compendio, n. 361).