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El sacremento de la Penitencia y la parábola del hijo pródigo

Es Jesús quien -de manera especial en la parábola del hijo pródigo- nos hace comprender que el pecado es ofensa al amor del Padre, cuando describe el desprecio ultrajante de un hijo hacia la autoridad y la casa de su padre. Son muy trsites las condiciones de vida a las que se reduce el hijo: se reflejan las situación de Adány sus descendientes después del primer pecado. Pero el gran don que Jesús nos hace con su parábola es la revelación consoladora y confortante del amor misericordioso de un Padre que permanece con los brazos abiertos, en espera de que vuelva el hijo pródigo, para apresurarse a abrazarlo y perdonarlo, borrando todas las consecuencias del pecado y celebrando en su honor la fiesta de la vida nueva. ¡Cuánta esperanza ha encendido en los corazones! ¡Cuántos retornos a Dios ha facilitado, a lo largo de los siglos cristianos, la lectura de esta parábola, referida por Lucas, quien con plena razón ha sido definido “el escribano de la mansedumbre de Cristo” (scriba mansetudinis Christi)! El sacramento de la penitencia pertenece a la revelación que Jesús nos hizo del amor y de la bondad paterna de Dios.

(San Juan Pablo II, Alocución 15.IV.1992)

La confesión

Para tomar la decisión de vivir como cristiano, es una equivocación esperar, dejándola siempre para más adelante. Quien se mete en el camino del después desemboca en el sendero del nunca. Conozco a alguno que parece haber convertido la vida en una perpetua “sala de espera”. Llegan y parten los trenes y él dice: “¡Saldré otro día! ¡Me confesaré al final de mi vida!”. Del “valiente Anselmo” decía Visconti-Venosta: Pasa un día, pasa otro / nunca vuelve el valiente Anselmo. Aquí tenemos todo lo contrario: Un Anselmo que no parte nunca. Supongamos que hay una guerra. El enemigo avanza destruyendo todo y asesinando en masa. Todos escapan: los aviones, los coches, los trenes son tomados al asalto.

¡Ven -le grito yo a Anselmo-, todavía queda un puesto en el tren , sube rápido!

Y él: –Pero ¿es cierto que el enemigo me hará papilla si me quedo aquí?

-¡Cierto no, podría perdonarte, podría suceder también que antes de su llegada pasase otro tren. Pero son posibilidades lejanas y se trata de la vida. Esperar todavía más es una imprudencia temeraria!

-¿No podré convertirme también más tarde?

-¡Ciertamente, pero será quizá más difícil que ahora. Los pecados repetidos se convierten en hábitos y en cadenas, que son más difíciles de romper. Ahora, corre, por favor!

(Cardenal Albino Luciani)

Confesión sacramental

Se presentó cierto día a los pies de san Felipe de Neri un pobre joven extraviado hacía tiempo en una vida disoluta, y pidió confesarse. El santo lo acogió con su acostumbrada caridad, y oída la acusación de sus miserias le absolvió, poniéndole como penitencia que apenas hubiera recaído en sus torpezas volviese a confesarse. El joven prometió sinceramente hacerlo; y habiendo caído presto, cumplió su promesa, presentándose enseguida al santo. Éste le absolvió de nuevo, imponiéndole la misma penitencia y exhortándole a cumplirla fielmente. Fue el joven tan dócil, que habiendo recaído de nuevo, tornó otra vez a confesarse. Así siguió por algún tiempo; las recaídas, sin embargo, eran raras… hasta que por fin consiguió corregirse del todo y llegó a ser muy ejemplar y virtuoso.

(*****)

Del diario de un joven: Estoy triste; solo, sin Dios en mi alma. Necesito confesarme, pero no me atrevo. Me da vergüenza. Intento luchar, pero no puedo. Siento un peso enorme. Quizás vaya mañana. Sí, de mañana no pasa. Aun así no me quedo tranquilo. Sé que debo hacerlo ahora. ¿Seré capaz? ¿Podré vencer? Señor, te necesito; quiero conseguirlo pero me cuesta; dame fortaleza. Parece que poco me voy decidiendo. Alguien me anima por dentro: “¡Vence!” “¡Tú puedes!” Voy a dejarlo todo. Iré a confesarme. Son las nueve de la noche. Por fin me he confesado. Tengo una alegría enorme. Pienso que hoy debo aprender una lección importante: jamás caeré en la trampa de mi cobardía o de mi vergüenza. Confesaré semanalmente.

La fuerza del sacramento de la Confirmación

En 1964 se publicó un libro que reunía 350 testimonios de sacerdotes que contaban cómo habían llegado al sacerdocio. Uno, de cincuenta y seis años de edad y treinta de ministerio sacerdotal, escribió: El día de la confirmación, cuando yo tenía once o doce años, el obispo dijo en la homilía: “Quizás entre los niños aquí presentes haya algunos a quienes podré imponer las manos una segunda vez, para que sean sacerdotes”. Quedé tan afectado por esta frase del obispo, que fue para mí como la voz de Cristo. Aquellas palabras no me abandonaron. La tarde de aquel día en que recibí la Confirmación estaba en el campo, contemplando a las vacas, y aun hoy sería capaz de señalar el lugar donde escuché la frase que había oído por la mañana. Quedé prendido por la voz de Cristo. Y fue el mismo obispo quien me impuso las manos por segunda vez, para ordenarme sacerdote. Fue su última ordenación.

Ésta es la fuerza del sacramento de la Confirmación, que proviene de la Sangre de Cristo.

Examen de conciencia para la Confesión (Niños)

Examen de conciencia para la Confesión (niños)

¿He faltado a Misa los domingos o fiestas de precepto sin causa justificada?

En España, las fiestas de precepto son:

1 de enero:                  Santa María, Madre de Dios

6 de enero:                  La Epifanía del Señor

19 de marzo:               San José

25 de julio:                 Santiago Apóstol

15 de agosto:              La Asunción de la Virgen María a los Cielos

1 de noviembre:          Todos los Santos

8 de diciembre:           La Inmaculada Concepción

25 de diciembre:         La Natividad del Señor

A estas fiestas hay que añadir las fiestas de precepto locales. Por ejemplo, San Isidro en Madrid.

Quien falta a Misa algún domingo o fiesta de precepto por pereza, por desgana, por no querer ir, por anteponer otra actividad (deporte, diversión, celebración de cumples, deberes escolares, estudio…), o sencillamente, porque pasa de la Iglesia, comete pecado mortal, porque la obligación de asistir a Misa en los domingos y fiestas de precepto es grave. Ahora bien, si uno no puede ir por estar enfermo o porque la iglesia está bastante lejos de su casa, o cualquier otro motivo justificado que le impide asistir a Misa, no comete ningún pecado, ni tiene obligación de oír la Misa por la radio o de seguirla por la televisión, pero es muy aconsejable hacerlo.

¿Me he portado mal en Misa o he distraído a los demás?

En Misa, además de asistir con la compostura adecuada -el propio de un lugar sagrado- hay que estar atento. Si viene alguna distracción involuntaria, hay que procurar reaccionar pronto y volver a prestar atención, pero no hay pecado alguno. Sin embargo, si la distracción es consentida y de larga duración, sí hay pecado. Y un detalle de la urbanidad de la piedad es ir bien vestido, y no con ropa de deporte (chándal, bañador, bermudas, camiseta deportiva…).  

¿He jurado?

Cuando se jura con mentira, el pecado es grave. Si se jura con verdad, pero sin necesidad, el pecado es leve.

¿He empleado expresiones irreverentes en el hablar?

Por ejemplo, es una expresión irreverente emplear la palabra hostia como sinónimo de bofetada.

¿He obedecido a mis padres?

¿He contestado mal a mis padres o me he enfadado con ellos?

¿He tratado con cariño a mis abuelos, a mis cuidadores…?

¿Me he peleado o discutido acaloradamente con mis hermanos?

¿He sido perezoso y comodón en mi casa?

Hay que ayudar en casa, haciendo bien los encargos que uno tiene. También hay que ser ordenado, sin dejar las cosas por medio. Todo desorden supone un mayor trabajo para las madres, pues ellas son las que ordenan lo que los hijos no recogen o dejar desordenadamente.

¿He faltado el respeto a los profesores y compañeros?

Los motes siempre están sobrando, pues no facilitan el compañerismo que debe haber en cualquier centro escolar. Además, molestar a un compañero reiteradamente es una falta de caridad, y más, si se le hace la vida imposible con burlas en el colegio.

¿He comido lo que me han puesto o, por el contrario, he desperdiciado comida por dejarla en el plato sin comerla?

¿He sido glotón comiendo o bebiendo más de la cuenta?

¿He sido egoísta en el uso de las cosas que tengo, sin compartirlas con mis hermanos y hermanas, y con los amigos?

¿Me he enfadado con alguien o he hecho enfadar a otros?

Además de los enfados, están las peleas. Si uno se ha peleado con un compañero de clase -o con otra persona (vecino, conocido…)- y le ha producido daños físicos, hay que decirlos en la confesión.

¿He procurado hacer las paces después de una pelea o discusión acalorada?

Hay que perdonar siempre, sin guardar ningún rencor. Por supuesto, no hay que tener deseos de venganza. No está bien decir: ése me las pagará, o se va a enterar lo que es bueno por la paliza que le voy a dar.

¿Aprovecho bien el tiempo de estudio, haciendo los deberes escolares y estudiando con intensidad?

¿Me he distraído en clase por no poner la debida atención, por mirar a todos los lados con curiosidad, por hablar con el compañero de pupitre, etc.?

¿He molestado a mis hermanos -o compañeros- cuando estaban estudiando o haciendo sus deberes, distrayéndoles o interrumpiéndoles?

Hay que respetar el estudio de los demás. Y si le podemos ayudar a estudiar y a hacer sus tareas, mejor que mejor.

¿He hecho daño a alguien con insultos o con mis acciones?

Cuando se ha insultado hay que decir al confesor si han sido insultos graves o leves. No tiene la misma gravedad el decirle a uno que está atontado que decirle que es hijo de mala madre. También tienen distinta gravedad según las personas que han sido insultadas. Por ejemplo, insultar a los padres es más grave que insultar a un compañero de clase, aunque esto último tampoco está bien.

¿He pedido perdón después de ofender a una persona?

¿He abusado de la confianza de alguien?

¿He leído libros o revistas malas, o he mirado fotografías poco adecuadas?

Las fotografías a las que se refieren esta pregunta -y que son calificadas de poco adecuadas– son fotografías que nunca jamás verían Jesucristo y su Madre, la Virgen María. No es preciso que se especifique más. Y decir libros o revistas malas es lo mismo que decir publicaciones inmorales.

¿Me he metido en páginas de Internet de las que no quisiera que mis padres se enteraran que las he visto, aunque sólo haya sido por curiosidad?

¿He tenido conversaciones sobre temas impuros?

Si así hubiera sido, el penitente (la persona que se confiesa) debe decir en la confesión si esas conversaciones las he iniciado él, o más bien, ha participado en ellas una vez ya empezadas. Cuando un grupo de compañeros hablan de cosas impuras, lo que hay que hacer es irse y no participar en la conversación.

¿He hecho algún acto impuro o algo sucio?

¿He empujado o incitado a los demás (amigos, hermanos, compañeros) a cometer algún pecado?

En caso de que la respuesta sea afirmativa, hay que decir el tipo de pecado que     es.

¿He robado alguna cosa o algo de dinero?

Cuando uno se confiesa que ha robado tiene que decir lo qué ha robado. Si la cosa es valiosa, el pecado es grave, al igual de si se ha robado una cantidad de dinero apreciable. También se debe manifestar a quién ha robado. No tiene la misma gravedad robar algo a un pobre que un rico, pero si la cantidad robada es grande es pecado mortal tanto si se le ha robado a uno con mucho dinero como si la persona a la que se le ha robado no tiene casi nada. Además, el pecado de robo, para que se perdone hay que devolver lo robado, siempre que sea posible.

¿He hecho trampas en los juegos?

¿Me he negado a pagar mis deudas?

¿He devuelto las cosas que me han prestado (por ejemplo, libros)?

¿He gastado más de lo que debía?

Hay que procurar no gastar dinero innecesariamente. A veces compramos cosas por capricho o por vanidad, sin que las necesitemos.

¿He ido con malas compañías, es decir, con amigos o compañeros o vecinos del barrio que me llevan a hacer cosas malas y pecaminosas?

¿He tenido envidia de mis compañeros o vecinos porque tienen cosas que yo no tengo y me gustaría tener?

No hay que confundir el deseo de tener una cosa que otro tiene con la envidia. Lo primero no es malo, pero la envidia, sí. ¿Y qué es entonces la envidia? Se entiende por envidia, que es uno de los siete pecados capitales, el disgusto o tristeza que se experimenta ante el bien del prójimo. Por ejemplo, si un amigo tiene una bicicleta, el desear tener una bicicleta como la tiene él no es malo. Sí es malo ponerse triste y estar pesaroso y de mal humor porque el amigo sí tiene una bicicleta.

¿He sido codicioso, queriendo tener muchas cosas?

La codicia es el deseo vehemente de poseer riquezas, u otros bienes materiales. Por tanto, si se quiere tener una cosa, para que haya codicia debe desearse esa cosa con vehemencia, de forma un poco irracional.

¿He tenido malos pensamientos, dándole vuelta a esos pensamientos impuros en mi cabeza?

Los malos pensamientos a veces vienen a la cabeza sin que uno los quiera. Entonces, si se rechazan no hay pecado. Es una tentación que ha sido vencida. Por tanto, no comete pecado alguno, antes bien adquiere mérito para el Cielo, quien, si, al darse cuenta de que el pensamiento es malo, procura apartarlo, no entreteniéndose en él.

¿He dado limosna de acuerdo con mis posibilidades?

Una persona no está obligada a dar limosna cada vez que un mendigo le pide dinero, pero sí está obligada a vivir la caridad. Por tanto, si uno nunca ayuda a nadie -no es caritativo-, no está viviendo el mandamiento nuevo del Señor, que es el amor al prójimo.

¿He comulgado sabiendo que estaba en pecado mortal?

Cuando uno sabe que no está en gracia de Dios, es decir, que tiene uno o varios pecados mortales, si quiere recibir la comunión, antes de comulgar tiene que confesarse. Comulgar con el alma manchada de pecado mortal es un pecado muy grave, que se llama sacrilegio. También es muy conveniente prepararse bien para recibir al Señor en la comunión. Por tanto, hay que evitar la rutina cuando se comulga, o hacerlo sin la debida preparación.

¿He recibido la comunión sin haber guardado el ayuno eucarístico?

El ayuno eucarístico consiste en no tomar ningún alimento (sólido o líquido) una hora antes de comulgar. El agua no rompe el ayuno eucarístico.

¿He dejado de decir algún pecado mortal por vergüenza en la última confesión que hice?

Quien calla algún pecado mortal en la confesión porque le da vergüenza decirlo comete un pecado muy grave, llamado también sacrilegio. Además, no se le perdona ningún pecado, sino que sale del confesonario con un pecado más.

¿He leído libros, folletos o revistas que dicen cosas contra la religión católica?

Cualquier escrito que ataque a la Iglesia católica y la fe cristiana, o que ridiculice a los creyentes y las prácticas de piedad de los católicos no se puede leer, porque se pone en peligro la propia fe.

¿He dicho tacos y palabrotas?

Las palabrotas no son en sí pecados. Quien las dice demuestra tener poca educación, ser un mal educado. Pero si utilizamos esos tacos y palabrotas para insultar, ya sí que es pecado.

¿He sido perezoso?

La pereza es un pecado capital, y todos tenemos algo de pereza. En la confesión hay que decir en qué uno se ha dejado llevar por la pereza. No es lo mismo tardar en levantarse cinco minutos por pereza que no estudiar todo un trimestre por pereza. Las dos cosas son pereza, pero se ve que una es algo leve (lo primero) y la segunda incluso puede ser pecado grave.

¿He rezado mis oraciones habituales?

Tiene poco amor a Dios (o nada) -y por tanto, no se vive el primer mandamiento de la Ley de Dios- quien no reza nunca o reza poquito. Hay una costumbre muy buena de rezar al levantarse y antes de acostarse. Además, hay que procurar acordarse de Dios durante el día.

¿He dicho mentiras?

Toda mentira es pecado. Algunas mentiras (la mayoría) son leves, y no pasan de ser pecado venial. Pero si con mi mentira he causado un daño grave a otra persona o a una institución, entonces es pecado grave.

¿He acusado a los demás de cosas malas que no han hecho?

¿He contado los defectos de los demás sin motivo?

¿He revelado secretos sin causa justificada?

El secreto es el conocimiento de una verdad que debe mantenerse oculta. Una persona puede llegar a tener ciertos conocimientos de cosas o de personas que ni puede ni debe comunicar a terceras personas. Sin causa justa, es pecado revelar un secreto.

¿He hecho alguna otra cosa que me parezca mala?

 

 

 

 

 

Rito breve del Sacramento de la Penitencia

El penitente dice el saludo acostumbrado, Ave María purísima, por ejemplo, y se santigua.

El sacerdote dice la siguiente invovación: El Señor esté en tu corazón para que te puedas arrepentir y confesar humildemente tus pecados.

El sacerdote o el penitente pueden leer, o decir de memoria, algunas palabras de la Sagrada Escritura sobre la misericordia de Dios y el arrepentimiento, por ejemplo:  Señor, Tú lo sabes todo; Tú sabes que te amo.

El penitente se acusa de sus pecados. El sacerdote le da los consejos oportunos y le impone la penitencia. El sacerdote invita al penitente a manifestar la contrición.

El penitente puededecir, por ejemplo: Jesús, Hijo de Dios, apiádate de mí, que soy un pecador.

El sacerdote, extendiendo ambas manos o, almenos, la derecha sobrela cabeza del penitente, dice:  (Aquí pronuncia las palabras de la absolución).

La absolución termina diciendo: Vete en paz.

Examen de conciencia para la Confesión (adultos)

Examen de conciencia para la Confesión (adultos)

 

1. ¿He dudado de las verdades de la fe católica?

2. ¿He negado alguna verdad de fe?

3. ¿He hablado sin el debido respeto de Dios, de la Santa Iglesia o de los santos?

4. ¿He leído, visto o divulgado alguna publicación contraria a la fe católica?

5. ¿He hablado en plan de burla de las cosas y personas sagradas?

6. ¿He desesperado de mi salvación?

Por muy grande que sea el pecado no hay que desesperar de salvarse, porque Dios perdona los pecados, por muchos que sean -y aún los más graves-, si hay verdadero arrepentimiento y se acude al sacramento de la Penitencia.

7. ¿He abusado de la confianza en la misericordia de Dios para pecar tranquilamente?

8. ¿He practicado la superstición?

La superstición es una actitud irracional que atribuye a ciertos hombres (brujos, espiritistas, adivinos, hechiceros…), a objetos (talismanes, cartas, amuletos…), a hechos causales (caerse la sal, romperse un espejo, tener en la puerta de la casa una herradura, ver un gato negro…), la posibilidad de influir en el destino del hombre. Comete pecado el que cree que ciertos actos, palabras, números (especialmente, el trece), percepciones, etc. acarrean desgracia o felicidad, buena suerte o mala suerte, y los busca o los evita por esta razón. Es un pecado de excesiva credulidad.

9. ¿He hecho espiritismo?

El espiritismo es la creencia que sostiene que la persona humana se puede poner en comunicación con el mundo invisible de los espíritus. Asimismo es el arte de comunicarse con los malos espíritus (demonios) o con los difuntos, para conocer por medio de ellos las cosas ocultas. La Iglesia ha condenado estos procedimientos.

10.¿He hecho con desgana las cosas que se refieren a Dios?

Hacer con desgana las cosas referentes a Dios es un síntoma claro de tibieza. La tibieza es incompatible con el amor a Dios. Santo Tomás de Aquino la define como una cierta tristeza, por la que el hombre se vuelve tardo para realizar actos espirituales a causa del esfuerzo que comportan. Esta falta de prontitud en el amor sobreviene cuando el alma quiere acercarse a Dios con poco esfuerzo, sin renuncias, intentando hacer compatible el amor de Dios con cosas que no son gratas a Él. La persona tibia no ama a Dios sobre todas las cosas.

11.¿Me he puesto voluntariamente en ocasión de pecar?

Según enseña la Teología Moral: ponerse voluntariamente en ocasión de pecar, sin necesidad, es ya en sí mismo un pecado.

12.¿Cuándo he oído a alguien decir a alguien una palabra contra Dios -por ejemplo, una blasfemia-, he procurado rezar una oración de desagravio?

13.¿Pongo interés en el estudio de la doctrina cristiana?

La doctrina cristiana está en el Catecismo de la Iglesia Católica. Es conveniente, después de haberlo leído y estudiado, ir repasándolo.

14.¿Confieso mi fe cristiana, con valentía, en la vida pública o privada, o me avergüenzo de que sepan que soy cristiano?

15.¿Pertenezco a alguna sociedad o movimiento ideológico contrario a la religión?

16.¿Conozco y procuro practicar los mandamientos de la ley de Dios y de la Iglesia?

17.¿Me he enfadado con Dios cuando algo no me salió bien?

18.¿He dicho blasfemias?

La blasfemia es todo dicho, hecho o gesto injurioso a Dios, a sus santos o a la religión. Es siempre pecado grave.

19.¿He utilizado expresiones irreverentes en el hablar?

Por ejemplo, es una expresión irreverente emplear la palabra hostia como sinónimo de bofetada.

20.¿He dejado de cumplir culpablemente algún voto?

El voto es una promesa, premeditada y voluntaria, hecha a Dios, obligándose a una acción moralmente buena y no obligatoria.

21.¿He jurado con mentira?

Jurar es tomar a Dios por testigo de la verdad. Quien jura con mentira es como si dijese que Dios es mentiroso, pues le pone como testigo de algo que no es verdad. Por lo que jurar en falso es pecado grave.

22.¿He jurado con verdad, pero sin necesidad?

Jurar con verdad, pero sin necesidad es pecado venial.

23.¿He comulgado sin estar en gracia de Dios?

Cuando se tiene conciencia de pecado mortal, antes de comulgar hay que confesarse. Comulgar sin estar en gracia de Dios es un sacrilegio, es decir, un pecado muy grave.

24.¿He recibido la comunión sin haber guardado el ayuno eucarístico?

El ayuno eucarístico consiste en no tomar ningún alimento (sólido o líquido) una hora antes de comulgar. El agua no rompe el ayuno eucarístico.

25.¿He hecho alguna promesa a Dios y la he dejado sin cumplir?

26.¿Creo todo lo que enseña la Iglesia Católica?

27.¿He faltado a Misa algún domingo o fiesta de precepto por pereza, por desgana, por no querer ir, por anteponer otra actividad (deporte, deberes), porque paso de ir a Misa?

28.¿He impedido que asistan a Misa en día de precepto los que dependen de mí?

29.¿Me he distraído voluntariamente en la Misa?

30.¿Guardo el debido respeto cuando estoy en la iglesia?

A la iglesia vamos a rezar o asistir algún acto de culto. Es la casa de Dios y, por tanto, hay que vivir la urbanidad de la piedad. Esta piedad exige ir bien vestidos; guardar el silencio necesario para hablar con Dios; evitar el distraer a los demás fieles; no comer en el recinto sagrado.

31.¿He guardado el descanso dominical o, por el contrario he trabajado sin necesidad urgente en un día de precepto, en actividades que impiden el culto debido a Dios o el descanso necesario del espíritu y del cuerpo?

32.¿He hecho trabajar sin necesidad a mis subordinados en día de precepto?

33.¿Me he confesado al menos una vez al año?

Este precepto obliga cuando se tiene conciencia de haber cometido un pecado mortal.

34.¿He comulgado en el tiempo establecido para cumplir con el precepto pascual?

Todo fiel está obligado a recibir la Sagrada Comunión por lo menos una vez al año. Este precepto debe cumplirse durante el tiempo pascual, a no ser que por causa justa se cumpla en otro tiempo dentro del año.

35.¿He cumplido los días de ayuno y abstinencia?

El cuarto mandamiento de la Iglesia dice: Ayunar y abstenerse de comer carne cuando lo manda la Santa Madre Iglesia. Son días de ayuno y abstinencia el miércoles de ceniza y el viernes santo. Y de abstinencia sólo, todos los viernes del año. Pero en los viernes que no entran en el tiempo de cuaresma puede sustituirse la abstinencia según la libre voluntad de los fieles por algunas de estas cosas: la limosna (en la cuantía que cada uno estime en conciencia), obras de caridad (visita de enfermos o atribulados), obras piadosas (hacer el ejercicio del Vía Crucis, asistencia a la Santa Misa, rezo del Rosario, ir a visitar al Santísimo en alguna iglesia, lectura de la Biblia…) y mortificaciones corporales. La ley de la abstinencia obliga a los que han cumplido catorce años; la del ayuno, a todos los mayores de edad (18 años) hasta que hayan cumplido los cincuenta y nueve años.

36.¿He callado en la confesión por vergüenza algún pecado mortal?

Quien calla algún pecado mortal en la confesión por vergüenza comete un sacrilegio. Además, no se le perdona ningún pecado, sino que sale del confesonario con un pecado más.

37.¿Me he confesado alguna vez sin estar arrepentido de mis pecados o sin propósito de la enmienda?

Si no hay arrepentimiento no se perdonan los pecados. Lo mismo ocurre si no hay propósito de la enmienda. Por tanto, las confesiones sin arrepentimiento o sin propósito de la enmienda son malas.

38.¿He cumplido la penitencia que me impuso el confesor la última vez que me confesé?

39.¿Me he acercado indignamente a recibir algún sacramento?

Los sacramentos de la Confirmación, Eucaristía, Unción de enfermos, Orden sacerdotal y Matrimonio hay que recibirlos en estado de gracia. Si uno lo recibe en estado de pecado, lo recibe indignamente.

40.¿He obedecido a mis padres?

41.¿Manifiesto respeto y cariño a mis padres?

42.¿Me he peleado con mis hermanos?

43.¿He hecho sufrir a mis padres con mi conducta, mi soberbia, mi egoísmo o malos tratos?

44.¿Ayudo a mis padres en sus necesidades, enfermedad, ancianidad?

45.¿Me he dejado llevar por el mal genio y me enfado con frecuencia y sin motivo justificado?

46.¿He retirado la palabra con algún familiar?

47.¿Soy respetuoso con los profesores y otras personas mayores?

48.¿He desobedecido a mis superiores en cosas importantes?

49.¿Soy amable con los extraños y me falta esa amabilidad en mi casa, con mi familia?

50.¿He dado mal ejemplo a mis hermanos, amigos, compañeros y demás personas que me rodean?

51.¿He corregido con cólera o injustamente a las personas que dependen de mí?

52.¿Me preocupo de la formación religiosa y moral de mis hijos, y de las demás personas que viven en mi casa?

53.¿He fortalecido la autoridad de mi cónyuge, evitando reprenderle, contradecirle o discutirle delante de los hijos?

54.¿He reñido con mi cónyuge, con malos tratos de palabra o de obra?

55.¿Me quejo delante de la familia de la carga que suponen las obligaciones domésticas?

56.¿Tengo envidia?

57.¿He corregido a mis hijos en sus defectos o se los he dejado pasar por comodidad

58.¿He descuidado la natural vigilancia en las reuniones de chicos y chicas que se tengan en casa  evitando dejarles solos?

59.¿He impedido que mis hijos sigan la vocación con que Dios les llama a su servicio?

60.¿Me he opuesto al matrimonio de algún hijo sin causa razonable?

61.¿Tengo enemistad, odio o rencor contra alguien?

62.¿He hecho daño a otros de palabra o de obra?

63.¿Me burlo de algún compañero?

64.¿He insultado?

65.¿He maltratado a alguna persona?

66.¿Deseo el mal a alguien?

67.¿Evito que las diferencias políticas o profesionales degeneren en indisposición, malquerencia u odio hacia las personas?

68.¿He comido con gula?

69.¿Retraso el perdón o no quiero perdonar a alguien?

70.¿Frecuento compañías peligrosas que son ocasión próxima de pecado?

71.¿Me he emborrachado o bebido con exceso?

72.¿He tomado drogas?

Aquí hay que decir que todas las drogas son malas. También tomar las mal llamadas drogas blandas, como es el porro o las pastillas de diseño, es ofensa a Dios, pues dañan la salud y, además, es el inicio y el camino para consumir las drogas duras.

73.¿He practicado, aconsejado o facilitado el grave crimen del aborto?

74.Si he abortado o inducido a alguien a abortar, o he cooperado activamente en un aborto, ¿sabía que este gravísimo pecado lleva consigo la pena de excomunión?

75.¿Defiendo con entusiasmo y esfuerzo la vida humana?

76.¿He matado voluntariamente a alguien?

Hay causas que eximen de pecado el quitar la vida a otra persona, por ejemplo: la legítima defensa; la policía que se ve obligada a hacer uso de las armas en determinadas circunstancias para evitar un daño grave como puede ser la liberación de unos rehenes que están amenazados de muerte por sus secuestradores; el soldado que interviene en una guerra justa.

77.¿He causado la muerte a otra persona por imprudencia por mi parte)

78.¿He aconsejado o colaborado en la eutanasia?

79.¿He pedido que se me aplicara la eutanasia?

80.¿He atentado contra mi vida?

81.¿Me he deseado la muerte sin someterme a la Providencia divina?

82.¿He descuidado la salud?

83.¿He comido con exceso o, por el contrario, me he puesto en riesgo de enfermar por comer poco?

84.¿He sido imprudente en deportes arriesgados?

85.¿He practicado la violencia en el deporte?

86.¿He puesto en peligro mi vida y la de otras personas por imprudencia?

La conducción temeraria es pecado porque se pone el peligro la vida ajena y la propia. Y conducir con alguna copa de más, también entra dentro de la conducción temeraria.

87.¿He incitado a otros a pecar?

Quien incita a otros a pecar es también responsable de los pecados que éstos cometen.

88.¿Tengo amistades que me incitan al pecado?

89.¿He sido causa de que otros pecasen por mi conversación, por prestar algún libro o revista inmoral, por enseñar alguna fotografía pornográfica, por invitar o aconsejar ver alguna película o vídeo indecente, por indicar cómo llegar a una página porno de internet, por mi falta de pudor, es decir, por exhibicionismo o por mi manera de vestir?

Con relación a la vida sexual, se denomina pudor la vergüenza o recato en exhibir todo lo relacionado con el sexo. Es una virtud que preserva la intimidad de la persona, protegiendo el misterio de su amor y ordenando las miradas, los gestos y las palabras.

90.Si he escandalizado, ¿he tratado de reparar el escándalo?

El escándalo (así se llama el inducir a otros a pecar, ya sea de palabra, acción u omisión, malas en sí o en apariencia) es pecado aunque los otros no lleguen a cometerlo. Este pecado de escándalo para que se perdone, además de confesarlo, hay que repara el daño causado, es decir, hablar con las personas a quienes se incitó a pecar diciéndoles que lo hecho es pecado y aconsejándoles a que se arrepientan y se confiesen.

91.¿He hablado (o tenido conversaciones) de temas impuros, o contado (o escuchado) chistes verdes, subidos de tono?

92.¿He aceptado pensamientos, deseos o recuerdos impuros?

93.¿Me he entretenido en miradas impuras?

94¿He rechazado las sensaciones impuras?

95.¿He realizado actos impuros?

96.¿He hecho actos impuros con otras personas?

97.Si he hecho actos impuros con otra  persona, ¿era ésta del mismo o distinto sexo?

98.¿Había algún agravante en esos actos impuros hechos con otras personas?

Los agravantes pueden ser si esas personas eran parientes (incesto), menores de edad (pederastia), consagradas (sacrilegio), casadas (adulterio). Otra agravante es si ha sido una violación. En la confesión hay que decir los pecados en su especie ínfima y las circunstancias que los agravan. No tiene la misma gravedad el pecado solitario (masturbación) que la relación sexual de personas de distinto sexo (fornicación): ésta es más grave; y mayor gravedad tienen los actos homosexuales. Las circunstancias pueden ser, entre otras, como se ha acaba de decir: si la otra persona es más pequeña y se le ha quitado la inocencia, si hay algún parentesco con ella.

99.Si he tenido relaciones sexuales con persona del otro sexo, ¿hice algo para impedir las consecuencias de esas relaciones?

100.¿He usado indebidamente el matrimonio, cegando las fuentes de la vida?

Las prácticas anticonceptivas son pecaminosas. En concreto, se ciega las fuentes de la vida usando preservativos, píldoras, dispositivos u otros procedimientos que desnaturalizan o interrumpen el normal desarrollo del acto matrimonial o sus consecuencias. Además, hay que tener presente que muchos de esos dispositivos -por ejemplo, el DIU- y píldoras llamados anticonceptivos son en realidad abortivos. También el coito interrumpido (onanismo) es ofensa a Dios.

101.¿Me he sometido a una operación quirúrgica de esterilización?

Por ejemplo, en la mujer, la ligadura de trompas; y en el hombre, la vasectomía.

102.¿Soy generoso en la transmisión de la vida?

103.¿He practicado desviaciones sexuales en la vida matrimonial?

Prácticas desviadas deshonrosas como el coito anal y coito bucal.

104.¿Acepto y vivo conforme a la dignidad del sexo y del amor humano, al plan de Dios que recoge la doctrina de la Iglesia en esta materia?

105.¿Aconsejo a personas casadas prácticas anticonceptivas?

106.¿He influido de alguna manera -consejos, bromas o actitudes- en crear un ambiente antinatalista?

107.¿He negado el débito conyugal sin causa justificada a mi cónyuge?

108.¿He hecho uso del matrimonio solamente en aquellos días en que no puede haber descendencia sin razones graves?

109.¿He participado en juegos inmorales que, además de manchar mi alma, han podido llevar a otros a ofender a Dios?

110.¿Me he puesto conscientemente en peligro de pecar: participando en diversiones pecaminosas, leyendo lecturas inmorales, asistiendo a espectáculos indecentes, navegando por las páginas pornográficas de internet?

111.Antes de asistir a un espectáculo, o de ver una película o un programa de televisión, o de leer un libro ¿me entero de su calificación moral?

112.¿Guardo la debida prudencia en el noviazgo para evitar toda ocasión de faltar a la castidad?

113.¿He sido perezoso en el cumplimiento de mis deberes profesionales (estudiar o trabajar)?

114.¿Retraso con frecuencia el momento de ponerme a estudiar (o trabajar)?

115.¿Estudio con intensidad desde el comienzo del curso, sabiendo que es la obligación que tengo?

116.¿He robado?

117.Si he robado, ¿había alguna circunstancia que lo agravase, por ejemplo, que se tratase de un objeto sagrado?

Otras circunstancias: si la persona a la que se le ha robado es pobre; si es una cantidad elevada; si el objeto robado es valioso o tenía un valor sentimental para su dueño.

118.¿He cooperado con otros en algún robo o hurto?

119.¿He retenido alguna cosa ajena contra la voluntad de su dueño?

120.¿He engañado a otros cobrando más de lo debido?

121.¿He retribuido con justicia el trabajo de los demás?

122.¿He retenido o retrasado indebidamente el pago de jornales o sueldos?

123.¿He perjudicado a los demás con engaños, trampas o coacciones en los contratos o relaciones comerciales?

124.¿He cogido dinero a mis padres o cosas de mis compañeros que no son mías?

125.En caso de haber robado, ¿he devuelto lo robado o reparado el daño causado?

El pecado de robo se perdona en la confesión siempre que hay propósito de devolver lo que se ha robado.

126.¿He pagado los impuestos justos?

127.¿He sobornado o cooperado en el soborno?

128.¿He exigido injustamente un dinero para agilizar un trámite administrativo?

129.En el desempeño de cargos o funciones públicas, ¿me he dejado llevar del favoritismo, acepción de personas, faltando a la justicia?

130.¿Cumplo fielmente mis deberes sociales: impuestos, seguros y votaciones?

131.¿Reacciono como cristiano contra abusos e injusticias que perjudican a los más débiles?

132.¿He malgastado el dinero?

133.¿Doy limosna según mi posición?

134.¿Me quejo cuando no tengo lo que necesito?

135.¿Tengo cosas superfluas o que no uso?

136.¿He prestado mi apoyo a programas de acción social y política inmorales y anticristianos?

137.¿He votado a partidos políticos que promueven leyes contrarias a la Ley de Dios?

138.¿He dicho mentiras?

139.En caso de haber mentido, ¿he reparado el daño que haya podido seguirse de mis mentiras?

140.¿He violado la intimidad de otros, leyendo su correspondencia?

141.¿He hecho juicios temerarios contra el prójimo?

142.¿He descubierto, sin causa justa, defectos graves de otras personas?

143.¿He dado a conocer secretos?

El secreto es el conocimiento de una verdad que debe mantenerse oculta. Una persona puede llegar a tener ciertos conocimientos de cosas o de personas que ni pueden ni deben comunicar a terceras personas. Sin causa justa, es pecado revelar un secreto.

144.¿He hablado mal de otras personas?

145.¿He pensado mal de otros?

146.¿He calumniado?

La calumnia consiste en atribuir a otros pecados y acciones malas que no han cometido. Normalmente, esta acusación falsa es hecha maliciosamente para causar daños. Es pecado, que puede ser venial o mortal según los casos. La calumnia exige reparación.

147¿He hecho uso en provecho personal de lo que sabía por silencio de oficio?

148.¿Soy ejemplar en mi trabajo?

149.¿Vivo la puntualidad en mi horario de trabajo?

150.¿Acabo bien mi tarea, evitando hacer chapuzas?

151.¿Utilizo cosas de la empresa en provecho propio, faltando a la justicia?

152.¿Estoy dispuesto a sufrir una merma en mi reputación profesional antes de cometer o cooperar formalmente en una injusticia o en el mal ajeno?

153.¿Conozco y vivo en coherencia con la doctrina social de la Iglesia?

154.¿Me preocupo de influir -con naturalidad y sin respetos humanos- para hacer más cristiano el ambiente a mi alrededor?

155.¿Soy consciente de que Dios es mi Padre y procuro agradarle en todo?

156.¿Doy gracias a Dios en mis oraciones por todo el bien que he recibido de Él?

157.¿Sé defender a Cristo y a la doctrina de la Iglesia?

158.¿Hago el propósito decidido de plantearme más en serio mi formación cristiana y mis relaciones con Dios?