Archivo de la categoría: Vida de Jesús

Preguntas sobre la infancia de Jesucristo

¿Me puedes decir cuáles son las principales de estas profecías?

Estaba escrito que el Mesías sería descendiente del rey David. Dios prometió a David: Suscitaré de ti un descendiente tuyo, salido de tus entrañas, y consolidaré su realeza; su reino durará para siempre. Yo seré para Él un padre y Él será para mí un hijo (2 S 7, 12-14). El profeta Miqueas afirmó que Belén sería el lugar del nacimiento del Mesías: Y tú Belén, pequeña entre las ciudades de Judá, de ti saldrá un jefe que apacentará a mi pueblo, Israel (Mi 5, 1). Isaías anunció que nacería de una virgen y que sería verdadero Dios: He aquí que una virgen da a luz un hijo y le llama Enmanuel, que significa Dios con nosotros (Is 7, 14). Este mismo profeta predijo los milagros que realizaría: Dios mismo vendrá y os salvará. Entonces verán los ciegos, oirán los sordos, andarán los cojos y hablarán los mudos (Is 35, 4-6). Daniel, con la profecía de las setenta semanas, indicó el año que nacería Cristo. El rey David contó detalles de la Pasión de Jesús: Traspasaron mis manos y mis pies, contaron todos mis huesos. Se dividieron mis vestidos y echaron suertes sobre mi túnica (Sal 21, 17-19).

La Pasión del Señor fue descrita seiscientos años antes que ocurriera por el profeta Isaías, en el canto llamado Siervo de Yavé, que está en el capítulo 53 del libro de Isaías. Este canto se le ha llamado la Pasión según Isaías. Los rasgos del Siervo de Yavé descritos por el profeta coinciden sorprendentemente con los del Mesías Salvador según el relato de la Pasión que hacen los evangelistas. Isaías escribió: Mirad, mi siervo tendrá éxito… Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado por los hombres, como varón de dolores, acostumbrado al sufrimiento, ante el cual se oculta el rostro; despreciado y desestimado… El Señor cargó sobre él nuestros crímenes. Maltratado voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca… Fue puesto entre los malhechores y ha tomado sobre sí los pecados de todos.

También estaba profetizada su estancia en Egipto: Cuando Israel era niño, Yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo (Os 11, 1); su entrada triunfal en Jerusalén: Regocíjate, hija de Sión, grita de júbilo, hija de Jerusalén, mira, tu rey viene hacia ti, es justo y victorioso, montado sobre un asno, sobre un borrico, cría de asna (Za 9, 9); y que sería vendido por treinta monedas de plata: Yo les dije: -Si os parece bien, dadme mi paga, y si no, dejadlo. Ellos pesaron mi paga: treinta siclos de plata. Me dijo el Señor: -Echa en el tesoro el valioso precio con que he sido tasado por ellos. Tomé los treinta siclos de plata y los eché en el tesoro del Templo del Señor (Za 11, 12-13).

Y el último de los profetas, san Juan Bautista, lo anunció y lo señaló como el Mesías que ya había llegado: He aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Jn 1, 29).

Preguntas sobre la infancia de Jesucristo

¿Hay en los Evangelios datos por los que podemos saber que Jesucristo era Dios?

En los Evangelios hay una serie de datos que muestran que Jesús quiso dejar claro que Él era Dios. Se presentó muchas veces como Dios, igual al Padre. Una de las cosas que dijo fue: El que me ve a mí, ve al Padre (Jn 14, 9), hasta el punto de hacer esta afirmación inaudita: Yo y el Padre somos una sola cosa (Jn 10, 30). Afirmó tener poder para perdonar los pecados, que sólo Dios posee. Aceptó la adoración, que sólo se debe a Dios. Interpretó y aclaró lo que Dios quiso decir en la Ley. También dijo que juzgaría a todos los hombres y mujeres al final del mundo. Además, sus obras manifiestan que Él es Dios. Así, por ejemplo, todos los milagros que realizó. El mayor de los milagros fue su propia resurrección. El mismo Jesús había dado como argumento máximo de su condición de Mesías el dato de que resucitaría al tercer día después de muerto, hecho que Él había anunciado numerosas veces. También es prueba de la divinidad de Cristo el cumplimiento en él de las profecías mesiánicas.

Preguntas sobre la infancia de Jesús

Fue entonces cuando Herodes mató a los Inocentes…

Efectivamente. Entonces Herodes, al ver que los Magos le habían engañado, se irritó en extremo y mandó matar a todos los niños que había en Belén y toda su comarca, de dos años para abajo, con arreglo al tiempo que cuidadosamente había averiguado de los Magos (Mt 2, 16). La Iglesia ha visto en estos niños a los primeros mártires que dan su vida por Cristo. El martirio obró en ellos la misma gracia que confiere el Bautismo.

Santo Tomás de Aquino se preguntó: Puesto que no podían hacer uso de su libertad, ¿cómo se puede decir que murieron por Cristo?, para responder así: Dios no hubiese permitido esa matanza si no hubiese sido útil a aquellos niños. San Agustín dice que dudar de que tal matanza fue útil a esos niños es lo mismo que dudar de que el Bautismo sea útil a los niños. Pues los inocentes sufrieron como mártires y confesaron a Cristo no hablando, sino muriendo.

Preguntas sobre la infancia de Jesucristo

Fue entonces cuando Herodes mató a los Inocentes…

Efectivamente. Entonces Herodes, al ver que los Magos le habían engañado, se irritó en extremo y mandó matar a todos los niños que había en Belén y toda su comarca, de dos años para abajo, con arreglo al tiempo que cuidadosamente había averiguado de los Magos (Mt 2, 16). La Iglesia ha visto en estos niños a los primeros mártires que dan su vida por Cristo. El martirio obró en ellos la misma gracia que confiere el Bautismo.

Santo Tomás de Aquino se preguntó: Puesto que no podían hacer uso de su libertad, ¿cómo se puede decir que murieron por Cristo?, para responder así: Dios no hubiese permitido esa matanza si no hubiese sido útil a aquellos niños. San Agustín dice que dudar de que tal matanza fue útil a esos niños es lo mismo que dudar de que el Bautismo sea útil a los niños. Pues los inocentes sufrieron como mártires y confesaron a Cristo no hablando, sino muriendo.

Preguntas sobre la infancia de Jesús

Has dicho que Herodes hizo una matanza de niños en Belén sin conseguir su objetivo de acabar con la vida de Cristo. ¿Cómo el niño Jesús se salvó de la muerte?

Dios, por medio de un ángel, avisó a san José que Herodes quería matar a Jesús, por lo que debía huir a Egipto. San José hizo lo que se le dijo. Él se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y huyó a Egipto (Mt 2, 14).

Preguntas sobre la infancia de Jesús

¿Pasó totalmente inadvertido el nacimiento de Cristo?

No. En Belén, un ángel anuncia a unos pastores el nacimiento del Salvador. Hoy os ha nacido, en la ciudad de David, el Salvador, que es el Cristo, el Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis a un niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre (Lc 2, 11-12). Los pastores acudieron al lugar donde nació Jesús. Al verlo, reconocieron las cosas que les habían dicho anunciadas acerca de este niño. Y todos los que escucharon se maravillaron de cuanto los pastores les habían dicho (Lc 2, 17-18).

También en Jerusalén tuvieron noticias del nacimiento de Jesucristo. Cuando unos Magos llegados de Oriente preguntaron: ¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle (Mt 2, 2), el rey Herodes el Grande reunió a los sabios de la Ciudad Santa y les interrogó dónde había de nacer el Mesías. Obtenida la respuesta, decidió acabar con la vida de Jesús, originando la matanza de los niños menores de dos años de Belén.

Además, en Oriente, los Magos supieron del nacimiento del Señor a través del estudio de los astros. Dios quiso valerse de una estrella para conducir hasta Cristo a los representantes de los gentiles, que habían de creer.

Si en la época de César Augusto hubiera existido la prensa diaria, quizá en algún periódico de Roma hubiera aparecido la siguiente noticia, no en primera plana, sino en pequeño recuadrito, con este titular: “Rumores sobre un milagroso nacimiento en Judea”: Belén, 1. Los rumores sobre el nacimiento de un niño excepcional, hijo de la tribu de David, continúan en esta pequeña aldea. El nacido, de nombre Jesús, es hijo de un modesto carpintero, radicado en Nazaret y que había acudido, junto a su esposa María, a cumplir el empadronamiento obligatorio en el pueblo de sus mayores. La gran afluencia de judíos a esta comarca, para satisfacer la misma exigencia, obligó a los esposos a pernoctar en un establo, donde nació el pequeño. La noticia se difundió entre los pastores de las cercanías, que rindieron pleitesía al infante y le reconocieron como rey de los Judíos. Rumores sin confirmar hablan de una expedición de magos de Oriente que le ofrendaron oro, incienso y mirra, y que habían cubierto la larga travesía siguiendo una estrella. Las fuerzas romanas de ocupación han restado importancia a este suceso y, por su parte, el monarca Herodes, que se ha entrevistado con los enviados orientales, ha declinado hacer cualquier tipo de declaraciones. Hay, por tanto, un mutismo oficial.

Milagros del Señor: Las bodas de Caná

El capítulo segundo del Evangelio según san Juan presenta el evento prodigioso sucedido en Caná, un pueblo de Galilea, durante la fiesta de una boda en la que participaron María y Jesús, con sus primeros discípulos. La Madre dice al Hijo que falta vino y Jesús, después de responder que todavía no ha llegado su hora, sin embargo acoge su petición y da a los novios el mejor vino de toda la fiesta. El evangelista subraya que éste fue el primero de los signos que Jesús realizó; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él. Pero el milagro de Caná no tiene que ver solo con los esposos. Cada persona humana está llamada a encontrar al señor en su vida. La fe cristianan es un don que recibimos con el Bautismo y que nos permite encontrar a Dios. La fe atraviesa tiempos de alegría y de dolor, de luz y de oscuridad, como en toda auténtica experiencia de amor. El relato de Caná nos invita a redescubrir que Jesús no se presenta a nosotros como un juez preparado para condenar nuestras culpas, ni como un comandante que nos impone seguir ciegamente sus órdenes; se manifiesta como Salvador de la humanidad, como hermano, como nuestro hermano mayor, Hijo del Padre; se presenta como Aquél que responde a las esperanzas y a las promesas de alegría que habitan en el corazón de cada uno de nosotros. Entonces podemos preguntarnos: ¿Verdaderamente conozco de este modo al Señor? ¿Lo siento cercano a mí, a mi vida? Se trata de darse cuenta de que Jesús nos busca y nos invita a hacerle espacio en lo íntimo de nuestro corazón (Papa Francisco).

El nombre de Jesús

Jesús. Significa: Salvador. Es el nombre que el ángel dijo a san José que pusiera al hijo que iba a nacer de su Esposa, la Virgen María. En este nombre el mundo y el hombre son salvados.

Consideraciones de santa Teresa de Calcuta

Jesús es mi Dios; Jesús es mi Esposo; Jesús es mi vida; Jesús es mi único Amor; Jesús es mi Todo; Jesús es Todo para mí. Jesús, lo amo con todo mi corazón. Todo le he dado a Él, incluso mis pecados, y Él me ha escogido como Su esposa, con ternura y amor. Ahora y para siempre, yo soy toda de mi Esposo Crucificado.

Jesús es la Palabra que debe ser proclamada. La verdad que debe ser dicha. La luz que debe ser encendida. La vida que debe ser vivida. El amor que debe ser amado. La alegría que debe ser compartida. Jesús es aquel hambriento que debe ser sustentado. Aquel sediento que debe ser saciado. Aquel sin‑casa que debe ser albergado. Aquel enfermo que debe ser asistido. Aquel solitario que debe ser amado. Aquel desprestigiado que debe ser acogido. Aquel mendigo al que se le debe una sonrisa. Aquel enfermo mental a quien se debe proteger. Aquel pequeño a quien se debe abrazar. Aquel ciego a quien se debe conducir. Aquel drogado a quien se debe dar comprensión. Aquel anciano a quien se debe servir.

Jesucristo

Jesucristo. Es el Hijo de Dios hecho hombre que nació de la Virgen María, perfecto Dios y perfecto hombre.

¿Qué ha dicho Jesucristo de sí mismo?

Jesús dijo:

‑Yo soy el Mesías (Jn 4, 26).

‑Yo soy Rey (Jn 18, 37).

‑Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14, 6).

‑Yo soy la luz del mundo… (Jn 8, 2).

‑Yo soy la Resurrección y la Vida (Jn 11, 25).

‑Yo soy el pan de vida (Jn 6, 35).

‑Yo soy el alfa y el omega, el primero y el último (Ap 22, 13).

‑Yo y el Padre somos una sola cosa (Jn 10, 30).

‑El Padre está en mí y Yo en el Padre (Jn 10, 38).

‑El que me ha visto a mí ha visto al Padre (Jn 14, 9).

Jesucristo mismo se proclamó Hijo de Dios y Dios verdadero.

La fe de la Iglesia

Es contrario a la fe cristiana introducir cualquier separación entre el Verbo y Jesucristo. San Juan afirma claramente que el Verbo, que estaba en el principio con Dios, es el mismo que se hizo carne (Jn 1, 2.14). Jesús es el Verbo encarnado, una sola persona e inseparable: no se puede separar a Jesús de Cristo, ni hablar de un Jesús de la historia, que sería distinto del Cristo de la fe. La Iglesia conoce y confiesa a Jesús como el Cristo, el Hijo de Dios vivo (Mt 16, 16). Cristo no es sino Jesús de Nazaret, y éste es el Verbo de Dios hecho hombre para la salvación de todos (Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Redemptoris Missio, n. 6).

Lo que caracteriza a la fe cristiana, a diferencia de todas las otras religiones, es la certeza de que el hombre Jesús de Nazaret es el Hijo de Dios, la Palabra hecha carne, la segunda Persona de la Trinidad que ha venido al mundo. Ésta es la alegre convicción de la Iglesia desde sus comienzos cuando canta “el gran misterio de piedad”: Él ha sido manifestado en la carne (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 463). Dios, el invisible, está vivo y presente en Jesús, el hijo de María, la Theotokos, la Madre de Dios. Jesús de Nazaret es Dios-con-nosotros, el Emmanuel: quien le conoce, conoce a Dios; quien le ve, ve a Dios; quien le sigue, sigue a Dios; quien se une a Él está unido a Dios. En Jesús, nacido en Belén, Dios se apropia la condición humana y se hace accesible, estableciendo una alianza con el hombre (Juan Pablo II, Mensaje 29.VI.1999).

Un pensamiento

La vida de Jesucristo en la tierra obliga a los hombres a tomar postura; o con Dios, o contra Dios: el que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama (Lc 11,23).

Zaqueo

El evangelio de Lucas nos muestra a Jesús que en su camino hacia Jerusalén entra en la ciudad de Jericó. Esta es la última etapa de un viaje que reasume en sí el sentido de toda la vida de Jesús, dedicada a intentar salvar a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Pero cuanto más el camino se acerca a la meta, tanto más entorno de Jesús se va cerrando el círculo de hostilidad.

Y justamente en Jericó sucedió uno de los eventos más gozosos narrados por san Lucas: la conversión de Zaqueo. Este hombre es una oveja perdida, es despreciado y “excomulgado” porque es un publicano, más aún, el jefe de los publicanos de la ciudad, amigo de los odiados ocupantes romanos, un ladrón y un explotador. Una “linda figura…” es así.

Impedido de acercarse a Jesús, probablemente debido a su mala fama y siendo pequeño de estatura, Zaqueo se trepa a un árbol para poder ver al Maestro que pasa. Este gesto exterior, un poco ridículo, expresa entretanto el acto interior del hombre que intenta ponerse por encima de la multitud para tener un contacto con Jesús. Zaqueo mismo, no entiende el sentido profundo de su gesto, no sabe bien por qué hace esto pero lo hace. Tampoco osa esperar que pueda ser superada la distancia que lo separa del Señor, se resigna a verlo solamente pasar.

Pero Jesús cuando llega cerca de ese árbol lo llama por su nombre: Zaqueo, baja rápido, porque hoy voy a detenerme en tu casa. Aquel hombre pequeño de estatura, rechazado por todos y distante de Jesús está como perdido en el anonimato. Pero Jesús lo llama y aquel nombre, Zaqueo, en el idioma de aquel tiempo tiene un hermoso significado lleno de alusiones. Zaqueo de hecho significa: Dios recuerda.

Y Jesús va a la casa de Zaqueo, suscitando las críticas de toda la gente de Jericó: porque también en aquel tiempo de habladurías había tanto. Y la gente decía: ¿pero cómo, con toda la buena gente que hay en la ciudad va a quedarse nada menos que con aquel publicano? Sí, porque él estaba perdido y Jesús dice: Hoy en esta casa vino la salvación, porque también él es hijo de Abrahán. En la casa de Zaqueo aquel día entró la alegría, entró la paz, entró la salvación, entró Jesús.

No hay profesión ni condición social, no hay pecado o crimen de cualquier tipo que sea, que pueda borrar de la memoria y del corazón de Dios uno solo de sus hijos. Dios recuerda, siempre, no se olvida de nadie de los que ha creado; él es padre, siempre a la espera vigilante y amorosa con el deseo de ver renacer en el corazón del hijo el deseo de volver a casa. Y cuando reconoce aquel deseo, aunque fuera solamente dado a entender, y tantas veces casi inconsciente, le está a su lado y con su perdón vuelve más leve el camino de la conversión y del regreso.

Miremos a Zaqueo hoy en el árbol, ridículo, pero es un gesto de salvación, pero yo te digo a ti, si tú tienes un peso sobre tu consciencia, si tú tienes vergüenza de tantas cosas que has cometido, detente un poco, no te asustes, piensa que alguien te espera porque nunca ha dejado de acordarse de ti, de recordarte, y ese es tu padre Dios. Trépate, como ha hecho Zaqueo, sube sobre el árbol del deseo de ser transformado. Yo les aseguro que no serán desilusionados. Jesús, es misericordioso y nunca se cansa de perdonarnos. Así es Jesús.

Dejemos nosotros también que Jesús nos llame por nuestro nombre. En lo profundo de nuestro corazón escuchemos su voz que nos dice: Hoy tengo que quedarme en tu casa, yo quiero detenerme en tu casa, en tu corazón, o sea en tu vida. Recibámoslo con alegría. El puede cambiarnos, puede transformar nuestro corazón de piedra en corazón de carne. Puede liberarnos del egoísmo y hacer de nuestra vida un dono de amor. Jesús puede hacerlo, déjate mirar por Jesús.