Archivo de la categoría: Vidas de santos

San Juan Pablo II

En los momentos de tristeza y de abatimiento, cuando todo parecía perdido, san Juan Pablo II no perdía la esperanza, porque su fe y su esperanza estaban puestas en Dios. El pueblo polaco sabe bien que para entrar en la gloria es necesario pasar a través de la pasión y la cruz. Y lo sabe no porque lo ha estudiado, lo sabe porque lo ha vivido. San Juan Pablo II, como digno hijo de su patria terrena, recorrió este camino. Lo siguió de manera ejemplar, recibiendo de dios un despojamiento total. Por ello “su carne descansa en la esperanza”. ¿Y nosotros? ¿Estamos dispuestos a seguir este camino? San Pedro, también con la voz de san Juan Pablo II, os dice: Comportaos con temor durante el tiempo de vuestra resignación (1 P 1, 17). Es verdad, somos viandantes, pero no errantes. En camino, pero sabemos adónde vamos. Los errantes no lo saben. Somos peregrinos, pero no vagabundos, como decía san Juan Pablo II (Papa Francisco).

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Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa transitó el camino de la oración, que definió bellamente como un “tratar de amistad estando muchas veces a solas con quien sabemos que nos ama” (Vida 8, 5). Cuando los tiempos son “recios”, son necesarios “amigos fuertes de Dios” apa sostener a los flojos (Vida 15, 5). Rezar no es una forma de huir, tampoco de meterse en una burbuja, ni de aislarse, sino de avanzar en una amistad que tanto más crece cuanto más se trata al Señor, “amigo verdadero” y “compañero” fiel de viaje, con quien “todo se puede sufrir”, pues siempre “ayuda, da esfuerzo y nunca falta” (Vida 22, 6). Para orar “no está la cosa en pensar mucho sino en amar mucho” (Moradas IV, 1, 7), en volver los ojos para mirar a quien no deja de mirarnos amorosamente y sufrirnos pacientemente. Por muchos caminos puede Dios conducir las almas hacia así, pero la oración es el “camino seguro” (Vida 21, 5). Dejarla es perderse. Estos consejos de la Santa son de perenne actualidad. ¡Vayan adelante, pues, por el camino de la oración, con determinación, sin detenerse, hasta el fin! Esto vale singularmente para todos miembros de la vida consagrada. Es una cultura de lo provisorio , vivan la fidelidad del “para siempre, siempre, siempre” (Vida 1, 5); en un mundo sin esperanza, muestren la fecundidad de un “corazón enamorado” (Poesía 5); y en una sociedad con tantos ídolos, sean testigos de que “sólo Dios basta” (Poesía 9) (Papa Francisco).

Venerable Isidoro Zorzano Ledesma (V)

En la Ciudad Eterna

(El relato está tomado de José Miguel Pero-Sanz, Isidoro Zorzano. Ingeniero Industrial, Palabra 1996, pp.112-118 y 147-148)

En agosto de 1930 Isidoro recibió en Málaga donde vivía y trabajaba como ingeniero, una postal de san Josemaría en la que le decía: cuando vengas por Madrid no dejes de venirme a verme. Tengo cosas muy interesantes que contarte (1). San Josemaría quería hablarle del Opus Dei. El 24 de ese mismo mes se encontraron providencialmente en una calle de Madrid. Estuvieron conversando y ante los ojos de Isidoro apareció el ideal de santidad al que aspiraba. En las explicaciones del Fundador de la Obra reconoció la vocación que llevaba tiempo buscando sin encontrar: una vocación a la santidad a través de su trabajo profesional de ingeniero, bien realizado, bien acabado y ofrecido a Dios. Esa noche Isidoro continuó su viaje hacia Logroño y escribió: Me encuentro ahora completamente confortado; mi espíritu se encuentra invadido de un bienestar, de una paz que no había sentido hasta ahora. Se daba cuenta de que comenzaba una nueva era en su vida.

Pocos años después, en el verano de 1933, Isidoro hizo un viaje a roma, con motivo del año jubilar convocado por Pío XI para conmemorar los XIX siglos de la Redención. Animó a su amigo Antonio Lorenzo a viajar con él para ganar el jubileo. El 24 de agosto salieron en barco desde Gibraltar. Nada más llegar a Roma, visitaron las cuatro Basílicas mayores para ganar el jubileo, y también otros atractivos históricos de la ciudad. Después escribiría que se conmovió al evocar en su propio ambiente la vida de los primeros cristianos. Dos días antes de salir de España había escrito a san Josemaría manifestándole su ilusión por ese viaje: vivir los primeros tiempos de la vida del cristianismo en el Coliseo; (…) rezar a los santos mártires, cuya sangre derramada ha sido la savia que ha desarrollado nuestra fe y cimentado la primera era cristiana (1). Esa devoción a los primeros cristianos la había aprendido del Fundador del Opus Dei.

San Josemaría le había encargado comprar una talla de san Pedro, sedente, lo más grande posible. Isidoro recorrió tiendas y almacenes pero sólo pudo encontrar una imagen de metal, más bien pequeña y de escasa calidad. Pío XI bendijo esa imagen, pues unos sacerdotes, hospedados en el mismo hotel, facilitaron a Isidoro y a su amigo incorporarse a un grupo que fue recibido por el Santo Padre. Isidoro sería el primer miembro del Opus Dei que vio a un Papa.

En un punto de Camino se advierte el eco de ese amor al Papa que el Fundador del Opus Dei transmitió a los primeros de la Obra: Católico, Apostólico, ¡Romano! -Me gusta que seas muy romano. Y que tengas deseos de hacer tu ‘romería’, ‘videre Petrum’, para ver a Pedro (n. 520).

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(1) Carta de Isidoro a san Josemaría, citada por P. Rodríguez, Camino. Edición crítico-histórica, Rialp 2002, p. 649

Venerable Isidoro Zorzano Ledesma (IV)

Administrador fiel

En 1939, al terminar la guerra civil, Isidoro fue readmitido en los Ferrocarriles del Oeste, en Madrid, como Ingeniero de la División de Material y Tracción. Su jornada laboral transcurría de siete de la mañana a dos de la tarde.

Su empleo le obligaba a realizar frecuentes viajes para “tomar el pulso” -como solía decir- a las locomotoras encargada o reparadas en distintas ciudades españolas. Los proveedores advirtieron pronto que el Siervo de Dios trabajaba a conciencia: era meticuloso, ordenado, estaba en los detalles, y procuraba hacer aquel trabajo en presencia de Dios. El director de una empresa de Valencia le propuso que se fuera a trabajar con él, pero Isidoro declinó la propuesta, porque sabía que su puesto estaba en Madrid donde, después de su jornada laboral, se ocupaba del cometido que san Josemaría le había encargado: era el Administrador general del Opus Dei.

¿En qué consistía ese encargo? Fundamentalmente en participar en los mil apuros que pasaba el Fundador, para promover la instalación de nuevos Centros del Opus Dei en Madrid, Valencia, Barcelona, Valladolid,… donde aumentaba el número de personas que solicitaban la admisión en la Obra. La felicidad cada vez que se instalaba un nuevo sagrario era manifiesta, aunque cada residencia suponía otro quebradero de cabeza, porque exigía cumplir la obligación de justicia de no retrasar el pago a los proveedores, y así lo transmitió a los gestores de las entidades promotoras de cada residencia.

Aparte de ocuparse por la instalación de los Centros, debía orientar la gestión económica de las distintas residencias. En la de Jenner, por ejemplo, Isidoro llevaba la contabilidad. Procuraba ahorrar todo lo posible: por esta razón, anotaba diariamente los gastos de comestibles; preparaba periódicamente los oportunos balances y arqueos, que le cuadraban siempre. Además, orientaba a los que llevaban las cuentas de los otros Centros, y aprovechaba sus viajes para ayudarles. Había aprendido de san Josemaría que de ordinario no se presentan en la vida muchas ocasiones de realizar grandes hazañas: lo habitual será convertir en grandes, por el amor de Dios, las pequeñeces cotidianas, como ésas de las cuentas. De ahí que, sin enfadarse, mandara corregir los balances que contenían errores. Explicaba a quienes se dedicaban a esas tareas cuál era el procedimiento para que cuadrasen los resultados: “procura hacer la cuenta a diario y así será más llevadero”. Y, confidencialmente, advertía: “No creas que a mí me gusta, a pesar de mi condición de ingeniero nunca me fue grato esto de la contabilidad”.

Pero por amor a Dios gastó los últimos años de su vida entre cuentas, mientras apenas gastaba nada en sí mismo (1).

***

(1) Cfr. José Miguel Pero-Sanz, Isidoro Zorzano, folletos MC, pp. 51-54.

Venerable Isidoro Zorzano Ledesma (III)

Oración para la devoción privada

Dios Todopoderoso, que llenaste a tu Siervo Isidoro

de abundantes tesoros de gracia en el ejercicio

de sus deberes profesionales en medio del mundo:

haz que yo sepa también santificar mi trabajo ordinario

y llevar la luz de Cristo a mis amigos y compañeros;

dígnate glorificar a tu Siervo y concédeme

por su intercesión el favor que te pido… (pídase).

Así sea.

Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

Venerable Isidoro Zorzano Ledesma (II)

Cronología de Isidoro Zorzano

1902

13 de septiembre: nace en Buenos Aires. Es el tercero de cinco hermanos.

1905

12 de abril: bautizado en la Parroquia de Nuestra Señora de Valvanera de Buenos Aires.

1 de mayo: los Zorzano regresan de Buenos Aires a España. Fijan la residencia en La Rioja.

1911

25 de mayo: hace la Primera Comunión en la Parroquia de Santiago el Real de Logroño.

1912-1918

Estudia bachillerato en el Instituto General y Técnico de Logroño.

1914

14 de mayo: recibe la Confirmación en la Parroquia de Santiago el Real de Logroño.

1915

Octubre: conoce a un nuevo compañero de estudios en el Instituto. Será más adelante San Josemaría Escrivá, Fundador del Opus Dei.

1921-1927

Hace la carrera de Ingeniero Industrial en la Escuela de Madrid.

1928

10 de diciembre: se traslada a Málaga para trabajar en la Compañía de los Ferrocarriles Andaluces.

1930

24 de agosto: conversación con San Josemaría Escrivá, en la que éste le explica la Obra recién nacida. Isidoro Zorzano pide la admisión en el Opus Dei.

1936

18 de julio: estalla la guerra en España. Más tarde, obtiene la ciudadanía argentina, que le permite cierta libertad de movimientos en las calles de Madrid.

1937

marzo-agosto: San Josemaría y otros miembros del Opus Dei se refugian en la Legación de Honduras; Isidoro les visita para prestarles toda clase de ayuda.

1939

1 de abril: termina la guerra. Isidoro vuelve a su trabajo en los ferrocarriles.

1943

enero: ingresa enfermo en el Sanatorio. Los médicos diagnostican su enfermedad: linfogranulomatosis maligna.

15 de abril: recibe la Unción de enfermos de manos de San Josemaría Escrivá.

14 de julio: última conversación de Isidoro con San Josemaría; le encarga intenciones para cuando llegue al Cielo.

15 de julio: muere Isidoro.

16 de julio: es enterrado en el cementerio de Las Almudena de Madrid. Inmediatamente después de su muerte se difunde su fama de santidad por todo el mundo.

1948

11 de octubre: apertura del proceso Informativo para la Canonización.

1961

19 de abril: clausura del Proceso Informativo.

1994

17 de junio: sesión de Clausura de la investigación diocesana adicional. Se inicia el estudio de su vida y virtudes.

2009

6 de octubre: sus restos mortales son trasladados a la Parroquia de San Alberto Magno de Madrid.

2916

21 de diciembre: el papa Francisco aprueba el decreto de virtudes heroicas del siervo de Dios.

Venerable Isidoro Zorzano Ledesma (I)

El Venerable Isidoro Zorzano Ledesma

Isidoro Zorzano nació en Buenos Aires el 13 de septiembre de 1902.

Cursó el bachillerato en Logroño, y estudió después en la Escuela de Ingenieros Industriales de Madrid, donde obtuvo el título el año 1927.

Su vida profesional transcurrió primero en Málaga en la Dirección de los talleres de los ferrocarriles Andaluces y como profesor de la Escuela Industrial de aquella ciudad.

En un viaje a Madrid, en 1930, manifestó a San Josemaría Escrivá de Balaguer, antiguo compañero de estudios en el bachillerato, su deseo de entregarse a Dios en medio del mundo, y pidió la admisión en el Opus Dei, que estaba entonces comenzando. Isidoro siguió con su ocupación en Málaga y luego se trasladó a Madrid, donde continuó trabajando en empresas ferroviarias. En todas sus actividades dio testimonio constante de su fe cristiana. Vivió ejemplarmente la diligencia en el trabajo, la lealtad y el espíritu de servicio con sus colaboradores, el amor a la justicia en la promoción de iniciativas a favor de los más necesitados, la fe y la caridad a través de labores de catequesis y de formación para los sectores más abandonados de la sociedad.

Con su fidelidad, Isidoro fue siempre un apoyo seguro para el Fundador del Opus Dei. Durante los años de la guerra española (1936-39), en Madrid dio pruebas de heroísmo en el amor a la Iglesia y en el celo por las almas. Siguiendo con perseverancia las enseñanzas de San Josemaría Escrivá de Balaguer, supo realizar el trabajo en íntima unión con Jesucristo. Vivía una presencia constante a lo largo de la jornada; su vida espiritual estaba marcada por un sentido hondo y tierno de filiación divina, un amor grande a la Santísima Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra, y el deseo sincero de buscar la identificación con Cristo por un intenso espíritu de mortificación y de penitencia.

Murió con fama de santidad el día 15 de julio de 1943, después de una enfermedad larga y dolorosa, sufrida con fortaleza y alegría.

La Causa de canonización se inició en Madrid en 1948. Sus restos mortales reposan en la Parroquia de San Alberto Magno de Madrid.