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Adviento, camino de pobreza

Un camino en la pobreza

Adviento será siempre un camino en la pobreza. Adviento será siempre encontrar a Dios, y encontrarlo donde Él se suele esconder, es decir, en la vida y el rostro de los pequeños, de los más pequeños y necesitados.

Los ricos tienen que detener el paso y la mirada para contemplar esa inmensidad de hombres tirados en la cuneta de la vida y maltratados de mil formas y maneras en su existencia: ancianos abandonados, niños huérfanos de padres, de cultura o de fe. Mirar a tanto hombre sufriente, tanto en el cuerpo como en el espíritu, mirar al que no tiene trabajo o no tiene esperanza. Mirar a los pobres drogadictos, a las mujeres maltratadas, todas esas personas necesitadas de cualquier don y decidirnos a enriquecerlos, a salvarlos y salvarnos en la propia entrega.

Nuestro adviento, nuestro encuentro con el Dios que salva no será posible si no lo hacemos por los mismos caminos que hizo Jesús. Sólo en el anonadamiento, en la vida sencilla y humilde que es servicio permanente y para todos, y es talante de acogida al pobre y necesitado será posible el adviento, el encuentro de gracia y salvación.

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Medios para ser castos

Medios para ser castos. La virtud de la castidad exige poner los medios para evitar las ocasiones de pecado. La pureza de corazón es una tarea para el hombre, que debe realizar constantemente el esfuerzo de luchar contra las fuerzas del mal, contra los que empujan desde el exterior y las que actúan desde el interior, que lo quieren apartar de Dios (Juan Pablo II). Por tanto, para vivirla, además de frecuentar los sacramentos (Comunión y Confesión), hay que cuidar el pudor y la modestia; ser exigentes en la guarda de la imaginación y de los sentidos; no aflojar en la vida de piedad;  y cultivar una conciencia delicada, que sabe evitar hasta la más pequeña ocasión de pecado, y lleva a tener una sinceridad absoluta en la confesión sacramental y en la dirección espiritual.

Preguntémonos con valentía si estamos poniendo los medios para conservar la limpieza de corazón. ¿Me dejo arrastrar en algo, aunque parezca una cosa sin importancia, por el asedio de descarada sensualidad que predomina en la calle, en la prensa, en la televisión? ¿Pido a la Virgen ayuda para vencer las tentaciones?