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Amor a los ancianos

El plato de madera.

Un anciano, al que le temblaban las manos, dejaba caer frecuentemente el plato de porcelana en el que le servían la comida. Su hijo decidió comprarle uno de madera.

Con usted no ganamos para vajilla. De hoy en adelante comerá en este plato.

El anciano no dijo nada, pero sus ojos se llenaron de lágrimas. Mientras, en un rincón de la habitación, un nietecito contemplaba la escena. Días después el padre observó que el pequeño estaba trabajando en un trozo de madera.

¿Qué está haciendo?, le preguntó.

Nada: un plato de madera como el del abuelo. Para ti, para cuando tú seas viejo.

La virginidad en la Sagrada Escritura

Yo quiero que ustedes vivan sin inquietudes. El que no tiene mujer se preocupa de las cosas del Señor, buscando cómo agradar al Señor. En cambio, el que tiene mujer se preocupa de las cosas de este mundo, buscando cómo agradar a su mujer, y así su corazón está dividido. También la mujer soltera, lo mismo que la virgen, se preocupa de las cosas del Señor, tratando de ser santa en el cuerpo y en el espíritu. La mujer casada, en cambio, se preocupa de las cosas de este mundo, buscando cómo agradar a su marido. Les he dicho estas cosas para el bien de ustedes, no para ponerles un obstáculo, sino para que ustedes hagan lo que es más conveniente y se entreguen totalmente al Señor (1 Co 7, 32-35)

Jesús les dijo: “Moisés les permitió divorciarse de su mujer, debido a la dureza del corazón de ustedes, pero al principio no era así. Por lo tanto, Yo les digo: El que se divorcia de su mujer, a no ser en caso de unión ilegal, y se casa con otra, comete adulterio”. Los discípulos le dijeron: “Si esta es la situación del hombre con respecto a su mujer, no conviene casarse”. Y Él les respondió: “No todos entienden este lenguaje, sino sólo aquellos a quienes se les ha concedido. En efecto, algunos no se casan, porque nacieron impotentes del seno de su madre; otros, porque fueron castrados por los hombres; y hay otros que decidieron no casarse a causa del Reino de los Cielos. ¡El que pueda entender, que entienda!” (Mt 19, 8-12).

Una virtud a recuperar

En la sociedad actual la pureza está completamente infravalorada, por lo que la virginidad ya no se ve como un don a preservar sino más bien como un motivo de vergüenza. No sólo se escucha poco o nada sobre el tema en las parroquias y catequesis, sino que en las escuelas, sean religiosas o no, se les explican a los niños, adolescentes y jóvenes los métodos anticonceptivos para enseñarles a tener relaciones sin «peligro». Además en la televisión, en el cine y en las canciones de moda la ausencia de la pureza es un elemento predominante.

Pero si los santos jóvenes de todos los tiempos han sido capaces de aceptar la muerte con tal de proteger su pureza, eso significa que ésta tiene un valor importantísimo para Dios, pero que hoy escapa a los ojos del mundo. Hay que atreverse a indagar sobre ella a fin de recuperar como sociedad el aprecio y la práctica de esta virtud.

Generosidad

El Evangelio habla de la limosna de la viuda, quien no tiene ni siquiera para comer, sin embargo ofrece todo lo que posee. Jesús dice que estaba en la miseria. En ese tiempo las viudas no tenían la pensión del marido, estaban en la miseria. Estaban al límite. La viuda fue al templo a adorar a Dios, a decir al Señor que está sobre todo y que ella le ama. Siente que debe realizar un gesto por el Señor y da todo lo que tenía para vivir. Es algo más que generosidad, es otra cosa. Elige bien: sólo el Señor. Porque se olvida de sí misma. Podía decir: Pero, Señor, tú lo sabes, necesito de esto para el pan de hoy… Y esa moneda volvía al bolsillo. En cambio, eligió adorar al Señor hasta el final. Confiarse a la fidelidad del Señor: es una opción que también nosotros tenemos la oportunidad de hacer en nuestra vida cristiana. En la historia de la Iglesia, y también en nuestro tiempo, hay hombres, mujeres, ancianos y jóvenes que hacen esta elección. Nos alientan a dejar en el tesoro de la Iglesia todo lo que tenemos para vivir (Papa Francisco).

Adviento, camino de pobreza

Un camino en la pobreza

Adviento será siempre un camino en la pobreza. Adviento será siempre encontrar a Dios, y encontrarlo donde Él se suele esconder, es decir, en la vida y el rostro de los pequeños, de los más pequeños y necesitados.

Los ricos tienen que detener el paso y la mirada para contemplar esa inmensidad de hombres tirados en la cuneta de la vida y maltratados de mil formas y maneras en su existencia: ancianos abandonados, niños huérfanos de padres, de cultura o de fe. Mirar a tanto hombre sufriente, tanto en el cuerpo como en el espíritu, mirar al que no tiene trabajo o no tiene esperanza. Mirar a los pobres drogadictos, a las mujeres maltratadas, todas esas personas necesitadas de cualquier don y decidirnos a enriquecerlos, a salvarlos y salvarnos en la propia entrega.

Nuestro adviento, nuestro encuentro con el Dios que salva no será posible si no lo hacemos por los mismos caminos que hizo Jesús. Sólo en el anonadamiento, en la vida sencilla y humilde que es servicio permanente y para todos, y es talante de acogida al pobre y necesitado será posible el adviento, el encuentro de gracia y salvación.

Medios para ser castos

Medios para ser castos. La virtud de la castidad exige poner los medios para evitar las ocasiones de pecado. La pureza de corazón es una tarea para el hombre, que debe realizar constantemente el esfuerzo de luchar contra las fuerzas del mal, contra los que empujan desde el exterior y las que actúan desde el interior, que lo quieren apartar de Dios (Juan Pablo II). Por tanto, para vivirla, además de frecuentar los sacramentos (Comunión y Confesión), hay que cuidar el pudor y la modestia; ser exigentes en la guarda de la imaginación y de los sentidos; no aflojar en la vida de piedad;  y cultivar una conciencia delicada, que sabe evitar hasta la más pequeña ocasión de pecado, y lleva a tener una sinceridad absoluta en la confesión sacramental y en la dirección espiritual.

Preguntémonos con valentía si estamos poniendo los medios para conservar la limpieza de corazón. ¿Me dejo arrastrar en algo, aunque parezca una cosa sin importancia, por el asedio de descarada sensualidad que predomina en la calle, en la prensa, en la televisión? ¿Pido a la Virgen ayuda para vencer las tentaciones?