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Dios llama

El pasaje evangélico del Buen Pastor refiere estas palabras de Jesús: Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatarán de mi mano. Mi Padre, lo que me ha dado, es mayor que todo, y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno (Jn 10, 27-30). En estos cuatro versículos está todo el mensaje de Jesús, está el núcleo central de su Evangelio: Él nos llama a participar en su relación con el Padre, y ésta es la vida eterna. Jesús quiere entablar con sus amigos una relación que sea el reflejo de la relación que Él mismo tiene con el Padre: una relación de pertenencia recíproca en la confianza plena, en la íntima comunión. Si yo me siento atraído por Jesús, si su voz templa mi corazón, es gracias a Dios Padre, que ha puesto dentro de mí el deseo del amor, de la verdad, de la vida, de la belleza y Jesús es todo esto en plenitud. Esto nos ayuda a comprender el misterio de la vocación, especialmente las llamadas a una especial consagración. A veces Jesús nos llama, nos invita a seguirle, pero tal vez sucede que no nos damos cuenta de que es Él (Papa Francisco).

Homilía de la Fiesta del Bautismo del Señor (Ciclo C)

FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR (C)

Lecturas: Is 42, 1-4.6-7; Hch 10, 34-38; Lc 3, 15-16.21-22

Don de Dios. En el primer viaje que hizo Juan Pablo II a Polonia, estuvo en su ciudad natal, Wadowice. Allí visitó la iglesia donde fue bautizado. Y ante la pila bautismal dijo estas emotivas palabras: Cuando dirijo mi pensamiento atrás para mirar el largo camino de mi vida, considero cómo el ambiente, la parroquia, mi familia, me han llevado a la fuente bautismal de la iglesia de Wadowice, donde el 20 de junio de 1920 me fue concedida la gracia de convertirme en hijo de Dios, junto con la fe en mi Redentor. Yo besé una vez solemnemente esta fuente bautismal el año del milenio de Polonia, cuando era Arzobispo de Cracovia. Hoy deseo besarla, una vez más, como Papa, Sucesor de San Pedro.

En la fiesta de hoy hablemos del Bautismo. Todos los hombres nacemos con el pecado original y, por tanto, privados de la gracia. El Bautismo confiere la primera gracia santificante, por la cual se perdona el pecado original, y también todos los personales, si los hay. Al concedernos por primera vez la gracia, Dios nos hace partícipes de la naturaleza divina como hijos de Dios y, como consecuencia de esta filiación, herederos de la gloria.

Necesidad del Bautismo. Este sacramento es necesario para salvarse. En la conversación con Nicodemo, Jesucristo dijo: En verdad, en verdad te digo que si uno no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de los cielos (Jn 3, 5); y antes de subir a los cielos, al enviar a los Apóstoles a predicar el Evangelio, les dijo: El que creyere y fuere bautizado se salvará, mas el que no creyere se condenará (Mc 16, 16). Un hombre, una mujer, habiendo conocido a Cristo y su doctrina, no quiera bautizarse, no se salvará.

Sin embargo, una persona no bautizada se puede salvar por el Bautismo de sangre y el Bautismo de deseo. Se dice que una persona ha recibido el Bautismo de sangre cuando sin estar bautizada muere a causa de la fe. Es el caso de algunos mártires que, sin haber recibido el sacramento del Bautismo, dieron su vida por Cristo. Y los catecúmenos, y todos aquellos que, bajo el impulso de la gracia, sin conocer a Cristo y a la Iglesia, buscan sinceramente a Dios y se esfuerzan por cumplir su voluntad, que mueren sin recibir las aguas bautismales, se salvan por el Bautismo de deseo.

Ministro del Bautismo. Ordinariamente los que bautizan son los obispos, los sacerdotes y los diáconos, pero en caso de necesidad, por ejemplo, que exista peligro de muerte en un niño recién nacido, puede bautizar cualquier persona, hombre o mujer, cristiano o no, con tal que tenga la intención de bautizar como lo hace la Iglesia.

Como en una necesidad puede bautizar cualquier persona es muy conveniente saber bien cómo se bautiza. Este sacramento se administra derramando agua sobre la cabeza del bautizando, o sumergiendo totalmente al bautizando en el agua, y pronunciando las siguientes palabras: N. yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, que es la forma del sacramento; y la materia es el lavado con agua.