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¿A quién le puede molestar un crucifijo?

¿A quién puede ofender un crucifijo?

En el invierno del 96 se produjeron dos hechos sin ninguna relación directa, pero unidos tal vez por el odioso vínculo de la intolerancia hacia los signos cristianos. La tropelía más salvaje se producía en una pequeña población madrileña, cuando unos vándalos arrasaron su cementerio, destrozando las sepulturas e invirtiendo las cruces después de arrancarlas y destrozarlas.

El otro sucedido pertenece más bien a la categoría de torpeza o imprudencia política al ser protagonizado por una concejala de Toledo a quién se lo ocurrió la idea de abolir por decreto la instalación del Belén navideño en el colegio público que dirige.

No deseo comentar el intolerante gesto de la concejala. Sólo quiero invitar a la reflexión sobre ciertos caminos por donde transita una parte de la juventud de esta década, a la que se ha privado de ideales, de ilusión, de futuro y de referencias éticas. Cuan a un renombrado alcalde de ideas agnósticas le propusieron quitar el crucifijo de la mesa de su despacho privado respondió: ¿A quién puede ofender un crucifijo? ¿No es Jesucristo un símbolo de paz y amor?

¿Quiénes eran los filisteos?

¿Quiénes eran los filisteos?

Los filisteos llegaron a la tierra de Canaán doce siglos antes de Cristo. Era un pueblo procedente de ultramar, originario de las tierras limítrofes al Mar egeo. Se instalaron en la costa meridional de Tierra Santa, en la región llamada Paleshet (Filistia). Después los griegos y los romanos extendieron el nombre a todo el país llamándolo Palestina. El actual nombre árabe de Falastin sigue manteniendo en su etimología el nexo con los filisteos.

En la Biblia, los filisteos son recordados como adversarios de los hebreos. En tiempo del rey Saúl infligieron en los montes de Gelboé una desastrosa derrota a los israelitas. De ahí que la nota dominante de la Biblia hacia los filisteos sea de descrédito y, como el Antiguo Testamento fue adoptado por la civilización cristiana, la palabra “filisteo” se ha transformado en las lenguas europeas en sinónimo de cualidades negativas. Así, el inglés Philistin equivale a ignorante, enemigo de la cultural, materialista. Un antiguo diccionario francés registra el nombre philistin como sinónimo de persona libertina. En alemán e italiano se llama filistea a una persona de escasa cultura. Personajes más populares de los filisteos: el gigante Goliat que luchó contra David y fue vencido; y Dalila la filistea que sedujo a Sansón.

¿Qué significa mi nombre?

¿Qué significa mi nombre?

Atanasio me pregunta ¿qué significa su nombre? Inmortal. ¿Y Anastasio? Resucitado. Anacleto, vuelto a llamar. Aniceto, invencible. Anselmo, que tiene protección divina. Antonio, floreciente. Aquilino, como águila. Aurelio, dorado. Andrés, varonil. Ángel, enviado. Basilio, regio. Beatriz, que hace feliz. Benito, bendito. Brígida, alta. Calixto, bellísimo. Cándido, blanco. Carina, querida. Carlos, hombre fuerte. Carmen, viña. Casilda, cantar. Celedonio, golondrina. Ciriaco, Cirilo, Cirino, señorial. Claudio, cojo.

Cleto, llamado. Clotilde, que lucha con gloria. Cosme, adornado. Crisanto, flor dorada. Crispín, Críspulo, de pelo rizado. Dámaso, domador. Damián, hombre de pueblo. Domitila, doméstica. Domnino, señorito. Eduardo, fuerte por su riqueza. Eduvigis, luchadora. Efrén, fructífero. Elvira, luna nueva. Emilio, amable. Enrique, rico en fincas. Ernesto, potencia de águila. Esteban, corona. Eugenio, bien nacido. Eulalia, que habla bien. Evaristo, muy agradable. Facundo, elocuente. Felipe, amigos de los caballos. Filomeno, amigo de la melodía. Filiberto, muy brillante. Froilán, señorito. Gertrudis, fuerza de lanza. Gonzalo o Gundisalvo, luchador en la guerra. Gregorio, vigilante. Gumersindo, gente varonil. Heliodoro, don del sol. Herrmenegildo, gran luchador. Hipólito, que desata los caballos. Ignacio, ardiente. Isabel o Elisa, la que jura por Dios. Isidoro, don de Isis, diosa del Nilo. Inés, cordera. Jerónimo, nombre sagrado. Jonás, paloma. Juan, Dios es misericordioso. Julián, descendiente de Julio. Lázaro, Dios es mi auxilio. Leandro, hombre del pueblo. Leopoldo, valiente en el ejército. Lucas, luminoso. Macario, dichoso. Manuel, Dios con nosotros. Marta, atractiva. Mario, del mar. Matilde, que lucha con fuerza. Nemesio, justiciero. Onésimo, útil. Orestes, montañés. Paula, Pablo, pequeño. Pantaleón, en todo como un león. Policarpo, de abundante fruto. Poncio, quinto. Prisca, Priscila, antigua. Raimundo, Ramiro, consejero. Rebeca, lazo. Remigio, remero. Ricardo, muy rico. Roberto, de brillante fama. Rodolfo, lobo famoso. Rodrigo, rico en fama. Rogelio, luchador famoso. Samuel, el nombre de Dios. Sergio, hazañoso. Simeón, el que obedece. Sinforosa, desgraciada. Susana, azucena. Teófanes, el que manifiesta a Dios. Terencio, el que trilla. Teresa, de la isla de Tera. Tobías, Dios es bueno. Tomás, gemelo. Valentín, fuerte. Virgilio, que florece. Yolanda o Violante, violeta. Zacarías, Dios recordó. Zaqueo, puro. Zoilo, lleno de vida. Zósimo, vital.

Matrimonio

Matrimonio. Es la comunidad de vida entre dos personas, un hombre y una mujer, fundada en el amor mutuo, establecida por la alianza entre ambos, es decir, por el consentimiento personal, irrevocable y públicamente manifiesto. Para los bautizados es, además, un sacramento de la Nueva Ley instituido por Jesucristo, por el cual un hombre y una mujer se unen ante Dios, con el fin de formar para siempre una comunidad de vida y amor. El matrimonio está ordenado al bien de los cónyuges así como a la generación y educación de los hijos. La gracia sacramental del matrimonio es una ayuda sobrenatural para santificar la unión legítima del varón con la mujer, y para procrear y educar hijos santamente.

Mártir de la pureza

María Goretti. Santa y mártir. Vivió a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Murió mártir a la edad de doce años por conservar su pureza. Antes de morir perdonó a su asesino.

El martirio

Santa María Goretti nació en 1980 en Corinaldo (Italia), en el seno de una familia pobre y campesina. Huérfana de padre, fue educada por su madre. A los doce años llevaba una vida normal para una chica de su edad. Iba a la escuela y ayudaba a los trabajos de su casa. También frecuentaba eol sacramento de la Eucaristía, que recibía todos los domingos en la misa. Cuando comulgaba solía repetir una oración que le había enseñado su madre: Señor, antes morir que pecar. Junto a la casa de María Goretti vivía un chico de veinte años, llamado Alejandro Serenelli, que comenzó a fijarse en la adolescente. Alejandro la tentó dos veces para pecar con él, pero fue rechazado por María Goretti. La siguiente ocasión se presentó cierto día en que la chica se había quedado sola en su casa cosiendo ropa. Alejandro trató de forzarla, pero ella se resistió con todas sus fuerza. Enfurecido, el muchacho tomó un punzón de hierro con el que hirió mortalmente a la joven. Esto ocurrió en el el año 1902.

El propio Alejandro contó como fue el martirio de María Goretti: Yo cohabitaba con la familia Goretti y nada menos que dos veces en el mes de junio intenté inducirla a acceder a mis deseos. Es verdad que más o menos un año antes le hice a María una primera propuesta de actos carnales a la que no quiso consentir. Desde la primera vez conminé a la muchacha que no dijera nada a su madre, y se lo dije con severidad, de modo que ella quedó atemorizada. La muerte sucedió así: … me acerqué a María y la invité a entrar en casa. Ella no me respondió, ni se movió siquiera. Entonces la agarré casi brutalmente por un brazo y, al resistirse, la arrastré dentro de la cocina, que era la primera dependencia de la entrada… Ella intuyó inmediatamente que yo quería repetir el intento de las dos veces anteriores y me decía: “No, no. ¡Dios no lo quiere! Si haces eso, irás al infierno”. Yo entonces, viendo que no quería consentir de ningún modo a mis brutales deseos, me puse furioso y tomando un punzón empecé a golpearla en el vientre, como se maja el maíz… Recuerdo perfectamente que María, cuando le levanté los vestidos, trataba de cubrirse, y esto lo hizo varias veces, exclamando: “¿Qué haces, Alejandro? ¡Irás al infierno…!” Recuerdo haber visto sangre también en sus vestidos y haberla dejado mientras ella se revolvía, pero comprendí perfectamente que la había herido de muerte. Arrojé el arma tras el arcón y me retiré a mi habitación; me cerré dentro y me tumbé en la cama.

La joven murió perdonando a su asesino y encomendándolo a la Virgen María. Pío XII canonizó a María Goretti en 1950 y la propuso al mundo y a los jóvenes como modelo de pureza y de fidelidad a los Mandamientos de Dios. Alejandro Serenelli se arrepintió, hizo penitencia y llevó una vida cristiana hasta que murió, siendo ya anciano.

La vidente de Lourdes

María Bernarda Soubirous. Santa. Más conocida por Bernardita. Cuando era joven se le apareció la Virgen María en repetidas ocasiones en Lourdes. Más tarde se hizo religiosa. En ella dominan una enérgica búsqueda de la santidad y una gran prudencia en la elección de los medios: atención a la Regla religiosa y tierna devoción al Crucificado.

Canonización

El 8 de diciembre de 1933, Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María, en Roma, el papa Pío XI canonizaba a la vidente de la Virgen en Lourdes, Bernadette, con estas palabras: En honor de la Santísima e indivisible Trinidad, para la exaltación de la fe católica y para el incremento de la religión cristiana, con la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y la Nuestra, después de madura deliberación y habiendo implorado la ayuda divina, el parecer de nuestros venerables hermanos los cardenales de la Santa Iglesia Romana, los Patriarcas, los Arzobispos y Obispos, declaramos y definimos Santa a la Beata María Bernarda Soubirous y la inscribimos en el catálogo de los Santos, estableciendo que su memoria será piadosamente celebrada todos los años en la Iglesia universal el 16 de abril, día de su nacimiento para el cielo. En la homilía, el Romano Pontífice ponderó la humildad de la nueva santa, diciendo: Esta ignorante hija de unos pobres molineros, que por toda riqueza poseía solamente el candor de su alma exquisita. Con esta solemne ceremonia se concluía un proceso relativamente breve de canonización. Nada más morir Bernadette, pronto empezó a pensarse en su beatificación. El cardenal español Vives y Tutó animó, por medio del obispo de Nevers, a la superiora general de la congregación religiosa, en cuya Comunidad de Hijas de la Caridad de Nevers profesó la vidente de Lourdes, a que diera los pasos necesarios para iniciar el proceso de beatificación. Surgió un obstáculo: la maestra de novicias que tuvo Bernadette pidió que se retrasara el comienzo del proceso hasta que ella muriera. Esta petición se tuvo en cuenta. Y por fin, desaparecido este obstáculo con la muerte de la madre Marie Thèrése Vauzou, el 20 de agosto se iniciaba el ansiado proceso. Se procedió con rapidez, y el 18 de noviembre de 1923 se declaró la heroicidad de las virtudes de la Sierva de Dios. Cuatro años después, el 14 de junio de 1925, Bernadette ya era beata.

El Dulce Nombre de María

El nombre de María

María quiere decir Muy Amada, Estrella del Mar, Señora, Princesa, Luz, Hermosa. Desde época inmemorial, el pueblo cristiano ha llamado también a María, Reina y Señora, que eso significa probablemente su nombre en arameo. El nombre hebreo de María ‑dice san Pedro Crisólogo‑ se traduce por Domina en latín; el Ángel le da, por tanto, el título de Señora. María es nombre salvador. Es san Jerónimo quien la llama Stella Maris, Estrella del Mar; Ella nos guía a puerto seguro en medio de todas las tempestades de la vida. Con mucha frecuencia hemos de tener este nombre en nuestros labios, pero de modo especial en la necesidad y en las dificultades. En nuestro caminar hacia Dios vendrán tormentas que Él permite para purificar nuestra intención y crecer en las virtudes; pero es posible que, por habernos fijado demasiado en las dificultades, asome la desesperanza o el cansancio en la lucha. Es el momento de recurrir a María, invocando su nombre

El Magisterio de la Iglesia

Magisterio de la Iglesia. Es la misión confiada por Cristo a los apóstoles y sus sucesores para que con la autoridad del mismo y en su nombre, propaguen y conserven la verdad revelada.

El Magisterio al servicio de la palabra de Dios

El Magisterio no está por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio, para enseñar puramente lo transmitido, pues por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo, lo escucha devotamente, lo custodia celosamente, lo explica fielmente; y de este único depósito de la fe saca todo lo que propone como revelado por Dios para ser creído (Concilio Vaticano II, Constitución Dogmática Dei verbum, n. 86).

Verdad de fe: Santa María es Madre de Dios

Madre de Dios. La Virgen María es Madre de Dios por ser madre de Jesucristo, y en Jesucristo sólo hay una persona, que es la persona divina. La Iglesia celebra el día 1 de enero la solemnidad de Santa María, Madre de Dios.

Júbilo en el pueblo cristiano

La Maternidad divina de María fue definida como verdad de fe en el Concilio de Éfeso. El pueblo entero de la ciudad de Éfeso, desde las primeras horas de la mañana hasta la noche, permaneció ansioso en espera de la resolución… Cuando se supo que el autor de las blasfemias (Nestorio) había sido depuesto, todos a una voz comenzamos a glorificar a Dios y a aclamar al Sínodo, porque había caído el enemigo de la fe. Apenas salidos de la iglesia, fuimos acompañados con antorchas a nuestras casas. Era de noche: toda la ciudad estaba alegre e iluminada (San Cirilo de Alejandría, Epístola XXIV).

Sinodalidad: la palabreja que faltaba

Ha finalizado el Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes, y ha surgido una palabra -mágica, dirán algunos-: sinodalidad. ¡Es lo que faltaba! Parece ser que los jóvenes estaban esperando que se les hablara de la sinodalidad para ir a la Iglesia, frecuentar los sacramentos y llevar una vida coherente con la fe cristiana. Pero yo discrepo totalmente.

A los jóvenes, más que hablarles con palabras rebuscadas, hay que hablarles de Jesucristo y de su mensaje salvífico. Por cierto, la palabra Jesucristo apenas aparece en el documento final del Sínodo. El venerable Juan Pablo I decía: Es sólo a Jesucristo a quien tenemos que presentar al mundo. Fuera de esto, no tendremos ninguna razón, ningún argumento: no nos escucharán.Y san Juan Pablo II atraía a los jóvenes. ¿Por qué? Porque les hablaba de Jesucristo, de las Bienaventuranzas, del Evangelio, sin rebajar lo más mínimo las exigencias -benditas exigencias- del seguimiento de Cristo. De él son estas palabras dirigidas a la gente joven: Acercaos al Maestro si queréis encontrar respuestas a los anhelos de vuestro corazón. Buscad a Cristo que siendo Maestro, modelo, amigo y compañero es el Hijo de Dios hecho hombre, Dios con nosotros. Dios vivo que, muerto en la cruz y resucitado, ha querido permanecer a nuestro lado para brindarnos el calor de su amistad divina, perdonándonos, llenándonos de su gracia y haciéndonos semejantes a Él. Cristo es el que tiene para de vida eterna porque Él es la Vida misma. Y en otra ocasión: Cuento con vosotros para difundir un sistema nuevo de vida. Ése que nace de Jesús, hijo de Dios y de María, cuyo mensaje os traigo. 

Por último, por favor, no hablemos de sinodalidad a los jóvenes, que nos tomarán por gente rara y ridícula. Dejemos de emplear palabras que no dicen nada, y no son entendidas por nadie, y evangelicemos con los Santos Evangelios.

Si el programa de gobierno de la Conferencia Episcopal es desarrollar la sinodalidad será una oportunidad perdida para la evangelización de nuestro país, que lo que necesita es que se le hable de Jesucristo y de su mensaje de salvación con palabras sencillas y claras, como hacía el divino Maestro con las parábolas, sin inventarse palabras raras y nada comunes.