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Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 15ª (El Concilio Vaticano I)

El Concilio Vaticano I

¿Que pretendía el beato Pío IX con la convocatoria de un concilio ecuménico? Tres siglos habían pasado desde el último concilio de la Iglesia, el de Trento, cuando el beato Pío IX consultó a los cardenales sobre la oportunidad de convocar un nuevo concilio. Se trataba de realizar una toma de postura fuerte y clara, con una exposición positiva y general del pensamiento e ideas contemporáneas.

¿Cómo se desarrolló el Concilio Vaticano I? El día de la Inmaculada Concepción del año 1869 tuvo lugar la apertura del Concilio Vaticano I. Asistieron a la ceremonia casi setecientos Padres Conciliares de todo el mundo. El Concilio celebró cuatro sesiones públicas (ochenta y nueve congregaciones generales). De los 51 temas preparados, dos se concluirían: el De Fide Catholica y el De Ecclesia Christi.

El Concilio Vaticano I aprobó dos constituciones de gran trascendencia: la Dei Filius y la Pastor Aeternus. Frente a la antropología del liberalismo, que presentaba al hombre como un ser autónomo, la Dei Filius oponía al panteísmo, al materialismo y al racionalismo modernos una exposición densa y luminosa de la doctrina católica sobre Dios, la revelación y la fe. Proclamaba la existencia de un Dios personal, libre, creador de todas las cosas y absolutamente independiente del mundo material y espiritual que ha creado, a la vez que enseñaba que ciertas verdades religiosas -principalmente la existencia de Dios- podían ser conocidas con certeza por la luz natural de la razón humana, reafirmando la dignidad de la mente humana, capaz de elevarse hacia su Creador.

Y la constitución dogmática Pastor Aeternus, sobre la Iglesia de Cristo, y en especial el primado de Pedro, así como el magisterio infalible, confirmaba la unidad absoluta de la Iglesia bajo la autoridad suprema e indiscutible del Romano Pontífice, y se definía el Dogma de la Infalibilidad del Papa cuando habla ex cathedra. En la definición se afirmaba que la suprema potestad del Papa es ordinaria e inmediata sobre toda la Iglesia; y la infalibilidad personal del Romano Pontífice.

La anexión de Roma y provincias adyacentes al Reino de Italia hizo que el beato Pío IX declarara el 20 de octubre de 1870 suspendido el Concilio sine die, pues en aquellas circunstancias no se podía celebrar libre, seguro y tranquilo.

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Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 15ª (El dogma de la Inmaculada Concepción)

El dogma de la Inmaculada Concepción

¿Cuál ha sido el Pontificado de mayor duración? San Pedro estuvo en Roma aproximadamente veinticinco años. Por la Ciudad Eterna circulaba una profecía según la cual ningún papa había de alcanzar los veinticinco años de pontificado romano atribuidos al Príncipe de los apóstoles. Annos Petri non videbis (No alcanzarás la edad de Pedro). El beato Pío IX desmintió la profecía: gobernó la Iglesia treinta y un años, siete meses y veintidós días. El suyo es el pontificado más largo de toda la historia del Papado. En 1871, el beato Pío IX, con su fino rasgo de humor, aceptó que se colocara un medallón de mosaico en un pilar de la Basílica Vaticana, encima de la estatua de bronce de san Pedro, como acta notarial de que la profecía había sido derrotada.

¿Qué acontecimientos más importantes se produjeron durante este largo pontificado? El pontificado del beato Pío IX fue rico en acontecimientos. Entre ellos sobresalen: la definición del Dogma de la Inmaculada Concepción; la publicación de la encíclica Quanta cura, con su anexo designado Syllabus; el destierro del Papa a Gaeta; la celebración del Concilio Vaticano I, en el que se definió la infalibilidad pontificia; el fin de los Estados Pontificios.

¿Cuál fue la causa del destierro del beato Pío IX? La elección de Pío IX fue bien acogida por las tendencias liberales. Incluso algunos llegaron a calificarle de liberal, pero el pretendido liberalismo del Papa se reducía en la práctica a una gran libertad de espíritu que le incitaba a pensar que más valía desarmar el espíritu revolucionario con la dulzura que tratar de doblegarlo por la fuerza, sobre todo cuando el soberano es al mismo tiempo sacerdote.

En marzo de 1848 el Senado y la Magistratura romana pidieron al Papa un régimen constitucional. El beato Pío IX accedió. En mayo de ese mismo año se promulgó una Constitución para los Estados de la Iglesia, en la cual el Papa se reservaba la plena soberanía en materia religiosa; y se establecía una representación popular con poder deliberativo, dividida en dos Cámaras.

Al declarar el Piamonte-Cerdeña la guerra al Imperio Austríaco, el movimiento revolucionario instaba al Romano Pontífice que se uniera a la Casa de Saboya contra Austria. El Papa, pese a su simpatía por la causa italiana, considerando que la intervención militar que se le pedía era incompatible con su misión religiosa, manifestó que, dada su condición de pastor supremo de la Iglesia Católica, no podía declarar la guerra a una nación cuyos ciudadanos eran hijos espirituales suyos.

Esta negativa de Pío IX trajo como consecuencia la ruptura definitiva de la implícita tregua entre los revolucionarios y el Papa. El día 15 de noviembre de 1848, el conde Pellegrino Rossi, primer ministro constitucional de Pío IX, era asesinado. Al día siguiente los revolucionarios se amotinaron ante la residencia del Papa, el Quirinal. Después de conversar con los amotinados, ante lo insostenible de la situación, el 24 de noviembre, Pío IX, disfrazado como un simple eclesiástico, salió de Roma para refugiarse en Gaeta, en el reino de las Dos Sicilias.

¿Qué pasó durante la estancia del Papa en Gaeta? El 9 de febrero de 1849, una asamblea constituyente proclamó la República Romana, y confió el poder ejecutivo a un triunvirato.

Desde Gaeta, el beato Pío IX pidió ayuda a las principales potencias católica. Por iniciativa de España se celebró en Gaeta una conferencia de potencias católicas, a la que acudieron España, Austria, Francia y las Dos Sicilias, para apoyar al Papa en su demanda cuanto antes.

Pocos meses más tarde, el 3 de julio de 1849, el general francés Oudinot se apoderó de Roma mientras que los ejércitos de otras potencias ocupaban el resto de los Estados Pontificios, poniendo fin a la efímera República. El 12 de abril de 1850 volvió el beato Pío IX a la Urbe.

¿Cómo fue la génesis de la proclamación del Dogma de la Inmaculada? El hecho de mayor gloria del pontificado del beato Pío IX fue la definición dogmática de la Inmaculada Concepción. A raíz de la aparición de la Virgen a Catalina Labouré en 1830, muchos obispos solicitaron a la Santa Sede la introducción de la palabra Inmaculada en el prefacio de la fiesta de la Concepción de la Virgen. Más adelante, las solicitudes eran para que fuese definida como dogma de fe la doctrina referente a la Concepción Inmaculada de María. Con el advenimiento del beato Pío IX las peticiones fueron creciendo. El Papa creó, en 1848, una comisión de veinte teólogos para estudiar si procedía acceder a las vivas instancias de gran número de obispos.

Desde su destierro en Gaeta, el día de la fiesta de la Purificación de 1849, el Papa, mediante la encíclica Ubi primum, rogaba a todos los obispos que rezasen por la definición y diesen su dictamen acerca de la oportunidad de ésta. Las respuestas recibidas fueron favorables: la mayoría de los seiscientos y pico obispos -más de tres cuartas partes del episcopado- se declararon a favor. El resto vacilaba sobre la oportunidad. Después de haberse estudiado la cuestión de principio -la posibilidad de definir una verdad que no se encuentra expresamente en la Sagrada Escritura- y la cuestión de hecho -los argumentos de la Tradición a favor de la Inmaculada Concepción-, se decidió redactar el texto que definiera esta verdad en un nuevo dogma.

En 1854, el Papa convocó a Roma a los obispos para un último examen de la Bula (no sobre el fondo) y para asistir a la ceremonia de la definición dogmática. Los obispos se reunieron el 20 de noviembre y se introdujeron algunas modificaciones.

¿Qué día fue declarada la Concepción Inmaculada de la Virgen María como verdad de fe? El 8 de diciembre de 1854. Ese día, en la Basílica de San Pedro, con la asistencia de doscientos cardenales, arzobispos y obispos, el beato Pío IX leyó la bula Ineffabilis Deus con voz clara y sonora, pero su emoción era tan grande que tuvo que detenerse hasta en tres ocasiones. Declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina que sostiene que la Beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de pecado original en el primer instante de su concepción; por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús, Salvador del género humano, ha sido revelada por Dios y debe ser, por tanto, firme y constantemente creída por todos los fieles.

¿Hubo confirmación del Cielo de esta verdad de fe? Sí. Cuatro años después la Virgen María se apareció en Lourdes a una adolescente y se dio a conocer como la Inmaculada Concepción.

¿Qué ocurrió en Lourdes? El día 11 de febrero de 1858 Bernadette Soubirous -una adolescente de 14 años- fue a recoger leña con una hermana suya y otra niña. Debido a su estado de salud -padecía de asma- no pudo seguir a sus acompañantes cuando había que pasar el río Gave. Y estando junto a una gruta que había en un lugar llamado Massabielle oyó un ruido cercano que le hizo mirar hacia la gruta. Allí vio a una bella señora vestida con una túnica blanca y ciñendo su cintura con una faja de color azul. La Señora recorría con sus dedos las cuentas de un rosario. Bernadette se arrodilló delante de la Aparición, sacó de su bolso su propio rosario y comenzó a rezarlo. Cuando acabó, la visión desapareció de pronto.

Tres días después, Bernadette sintió un fuerte impulso interior que hizo que fuera a la gruta. Su madre le aconsejó que llevara consigo agua bendita ante el temor de que aquello fuera algo diabólico. La joven, siguiendo el consejo materno, llenó un frasco con el agua bendita de la pila de la parroquia del pueblo. Y acompañada de varias personas fue a la gruta. Una vez allí, comenzaron a rezar el rosario en espera de la aparición de la bella señora. Enseguida Bernadette la vio, y derramó su frasco de agua bendita. La Aparición sonreía con dulzura.

El 18 de febrero la Virgen de Lourdes habló por primera vez a su vidente para prometerle que la haría feliz en la otra vida y pedirle que volviera a la gruta de Massabielle quince veces más. A partir de entonces, cada vez que la vidente acudía a su cita con la Virgen, miles de personas la acompañaba, con la consiguiente alarma de las autoridades municipales.

En la novena aparición, la Virgen le dijo a Bernadette que bebiera agua de una fuente inexistente y se lavara la cara con ella. La niña obedeció y se dirigió al fondo de la gruta donde escarbó con sus manos en el suelo, hasta ver surgir de él un manantial de agua fresca filtrándose gota a gota. Parecía manar muy suavemente aunque pronto su caudal fue aumentando hasta convertirse en manantial. Esto ocurrió el 25 de febrero. De ese manantial brotó el agua milagrosa que a tantos enfermos iba a sanar.

En una posterior aparición, la Virgen le dice a Bernadette que vaya a hablar con el párroco -abate Peyramale- para pedirle que construyera una capilla en el lugar de las apariciones. El párroco, hombre de carácter fuerte, contesta a la niña: Antes, esa Señora tendrá que identificarse. Pasaron tres semanas sin que la Virgen volviese a aparecer en la gruta, a pesar de que la vidente no dejó de acudir allí ningún día. Pero el 25 de marzo, fiesta de la Anunciación a Nuestra Señora, de nuevo se volvió a aparecer. En esta ocasión Bernadette, recordando las palabras del abate Peyramale, se atrevió a acercarse a la Aparición y le preguntó con timidez: Señora, ¿tienes la bondad de decirme quién eres? La Virgen la miró sonriente, pero no contestó a su pregunta, hasta que la vidente repitió por tercera vez su pregunta. Entonces la Virgen, tras alzar sus ojos al Cielo y unir sus manos, respondió: Soy la Inmaculada Concepción. Estas palabras, cuyo significado desconocía la vidente, impresionaron vivamente al abate Peyramale, hasta el punto de hacerle creer que realmente la Virgen María se había aparecido a Bernadette. Y prueba de ello es que comenzó a dar los pasos necesarios para iniciar un proceso eclesiástico con vistas a una posible aprobación por parte de la Iglesia.

Cuatro años más tarde, el 18 de enero de 1862, la comisión organizada por el obispo de Tarbes, monseñor Laurance, presentó un informe cuyo dictamen fue favorable. En concreto decía: La Madre de Dios se apareció a Bernadette Soubirous el 11 de febrero y en días sucesivos, en número de dieciocho veces. Desde entonces, Lourdes se ha convertido en uno de los lugares de peregrinación más famoso en la historia de la cristiandad. La capilla solicitada por la Virgen a Bernsadette es hoy día una magnífica basílica. Entre los peregrinos que han acudido a Lourdes a rezar están san Juan Pablo II y Benedicto XVI.

Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 14ª ((La Iglesia al comienzo de la Edad Contemporánea)

La Iglesia al comienzo de la Edad Contemporánea

¿Qué pasó al inicio del siglo XIX? En Francia, la Revolución fue encauzada por Napoleón, y en 1801 se reanudaron las relaciones oficiales del Estado con la Iglesia con la firma de un concordato. Como resultado de este concordato, se restableció el culto católico en todas las iglesias de Francia; los sacerdotes “no juramentados” que sobrevivieron a la persecución volvieron a sus parroquias para atender espiritualmente de nuevo a los fieles; se abrieron en todas las diócesis seminarios para la formación de los futuros sacerdotes; y los obispos, con celo apostólico, se dedicaron a reparar los daños causados durante diez años por la Revolución.

¿Fue entonces cuando tuvo lugar la última coronación imperial hecha por un papa? No, pues Napoleón se autocoronó. Pío VII acudió a París -¡qué remedio!- en aras del Concordato, para la coronación de Napoleón. Sólo Dios supo el sufrimiento del Pontífice, y aun más cuando, a última hora, se enteró de que la imperial pareja (Napoleón y Josefina) no se hallaba legítimamente desposada. Por ahí no pasa el Papa. Exige la unión. Y ésta, secretamente, se realizó a toda prisa.

Una nueva humillación sufrió el Papa, pues el Emperador, lejos de arrodillarse conforme era obligado cuando en el rito de coronación de los emperadores el Papa pronuncia las palabras rituales: vivat imperator in aeternum, se puso de pie, y adelantándose a la acción del Vicario de Cristo, tomó la corona y se la ciñó por sí mismo. La concurrencia, atónita, apenas si acertó a disimular su estupor. Pero nadie rechistó. Sólo después cuando la ceremonia concluyó, el obispo de Malinas se atrevió a decirle cara a cara al soberbio Emperador: Majestad, al ver la ceremonia de vuestra autocoronación me ha parecido que habéis sido coronado más que por vuestra espada. Napoleón guardó silencio. Tampoco dijo nada al enterarse de que su ferviente admirador, el gran compositor Beethoven, escandalizado por tamaño rasgo de soberbia, borró airadamente su dedicatoria de la Tercera Sinfonía, exclamando con desdén: ¡Bah! No es más que un hombre como otro cualquiera.

¿Quiénes contribuyeron para la restauración religiosa? Devuelta en Francia la paz a la Iglesia, volvió ésta a ocupar su lugar en la sociedad, no solamente en Francia, sino también en otros países europeos, que también habían sufrido las consecuencias de la Revolución. Sin embargo, continuó la Iglesia siendo combatida en todas partes de un modo maquiavélico por sus irreconciliables enemigos. En defensa de la Religión Católica surgieron elocuentes y enérgicos apologistas, que en la prensa, en la tribuna, en la cátedra, dejaron oír su voz y prepararon la restauración religiosa que empezó a realizarse en la primera mitad del siglo XIX. Entre otros hay que destacar al dominico francés Henri Lacordaire; al filósofo Joseph Marie de Maistre, conde de Maistre; al médico y escritor Auguste Nicolas Jules Bégin; al teólogo Jaime Balmes; al político y diplomático español Juan Donoso Cortés; al sacerdote inglés, Frederick Guillermo Fáber, converso del anglicanismo; a los cardenales ingleses Nicholas Patrick Wiseman y Henry Edward Manning; y al poeta alemán converso Friedrich Leopold Stolberg.

¿Cuáles fueron las realidades más sobresalientes de la Iglesia en el siglo XIX? Al descreimiento y a la apostasía casi generalizada del Siglo de las Luces, siguió una regeneradora reacción en la Iglesia, con hechos importantes del catolicismo acaecidos en Inglaterra, Alemania y Estados Unidos. La Compañía de Jesús fue restablecida por Pío VII, mediante la bula Sollicitudo omnium ecclesiarum del 13 de julio de 1814. La jerárquica católica también fue restablecida en varios países, los obispados se multiplicaron en América del Norte de uno modo sorprendente; abundantes frutos apostólicos obtenidos por la obra de la Propagación de la Fe, fundada en Lyon en 1822, y las demás Obras Misionales.

La fecundidad inagotable de la Iglesia Católica dio a luz en el siglo XIX a numerosas Congregaciones religiosas de uno y otro sexo que, con abnegación y celo, procuraron ahogar el mal con la abundancia del bien. Unas para dedicarse a la enseñanza de los niños y jóvenes, sembrando en ellos la semilla de la doctrina cristiana; otras, a la predicación y a las misiones; y otras, a obras de caridad y de beneficencia, aliviando y confortando a los enfermos y necesitados.

¿Podría citarse algunas de estas nuevas Congregaciones? Por orden cronológico se citan el nombre de algunas de las numerosas familias religiosas que aparecieron en el siglo XIX.

Congregaciones dedicadas especialmente a la predicación y a las misiones: a) de hombres: Padres Maristas, Religiosos de los Sagrados Corazones, Misioneros Oblatos de María Inmaculada, Padres Asuncionistas, Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María (Claretianos). b) de mujeres: Franciscanas Misioneras de María.

Congregaciones que se dedican especialmente a la enseñanza y algunas también a las misiones: a) de hombres: Hermanos Maristas; Compañía de María (Marianistas); Hermanos de la Instrucción Católica de Ploermel; Religiosos del Sagrado Corazón; Padre Salesianos. b) de mujeres: Hermanas de la Caridad de Santa Ana, Hermanas de San José de Cluny; Religiosas de Jesús María; Hermanas del Santo Ángel de la Guarda; Siervas de María de Anglet; Madres Escolapias; Capuchinas de la Divina Pastora; Franciscanas Terciarias de la Divina Pastora; Hermanas de la Enseñanza; Dominicas Terciarias de la Anunciata; Congregación de la Inmaculada Concepción de Loreto, Religiosas de Nuestra Señora de la Consolación; Hermanas de María Auxiliadora; Congregación de la Sagrada Familia; Compañía de Santa Teresa de Jesús; Mercedarias de la Caridad; Hermanas de la Doctrina Cristiana; Congregación de las Esclavas Concepcionistas del Divino Corazón de Jesús.

Congregaciones de religiosas dedicadas especialmente a obras de caridad y beneficencia: Hermanitas de los Ancianos Desamparados; Siervas de María; Siervas de Jesús de la Caridad; Adoratrices; Hijas de María Inmaculada; Siervas de San José; Hospitalarias del Sagrado Corazón.

¿Y qué otras instituciones están dedicadas al apostolado de la caridad? Entre todas las Congregaciones dedicadas a la caridad está la familia religiosa de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Estas religiosas ejercen su celo y caridad en millares de establecimientos, ya recogiendo a huérfanos, ya cuidando enfermos en hospitales, ya en el lecho del dolor asistiendo a los agonizantes.

También hay que destacar la Asociación de las Conferencias de San Vicente de Paúl, que comprende Conferencias de Señoras, cuyo origen se remonta hasta san Vicente de Paúl, y Conferencias de Caballeros, instituidas en 1833 por algunos estudiantes católicos de París, guiados por el beato Federico Ozanam. Estas Conferencias, extendidas por todo el mundo ayudan a una infinidad de indigentes, que son visitados y socorridos por los socios.

Merecen también mención especial las religiosas conocidas como Hermanitas de los Pobres, que es una institución fundada en Francia en el año 1840 para cuidar ancianos pobres y desvalidos.

¿Qué Obras misionales surgieron en el siglo XIX? Tres son las Obras misionales pontificias: la ya citada obra de la Propagación de la Fe, fundada en 1822; la de la Santa Infancia, fundada en 1843; y la de San Pedro Apóstol, fundada en 1889 para el fomento del clero indígena. Con ellas y el impulso dado por los papas se va avivando el espíritu misionero entre los católicos.

Con el fin de llevar el Evangelio de Cristo a tierras de misión se fundó en Argel, en el año 1868, los Misioneros de África, que son conocidos como los Padres Blancos. En 1867, san Daniel Comboni fundó en Verona el Instituto para las Misiones de África, cuyos miembros son conocidos como Misioneros Combonianos. También en el siglo XIX se fundó la Congregación de los Misioneros del Verbo Divino, y otros institutos de mujeres para trabajar con espíritu misional entre los infieles.

Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 13ª (La Revolución francesa)

La Revolución francesa

¿Qué tristes acontecimientos eclesiales ocurrieron en la segunda mitad del siglo XVIII? La supresión de la Compañía de Jesús en el año 1773; el cisma provocado en la Iglesia en Francia por la Revolución francesa; y el cautiverio del papa Pío VI y su muerte en el destierro.

¿Por qué se suprimió la Compañía de Jesús? En la segunda mitad del Siglo de las Luces, la casi totalidad de las monarquías católicas están regidas por gobernantes pertenecientes a las logias masónicas o influenciados por la formación anticristiana de la Ilustración, con clara hostilidad hacia la Sede romana. Blanco preferido de la ofensiva antirromana fue la Compañía de Jesús, considerada por sus adversarios como la principal fuerza de que disponía el Papado.

Los jesuitas fueron expulsados primeramente de Portugal por rey José I, a instancias de su ministro el Marqués de Pombal. Después fue suprimida en Francia, España y Nápoles. Finalmente, las cortes borbónicas presionaron al papa Clemente XIV, y éste, con el breve Dominus ac Redemptor suprimió la Compañía fundada por san Ignacio de Loyola.

¿Qué cisma de la Iglesia se produjo en Francia? Durante la Revolución francesa, los dirigentes de la misma fueron adoptando una actitud cada vez más agresiva hacia la Iglesia Católica. En 1790 la Asamblea Constituyente aprobó la “Constitución civil del clero”, que subvertía de raíz la organización eclesiástica. Surgió entonces una Iglesia galicana, al margen de la autoridad pontificia, donde los obispos y párrocos eran elegidos por el pueblo y los nombramientos episcopales serían solamente notificados a Roma. Ya antes se había decretado la secularización de todos los bienes eclesiásticos y la supresión de los votos monásticos.

Los revolucionarios exigieron a los sacerdotes juramento de fidelidad a la Constitución política, dentro de la cual estaba la “Constitución civil del clero”. El papa Pío VI prohibió el juramento y excomulgó a los sacerdotes que lo prestaron. Así surgió el cisma entre curas “juramentados” y curas “no juramentados”. En mayo de 1792, la Asamblea Legislativa, que sucedió la Constituyente, decretó la deportación de los sacerdotes “no juramentados”. Y en septiembre de ese mismo año, la Convención sustituyó a la Asamblea Legislativa y comenzaron las matanzas de sacerdotes.

¿Qué otros males sufrió la Iglesia durante Revolución francesa? En el período del Terror (años 1793-1974) el clero leal a las decisiones de Roma, fue perseguido, encarcelado, desterrado y, una vez iniciado el período sangriento, enviado a la guillotina. Tampoco fue la Revolución francesa, en su progreso, más indulgente con su propia creación, la Iglesia constitucional. La despojó de todos sus cálices, de todas sus imágenes y pinturas, prohibió vestir el traje talar, se injirió en la liturgia, abolió el celibato del clero. Finalmente se intentó borrar de la vida francesa toda huella cristiana. Hasta el calendario fue sustituido por un calendario “republicano”. La entronización de la “Diosa Razón”, representada por una prostituta, en la catedral de Notre-Dame de París, y la institución por Robespierre del culto al “Ser Supremo” fueron otros tantos episodios de la obra descristianizadora, que tuvo una de sus expresiones en el furor iconoclasta, que dejó una huella en tantas iglesias y catedrales de Francia.

¿Por qué Pío VI murió desterrado, fuera de Roma? Los años siguientes al Terror registraron alternativas de distensión y renovada persecución religiosa. Ésta se recrudeció bajo el Directorio jacobino (1797-1799), cuando el día 15 de febrero de 1798 los franceses, atropellando los derechos del Papa, ocuparon Roma y proclamaron la República romana, de marcado carácter antirreligioso. A Pío VI, anciano de ochenta años, se le dio el título de ciudadano francés. Cuando el general Carvoni -al notificar oficialmente al Papa que quedaba despojado del poder temporal- ofreció a Pío VI la escarapela tricolor haciéndole ver que ya era un ciudadano más de la República francesa, el Sumo Pontífice contestó con gran dignidad: No conozco ni admito ningún otro uniforme sino aquél con que la Iglesia me ha honrado. Y rogó: Pido con instancia que la religión católica sea respetada, y que no se derrame la sangre de los que me han servido fielmente.

El Papa se mantuvo firme en que no podía renunciar a los derechos de la Santa Sede. El 20 de febrero se obligó al Pontífice a salir de Roma, aunque el anciano había suplicado se le dejase morir en la Ciudad Eterna. La respuesta a su súplica fue que en cualquier lugar se podía morir. Pío VI murió en la noche del 28 al 29 de agosto de 1799 en Valence-sur-Rhône (Francia). Muchos pensaron en el fin del Papado y que la Iglesia había muerto al morir el Papa, su cabeza, en el destierro. Goethe dijo: La Iglesia Católica ha pasado a la historia como una ruina ilustre. En términos parecidos se expresó Napoleón que, al conocer la noticia, escribió: La vieja máquina de la Iglesia se deshará por sí sola. Muchos creyeron que Papado había terminado y hasta llegaron a decir que había muerto el sexto de los Píos y el último de los Papas. Y con el Papado se había hundido la Iglesia: Sin el Papa ya no hay cristianismo, y el orden social está irremediablemente herido en su corazón. Pero las palabras de Cristo se cumplieron una vez más: Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella (Mt 16, 18).

Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 13ª (El Siglo de las luces)

El siglo de las luces

¿Cómo fueron las relaciones de las naciones católicas con la Iglesia durante el absolutismo monárquico? El período que transcurre desde mediados del siglo XVII hasta la Revolución francesa a finales del siglo XVIII es conocido en la historia como la época de las monarquías absolutas. En este período el poder civil de los Estados católicos pretendió asumir competencias propias de la Iglesia. Este nuevo cesaropapismo se dio de diversa forma en los países, con nombres distintos.

En España se denominó regalismo, que es una teoría política que defiende el derecho del poder civil a ejercer la máxima autoridad y gobierno también en el terreno eclesiástico. Su origen está el conjunto de teorías y prácticas sustentadoras del derecho privativo de los reyes de Europa Occidental medieval sobre determinadas regalías (derechos y prerrogativas exclusivas de los reyes, inherentes a la soberanía del Estado). Especialmente de las que chocaban con los derechos del Papa como supremo soberano de los reinos católicos.

En Francia se llamó galicanismo, que es el conjunto de doctrinas, con origen en Francia, que tienden a limitar la jurisdicción de la Santa Sede en cada Estado, poniendo límites a la autoridad del papal, bien frente al Estado, bien frente al concilio, a los obispos y al clero. Fue condenado por la Iglesia.

En Austria se dio el josefismo o josefinismo, que es un sistema de gobierno cesaropapista que debe su nombre al emperador José II, que reinó entre los años 1765 y 1790. La característica esencial de josefinismo consistió en una reforma radical de las relaciones entre la Iglesia católica romana y el Estado, de forma que fuera éste el que dirigiera la política religiosa en sus territorios fuera de los designios papales. En los orígenes del josefinismo se encuentran el galicanismo, el despotismo ilustrado y la peculiar situación sociopolítica del imperio austríaco, ya en decadencia frente a la Prusia luterana, y partió de unas realidades concretas, como el hecho de que los Estados de los Habsburgo eran territorialmente discontinuos y se hacía necesario una legislación que consolidara la autoridad imperial, por lo que se buscó, desde un punto de vista religioso y eclesiástico, una política que pudiera conciliar los poderes del soberano y de los obispos, dejando en un segundo plano las prerrogativas papales.

En Alemania predominó el febronianismo, fue una doctrina y un poderoso movimiento cristiano que pretendía disminuir la autoridad y los derechos del Papa y aumentar los de los obispo con el argumento de que la institución que había hecho Jesucristo de la Iglesia no era monárquica. Según esta doctrina el Papa, tiene derecho a una cierta primacía, pero está subordinado a la Iglesia universal. Aunque, considerado como el centro de unidad, el Papa puede ser visto como el guardián y campeón de la ley eclesiástica y es capaz de proponer leyes y enviar delegados en asuntos que conciernan a su posición, su soberanía sobre la Iglesia no es jurisdiccional, sino de orden y colaboración. La Iglesia está basada en el episcopado común a todos los obispos, con el Papa en el papel de primero entre sus iguales. Y defiende el conciliarismo, al decir que el sucesor de Pedro está sujeto a las decisiones de los concilios ecuménicos, en el que los obispos son sus colegas y no simplemente consultores, además de que el Papa no tiene el derecho exclusivo de convocar esas reuniones. Por lo tanto, los decretos de estos concilios generales no necesitan ser confirmados por el Papa ni pueden ser alterados por él. Además, las decisiones papales pueden ser apeladas ante el concilio.

¿Qué otro movimiento teológico se dio en esta época? El jansenismo, que exageró la doctrina de san Agustín sobre el pecado original, a la libertad y a la gracia; profesó una doctrina moral rigorista. Esta corriente de espiritualidad cristiana que tuvo su origen en las ideas de Cornelio Jansenio (1585-1638) y que se caracterizaba por una exigencia de vida virtuosa y ascética y poner la salvación en la gracia divina; fue declarada herética. El jansenismo se difundió durante los siglos XVII y XVIII en los Países Bajos, Francia, Alemania e Italia.

¿Por qué el siglo XVIII es llamado el Siglo de las Luces? Antes hay que hacer referencia a la Ilustración, que fue un movimiento cultural e intelectual europeo en que se desarrolló desde finales del siglo XVII hasta el inicio de la Revolución francesa, aunque en algunos países se prolongó durante los primeros años del siglo XIX. Fue denominado así por su declarada finalidad de disipar las tinieblas de la humanidad mediante las luces de la razón. El siglo XVIII es conocido, por este motivo, como el Siglo de las Luces.

Los pensadores de la Ilustración sostenían que la razón humana podía combatir la ignorancia, la superstición y la tiranía para construir un mundo mejor; era el cambio de las creencias religiosas por el saber y la ciencia. Fue considerada una doctrina racionalista, donde las ideas de utilidad y el desarrollo de las ciencias, deberían conducir al progreso de la sociedad, así como a la felicidad de las personas. Todo para el pueblo pero sin el pueblo, es decir, gobiernan todos aquellos ilustrados que poseen el saber y hacen todo lo que consideran bueno para el pueblo sin consultar a éste. Así surgieron nuevas ideas como igualdad política, tolerancia y religión natural. La Ilustración tuvo una gran influencia en aspectos económicos, políticos y sociales de la época.

El ideario de la Ilustración era anticristiano por su actitud de rechazo de toda verdad dogmática, que consideraba a priori como expresión de intolerancia y fanatismo. La “ortodoxia” constituía para los “ilustrados” objeto de burla, prueba de apocamiento intelectual propio de mentes retrasadas y enemigas del progreso. Ellos, los “espíritus fuertes”, tenían a gala el “libre pensamiento” y en el plano político propugnaban la tolerancia indiscriminada a todas las confesiones.

¿Qué es el racionalismo? Es una doctrina filosófica que niega toda creencia religiosa, y sólo admite las verdades y conocimientos adquiridos por la razón. Es una consecuencia del protestantismo que, al rechazar totalmente la creencia dogmática, convierte al cristianismo en una simple cuestión de “buena voluntad para los hombres”, que niega la existencia de lo sobrenatural y viene a ser un mero culto de moralidad y benevolencia. Es decir, en un “cristianismo razonable” sin dogmas ni milagros. La sustitución de la Religión revelada por una mera religión natural fue la pretensión del deísmo. Esta nueva doctrina no negaba a Dios -como el ateísmo-, sino que lo difuminaba y alejaba del hombre. El Dios de los deístas era una construcción racional, a menudo panteísta, al margen de toda Revelación. El deísmo alumbró a la masonería, sociedad secreta que rechaza toda religión positiva -y especialmente el cristianismo– y fomenta entre sus miembros la fraternidad y la práctica de la filantropía. La masonería fue condenada por el papa Clemente XII en 1738 y tuvo una indudable influencia en el desarrollo de la Ilustración.

¿Quiénes fueron los principales representantes del racionalismo? El deísmo ve en el catolicismo a su inevitable enemigo: si el catolicismo vive, no puede él sobrevivir, y el siglo XVIII se convierte en escenario de una enconada lucha, en la que los deístas toman la ofensiva y en la que cuentan con la ventaja de que las mejores inteligencias de la época son sus aliados, imponiendo de modo abrumador su dominio intelectual.

Los deístas (“filósofos”, racionalistas) formaron una auténtica secta, en la cual destaca Voltaire, que fue un divulgador brillantísimo de las ideas deístas, gracias a la claridad de su estilo y al tono satírico de sus escritos. Era tal su odio a la Iglesia Católica, que la llamaba “la infame”, a la que había que aplastar; y su ambición era acabar con la religión cristiana. También destaca Rousseau, por racionalismo naturalista que inspiró decisivamente la ideología religiosa del “Enciclopedismo”.

En Francia el espíritu de “las luces” floreció en los ambientes de la aristrocracia y alta burguesía y contagió también a la clase media urbana. Instrumento decisivo para la “popularización” de la ideología “ilustrada” fue la Enciclopedia, proyectada por Diderot y D´Alembert y realizada entre 1751 y 1772 por un grupo de redactores que recibieron el nombre de “enciclopedistas”. La Enciclopedia tenía una orientación intelectual radicalmente hostil al cristianismo, cuya pretendida incompatibilidad con las ciencias experimentales o las exigencias de la razón trataba a cada paso de resaltar. Todo esto preparó la Revolución francesa que tantas ruinas había de producir en el orden social y religioso.

Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 12ª (La evangelización de América)

La evangelización de América

¿Cómo se llevó la luz de la fe en Cristo al Nuevo Mundo? La obra evangelizadora de América constituye una epopeya –gesta, tarea ingente y secular, una de las páginas más bellas en toda la historia de la evangelización llevada a cabo por la Iglesia, según san Juan Pablo II- sólo comparable a la del descubrimiento y conquista del Nuevo Mundo. Tan increíbles como las hazañas de Hernán Cortés en el imperio azteca o las de Pizarro en Perú, fueron las correrías apostólicas de santo Toribio Alonso de Mogrovejo, que recorrió a pie o en mula millares de kilómetros a través de montañas y selvas en viajes interminables y que bautizó por sus manos a varios cientos miles de indios; o las de san Francisco Solano, que en el más puro estilo franciscano recorrió durante años la Pampa y el Chaco sin más impedimenta que su altar portátil, su crucifijo y su violín.

Una evangelización que fue posible por el esfuerzo y la generosidad de todo un país. Fue España la que abrió la comunicación entre Occidente y el Continente americano y la que, en gran parte, llevó al mismo la luz de la fe en Cristo, junto con Portugal (San Juan Pablo II). A pesar de las deficiencias y flaquezas que hubo -como en toda empresa realizada por hombres- en la labor evangelizadora, se trata de una gran obra colosal por sus dimensiones, por la rapidez con que se realizó y por las circunstancias que la acompañaron. Gracias a esta cristianización del Nuevo Mundo, la porción más numerosa de la Iglesia de Cristo habla hoy y reza a Dios en español.

¿Cuáles fueron las órdenes religiosas que más contribuyeron a la evangelización del Continente americano? La obra de cristianización de los territorios del Nuevo Mundo fue realizada principalmente por los religiosos. Desde 1493, un año después del Descubrimiento, estaban ya en América los franciscanos y los mercedarios; en 1510 llegaron los dominicos; después, en 1532, los agustinos; y, finalmente, a partir de 1566, los hijos de san Ignacio de Loyola.

¿Cuáles fueron los primeros territorios evangelizados? La evangelización y sus primeras experiencias misionales comenzaron en las Antillas. En 1493 llegaron a La Española los primeros misioneros que evangelizaron esta isla y las restantes del Caribe. Sería en las Antillas donde surgieron graves problemas misionales, entre otros, la rápida extinción de los indios. Esta mortandad atribuida en un principio a los abusos y brutalidades de los colonizadores, hoy se explica más bien -sin negar aquellos excesos- por los efectos del contacto entre dos razas tan distintas propicio para la transmisión de virus que originaban epidemias para las cuales no había inmunización ni defensas naturales.

Desde La Española como base los misioneros hicieron tres intentos para una cristianización pacífica del norte de Venezuela, pero fracasaron por la sublevación de los indios. Un segundo foco de irradiación evangelizadora fue Panamá, donde desde 1514 los hijos de san Francisco y de santo Domingo misionaron los territorios limítrofes. Y a partir de 1523 comenzó la evangelización de Nueva España, con la llegada de los franciscanos, aunque el sacerdote mercedario Olmedo puede ser considerado como el primer apóstol de México, pues acompañó a Hernán Cortés en la conquista.

¿Cómo se expandió la labor misionera? En Florida las primeras expediciones llevaron consigo algunos misioneros de diversas órdenes, que trabajaron con dificultades para la sistematización de una evangelización ordenada de los nativos sin conseguir la estabilización de su labor. En 1573 llegaron franciscanos que consiguieron establecerse de forma definitiva.

En América Central, Yucatán fue un floreciente centro de misiones franciscanas (año 1547); Guatemala lo fue de mercedarias (año 1536), franciscanas (año 1541) y dominicas (años 1537-1550); mientras que Nicaragua fue evangelizada por franciscanos desde 1527 y por los mercedarios desde 1527.

En la costa septentrional de Venezuela, después de los fallidos intentos de 1515-1521, hubo tres focos estables de evangelización realizada por los dominicos: 1) Santa Marta (año 1529); 2) Coro (año 1531), que sirvió de base de expansión hacia el sureste; 3) Cartagena de Indias (año 1534), de donde se inició la penetración misionera hacia el sur y hacia el oeste. Con la llegada de los franciscanos y dominicos a Santa Fe de Bogotá (año 1550), esta ciudad se convirtió en base para la evangelización de Nueva Granada, en la que también intervinieron a partir de 1575, los mercedarios, que llegaron en el año 1580, y los jesuitas, establecidos desde 1599.

En Perú la evangelización comenzó al mismo tiempo que la conquista. Pizarro llevó consigo a dos sacerdotes, un religioso dominico y un clérigo secular. La cristianización se extendió rápidamente. En 1535 los mercedarios -llegados al comienzo de la conquista- iniciaron su labor misionera en San Miguel de Piura, y desde allí se fueron hacia el sur. En 1539, avanzando hacia el norte, llegaron a Pasto. En 1556 erigieron la provincia de Cuzco, abarcando tierras de Perú, Bolivia, Norte de Argentina y Paraguay. Los franciscanos, establecidos en Lima desde 1535, se extendieron por todo el territorio desde Quito hasta Potosí. En 1553 ya habían misionado desde Tierra Firme hasta Tucumán. Esta provincia argentina fue una prolongación del Perú, mientras que el resto del Río de la Plata constituyó un foco evangelizador independiente, con su centro en Asunción. Los dominicos, llegados a Lima en 1532, centraron su actividad en la Ciudad de los Reyes y sus alrededores, y desde allí pasaron a misionar las regiones de Quito, de La Paz y de La Plata. Los agustinos se desplegaron desde 1550 en dirección casi simultánea a Quito, a Cuzco y Arequipa. Los jesuitas llegaron a Perú en 1568 y se instalaron en Lima, y después en Cuzco. Sucesivamente se establecieron en Potosí; Juli y Arequipa.

En Chile la evangelización se inició muy pronto. Las órdenes religiosas se establecieron inmediatamente. Los mercedarios llegaron en 1550, los dominicos estaban ya en Santiago a finales de 1577 y crearon la provincia de Chile, Argentina y Paraguay. En 1552 los franciscanos ya estaban establecidos en Chile. Y en 1593 llegaron los jesuitas y dos años más tarde los agustinos. Las dificultades para la cristianización de Chile fueron enormes. A las normales de escasez de clero y otras semejantes, se añadía la pobreza del territorio y la terrible guerra de los araucanos que comenzó en 1553.

¿Cuáles son los primeros santos de América? Santo Toribio de Mogrovejo (1538-1609). Nació en Mayorga (Valladolid, España). Fue el segundo arzobispo de Lima. En el año 1594 este santo arzobispo en carta dirigida al rey Felipe II de España decía haber recorrido en mula 15.000 kilómetros y administrado el sacramento de la Confirmación a medio millón de personas. Murió en Zaña (Perú).

San Martín de Porres (1579-1639). Nació en Lima (Perú). Es el primer santo mulato de América. Fue hermano lego dominico. Es conocido por el santo de la escoba o fray escoba por ser representado con una escoba en la mano por los trabajos humildes que realizó. Murió en su ciudad natal.

San Francisco Solano (1549-1610). Nació en Montilla (Códoba, España). Sacerdote franciscano. Vivió en Perú durante veinte años predicando el cristianismo a los aborígenes. Es el Taumaturgo del Nuevo Mundo por la cantidad de milagros que se le atribuye. Murió en Lima (Perú).

Santa Rosa de Lima (1589-1617). Nació en Lima (Perú). Es la primera santa americana. Terciaria de la Orden de Santo Domingo. Alcanzó una relación mística con el Señor que se manifestaba particularmente en presencia del Santísimo Sacramento. Murió en la misma Ciudad de los Reyes, donde era natural.

Santa Mariana de Jesús (1618-1645). Natural de Quito (Ecuador). Es conocida como la Azucena de Quito. Terciaria franciscana. Vivía el amor preferente de Jesús por los afligidos y necesitados. Cuando hubo terremotos y epidemia en Quito ofreció al Señor su vida a cambio de la paz y la salud del pueblo. Los temblores de tierra cesaron y la epidemia desapareció. Al poco tiempo, Mariana enfermó y murió santamente en su ciudad natal.

San Pedro Claver (1581-1654). Nació en Verdú (Lérida, España). Sacerdote jesuita. Conocido como El apóstol de los esclavos. El emblema de su misión está en estas palabras suyas: Yo, Pedro Claver, esclavo de los negros para siempre. Evangelizó a los esclavos negros que los europeos, en deleznable comercio, llevaron a América. Murió ayudando a la comunidad africana de Cartagena de las Indias (Colombia), durante una terrible epidemia de peste.

San Juan Macías (1585-1645). Nació en Ribera del Fresno (Badajoz, España). Religioso dominico. Evangelizó en Perú desde 1620. En vida realizó algunos milagros. Murió en Lima (Perú).

Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 11ª (Frutos de la Contrarreforma)

Frutos de la Contrarreforma

¿Qué se entiende por Contrarreforma? La reforma que hizo la Iglesia Católica después de haber surgido el Protestantismo.

¿Se notó en la vida de la Iglesia las decisiones del Concilio de Trento? Sí y mucho. Ningún concilio ha dejado una huella tan profunda en la vida de la Iglesia. Es verdad que no se pudo restablecer la unidad perdida por la escisión de los protestantes, pero sirvió para clarificar la doctrina católica. Además se elaboró un programa de reformas que dieron frutos en los siglos posteriores.

¿Cuáles fueron esas reformas? Durante el pontificado de san Pío V (1566-1572) se publicó el Catecismo Romano o Catecismo para párrocos, y el Breviario. Y en el año 1570 salió una nueva versión del Misal Romano, que continúa vigente en la Iglesia, ahora, después del Concilio Vaticano II, como forma extraordinaria, según lo decretado por Benedicto XVI.

El papa Gregorio XIII reformó la administración eclesiástica e inició la fundación de colegios romanos para sacerdotes. Y Sixto V, siguiendo las recomendaciones del Concilio de Trento, reorganizó profundamente la Curia romana, e implantó las visitas ad limina de los obispos. Estos deben ir a Roma para informar a la Santa Sede del estado de sus diócesis. También hizo que se revisara la edición Vulgata de la Biblia.

¿Qué otros frutos florecieron de la Contrarreforma? La reforma llevada por la Iglesia Católica avivó la fe de los creyentes, aumentó la frecuencia de los Sacramentos, dignificó la vida episcopal y sacerdotal; mejoró notablemente la formación del clero; impulsó el arte, especialmente la arquitectura, pintura y música religiosa, que tuvieron un gran desarrollo en el siglo XVII (época del Barroco). Todo lo cual supuso una revitalización de la Iglesia.

También se notó en la piedad del pueblo cristiano, centrándose especialmente en la devoción a la Eucaristía. La fiesta del Corpus Christi, con la procesión eucarística, llegó a ser la celebración católica por excelencia. Además, la devoción a la Virgen María fue impulsada notablemente, destacando la aparición de nuevas advocaciones en tierras americanas. Y se fomentó el desarrollo de los actos procesionales, especialmente en la Semana Santa, con la representación de los misterios de la Pasión del Señor, y por diversos santos patronales.

¿Se puede decir que la Contrarreforma produjo una floración de santos y de órdenes religiosas? Sí. Se puede decir que el siglo XVI fue un Siglo de oro para la Iglesia, con toda una pléyade de santos. De aquella época son: san Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús; san Juan de Dios, fundador de los Hermanos que llevan su nombre; san Francisco Javier, jesuita que misionó en la India y en Japón; san Francisco de Borja, prepósito general de la Compañía de Jesús; santo Tomás de Villanueva, arzobispo de Valencia; san Pedro de Alcántara, austero reformador de la disciplina regular en los conventos de su orden franciscana en España; santa Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia, reformadora del Carmelo, junto con el místico san Juan de la Cruz; san José de Calasanz, fundador de los Escolapios; santa Ángela de Mérici, fundadora de las Ursulinas, que tienen la misión de formar a jóvenes cristianas; san Carlos Borromeo, arzobispo de Milán; san Felipe de Neri, fundador de la Congregación del Oratorio; san Cayetano, fundador de los Teatinos; san Jerónimo Emiliano, fundador de los Clérigos Regulares de Somasca; san Camilo de Lelis, fundador de la Orden de los Clérigos Regulares Ministros de los Enfermos; san Pío V, papa; san Pascual Bailón, franciscano; san Roberto Belarmino, cardenal jesuita, insigne teólogo, que mereció ser llamado por Benedicto XIV Martillo de herejes; y los santos jóvenes Estanislao de Kostka, Luis Gonzaga y Juan Berchmans, jesuitas, modelos para la juventud.

A principios del siglo XVII, santa Juana de Lestonnac, fundadora de la Compañía de María (Madres de la enseñanza); en la misma época, y después hasta mediados del siglo XVIII, hay que señalar los santos de América: santo Toribio, arzobispo de Lima; san Francisco Solano, evangelizador de Perú y Argentina; santa Rosa de Lima, dominica; santa Mariana de Jesús, apellidada Azucena de Quito; san Martín de Porres, humilde hermano lego de la Orden de Santo Domingo; y san Pedro Claver, apóstol y protector de los negros.

En Francia están: san Vicente de Paúl, apóstol de la caridad, padre de los desamparados y fundador de los Sacerdotes seculares de la Misión (conocidos en España como los Paúles), y fundador también, con santa Luisa de Marillac, de las Hijas de la Caridad; san Francisco de Sales, obispo de Ginebra, doctor de la Iglesia, y fundador de la Orden de la Visitación (Salesas), junto con santa Juana de Chantal; san Juan Bautista de la Salle, fundador de los Hermanos de las Escuelas Cristianas; y san Luis Griñón de Monfort, gran devoto de María.

En Italia están: san Alfonso María de Ligorio, doctor de la Iglesia y fundador de los Padres Redentoristas; y san Pablo de la Cruz, fundador de los Pasionistas.

¿Y las Órdenes religiosas…? La más importante de las fundadas en el siglo XVI es la Compañía de Jesús, aprobada en 1540 por el papa Paulo III, y cuyo fin primordial es la propagación de la fe católica. Tuvo un rápido desarrollo, ya en vida de su fundador, san Ignacio de Loyola. También los franciscanos y dominicos y sus terceras órdenes (laicos) tuvieron un especial florecimiento, especialmente en América.

A la luz de los decretos del Concilio de Trento, hubo una floración de nuevas fundaciones: los Oratorianos de san Felipe de Neri; los Escolapios, dedicados a la enseñanza; los Oblatos de san Carlos Borromeo; y el Oratorio de Jesús, del cardenal Pedro de Bérulle, para la formación de los sacerdotes; los Sacerdotes de la Misión y las Hijas de la Caridad para la atención de los más necesitados. Entre las órdenes hospitalarias está los Hermanos de san Juan de Dios.

Santa Teresa de Jesús impulsó la reforma de la Orden del Carmen y, junto con san Juan de la Cruz, extendió la reforma del Carmelo a los varones. También el monacato femenino se enriqueció con nuevas órdenes, entre la que destaca la Orden de la Visitación, de monjas contemplativas. Y en la enseñanza femenina, la Compañía de María y las Ursulinas.

¿Qué deriva tomó el Protestantismo? Basada la Reforma protestante en el libre examen, y relajado el principio de toda autoridad en materias religiosas, se formaron multitud de confesiones disidentes, sin más lazo entre sí que la oposición común al catolicismo. Con el apasionamiento de las discusiones y los intereses de la confesión, se originaron luchas sangrientas que acabaron por amenazar todo el orden social, dando lugar a las guerras de religión, que tantos males produjeron en Europa.