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Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 23ª (La Iglesia en el comienzo del siglo XXI)

La Iglesia en el comienzo del siglo XXI

¿Cómo afrontó la Iglesia el inicio del tercer milenio? La respuesta está en la carta apostólica Novo millennio ineunte de san Juan Pablo II: Al comienzo del nuevo milenio, mientras se cierra el Gran Jubileo en el que hemos celebrado los dos mil años del nacimiento de Jesús y se abre para la Iglesia una nueva etapa de su camino, resuenan en nuestro corazón las palabras con las que un día Jesús, después de haber hablado a la muchedumbre desde la barca de Simón, invitó al Apóstol a “remar mar adentro” para pescar: “Duc in altum” (Lc 5, 4). Pedro y los primeros compañeros confiaron en la palabra de Cristo y echaron las redes. “Y habiéndolo hecho, recogieron una cantidad enorme de peces” (Lc 5, 6). ¡Duc in altum! Esta palabra resuena también hoy para nosotros y nos invita a recordar con gratitud el pasado, a vivir con pasión el presente y a abrirnos con confianza al futuro: “Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y siempre” (Hb 13, 8).

¿Cuál fue el testimonio último de san Juan Pablo II? El de su sufrimiento. El Papa venido de un país lejano… lejano, del Este de Europa, en la fiesta de la Epifanía del Señor de 2001 cerró la Puerta Santa del Gran Jubileo con el cual la Iglesia celebró los dos mil años del nacimiento de Jesucristo. Dios quiso que aún viviera cinco años más. En el primer período de su pontificado san Juan Pablo II, en la plenitud de la madurez y repleto de fuerzas, bajo la guía del Divino Maestro fue hasta los confines del mundo. Pero después compartió cada vez más los sufrimientos de Cristo, comprendió cada vez mejor la verdad de las palabras que le dijo Jesucristo a san Pedro: “Otro te ceñirá…”. Y precisamente en esta comunión con el Señor que sufre anunció el Evangelio infatigablemente y con renovada intensidad el misterio del amor hasta el fin. Compartió verdaderamente los sufrimientos con Cristo. Los últimos años de su vida sobrellevó la enfermedad y las limitaciones físicas con espíritu sobrenatural. Y con plena lucidez esperó el momento de su encuentro con Jesucristo, al traspasar la barrera de la vida mortal hacia la eternidad.

¿Quién salió elegido papa en el primer cónclave del siglo XXI? A la muerte de san Juan Pablo II, el 19 de abril cde 2005 los cardenales elegidos en cónclave eligieron al cardenal Joseph Ratzinger, que dos días antes había cumplido 78 años. El elegido tomó el nombre de Benedicto XVI.

El cardenal Ratzinger participó en el Concilio Vaticano II como asesor teológico del cardenal alemán Fring. Había sido profesor en la Universidad de Bonn, y después, en 1963 se trasladó a la Universidad de Münster. De ahí pasó a explicar teología dogmática en la Universidad de Tubinga. Y en 1969 enseñó en la Universidad de Ratisbona. En marzo de 1977 fue nombrado arzobispo de Munich y Freising, y en junio de ese mismo año el papa beato Pablo VI lo creó cardenal. En noviembre de 1981, san Juan Pablo II nombró a Ratzinger prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

¿Cuáles son los hechos más sobresalientes del Pontificado de Benedicto XVI? San Juan Pablo II en 1986 encomendó a una comisión de cardenales y obispos, presidida por el cardenal Ratzinger la redacción de un nuevo Catecismo de la Iglesia Católica. Y seis años después fue publicado el Catecismo. Después se vio conveniente hacer del Catecismo de la Iglesia Católica un Compendio, que fue aprobado y publicado por un motu proprio de Benedicto XVI.

Por el motu proprio Summorum Pontificium, Benedicto XVI declaró que el Misal Romano de san Juan XXIII (versión nueva del Misal Romano de san Pío V, promulgado da raíz del Concilio de Trento), publicado en 1962 antes de la reforma litúrgica, no ha sido nunca jurídicamente abrogado y, por consiguiente, en principio, ha quedado siempre permitido. Es la forma extraordinaria de la celebración de la Misa. Y por tanto, todo sacerdote católico de rito latino puede utilizar ya sea el Misal Romano de san Juan XXIII (conocido como Misa de san Pío V) como el Misal promulgado por el beato Pablo VI, surgido de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, que es la forma ordinaria de la celebración eucarística.

El 4 de noviembre de 2009 Benedicto XVI publicó la Constitución Apostólica Anglicanorum coetibus, que permite dentro a los grupos de anglicanos que se convierten al catolicismo, mantener sus usos litúrgicos y costumbres de su identidad anglicana dentro de la Iglesia Católica. Para los anglicanos que entran en plena comunión con la Iglesia Católica se puede instituir ordinariatos personales.

También es de resaltar la beatificación del su inmediato predecesor en la Sede de San Pedro, Juan Pablo II. Un hecho que no ocurría desde la Edad Media.

Otro acontecimiento importante fue la celebración de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en el santuario mariano de Nuestra Señora de la Concepción Aparecida, en Brasil. Benedicto XVI presidió la Santa Misa que inauguró la V Conferencia General del Consejo Episcopal Latinoamericano y del Caribe, y predicó la homilía donde lanzó una llamada a la jerarquía católica del mundo, para alejar a la Iglesia de la política. El Papa se refirió a Latinoamérica como el continente de la esperanza, y señaló que la fe, no es una ideología política, ni un movimiento social, ni un sistema económico. Asimismo Benedicto XVI expresó su preocupación por los autoritarismos que han resurgido en Sudamérica y condenó la corrupción de los políticos, el egoísmo de los empresarios y la ironía de los medios de comunicación al referirse a la virginidad.

¿Cuáles son las encíclicas de Benedicto XVI? Son tres: Deus caritas est, sobre la virtud de la caridad; Spe salvi, que trata de la virtud de la esperanza; y la Caritas in Veritate, en la que aplica las enseñanzas de sus dos anteriores encíclicas a los grandes temas del mundo de nuestros días. Además dejó inconclusa una encíclica sobre la fe, que fue terminada por el papa Francisco, y es la Lumen fidei.

¿Publicó algún libro? Sí. Como teólogo -y no como papa- publicó una trilogía sobre Jesús. El primer libro –Jesús de Nazaret- reflexiona sobre la figura de Jesucristo en calidad de teólogo. El segundo tiene el título Jesús de Nazaret: Desde la entrada en Jerusalén hasta la Resurrección. Y el tercer libro se titula La infancia de Jesús. Los tres libros han sido un éxito internacional de ventas, señal que hoy día interesa a la gente la figura de Jesucristo.

¿Por qué renunció Benedicto XVI al Pontificado? El 11 de febrero de 2013 Benedicto XVI dio a conocer a los cardenales en un consistorio su renuncia al Pontificado. Queridísimos hermanos: Os he convocado a este Consistorio, no sólo para las tres causas de canonización, sino también para comunicaros una decisión de gran importancia para la vida de la Iglesia. Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando. Sin embargo, en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado. Por esto, siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, que me fue confiado por medio de los Cardenales el 19 de abril de 2005, de forma que, desde el 28 de febrero de 2013, a las 20.00 horas, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quedará vacante y deberá ser convocado, por medio de quien tiene competencias, el cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice. Queridísimos hermanos, os doy las gracias de corazón por todo el amor y el trabajo con que habéis llevado junto a mí el peso de mi ministerio, y pido perdón por todos mis defectos. Ahora, confiamos la Iglesia al cuidado de su Sumo Pastor, Nuestro Señor Jesucristo, y suplicamos a María, su Santa Madre, que asista con su materna bondad a los Padres Cardenales al elegir el nuevo Sumo Pontífice. Por lo que a mi respecta, también en el futuro, quisiera servir de todo corazón a la Santa Iglesia de Dios con una vida dedicada a la plegaria.

Vaticano, 10 de febrero 2013.

¿Quién sucedió a Benedicto XVI? El papa Francisco. Éste es el primer papa de la historia nacido en América. Argentino de nacionalidad, era cardenal arzobispo de Buenos Aires cuando fue elegido papa.

¿Qué se puede decir del Pontificado del papa Francisco? El papa Francisco es presente, y hay que esperar a que sea futuro para historiar su Pontificado. Pero destaquemos como hecho importante la convocatoria de un Año Santo dedicado a la Misericordia.

¿Ha escrito algunas encíclicas? Sí, la Lumen fidei, sobre la virtud de la fe; y la Laudato si’, que trata tiene por tema central la conservación de la naturaleza, con particular énfasis en la búsqueda de una “ecología integral”. También ha escrito dos exhortaciones apostólicas: Evangelii Gaudium, sobre la evangelización; y Amoris laetitia, que trata de la familia.

¿Goza de paz los cristianos en este comienzo del tercer milenio? No. En estos años del principio del siglo XXI las persecuciones contra los cristianos en diversas partes del mundo son numerosas y sangrientas. También hay campañas difamatorias y denigratorias contra la Iglesia Católica por parte de ciertos grupos de presión que son orquestadas por algunos medios de comunicación.

Entre los años 2003 y 2009 fueron asesinados alrededor de 2000 cristianos en Irak. A causa de los ataques dirigidos contra cristianos, muchos de ellos huyeron a otros territorios: de los cerca de 800.000 cristianos que había en 2003, se calcula que sólo quedaban 450.000 en 2010. Por lo que se refiere a la India, entre 2008 y 2010 se registraron más de mil episodios anticristianos en el estado de Karnataka. En el estado de Orissa, entre los años 2008 y 2010, más de 4.000 cristianos sufrieron persecución y presiones para convertirse a la religión hindú.

Los cristianos son el grupo más perseguido en el mundo. En 2010 había unos doscientos millones de cristianos en situaciones de persecución. Sin embargo esta intolerancia y discriminación contra los cristianos es silenciada por la mayoría de las cadenas de televisión y por la prensa del mundo. En el presente, se registran ejemplos de intolerancia o persecución hacia cristianos particularmente en Egipto, Marruecos, Nigeria, Kenia, República Centroafricana, Pakistán, Sudán, Indonesia, Laos y la India. En Arabia Saudí está prohibida la apertura de templos cristianos.

¿Ha habido beatificaciones y canonizaciones en los pontificados de Benedicto XVI y de Francisco? Sí. Durante el pontificado de Benedicto XVI fueron beatificados entre otros: Antonio Rosmini, pensador y filósofo italiano. Aunque algunos de sus escritos fueron condenados, él se sometió a la decisión de la Santa Sede con respecto a sus obras. John Henry Newman, converso y cardenal inglés. José Luis Sánchez del Río, joven de catorce años, mártir mexicano. El papa Francisco lo canonizó en el año 2016. Jerzy Popieluszko, sacerdote polaco asesinado por la policía del régimen comunista de Polonia. Carlos de Foucauld, místico contemplativo del Sahara argelino. Un grupo de mártires mexicanos de la guerra de los cristeros, y otro muy numeroso de mártires de la persecución religiosa habida en España en años de la década de los treinta del siglo XX.

Y en las canonizaciones están la de Rafael Arnaiz, -el hermano Rafael-, monje trapense. José Damián de Veuster, conocido como el Padre Damían de Molokai. Hildegarda de Bingen, que fue nombrada doctora de la Iglesia.

En los tres primeros años del pontificado del papa Francisco fueron beatificados, entre otros, un grupo de más de quinientos mártires españoles del siglo XX; Álvaro del Portillo, obispo y prelado del Opus Dei; el papa Pablo VI; Óscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador, asesinado mientras celebraba la Santa Misa.

Y entre los santos canonizados por Francisco están: Luis Martin y María Celia Guérin, padres de santa Teresa del Niño; los papas Juan XXIII y Juan Pablo II; Junípero Serra, misionero; María de la Purísima, superiora de la Congregación de las Hermanas de la Cruz; Antonio Primaldo y 812 compañeros mártires, de Otranto, en el sur de Italia, que fueron asesinados por rechazar convertirse al Islam después de que la ciudad cayera en manos de los otomanos en el año 1480.

Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 22ª (El Pontificado de san Juan Pablo II)

El Pontificado de san Juan Pablo II

¿Quién fue el Papa que condujo a la Iglesia al tercer milenio del cristianismo? San Juan Pablo II. En octubre de 1978, poco menos de dos meses después del cónclave que eligió a Juan Pablo I, los cardenales son llamados de nuevo a Roma por la muerte inesperada del Papa. Del cónclave sale elegido el cardenal polaco Karol Wojtyla, que toma el nombre de su inmediato predecesor. Al papa recién elegido se le acerca un compatriota suyo, el primado de Polonia, cardenal Stefan Wyszynski, para decirle: La tarea del nuevo Papa consistirá en introducir a la Iglesia en el tercer milenio. Aún quedaban más de dos decenios para el año 2000. San Juan Pablo II aceptó el reto, y desde el comienzo de su Pontificado puso su mirada en el Año Jubilar 2000.

¿Por qué se le atribuye a san Juan Pablo II el calificativo de Magno? San Juan Pablo II fue testigo del mensaje de salvación ciertamente a través de su vastísimo magisterio, pero más aún si cabe, con su propia persona. En todos los países que recorrió en sus numerosos viajes apostólicos, su persona y sus gestos eran portadores de la verdad de Cristo y de su pasión por el hombre. No fue sólo un heraldo del Evangelio, sino también un testigo del poder transformador de Cristo en la vida y en la historia de los hombres. Su nombre ocupa un lugar destacado en la historia de la Iglesia. Con sus enseñanzas y el ejemplo de su vida, san Juan Pablo II indicó al hombre en su peregrinar terreno la senda de la santidad, pues vivió entregado a la Iglesia y la dirigió con amor apasionado y con una fidelidad inquebrantable a Cristo, y en Cristo y por Cristo, por el bien de todos los hombres a cuyo encuentro iba no sólo en las audiencias romanas, sino en su peregrinar apostólico por el mundo anunciando la Buena Nueva del mensaje de Jesús de Nazaret.

¿Fue san Juan Pablo II un papa viajero? Sí. Derrochando energía y soportando con fortaleza largos trayectos, interminables saludos a personas, así como bruscos cambios de clima y de husos horarios, san Juan Pablo II llevó el mensaje de Cristo a los cinco Continentes, hablando casi siempre a las gentes en sus propias lenguas. Con estos viajes realizó la tarea encomendada por Jesucristo al primer Obispo de Roma: Confirma a tus hermanos (Lc 22, 32). Los viajes del Papa contribuyeron a impulsar las Iglesias locales y a una más profunda evangelización de los fieles, además de generar en muchos no católicos una corriente de simpatía hacia la Iglesia Católica. Algunos de los viajes se recuerdan por el particular alcance ecuménico, por ejemplo, sus visitas a Turquía, Inglaterra, Finlandia, Rumanía, Georgia, Grecia y Armenia.

Los números hablan por sí mismos. 104 viajes apostólicos fuera de Italia y 146 por este país; 129 naciones visitadas, estando en 616 ciudades. En Roma, de las 333 parroquias, visitó 317.

¿Qué acontecimiento cambió el curso de la historia en el Este europeo? La caída del telón de acero. En la Europa del Este, a finales de la década de los ochenta del siglo XX se produjo un hecho calificado por muchos de milagroso: el hundimiento del Imperio soviético. Resulta casi increíble el modo en que los sucesos de 1989 cambiaron la forma de vivir de aquellos millones de personas al otro lado del “telón de acero”. Símbolo del derrumbe del imperio soviético fue la desaparición del muro de Berlín, ocurrida en la noche del 9 de noviembre de 1989. El estilo de vida en las naciones “satélites” de la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), escrupulosamente controlado por los comunistas durante más de cuarenta años, se transformó, “de repente”, en una aspiración hasta entonces sólo anhelada secretamente: la aspiración a la libertad. La elección de un cardenal del Este para la Sede de San Pedro fue determinante para que se produjera el milagro, el final del comunismo. La fumata blanca del 16 de octubre de 1978, además del anuncio gozoso del Habemus Papam!, fue un brillo de esperanza de que algo iba a cambiar en el Este de Europa. Poco más de una semana de haber sido elegido papa, san Juan Pablo II dijo: La Iglesia del Este ha dejado de ser la Iglesia del silencio, porque el Papa habla en su nombre.

Los comunistas pretendieron arrancar la fe de los pueblos sometidos, pero la pretensión de construir un mundo sin Dios e incluso contra Dios se ha revelado ilusoria -decía san Juan Pablo II en 1990-. No podía ser de otra manera. Sólo seguía siendo un misterio el momento en que se manifestaría el fracaso de esa pretensión.

El protagonismo de san Juan Pablo II en los acontecimientos que, desde 1981 a 1989, se produjeron en la Europa del Este, incluida la URSS, no fue político. El Papa deseaba la caída del comunismo, pero su actuación quedó siempre dentro del campo de su ministerio: la defensa y predicación de los valores cristianos, morales, éticos, del individuo y de la sociedad. En todo momento quiso abrir una brecha en el mundo hermético e inhumano del comunismo por la que entrara Cristo. San Juan Pablo II ha pasado a la historia como el restaurador del humanismo cristiano frente al materialismo marxista, como abanderado de la libertad y de los derechos humanos, profundamente convencido de que la libertad religiosa es el fundamento de las demás libertades.

¿Cuáles son los documentos más importantes del último pontificado del siglo XX? En el campo de la doctrina, el Catecismo de la Iglesia Católica. En el terreno jurídico el Código de Derecho Canónico para la Iglesia latina y el Código de cánones de las Iglesias Orientales. Sobre la cuestión social, las encíclicas Sollicitudo rei socialis, Laborem exercens y Centessimus anuus. También están la exhortación Familiaris consortio, que trata de la familia; y la carta apostólica Mulieris dignitatem, sobre la dignidad de la mujer en la sociedad. Además, en el tema de la moral cristiana está la encíclica Veritatis splendor. Y sobre la vida humana, la encíclica Evangeliun vitae.

Pero hay muchos otros documentos, también importantes. El magisterio de san Juan Pablo II está fundamentalmente en 14 encíclicas, 15 exhortaciones apostólicas y 11 cartas apostólicas. Además están los discursos, homilías, mensajes y alocuciones. En sus escritos trató de variados temas, todos exigidos por su misión magisterial. Temas tratados: el trabajo humano, el ecumenismo, la actividad misionera de la Iglesia, la doctrina social de la Iglesia, la moral cristiana, la vida humana, la relación entre fe y razón, la catequesis, la familia, la consagración religiosa, el sacramento de la Penitencia, los laicos, los sacerdotes, los obispos, el sentido salvador del dolor y la enfermedad, la dignidad de la mujer, la ordenación sacerdotal reservada sólo a los varones, las Iglesias Orientales, la naturaleza de la Conferencias episcopales, el sentido cristiano y religioso del domingo, el Santo Rosario, la Eucaristía.

También hay documentos dedicados a la Santísima Trinidad (encíclicas Redemptor hominis, Dives in misericordia y Dominum et vivificantem), a la Santísima Virgen María (encíclica Redemptoris Mater), a san José (exhortación Redemptoris Custos); y otros sobre la Iglesia en los cinco Continentes. Y por último, dos cartas apostólicas relacionadas con el paso de un milenio a otro: Tertio millennio adveniente y Novo millennio ineunte.

¿Qué fue el principal conflicto solucionado? El de la teología de la liberación. Esta doctrina heterodoxa, defendida por los que postulaban un cristianismo-marxista, favorecida por la clamorosa situación de pobreza y de injusticia, hizo estragos en el continente americano sembrando guerrilla y discordia. Inducía a la lucha de clases, abría una brecha de descatequización por la que entraban las sectas, sembraba secularismos, vaciaba de contenido religioso el mensaje evangélico.

Consciente san Juan Pablo II de que Hispanoamérica era un continente golpeado por la pobreza, mucha de la cual era consecuencia de graves injusticias, alentó y bendijo todo cuanto se hiciera para mejorar su suerte, para liberar a aquellos países de las ataduras de la miseria y de la ignorancia, para que resplandeciera en todos los hombres la dignidad propia de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios. Pero dejó bien claro: La metodología de la violencia no tiene justificación racional y aún menos cristiana. Frente a los métodos de la violencia es necesario realizarse en la verdad, construirse sobre la justicia, ser animada desde el amor y efectuarse en la libertad.

Para clarificar ideas, la Congregación para la Doctrina de la Fe intervino con dos instrucciones: Libertatis nuntius, y Libertatis conscientia. En estos documentos se autorizaba la validez de la expresión teología de la liberación siempre que fuera bien entendida y reafirmara el sentido genuino de la liberación predicada por Cristo. La liberación –se lee en el primer documento citado- es ante todo y principalmente liberación de la esclavitud radical del pecado. Su fin y su término es la libertad de los hijos de Dios, don de la gracia. (…) Algunos se sienten tentados a poner el acento de modo unilateral sobre la liberación de las esclavitudes de orden terrenal y temporal, de tal manera que parecen hacer pasar a un segundo plano la liberación del pecado, y por ello no se le atribuye prácticamente la importancia primaria que le es propia. Existe una auténtica teología de la liberación: la que está enraizada en la Palabra de Dios, debidamente interpretada. Pero junto a ellas, hay otras teologías de la liberación cuya interpretación del Evangelio se aparta gravemente de la fe de la Iglesia y que son, por tanto, heterodoxas. Y en la Libertatis conscientia expresamente se dice que la opción preferencial de la Iglesia por los pobres no es exclusiva ni excluyente, pues no puede ser en modo alguno una opción partidista y de naturaleza conflictiva.

¿Hubo algún que otro asunto grave? El pontificado de san Juan Pablo II estuvo sembrado de dificultades, pero el Papa no se arredró ante los problemas y trató de solucionarlos. Y con ganas de entrar como capitán de la milicia cristiana en el nuevo milenio.

San Juan Pablo II se encontró con el asunto espinoso de la compleja situación de la Iglesia en Holanda desde los años del postconcilio. La Iglesia en Holanda había tenido, en los años cincuenta y primeros de los sesenta, una enorme vitalidad social y misionera. Los católicos holandeses, minoría en el país (40% de la población), eran extremadamente fieles a Roma. A principios de la década de los setenta, la comunidad católica entra en un rápido proceso de contestación y sufre una desintegración profunda. Al comienzo del pontificado de san Juan Pablo II la Iglesia en Holanda está sumida en una grave crisis, la mayor de su historia.

En mayo de 1985 viajó san Juan Pablo II a los Países Bajos. En vísperas de la llegada del Papa, el arzobispo de Utrecht, Adrianus Johannes Simonis, declaraba que aquel viaje apostólico ayudaría a superar las divisiones, y explicaba las realidades del país diciendo: Existe entre nosotros una división en la interpretación del Vaticano II, e incluso de la Sagrada Escritura. El holandés es un pueblo teológico. Un holandés es un teólogo; dos hacen una Iglesia; tres, un cisma. No quiero decir con esto que exista cisma, pero división sí que hay.

Poner orden en medio de un tremendo confusionismo doctrinal era empresa ardua y compleja. Ya el beatoPablo VI en los años postconciliares había dicho varias veces no a las iniciativas de algunos grupos progresistas de católicos holandeses: No al Catecismo de 1966; no al Concilio Pastoral que hizo clausurar en 1970; no a los candidatos al episcopado indicados por los capítulos de las catedrales. San Juan Pablo II decidió convocar para enero de 1980 un Sínodo particular de la Iglesia holandesa, en Roma, como medio para resolver la crisis. La finalidad del Sínodo era estimular la comunión: entre la comunidad eclesial y la Trinidad, entre los mismos bautizados, entre los fieles y sus obispos, entre los propios obispos y el Papa. Durante el desarrollo del Sínodo, san Juan Pablo II hizo cuanto pudo para que el encuentro -momento decisivo de reflexión- se desarrollase en un espíritu colegial. Y al final, el Pontífice lo calificó como un período gozoso y un período de un verdadero diálogo de salvación.

Un silencio esperanzador siguió al Sínodo. Pronto la frontera entre el sacerdocio ministerial y el sacerdocio común de los fieles, que había quedado difuminada y como perdida en la niebla de la confusión de los llamados agentes pastorales, volvió a quedar delimitada. Las aguas, aunque lentamente, empezaron a volver a su cauce. La unidad de los fieles, y de ellos con sus obispos, y de todos con Roma, fue restablecida.

¿Qué espina se le clavó en el corazón paternal de san Juan Pablo II? El cisma ocasionado por el obispo francés Marcel Lefêbvre. El Papa había decidido llevar a la práctica todas las enseñanzas y prescripciones del Concilio Vaticano II, y se encontró con la oposición de Lefêbvre, que no las aceptaba. Con corazón de padre, el Papa entabló el diálogo para la reconciliación, pero resultó infructuoso. Y cuando el prelado francés hizo saber a la Santa Sede su decisión de conferir la ordenación episcopal, sin mandato apostólico, a cuatro sacerdotes, san Juan Pablo II, ante el posible cisma, escribió a Lefêbvre pidiéndole por las llagas de Cristo nuestro redentor que no lo hiciera. El obispo galo consumó su acto de rebeldía sin atender a la petición del Papa.

¿Cuáles fueron las celebraciones importantes en el último cuarto del siglo XX? El Año Santo de 1983 para conmemorar el MCML aniversario de la Redención de Cristo; el Gran Jubileo del año 2000; y el Año Mariano en el bimilenario del nacimiento de la Santísima Virgen. También tuvieron su importancia la celebración de las Jornadas Mundiales de la Juventud en diversas partes del mundo y la de los Encuentros de las Familias. Además de las ceremonias de beatificación y de canonización.

¿Qué novedades hubo respecto a la vida de piedad? La más significativa es la inclusión de los misterios luminosos o de luz en el Santo Rosario. También las letanías lauretanas se vieron enriquecidas con dos invocaciones más: Mater ecclesiae y Regina familiae. Además está la institución de la fiesta de la Divina Misericordia.

¿Fue el siglo XX un período floreciente para la Iglesia? Sí. Se puede decir que es el Siglo de oro del Papado. Varios papas están ya en los altares (san Pío X, san Juan XXIII, beato Pablo VI y san Juan Pablo II), y otros en procesos de canonización (Pío XII y Juan Pablo I). Pero especialmente están los santos del siglo XX. Entre ellos: santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), pensadora alemana de origen judío, convertida al catolicismo y profesa en la Orden del Carmelo. Murió en el campo de concentración de Auschwitz; santa Josefina Bakhita, sudanesa, flor africana que conoció las angustias del secuestro y de la esclavitud y que se abrió admirablemente a la gracia en Italia, junto a las hijas de santa Magdalena de Canosa; san Josemaría Escrivá, el santo de la vida ordinaria; santa Faustina Kowalska, difusora de la devoción a la Divina Misericordia; san Pío de Pietrelcina, fraile capuchino apóstol del sacramento de la Penitencia; santa Juana Batetta Molla, madre de familia que prefirió llevar a término la gestación de su cuarta hija, aun sabiendo que el precio de ese nacimiento sería su propia muerte; santa Ángela de la Cruz, fundadora de la Congregación de las Hermanas de la Compañía de la Cruz; santa Teresa de Calcuta, religiosa entregada a atender a los “más pobres entre los pobres”; el beato Carlos I, último emperador de Austria, y otros muchos más.

También surgieron los movimientos eclesiales. Son comunidades dentro de la Iglesia que tienen una determinada forma de llevar a cabo o vivir la fe católica. Algunas están dedicadas a la evangelización y actividad misionera. Se denominan movimientos laicos para diferenciarlos de los religiosos. Tras el Concilio Vaticano II aparecieron bastantes de estos movimientos, entre ellos: Camino Neocatecumenal, Movimiento de los Focolares; Comunión y Liberación; Renovación carismática Católica; Regnum Chriti; Comunidad de Sant’Egidio; y Movimiento apostólico de Schonstatt.

Y con luz propia ilumina todo el siglo las apariciones de la Virgen María en Fátima a tres niños. En un aniversario de la primera aparición (13 de mayo), el Papa sufrió un atentado en la Plaza de San Pedro. Después del atentado del 13 de mayo de 1981, a Su Santidad le pareció claro que había sido “una mano materna quien guió la trayectoria de la bala”, permitiendo al “Papa agonizante” que se detuviera “a las puertas de la muerte”, dijo el cardenal Sodano.

Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 21ª (Los años postconciliares)

Los años postconciliares

¿Qué fue la “crisis postconciliar”? Después de la clausura del Concilio Vaticano II hubo en la Iglesia un tiempo de crisis. Los años posconciliares fueron particularmente tormentosos para la vida de la Iglesia. Algunos pretendieron una nueva Iglesia diversa u opuesta a la Iglesia de Cristo, rompiendo radicalmente con todo lo anterior, y con total olvido de dos milenios de historia cuajada de frutos de santidad y de fidelidad absoluta al depósito de fe revelado plenamente en Jesucristo. En el año 1972 el beato Pablo VI dijo: Creíamos que después del Concilio vendría un día de sol para la historia de la Iglesia, pero en cambio ha llegado un día nublado, tormentoso, oscuro, lleno de búsquedas e incertidumbres y no resulta fácil transmitir la alegría de la comunión.

Muchas esperanzas quedaron cruelmente defraudadas. Fueron muchos los abusos que se cometieron en nombre de un pretendido “espíritu conciliar”, que nada tenía que ver con el genuino espíritu del Vaticano II ni con la letra de sus documentos. El abuso en materia litúrgica estaba a la orden del día, siendo especialmente maltratados los Sacramentos. Las normas emanadas de la autoridad eclesiástica eran objeto de réplica contestataria. Privados del catecismo, en unos casos; desorientados por catecismos heréticos, en otros; adoctrinados por teólogos que, en lugar de proporcionarles nociones claras y concisas, les obsequiaban con sus dudas, los cristianos ya no sabían en qué debían creer o no creer, y sufrían, mientras proseguía la desbandada silenciosa de los fieles que iba despoblando los templos, a la vez que muchos conventos se vaciaban no tan silenciosamente.

La “crisis postconciliar” se dejó sentir sobre todo en los miembros del clero -secular y regular-, de las congregaciones religiosas y también en los miembros de la Acción Católica y de otras organizaciones eclesiales. Además de los abusos litúrgicos y disciplinares, hubo una caída y abandono de las vocaciones sacerdotales y religiosas.

¿Cuál es el documento más importante del beato Pablo VI? En la clausura del Año de la Fe que había sido proclamado para conmemorar el XIX Centenario del martirio de los santos apóstoles Pedro y Pablo, el beato Pablo VI publicó El Credo del Pueblo de Dios, que presenta, de forma sencilla y profunda, algunas verdades de fe más atacadas por algunas corrientes teológicas. En él, el Papa hace una hermosa profesión de fe, reafirmando las verdades que el Cuerpo Místico de Cristo cree y vive, tomando así una firme postura ante los no pocos intentos de agresión que sufría la fe cristiana.

Pero el documento más importante fue la encíclica Humanae vitae. Ningún documento anterior del Magisterio pontificio había sido publicado en medio de tan amargo vendaval como éste. Esta encíclica aborda una cuestión de gran transcendencia: la regulación de la natalidad. En ella la suprema autoridad de la Iglesia recordaba a todos los hombres de buena voluntad otra aplicación de aquel lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre: el acto sexual conyugal y la procreación forman una parte de un todo lleno de amor que al hombre no le es lícito romper poniendo barreras químicas o físicas que separen el aspecto unitivo del aspecto procreativo.

La Humanae vitae fue mal recibida en el mundo laico y menos que con “obediencia obsequiosa” en algunos ambientes católicos. En torno a ella se polarizó la contestación eclesial. Mas la impopularidad de la medida adoptada no hizo mella en el beato Pablo VI, convencido hasta el final de su vida de haber tomado la decisión en plena fidelidad a su carga de pastor.

¿Qué otras luces hay en este Pontificado? En la clausura de la 3ª sesión del Concilio Vaticano II, el beato Pablo VI proclamó a la Virgen María Madre de la Iglesia. También están los viajes apostólicos realizados por el Papa fuera de Italia, empezando por el de Tierra Santa, sin precedentes en toda la historia del Papado. De principal importancia fue el realizado a Nueva York para pronunciar un discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. En aquella ocasión hizo una enérgica defensa de la vida humana: La vida del hombre es sagrada. Nadie está autorizado a atentar contra ella. En esta asamblea el respeto a la vida, incluso en lo que se refiere al gran problema de la natalidad, debe encontrar su más alta profesión y su más razonable defensa. Os corresponde a vosotros la tarea de hacer que el pan sea suficientemente abundante en la mesa de la humanidad y de no favorecer un control artificial de los nacimientos, que sería irracional, con el fin de que disminuyan los convidados al banquete de la vida.

Además están las reformas que hizo en la Iglesia. Estas reformas, recomendadas por el Concilio Vaticano II, iban encaminadas a presentar la misión sobrenatural de la Iglesia de forma que respondiera a las exigencias pastorales del mundo actual. Por propia iniciativa, el beato Pablo VI promovió algunos cambios disciplinares, especialmente sobre las facultades ordinarias de los Obispos; e instituyó el Sínodo de Obispos.

La reforma más significativa fue la de la Liturgia. De especial importancia fueron los siguientes documentos: la constitución apostólica Missale Romanum, con la que promulgó el Misal Romano reformado por mandato del Vaticano II; el motu proprio Mysterii Paschalis, con el nuevo calendario litúrgico; y la constitución apostólica Laudis Canticum, con la nueva Liturgia de las Horas.

Además está la institución de la fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, introducida en el calendario litúrgico propio de España a instancias del venerable José María García Lahiguera. La primera vez que se celebró esta fiesta fue 6 de junio de 1974, jueves posterior a Pentecostés.

Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 21ª (El Concilio Vaticano II)

El Concilio Vaticano II

¿Por qué el siglo XX se le denominado el siglo de las persecuciones? En ningún otro siglo la Iglesia ha sufrido tantas persecuciones como en el siglo XX. El 7 de mayo del Año Santo 2000, dentro de las celebraciones jubilares, tuvo lugar la Conmemoración de los testigos de la fe. En esta celebración, el papa san Juan Pablo II tenía especialmente presentes a los mártires del siglo XX, muchos de los cuales lo fueron a causa del nazismo, del comunismo y de las luchas raciales o tribales. En países como México, con la guerra de los “cristeros”; España, durante la guerra civil; Alemania, en la época nazi; y los del telón de acero, sometidos a la dictadura soviética de carácter marcadamente ateo, el número de mártires fue muy elevado. Personas de todas clases sociales sufrieron por su fe, pagando con la sangre su adhesión a Cristo y a la Iglesia, o soportando con valentía largos años de prisión o privaciones de todo tipo por no ceder a una ideología transformada en un régimen dictatorial despiadado.

Durante las casi dos décadas del pontificado de Pío XII, la Iglesia sufrió persecuciones sangrientas en los países dominados por el comunismo. Es lo que ocurrió sobre todo en China, país en el que Pío XII había instituido una jerarquía autóctona en 1946. Triunfante la revolución marxista en 1949, comenzó enseguida la eliminación sistemática de la Iglesia, arruinando una floreciente cristiandad. En 1957 las autoridades comunistas crearon la llamada Iglesia patriótica china con consagraciones de obispos no permitidas por Roma. La protesta de Pío XII no se hizo esperar.

En la Unión Soviética se recrudeció la persecución de los cristianos, especialmente en Ucrania, que contaba con cuatro millones y medio de católicos. En este país se desencadenó una brutal lucha de aniquilación contra los cristianos vinculados a Roma. Persecución que se extendió a las naciones que habían caído en la órbita soviética. El Papa hizo cuanto estuvo en sus manos por evitar o disminuir estas persecuciones, que alcanzaron en Europa su máxima cota con el proceso del cardenal húngaro Mindszenty.

¿Qué acontecimientos importantes hubo durante el Pontificado de Pío XII? El de mayor magnitud fue la proclamación del dogma de la Asunción de la Virgen María a los Cielos en cuerpo y alma. También es digno de reseñar las celebraciones del Año Santo de 1950 y del Año Mariano de 1954. Éste último para conmemorar el I Centenario del Dogma de la Inmaculada Concepción. Además está la institución de la fiesta de San José Artesano, cuya memoria litúrgica es el 1º de mayo; y las canonizaciones, entre otras, de san Pío X, santa María Goretti, santa Gema Galgani, santo Domingo Savio y san Antonio María Claret. En el campo litúrgico, la reforma de las celebraciones de la Semana Santa.

¿Sobresalió Pío XII por su magisterio? Sí. Pío XII debió sentir especialmente la responsabilidad de su misión de enseñar, pues de su pontificado sobresale, sin desmerecer otros aspectos, su magisterio. Habló y escribió continuamente, ante toda clase de personas y sobre toda clase de temas. Ninguna cuestión, grande o pequeña, de interés para el hombre y para su época escapó a su estudio y a su enseñanza.

Las principales encíclicas son: Mystici Corporis, que tuvo gran importancia teológica. En ella se describe a la Iglesia como el Cuerpo Místico de Cristo y se estudia la naturaleza misma de la Iglesia, fijando la unidad de la Iglesia carismática y de la Iglesia institucional en una única realidad, la Iglesia de Jesucristo, frente a movimientos espiritualistas exagerados que propugnaban una división que hubiera vaciado de contenido el Cuerpo Místico de Cristo; Divino afflante Spiritu, que vino a ser como un complemento de la anterior, en la que promueve el estudio de la Biblia como un medio de conocer mejor a Dios, y de esta forma evitar la ignorancia, que arrastra a tantos hombres fuera de la verdadera fe; Mediator Dei, en la que Pío XII alentaba a los fieles a expresar su fe mediante una liturgia que fuera exponente de su piedad y de su formación; y Humani generis, fue la que alcanzó mayor resonancia pues conecta plenamente con el pensamiento de san Pío X. Su tema es la ciencia y el pensamiento moderno.

¿Qué ocurrió en el mundo cuándo llegó la paz? Después de la Segunda Guerra Mundial en el mundo se produjeron cambios. La Unión Soviética sojuzgó a la Europa del Este y otros países donde el cristianismo vivía en estado de opresión. Se creó una gran tensión entre los dos bloques: el de la Unión Soviética y las naciones satélites de su órbita y el de Norteamérica y los países occidentales, que desembocó en la guerra fría. En el mundo libre, junto con un mayor fervor religioso, avanzó también el materialismo y el secularismo, que se oponían a la vida cristiana y trataban de cambiar las costumbres. Las mayores alegrías de Pío XII provinieron del impulso al apostolado de los laicos representados por nuevas instituciones de la Iglesia -como por ejemplo, el Opus Dei, fundado en 1928 por san Josemaría Escrivá, aprobado por Pío XII en 1950 y erigido en prelatura personal por san Juan Pablo II en 1982; y los institutos seculares-; y el desarrollo de otras instituciones ya existentes, como la Acción Católica.

¿Un “papa de transición”? San Juan XXIII tenía 77 años de edad cuando fue elegido papa. Esto hizo que muchos pensaran que sería un “papa de transición”. Sin embargo, con su pontificado dio un giro importante en la vida de la Iglesia, y un extraordinario impulso al ecumenismo; y de su magisterio sobresalen dos encíclicas: Pacem in terris y Mater et Magistra, fruto de su interés por los temas sociales, la paz y la cooperación internacional. Pero lo más importante de su pontificado fue la convocatoria de un concilio ecuménico, con objeto de renovar la vida de la Iglesia y adaptar la disciplina eclesiástica a las condiciones de los tiempos modernos.

¿Cuáles son los documentos más importantes del Concilio Vaticano II? La primera sesión del Concilio se celebró en otoño de 1962. Fue la única de san Juan XXIII. En esta sesión no se aprobó ningún documento. Las siguientes sesiones (2ª, 3ª y 4ª) se celebraron en el cuarto trimestre de los años 1963, 1964 y 1965, todas ellas ya durante el pontificado del beato Pablo VI. El Vaticano II trazó un importante programa de renovación cristiana que plasmó en sus documentos, especialmente en cuatro constituciones: Constitución Sacrosanctum concilium, sobre la Liturgia; Constitución dogmática Dei Verbum, sobre la Sagrada Escritura; Constitución pastoral Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo; y Constitución dogmática Lumen gentium, sobre la Iglesia.

Los puntos principales de las enseñanzas del Concilio Vaticano II son: a) la colegialidad de los obispos; b) la autoridad eclesial entendida como servicio; c) el impulso a la evangelización; d) la llamada universal a la santidad; e) la importancia del papel de los laicos; f) la santificación del trabajo profesional; g) la libertad religiosa; y h) el ecumenismo.

¿Qué fiesta de la Virgen adquirió mayor importancia con la reforma litúrgica a raíz del Concilio Vaticano II? La fiesta de la Maternidad Divina de Santa María. Se celebraba el día 11 de octubre. En el calendario litúrgico actual el día 1 de enero es la solemnidad de Santa María, Madre de Dios. La maternidad divina es el hecho central que llena de luz la vida de María, y explica los innumerables privilegios con que Dios quiso adornarla; una verdad que los cristianos profesaron desde los orígenes de la Iglesia.

Cuando Nestorio, en el primer tercio del siglo V, negó a María el título de theotocos -Madre de Dios-, todo el orbe cristiano reaccionó en defensa de la verdad católica; y el III Concilio Ecuménico reunido en Éfeso (año 431) proclamó solemnemente a María como Madre de Dios. Dos siglos y medio después el Concilio III de Constantinopla (año 681) recogió como fórmula conciliar de fe el primer anatematismo de la II Carta de san Cirilo a Nestorio: Si alguno no confiesa que el Emmanuel es verdaderamente Dios y que por eso la Santísima Virgen es Madre de Dios, puesto que engendró según la carne al Verbo de Dios encarnado, sea anatema (Concilio de Éfeso, Anatematismos o capítulos de Cirilo, can. 1).

Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 20ª (Pío XII y la Segunda Guerra Mundial)

Pío XII y la Segunda Guerra Mundial

¿Quién ocupaba la sede de san Pedro durante la Segunda Guerra Mundial? Pío XII. Fue elegido papa en una de las horas más graves de la Iglesia. Por segunda vez, un conflicto inhumano va a devastar Europa, destrozar países y sacudir los estratos de la civilización. Desde el día de su coronación -12 de marzo de 1939- consagró la totalidad de sus esfuerzos para impedir la guerra que era inminente. El 24 de agosto de 1939, una semana antes del comienzo de la guerra dirigió un llamamiento a la razón, cuyo contenido fundamental es éste: Nada se pierde con la paz; todo puede perderse con la guerra.

El día 1 de septiembre de 1939 los alemanes ocupan Dantzig y su pasillo, y la Wehrmacht desencadena una formidable ofensiva contra Polonia. Dos días después, Francia e Inglaterra declaraban la guerra a Alemania. Había estallado el mayor conflicto bélico de toda la historia de la Humanidad.

¿Cuáles fueron los principales esfuerzos de Pío XII por la paz? Iniciada la guerra, Pío XII intentó impedir la planetización del conflicto. Virtualmente prisionero en el Vaticano, utilizó la radio para hacer oír su voz pacificadora. Desde el principio de las hostilidades, por encargo del Papa, se creó en el Vaticano un comité de ayuda a las víctimas y un servicio de información en favor de los prisioneros, refugiados y deportados.

Pío XII hizo todo lo posible por mantener a Italia al margen de la contienda, sin resultado positivo. Convertida Italia en beligerante, el Estado Vaticano queda aislado en medio del furioso torrente de la guerra. Por el artículo 24 de los Pactos Lateranenses el Papa está obligado a no inmiscuirse en política. Y de hecho mantiene la más rigurosa neutralidad, pero sin dejarse enredar en la propaganda de uno o de otro bando y conservando toda su independencia para condenar lo que no se puede justificar ni moral ni políticamente.

Con el ataque alemán a Rusia el 22 de junio de 1941, y el ataque japonés a Pearl Harbor el 7 de diciembre del mismo año, la guerra adquiere proporciones universales. Pío XII insistió en la necesidad de orar y de hacer penitencia para obtener de Dios el señalado beneficio de la paz. Acudió a la Basílica de Santa María la Mayor para implorar en fervorosa plegaria la paz a la Santísima Virgen, a la vez que realizó gestiones diplomáticas para abreviar los sufrimientos de la Humanidad.

¿Protegió el Papa a los judíos? Sí. Durante la guerra fue infatigable la acción de paz de Pío XII en favor de los prisioneros, los perseguidos y los refugiados. Con respecto al espantoso genocidio judío es injurioso reprocharle a Pío XII actitudes reservadas. El silencio, al principio, del Papa ante las deportaciones judías y la violación de los derechos humanos se debió al temor de que una denuncia contundente pudiera empeorar la situación. El 13 de mayo de 1940 dijo al Embajador italiano que realmente tendría que pronunciar palabras de fuego sobre los horrores cometidos por los nazis en Polonia y que sólo le contenía para no hacerlo el saber que, de hablar, la suerte de los polacos sería peor. Tenía muy presente las reacciones de los nazis como consecuencia de la encíclica Mit brennender Sorge de su predecesor Pío XI. A pesar de todo, cuando tuvo conocimiento de la existencia de campos de exterminio, alzó su voz en el mensaje navideño de 1942 para referirse a esos cientos miles de hombres que, sin culpa alguna por su parte, sólo por el hecho de su nacionalidad o de su raza, son entregados a una muerte rápida o lenta. En virtud de sus experiencias con el nacionalsocialismo, Pío XII y sus colaboradores estaban persuadidos de que una protesta inflamada no sólo no haría parar la máquina asesina nazi sino que la aceleraría.

En la época de la ocupación alemana de Roma, centenares de perseguidos se refugiaron en las basílicas romanas y demás edificios de la Santa Sede extramuros del Vaticano. Nadie que solicitaba asilo en el Estado Papal fue rechazado. No había diferencias por motivo de raza ni de religión. Fueron acogidos católicos, protestantes, judíos.

El 28 de noviembre de 1943 el Gran Rabino de Roma, Zolli, solicitó la protección del Santo Padre. Los nazis y los neofascistas habían exigido a los judíos residentes en Roma la entrega de un millón de liras y cien libras de oro, amenazándoles con saquear sus casas y llevarlos a campos de concentración si no lo hacían. Los judíos consiguieron el dinero, pero no la cantidad exigida del precioso metal. Entonces Pío XII ordenó fundir muchos vasos sagrados para poder socorrer a aquellos hombres de una fe distinta. A las veinticuatro horas los judíos pagaban el injusto tributo.

En la ayuda a los judíos el Papa encontró una inestimable ayuda en el embajador Weizsäcker y en el diplomático alemán Albrecht von Kessel. En la redada de la Gestapo del 16 de octubre de 1943 si no fueron arrestadas las ocho mil personas previstas, la causa estuvo en la hábil cooperación entre la Embajada alemana ante la Santa Sede y la Curia romana. Es Kessel quien sugirió la redacción de una carta de protesta, firmada por el obispo austríaco residente en Roma, Aloius Hudal. Dicha carta sirvió a Weizsäcker como apoyo a sus argumentaciones ante el Gobierno de Berlín. Por motivos tácticos se añadieron en la carta algunas observaciones diplomáticas sobre los jefes nazis y las buenas relaciones entre el Vaticano y Alemania: se trataba de argumentar que el arresto de los judíos bajo las ventanas del Papa era un acto perjudicial para la política alemana. Desgraciadamente, el objetivo no se consiguió del todo. Mil judíos son trasladados al norte de Italia, en un viaje sin retorno para la mayor parte de ellos. Pero se había conseguido salvar a siete mil.

¿Cómo se ayudó a los prófugos? Cuando se produjo en 1943 la capitulación de Italia y el cambio de régimen, la situación se convirtió en caótica. Pío XII se preocupó por el socorro de los indigentes, de los huérfanos, de los niños, de los prófugos y emigrados, de los prisioneros de guerra, de todos aquellos, en fin, que por la fuerza aciaga de las circunstancias se hallaban sumidos en el profundo abismo del dolor, del hambre o de la miseria. Creó la Comisión Pontificia de asistencia a los prófugos para aliviar la triste situación de los que, tras haberlo perdido todo, se veían forzados a vagar errantes por los caminos de Italia sin encontrar el fin de su desdichada peregrinación.

También a los demás países ocupados por los nazis llegó la acción benéfica del Papa. A los obispos de Francia, Bélgica y Luxemburgo envió considerables sumas de dinero para socorrer a los pobres y reparar los daños causados por las operaciones bélicas. Igualmente se mandaron subsidios extraordinarios a las misiones de Escandinavia y a las poblaciones eslovenas, croatas y serbias; alimentos a Grecia y a Polonia, y considerables auxilios a los polacos diseminados en Francia, Hungría, Suiza y otros lugares. En las Nunciaturas funcionaban oficinas especiales para consuelo y ayuda de los prófugos.

Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 20ª (La vida de la Iglesia entre las dos guerras mundiales)

La vida de la Iglesia entre las dos guerras mundiales

¿Qué hito importante hubo en el pontificado de Benedicto XV? La promulgación del Código de Derecho Canónico.

¿Cuál la génesis del Código de Derecho Canónico? Con objeto de poner al día el Derecho de la Iglesia, san Pío X, en el año 1904, con el motu proprio Arduum sane munus ordenó una codificación del Derecho de la Iglesia. Esta tarea resultaba urgente ya que el citado Derecho se regía por el Corpus iuris canonici, anticuado por completo. Ya antes del Concilio Vaticano I se oyeron voces clamando por una codificación del Derecho Canónico, pues aquel entonces la legislación de la Iglesia era incierta, insuficiente e inadaptada.

En 1904 san Pío X creó una comisión cardenalicia para emprender la magna tarea de codificar el Derecho de la Iglesia, cuya presidencia se reservaba el mismo Papa. Como secretario fue designado el famoso canonista, Pietro Gasparri, promovido en 1907 al cardenalato, principal arquitecto y artífice del Código pío-benedictino.

El 27 de mayo de 1917 Benedicto XV firmaba la constitución Providentissima Mater Ecclesia promulgando el Código de Derecho Canónico, que fue acogido con alegría por toda la Iglesia Católica y despertó el interés en todo el mundo cristiano.

¿Cuántas canonizaciones hubo en el pontificado de Benedicto XV? Una sola, la de santa Juana de Arco. Ésta es conocida como la Doncella de Orleáns, que después de luchar eficazmente por su patria, al final fue entregada al poder de los enemigos, quienes la condenaron por hereje en un juicio injusto.

El 30 de mayo de 1431, en la ciudad francesa de Rouen, Juan de Arco, que era una joven de 19 años, murió en la hoguera, tras ser procesada por la inquisición. La última palabra salida de sus labios fue Jesús. Tiempo después, en otro proceso -éste, de rehabilitación- se anuló solemnemente el primero, cuyas injusticias fuero mostradas por entero, y alejó de Juana de Arco toda sospecha de herejía. Casi cinco siglos después, en 1909, el papa san Pío X, teniendo en cuenta su piedad, su castidad, su fe inquebrantable y otras virtudes vividas en grado heroico, la beatificó. Pocos años más tarde, en 1920, Benedicto XV la canonizó.

De santa Juana de Arco no hay ni un retrato, ni una tumba. Sus cenizas, por temor a que fueran veneradas, fueron arrojadas en el Sena. De ella sólo quedan sus palabras y declaraciones tomadas en el proceso. Parece una paradoja, pero el proceso que la condenó por herejía constituye en realidad un monumento a su santidad y a su sólida fidelidad al Señor y a su Iglesia.

¿Qué hechos importantes ocurrieron en la vida de la Iglesia entre las dos guerras? Durante el período entre las guerras mundiales ocupó la sede de san Pedro Pío XI. En el pontificado de este Papa cabe destacar la celebración de dos años santos, el ordinario de 1925 y el jubileo extraordinario de 1933, con motivo del XIX Centenario del Redención; las canonizaciones de santa Teresa del Niño Jesús, san Juan María Vianney, santo Roberto Belarmino, santa Bernadita Soubirous, san Alberto Magno, san José Benito Cottolengo, san Juan Bosco, san Juan Fisher y santo Tomás Moro.

También es digno de resaltar el magisterio de Pío XI, con diversas encíclicas, entre las cuales están: Casti connubii, sobre el matrimonio cristiano; Quadragesimo anno, en conmemoración del XL aniversario de la encíclica Rerum novarum; Mit brennender Sorge, sobre las presiones a los católicos alemanes por parte del régimen nazi de Alemania; Divini Redemptoris, sobre el comunismo ateo; Non abbiamo bisogno, sobre la Acción Católica en Italia; Iniquis afflictisque, sobre la persecución de los católicos en México; y Dilectissima Nobis, de Pío XI, sobre la persecución a la Iglesia en España.

Además están la institución de la fiesta de Jesucristo, Rey del Universo, el fuerte impulso a la Acción Católica y la firma del Tratado de Letrán.

¿Cuál fue el motivo por el cual Pío XI instituyó la fiesta de Jesucristo, Rey de Universo? La decisión de Pío XI estuvo motivada, sobre todo, para hacer frente al avance del ateísmo y de la secularización en la sociedad. La finalidad de esta fiesta es afirmar la soberanía de Jesucristo sobre los hombres y las instituciones. Pío XI dispuso que se celebrase el último domingo de octubre. La liturgia renovada después del Concilio Vaticano II ha conservado la fiesta, ahora como solemnidad, pero trasladándola al último domingo del año litúrgico, y de esta forma es como el remate y coronación de todo el año litúrgico. Además, ha cambiado parcialmente su sentido. Ahora la idea dominante es el reinado de Jesucristo en sí mismo considerado.

El título y poder de rey pertenecen en derecho propio a Jesucristo, como Dios y como Hombre. Es también Rey por derecho de conquista en cuanto es el libertador de toda la humanidad redimida con su Sangre. Cuando vemos en el mundo de nuestros días que se organiza la vida social como si Dios no existiese, y se engendra de esta forma la apostasía de las masas, la Iglesia afirma sin ningún titubeo que Cristo es Rey. Es Rey de las almas y de las conciencias, de las inteligencias y de las voluntades. Y lo es también de las familias y de las ciudades, de los pueblos y de las naciones.

¿Que se resolvió con el Tratado de Letrán? Este Pacto puso fin a la cuestión romana surgida a raíz de la unificación de Italia. La feliz conclusión del espinoso problema fue el logro más espectacular del pontificado de Pío XI.

La difícil situación que desde hacía varias decenas de años vivía la Santa Sede e Italia era del todo deseable que desapareciera. El régimen fascista de Mussolini se percató de la trascendencia del asunto, tanto para estabilizar su posición en Italia como para aumentar su prestigio en el extranjero. También la Iglesia se dio cuenta de que la pérdida del territorio quizá no suponía la gran desventaja que pareció en un principio.

En las negociaciones la Santa Sede señaló dos puntos principales: el restablecimiento de un pequeño Estado soberano y el reconocimiento del aspecto legal de los ritos religiosos, particularmente el del matrimonio.

Por el Tratado de Letrán, el Gobierno italiano reconocía que el Estado de la Ciudad del Vaticano era soberano e independiente, y el Papa, su jefe, gozaría de derechos extraterritoriales para ciertas propiedades situadas fuera de los límites de la Ciudad Vaticana. Estas propiedades eran las Basílicas Mayores, varios colegios, las sedes de las más grandes congregaciones y la residencia estival del Santo Padre en Castelgandolfo.

¿Por qué se le llamó a Pío XI el “Papa de la Acción Católica”? La Acción Católica es la participación de los seglares en el apostolado jerárquico. Para esta cooperación es medio indispensable que los seglares adquieran una sólida formación personal en todo orden religioso, moral, social y cultural, como preparación previa para actuar en la vida pública y privada conforme siempre a los principios del Evangelio y a las normas de la Iglesia.

Pío XI se volcó con decisión en el necesario encauzamiento de la presencia de los católicos en la sociedad civil, y en cuantas ocasiones se le presentaron no dejó de hablar de la Acción Católica. Para el Papa era esencial que los laicos pertenecientes a la Acción Católica estuvieran sujetos a la permanente dirección de la jerarquía eclesiástica.

Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 20ª (Misión pacificadora de la Iglesia en la primera Guerra Mundial)

Misión pacificadora de la Iglesia en la Primera Guerra Mundial

¿Qué originó la Primera Guerra Mundial? El 28 de junio de 1914, el archiduque Francisco Fernando, príncipe heredero del Imperio austro-húngaro, era asesinado en Sarajevo por un estudiante bosnio. Cuando la noticia del magnicidio llegó a oídos de san Pío X, éste exclamó: ¡He aquí la chispa! Y las palabras del Romano Pontífice fueron tristemente proféticas: la tempestad estalló. El pistoletazo de Sarajevo fue la mecha que incendió el polvorín europeo. Lleno de amargura y presintiendo la gran tragedia que se cernía sobre Europa, san Pío X observaba el impulso hacia la guerra, lento al principio, y luego, a medida que transcurrían los días de julio, a un paso terriblemente acelerado.

El 28 de julio, Austria, contando con el apoyo de Alemania, declaró la guerra Serbia. Era la primera. Después se sucedieron otras declaraciones de guerra, y a lo largo de todas las fronteras de las grandes naciones europeas comenzaron a dispararse los fusiles, que irían intensificando el fuego a medida que llegaban las divisiones y el estampido de los cañones acompañaba el tableteo de las ametralladoras en el tremendo holocausto.

En un escrito apostólico, de 2 de agosto de 1914, a todos los católicos del mundo, el papa san Pío X exhortaba a todos los pueblos a la oración y presentaba a Cristo como príncipe de la paz. Tres semanas más tarde, el 22 de agosto de 1914, falleció santamente el papa.

¿Qué fue lo que marcó todo el pontificado de Benedicto XV? Cuando se celebró el cónclave para elegir el nuevo papa, Europa vivía horas dramáticas. Todo el pontificado de Benedicto XV estuvo marcado por aquella catástrofe. La primera gran tarea del nuevo Pontífice fue la de mantener, como padre común de todos, la imparcialidad y neutralidad del Papado durante la contienda.

Independientemente de las posiciones políticas de los gobernantes -reyes, primeros ministros, cancilleres- de los países en guerra, era evidente que sus súbditos y soldados -franceses o alemanes, rusos, ingleses o austríacos- creían con absoluta buena fe defender una causa justa. Benedicto XV era consciente de esta buena fe y, aunque tuviera una opinión particular respecto a quienes eran los agresores, no podía como Vicario de Cristo y Jefe de la Iglesia Católica manifestar dicha opinión o expresar simpatía por un bando o censurar al otro, pues al condenar a los dirigentes responsables de la agresión aparecería como parcial ante los ojos de millones de sus seguidores, con el riesgo de disminuir la confianza de éstos en la Iglesia y hasta de cuartear su fe en Dios.

Ante la conflagración, el Vaticano se fijó como objetivo la estricta neutralidad. Tarea que no resultaba fácil de observar. El deseo de la Santa Sede era que Italia se mantuviera al margen del conflicto, pero no pudo impedir que los católicos italianos, en una amplia mayoría, votaran a favor de la participación en la guerra.

¿Fue bien comprendida la neutralidad de la Santa Sede? No. La actitud imparcial del Papa provocaba recelos en ambas partes. Así, todos los esfuerzos de Benedicto XV para lograr el alto el fuego fueron interpretados, a veces, en cada uno de los campos rivales como gestiones en favor del adversario. En lo único en que las potencias centrales y los aliados coincidían era en no desear la intromisión del Vaticano. Incluso Estados Unidos, neutral en los años primeros de la guerra, adoptó una actitud vidriosa respecto a cualquier proposición de paz del Papa.

¿Cuáles fueron los esfuerzos por la paz de Benedicto XV? Desde el primer momento de su pontificado, Benedicto XV se esforzó en trabajar por el restablecimiento de la paz. En 1914 promovió lo que fue la tregua de Navidad, tregua no oficial que se dio lugar en las fronteras occidentales entre bandos que dejaron de luchar incluso por semanas. Además publicó la encíclica Ad Beatissimi Apostolorum, en la que indicaba las principales causas de la guerra, que eran cuatro según él: la falta de mutua comprensión entre los hombres; el menosprecio de la autoridad; las injustas luchas entre las clases; y el exagerado apetito de las cosas perecederas.

Basado en la idea cristiana de que la guerra es uno de los peores males que pueden abatirse sobre la humanidad, Benedicto XV hizo todo lo posible para aliviar los sufrimientos relacionados con el conflicto que dividía el mundo en dos campos enemigos. Varias de sus sugerencias -sobre el intercambio de prisioneros no aptos para el servicio, de los heridos graves, sobre la liberación de los civiles-, apoyadas por Alfonso XIII, rey de España, fueron tomadas en consideración por los beligerantes.

Gracias a la mediación del Papa se realizaron notables canjes de prisioneros, se salvó la vida a no pocos condenados a muerte, se mitigó la suerte de muchos prisioneros enfermos trasladándolos a la Suiza neutral, y se liberó de las cárceles innumerables prisioneros civiles. Colocándose por encima de todo partidismo, Benedicto XV reprobó todas las infracciones del derecho de gentes. En vano Benedicto XV, desde la atalaya vaticana de San Pedro, trató de imponer moderación a los excesos y de fijar límites a la crueldad.

En agosto de 1917, el Papa afirmó en una nota pontificia sobre la paz que la paz no podía ser hija de la violencia, sino de la razón. Además, Benedicto XV proponía a los Estados en guerra una base de discusiones. La nota fue favorablemente recibida, aunque con recelos, en Alemania y en el Parlamento austro-húngaro, y mal acogida en Francia, donde se tenía la impresión de que la Santa Sede trataba de favorecer a los Imperios centrales. El 23 de agosto el embajador británico comunicó al cardenal Secretario de Estado la respuesta inglesa a las proposiciones del Papa, en la que se decía que no era posible entablar unas conversaciones para alcanzar el cese de las hostilidades. El Presidente norteamericano, Wilson, contestó a la nota diciendo que apreciaba los esfuerzos del Pontífice, pero que era imposible lograr un acuerdo de paz con los dirigentes alemanes. La realidad es que ninguna de las partes beligerantes deseaba negociar, porque confiaban ciegamente en la victoria de sus armas.

¿Participó la Santa Sede en las conferencias de paz una vez acabada la guerra? No. En noviembre de 1918, tras el derrumbamiento de los ejércitos de los Imperios centrales, llegó la paz, pero fue la paz del agotamiento y no la paz de la concordia.

Acabada la guerra, los vencedores, en cumplimiento de la promesa hecha a los italianos en 1915 para decidirlos a que combatieran a su lado, excluyeron al Vaticano de las conferencias de paz. Elogiaron los servicios prestados por Benedicto XV a la humanidad, pero no le dieron la oportunidad de participar en el diseño del nuevo orden mundial que saldría de la Conferencia de paz de Versalles. Pero el Papa continuó trabajando incansablemente para remediar las múltiples necesidades derivadas de la guerra, y por calmar los odios existentes. Además escribió una carta al presidente de Estados Unidos pidiéndole que hiciera valer su poderosa influencia para que las condiciones de paz no fuesen una provocación para los vencidos, sino que estuvieran inspiradas en principios de justicia y de caridad cristiana.

Desgraciadamente, en Versalles triunfaron los sentimientos de venganza sobre toda índole de consideraciones humanas. La paz alcanzada estaba basada en el odio, que no haría sino acumular afanes de revancha en el bando vencido, y facilitaría el camino de un segundo conflicto, todavía más grave, una generación más tarde. Los 440 artículos del tratado allí concluido fueron calificados por Benedicto XV de artículos de guerra y no de paz, al tiempo que se pronunciaba contra la división de Europa.

Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 19ª (La evangelización en Oceanía)

La evangelización en Oceanía

¿Cuándo llegó el Evangelio al archipiélago oceánico? A excepción de las islas Marianas y Carolinas, evangelizadas en los siglos XVII y XVIII por los jesuitas, todo el inmenso espacio restante, cuajado de puntitos de diminutas islas, recibió al principio del siglo XIX la primera semilla evangélica llevada por los misioneros de la congregación de los Padres de los Sagrados Corazones, también conocidos por los Padres de Picpus. Por tanto, las misiones católicas de Oceanía cuentan con poco más de dos siglos. Anteriormente, las exploraciones de Cook (1768-1779) atrajeron la atención del mundo civilizado sobre esas regiones que sólo imperfectamente se conocían desde el siglo XVI, por los viajes de Abreu, Serras y Magallanes. Éste último -portugués pero al servicio de la corona de España- fue el primer europeo que tocó las islas de Oceanía en 1529; y aunque hubo episodios aislados de una acción misionera en el siglo XVII, estos no tuvieron éxito. A finales del siglo XVIII fueron misioneros protestantes los primeros que llegaron para establecerse de forma definitiva, lo que dificultó al apostolado católico con las llamadas esferas de influencia impuestas por los protestantes.

Además de los Padres de Picpus, también llegaron los Padres de la Sociedad de María (Padres Maristas) y los Misioneros del Sagrado Corazón (Padres de Issoudun). A estos tres institutos misioneros se les confió la evangelización de Oceanía. Más tarde, en la segunda mitad del siglo XIX, llegaron misioneros de otras órdenes religiosas

¿Cómo comenzó el catolicismo en Australia? Al independizarse los Estados Unidos de Inglaterra, los presidiarios de Inglaterra fueron deportados a Australia. Con ellos, en el año 1798, llegaron los primeros católicos irlandeses, entre ellos tres sacerdotes: Harold, O’Neill y Dixon, a los cuales se les prohibió ejercer su ministerio. Por tanto, el catolicismo en Australia nació y creció en prisión. Se resume la situación de los primeros años en las circunstancias de la primera Misa de que queda constancia: fue celebrada en Sydney en mayo de 1803 para una concentración de prisioneros, bajo estrictas regulaciones gubernativas, con vigilancia de policía, por el sacerdote recluso irlandés, padre James Dixon, detenido por supuesta complicidad en la rebelión irlandesa de 1798.

Al poco tiempo los sacerdotes fueron repatriados. En el 1810 el último volvía a Irlanda,

dejando unos seis mil deportados católicos. Entonces la Santa Sede decidió enviar como prefecto apostólico al cisterciense irlandés Jeremías Flynn, pero la violencia del gobernador de Australia fue tal que tuvo que irse. Hasta 1820 la fe fue preservada por unos cuantos seglares católicos, rehusando el Gobierno permitir el ministerio sacerdotal. Tanto el Gobierno como la sociedad de la colonia eran hostiles al catolicismo, promocionando exclusivamente la religión anglicana, incluso por la fuerza, considerando al catolicismo una superstición ignorante, identificada con los intentos de rebelión irlandesa, y generalmente como una amenaza al buen orden social. En consecuencia, a los católicos se les negaba la libertad de culto si eran reclusos o se les concedía una tolerancia muy limitada si eran libres.

En 1820, el Gobierno británico nombró dos capellanes católicos, irlandeses, los Padres Therry y Connolly. El Padre Therry (1790-1864) era un sacerdote de una energía apostólica prodigiosa y valiente. Inmediatamente puso manos a la obra para acometer la ingente tarea de proporcionar auxilios espirituales a los 10.000 católicos aproximadamente que había en la población de la colonia (unos 30.000 en total). Inició la construcción de una iglesia y se vio envuelto en fuertes disputas con las autoridades civiles en su intento por asegurar la libertad de las prácticas religiosas para los católicos. Llegó a ser el héroe de la comunidad católica, tanto de los reclusos como de los libres, y una constante molestia para el Gobierno. La aprobación en 1829 de un Acta de Emancipación para los católicos, seguida del nombramiento de un gobernador más condescendiente, mejoró la situación de aquéllos en la colonia, buscando el Gobierno en 1833 la designación de una jerarquía eclesiástica con quien poder tratar, al establecer sus relaciones con la religión católica. En aquella fecha Australia era parte de una provincia eclesiástica que incluía África del Sur, isla Mauricio y Madagascar, gobernada por benedictinos ingleses. Por consiguiente, se hizo el nombramiento de un vicario general benedictino inglés, William Ullathorne (1806-89), aun cuando el laicado católico en Australia era casi exclusivamente irlandés. Ullathorne quedó aterrado del estado de vicio, e irreligiosidad de la población penal y de la terrible escasez de sacerdotes: sólo cinco para unos 16.000 católicos esparcidos. Pidió el nombramiento urgente de un obispo, siendo designado el benedictino inglés John Bede Polding (1794-1877) en 1835.

¿Cuál fue el desarrollo posterior de la Iglesia en Australia? El arzobispo Polding era un sacerdote con una fogosidad y un amor sorprendentes, de grandes aptitudes misioneras. Sin embargo, no fue un buen administrador; deficiencia acentuada por sus frecuentes y prolongadas ausencias en viajes misionales a zonas remotas. Tuvo el deseo de establecer un monasterio benedictino como centro y forma básica de la vida católica en la Australia misional, pero no pudo llevar a cabo su proyecto. El episcopado de Polding levantó pronto serios problemas, si bien tal estado de cosas se redujo a la diócesis de Sydney. En 1840, se constituyó una jerarquía eclesiástica australiana para llevar el ritmo de la rápida expansión en la colonia; Sydney, Hobart y Adelaida en 1842, Australia Occidental en 1846 y Melbourne en 1847, con Polding de arzobispo. Todos los obispos entre los años de 1840 y 1860 tuvieron dificultades por parte de algunos grupos de sacerdotes y laicos. Los orígenes de estos problemas fueron tres principalmente: el radical movimiento igualitario que era general dentro de la población de la colonia en aquel tiempo, la reacción insubordinada de 50 años de catolicismo vivido sin la autoridad del clero y las corrientes de pensamiento asociadas con los movimientos católicos liberales de Europa e Inglaterra. La fermentación fue particularmente intensa en Sydney, donde a finales de la década de los años de 1850 un grupo de laicos descontentos protestó de la administración de Polding, protesta a la que contribuyó también la resistencia de aquéllos casi todos eran de origen irlandés a la administración llevada por obispo inglés. La principal conclusión fue la necesidad de más sacerdotes. La emigración libre a Australia se había incrementado rápidamente desde la década de 1840 y con el descubrimiento de las minas de oro alcanzó dimensiones de riada durante la fiebre del oro en la época victoriana de la década de 1850. Los nuevos colonos católicos eran casi todos irlandeses y éstos pedían clero irlandés, afirmando que los benedictinos por ser ingleses querían impedirlo. Finalmente, la política benedictina de Polding terminó por orden de Roma. Después de 1865, en unos pocos años, una serie de nuevos nombramientos de obispos realizada directamente desde Irlanda calmó la situación.

¿Qué problema surgió en la segunda mitad del siglo XIX? Entre los años 1860 y 1870 surge un nuevos problema: la amenaza externa planteada por un movimiento en toda Australia para reorganizar la educación pública. El problema de la educación se planteó en los siguientes términos: el Gobierno retiraría sus asignaciones para ayuda a la educación de carácter confesional que serían ahora dedicadas exclusivamente al sistema de educación pública, la cual sería libre, obligatoria y laica. Todos los obispos se opusieron a los proyectados cambios en fuertes disputas públicas en la década de 1870, en donde condenaron el principio de educación laicista, que quitaba a los padres la libertad para elegir escuelas para sus hijos. En su primera etapa, esta confrontación fue dirigida por el arzobispo Polding y el obispo Goold de Melbourne (1812-86), encontrando más tarde una jefatura decidida y elocuente en el arzobispo Vaughan (1838-83), que sucedió a Polding en 1877. El resultado fue una serie de Actas sobre educación laica entre 1872 y 1880 a las cuales los obispos respondieron con acuerdos de construir y financiar un sistema independiente de educación católica, con órdenes religiosas dedicadas a la enseñanza. Esta situación continúa y el sistema educativo ha absorbido muchas de las energías del catolicismo australiano, siendo también una fuente de fricción entre la Iglesia y el Estado.

¿Quiénes evangelizaron Nueva Zelanda? La evangelización de este país fue confiada a los Padres Maristas en el año 1833. Cinco años después, los católicos apenas eran unos trescientos. A mitad del siglo XX ya eran unos doscientos mil.

¿Hubo persecución contra los católicos? El mayor obstáculo que encontraron los misioneros católicos fue el concepto que los indígenas se habían hecho del hombre blanco como un explotador y sin escrúpulos. Esto provocó en ciertos casos reacciones violentas, y algunos misioneros regaron con su sangre los cimientos de las comunidades que estaban fundando. Entre quienes iniciaron y continuaron la tarea misionera hubo santos y mártires que constituyen la mayor gloria del pasado de la Iglesia en Oceanía. Destacan entre esos testigos de la fe san Pedro Chanel, padre marista francés, martirizado en 1841 en la isla de Futuna; los beatos Diego Luis de San Vitores y Pedro Calungsod, asesinados juntos en 1672 en Guam; el beato Giovanni Mazzucconi, martirizado en 1851 en la isla de Woodlark, y el beato Pedro To Rot, asesinado en Nueva Bretaña en 1945 a finales de la segunda guerra mundial. Junto con muchos otros, estos héroes de la fe cristiana contribuyeron, cada uno a su manera, a implantar la Iglesia en las islas de Oceanía.

Nunca se valorá suficientemente el heroísmo de los misioneros que evangelizaron Oceanía, las múltiples islas del Pacífico, en condiciones muy difíciles, condenados a menudo a la soledad por falta de comunicaciones, y en el pasado, a rivalidades con los ingleses protestantes de varias denominaciones. Entre los misioneros que han vivido, trabajado y muerto anunciando la Buena Nueva en este continente se encuentra san Damián Veuster, de nacionalidad belga y misionero de la Congregación de los Sagrados Corazones, que trabajó en Molokai, una isla entre Honolulú y Hawai, donde vivían cientos de leprosos en la más absoluta miseria física y moral. El Padre Damián se hizo leproso con los leprosos, con el fin de ganarlos a todos para Jesucristo. En el año 1889 murió consumido por la lepra y por una vida de entrega total, cuando tan sólo tenía 48 años de edad.

Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 18ª (Los mártires de Uganda)

Los mártires de Uganda

¿Cuáles son los santos africanos de la época moderna? La gloria y esplendor del período contemporáneo de la evangelización en África quedan ilustrados de modo admirable por los santos que el África moderna ha dado a la Iglesia. El beato Pablo VI manifestó con elocuencia esta realidad al canonizar a los mártires de Uganda en la Basílica de san Pedro: Estos mártires africanos vienen a añadir a ese catálogo de vencedores, que es el martirologio, una página trágica y magnífica, verdaderamente digna de sumarse a aquellas maravillosas de la antigua África (…). El África, bañada por la sangre de estos mártires, primicias de la nueva era -y Dios quiera que sean los últimos, pues tan precioso y tan grande fue su holocausto- resurge libre y redimida.

La serie de santos que África da a la Iglesia, serie que es su mayor título de honor, continúa creciendo. Entre los más recientes están: la beata Clementina Anwarite, virgen y mártir del Congo; la beata Victoria Rasoamanarivo, de Madagascar, y santa Josefina Bakhita, de Sudán. También el beato Isidoro Bakanja, mártir del Congo.

¿Quiénes fueron los mártires de Uganda? En el año 1886 san Carlos Lwanga y doce compañeros, todos ellos de edades comprendidas entre los catorce y los treinta años, pertenecientes a la corte de jóvenes nobles o al cuerpo de guardia del rey Mwanga, que como neófitos o seguidores de la fe católica, por no ceder a los deseos impuros del monarca, murieron en la colina Namugongo, en Uganda, degollados o quemados vivos. De 1885 a 1889, en la persecución contra los cristianos decretada por el rey Mwanga fueron murieron mártires 22 católicos y 23 anglicanos.

El joven rey Mwanga, influenciado por algunas de sus amistades árabes, empezó a practicar la homosexualidad y decidió eliminar de su reino al cristianismo. Y comenzó con la ejecución de los primeros mártires jóvenes anglicanos, incluido el obispo anglicano James Hannington. Esto hizo que el seminarista católico José Mkasa, amigo personal del rey en su juventud, a hacer de profeta Natán ante el rey asesino. Pero a diferencia del rey David, que se arrepintió de sus culpas, Mwanga respondió asesinando a quien le reprochaba su comportamiento. José murió decapitado y quemado no sin antes haber perdonado de corazón al rey, por el cual oró para su conversión.

Carlos Lwanga, sustituyó al primer mártir católico en el liderazgo de la comunidad católica de la corte. Una de las preocupaciones del nuevo líder cristiano era la de proteger a los jóvenes cristianos de los deseos lujuriosos del monarca. Cuando uno de los pajes se opuso a mantener relaciones sexuales con el soberano, el mismo rey le preguntó cuál era su razón para rechazarle. El paje le dijo que estaba recibiendo el catecumenado cristiano de manos de Daniel Ssebuggwawo. El rey montó en ira y tras llamar a Daniel a su presencia le atravesó el cuello con una lanza. No contento con ello, convocó a toda la corte para el día siguiente. Carlos Lwanga, previendo lo que habría de ocurrir al día siguiente, bautizó a los cuatro catecúmenos que aún no habían recibido las aguas bautismales. Y en la mañana del 25 de mayo de 1886, el rey Mwanga separó del resto de su corte a todos los cristianos que había en la misma, incluidos quince varones menores de 25 años. Tras conminarles inútilmente a que abandonaran su fe, les condenó a muerte, sentencia que se ejecutó en parte ese mismo día y también en días posteriores. Uganda recuerda el 3 de junio como el de más martirios, tanto de anglicanos como de católicos.

De estos mártires dijo el papa Francisco durante su viaje apostólico a Uganda: Los santos José Mkasa y Carlos Lwanga que, después de haber sido instruidos por otros en la fe, han querido transmitir el don que habían recibido. Lo hicieron en tiempos difíciles. No estaba amenazada solamente su vida, sino también la de los muchachos más jóvenes confiados a sus cuidados. Dado que ellos habían cultivado la propia fe y habían crecido en el amor de Cristo, no tuvieron miedo de llevar a Cristo a los demás, aun a precio de la propia vida. Su fe se convirtió en testimonio; venerados como mártires, su ejemplo sigue inspirando hoy a tantas personas en el mundo. Ellos siguen proclamando a Jesucristo y el poder de la cruz (Papa Francisco, Homilía en el Santuario de los mártires de Uganda).

Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 18ª (Tercera fase evangelizadora de África)

Tercera fase evangelizadora de África

¿En qué siglo empezó la tercera fase de la evangelización de África? Una vez evangelizado el Nuevo Mundo -América-, la actividad misionera de la Iglesia Católica abrió sus horizontes en el Continente Negro. Y durante el siglo XIX fueron muchas las expediciones de misioneros que van saliendo de Europa a diversas regiones de África. Esta tercera fase de evangelización es un período caracterizado por un esfuerzo extraordinario, llevado a cabo por los grandes apóstoles y animadores de las misiones africanas. Es la fase de la reorganización definitiva y completa de las misiones en África y de la creación de sociedades misioneras especializadas, y las obras de auxilio a las misiones. En este período ha habido un rápido crecimiento de la Iglesia en África, pues los africanos respondieron muy generosamente a la llamada de Cristo. Verdaderamente los frutos de los misioneros en el África negra es una maravilla de la gracia de Dios.

¿Cuáles han siglo las principales sociedades misioneras que han evangelizado África en el siglo XIX? Las más importantes son: la Congregación del Espíritu Santo; los Padres Blancos y las Hermanas Blancas; y las Misiones Africanas de Verona (Combonianos).

La Congregación del Espíritu Santo fue fundada por el sacerdote francés Claude-François Poullart des Places, el 27 de mayo de 1703. Son conocidos como los Espiritanos. La Congregación de los Padres Blancos -“misioneros de África”, como se llamaron al principio- fue fundada por el cardenal Lavigerie, movido por el deseo de promover el apostolado misional de África. El Instituto de los Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús fue fundado el 1 de julio de 1867 por san Daniel Comboni, para dedicarse a la evangelización de los pueblos no suficientemente evangelizados o que no han conocido nunca de Cristo, especialmente en África.

La labor misionera en África ha sido prodigiosa: enseñanza, promoción del africano a la cultura europea, siembra de las ideas de igualdad y fraternidad entre todos los hombres hijo del mismo Padre, lucha contra la esclavitud y la segregación racial, defensa de los derechos de los africanos, actuando valientemente, cuando así era necesario, ante los mismos poderes coloniales.

¿Cómo ha sido la expansión del cristianismo en África durante el siglo XX? Verdaderamente espectacular. Del medio millón de católicos que había en 1900 se pasó en más treinta millones al final del siglo XX. La Santa Sede fue creando vicariatos apostólicos a la vez que favorecía a las sociedades misioneras. Además se van transformando las misiones en diócesis, en las cuales se va formando el clero autóctono.

En 1930 se consagró un obispo etíope católico, y en 1939 tuvo lugar la ordenación episcopal de obispos negros en Uganda y en Madagascar. En 1952 hay cuatro nuevos obispos africanos. En la apertura del Concilio Vaticano II, 58 padres conciliares son africanos. El número de obispos de África iba creciendo con rapidez según avanzaba el siglo. A finales de 1969 hay en África 135 obispos africanos de un total de 325, 32 arzobispos de un total de 46 y cinco cardenales.