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Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2017-18. clases de Religión. Lección 18ª (Segunda evangelización del Continente negro)

Segunda evangelización del Continente negro

¿Cuándo comenzó la segunda fase de la evangelización? En el siglo XV. En las islas Canarias, colonizadas en el año1402, comenzaron a trabajar misioneros franciscanos protegiendo los derechos de los guanches. Los resultados no se hicieron esperar. En 1476 las poblaciones de las cuatro islas mayores se habían convertido al catolicismo.

En los siglos XV y XVI, la exploración de la costa africana por parte de los portugueses fue acompañada pronto por la evangelización de las regiones de África situadas al sur del Sahara. Este esfuerzo afectaba, entre otras zonas, a las regiones del actual Benín, Santo Tomé, Angola, Mozambique y Madagascar.

Los sistemáticos descubrimientos del príncipe portugués Enrique el Navagante llevan en sus naves misioneros, como los franciscanos que llegaron con Diego Cao al Congo en el año 1484 donde empezó una rápida y espectacular conversión a la fe católica. A la acción evangelizadora del Congo siguió una evangelización, también rápida pero superficial, de las regiones de la costa oriental (sobre todo de Mozambique) y de Madagascar. En el año 1493, el papa Alejandro VI confirió a los reyes de España y Portugal un derecho de “patronato” sobre las misiones en zonas de influencia de cada uno de los dos países.

También hubo varias tentativas de misión en las costas de África occidental, pero fracasaron, sobre todo por las continuas muertes de los misioneros. Capuchinos y jesuitas trataron de dar nueva vida a la misión del Congo, pero sin resultados suficientes y duraderos. Mozambique progresó temporalmente, siendo erigido en vicariato apostólico, dependiente de Goa, en 1612.

¿En qué año llegaron los misioneros a Angola? En el 1491. Quinientos años después san Juan Pablo II, en viaje apostólico a Angola para conmemorar el V centenario de la evangelización del país, dijo en Luanda en la homilía que pronunció el domingo de Pentecostés de 1992: Los Hechos de los Apóstoles describen por su nombre a los habitantes de los sitios que tomaron parte directamente en el nacimiento de la Iglesia por el soplo del Espíritu Santo: “todos los oímos hablar en nuestra lengua las maravillas de Dios” (Hch 2, 11). Hace quinientos años a ese coro de lenguas se añadieron los pueblos de Angola. En aquel momento, en vuestra patria africana, se renovó el Pentecostés de Jerusalén. Vuestros antepasados oyeron el mensaje de la Buena Nueva, que es la lengua del Espíritu. Sus corazones acogieron por primera vez esta palabra e inclinaron su cabeza en la fuente del agua bautismal, en la que el hombre, por obra del Espíritu Santo, muere con Cristo crucificado y renace a una vida nueva en su resurrección (…). Ese mismo Espíritu fue el que impulsó a aquellos hombres de fe, los primeros misioneros, que en 1491, llegaron hasta la desembocadura del río Zaire, en Pinda, iniciando una auténtica epopeya misionera. Fue el Espíritu Santo, que obra a su modo en el corazón de los hombres, quien movió al gran rey del Congo Nzinga-a-Nkuwu a pedir misioneros para anunciar el Evangelio. Fue el Espíritu Santo quien animó la vida de aquellos primeros cuatro cristianos angoleños que, al regresar de Europa, dieron testimonio del valor de la fe cristiana. Después de los primeros misioneros, vinieron muchos más de Portugal y de otros países de Europa, para continuar, ampliar y consolidar la obra comenzada.

¿Qué hechos son reseñables de esta segunda fase? Durante este período se erigieron un cierto número de sedes episcopales y una de las primicias de esta acción misionera fue la consagración en Roma, en 1518, por parte de León X, de don Enrique, hijo de don Alfonso I, rey del Congo, como obispo titular de Útica. Don Enrique llegó a ser así el primer obispo autóctono del África negra. En aquella época, exactamente en el año 1622, el papa Gregorio XV erigió con carácter estable la Congregación De Propaganda Fide con el fin de organizar y desarrollar mejor las misiones.

Por diversas dificultades, la segunda fase de la evangelización de África se concluyó en el siglo XVIII con la extinción de casi todas las misiones en las regiones al sur del Sahara.

Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 18ª (Origen de la evangelización en África)

Origen de la evangelización de África

¿Cuál es el origen de la evangelización del continente africano? La historia de la evangelización en África se remonta a la época del nacimiento mismo de la Iglesia. Por tanto, la cristiandad en África no es una experiencia reciente ni tampoco un producto del colonialismo que hubo durante siglos en el continente negro: sus raíces se ahondan en la era Apostólica. De hecho, en el Nuevo Testamento se indican contactos con África: la Sagrada Familia se refugia en Egipto; un africano, natural de Cirene, ayuda a Jesús a llevar la cruz; el diácono Felipe convierte y bautiza al eunuco, dignatario de Candace -la reina de Etiopía-. Es posible que el apóstol santo Tomás predicase el Evangelio en Egipto y Libia antes de irse a la India; y que el evangelista san Marcos fundase la Iglesia de Alejandría.

¿Hubo varias fases en la difusión del Evangelio en África? Sí. En la exhortación apostólica Ecclesia in Africa, san Juan Pablo II se refiere a tres fases: Los primeros siglos del cristianismo vieron la evangelización de Egipto y de África del Norte. Una segunda fase, relativa a las regiones del continente situadas al sur del Sahara, tuvo lugar en los siglos XV y XVI. Una tercera fase, caracterizada por un esfuerzo misionero extraordinario, se inició en el siglo XIX.

¿Cómo se desarrolló la primera fase? Poco a poco, el cristianismo se extendió por Egipto y el norte de África. En Alejandría se conoce al obispo Demetrio (193-232) y a sus contemporáneos Panteno, Clemente y Orígenes, fundadores de la Escuela Catequética. Los egipcios dan un notable contingente de mártires en el año 202 y a finales del siglo III y principios del IV, cuando ya los cristianos en Egipto pasaban probablemente del millón. Además en Egipto proliferó extraordinariamente la vida monástica. En las controversias teológicas de los siglos IV y V, Egipto juega un papel importante.

Se sabe que en el año 180 son martirizados 12 cristianos y que en el año 220 hay de 70 a 90 obispados, que pasan a 250 a finales del siglo III. Hay que tener en cuenta que lo más probable es que se nombrase un obispo para cada comunidad, incluso en las aldeas. En las persecuciones habidas entre los años 180 y 305 los mártires son innumerables.

¿Qué dijo el beato Pablo VI sobre el glorioso esplendor del pasado cristiano de África? Pensamos en las Iglesias cristianas de África, cuyo origen se remonta a los tiempos apostólicos y está ligado, según la tradición, al nombre y predicación del evangelista Marcos. Pensamos en la pléyade innumerable de santos, mártires, confesores y vírgenes que pertenecen a ellas. En realidad, desde el siglo II al siglo IV la vida cristiana en las regiones septentrionales de África fue intensísima e iba en vanguardia tanto en el estudio teológico como en la expresión literaria. Nos vienen a la memoria los nombres de los grandes doctores y escritores, como Orígenes, san Atanasio, san Cirilo, lumbreras de la escuela alejandrina, y en la otra parte de la costa mediterránea africana, Tertuliano, san Cipriano, y sobre todo san Agustín, una de las luces más brillantes de la cristiandad. Recordemos a los grandes santos del desierto, Pablo, Antonio, Pacomio, primeros fundadores del monaquismo, difundido después, siguiendo su ejemplo, en Oriente y Occidente. Y, entre tantos otros, no queremos dejar de nombrar a san Frumencio, llamado Abba Salama, que, consagrado obispo por san Atanasio, fue apóstol de Etiopía.

Estos luminosos ejemplos, como también las figuras de los santos Papas de origen africano Víctor I, Melquíades y Gelasio I, pertenecen al patrimonio común de la Iglesia; y los escritos de los autores cristianos de África son todavía hoy fundamentales para profundizar, a la luz de la Palabra de Dios, en la historia de la salvación. En el recuerdo de las antiguas glorias del África cristiana, queremos expresar nuestro profundo respeto por las Iglesias con las que no estamos en plena comunión: la Iglesia griega del Patriarcado de Alejandría, la Iglesia copta de Egipto y la Iglesia etiópica, que tienen de común con la Iglesia católica el origen y la herencia doctrinal y espiritual de los grandes Padres y Santos no sólo de su tierra, sino de toda la antigua Iglesia. Ellas han trabajado y sufrido mucho por mantener vivo el nombre cristiano en África a través de las vicisitudes de los tiempos.

Estas Iglesias dan todavía hoy testimonio de la vitalidad cristiana que reciben de sus raíces apostólicas, particularmente en Egipto y en Etiopía y, hasta el siglo XVII, en Nubia (situada al sur de Egipto y al norte de Sudán). En el resto del continente comenzaba entonces otra etapa de la evangelización.

¿Y cuáles son las santas africanas de esta época? Durante estos primeros siglos de la Iglesia en África, algunas mujeres dieron también testimonio de Cristo. Entre ellas se debe mencionar particularmente a las santas Felicidad y Perpetua, a santa Mónica y a santa Tecla.

¿Por qué desaparecieron comunidades cristianas de África? El Islam se extendió por todo el norte de África ya desde el siglo VII. Sin encontrar prácticamente resistencia, excepto en Etiopía, ocupó la parte septentrional de África hasta el Sahara y se prolongó por las dos costas -la del océano Atlántico y la del océano Índico- hasta la selva tropical y Mozambique, respectivamente, formando la media luna geográfica sobre el continente africano.

Durante la Edad Media quedó cerrado el paso a la propagación del cristianismo en África. A principios del siglo XIII los franciscanos trataron, sin éxito, de misionar en el norte del continente. Desde 1222 también los dominicos comenzaron a trabajar en la difusión del Evangelio, pero sin resultados positivos. En el mismo siglo XIII san Raimundo de Peñafort fundó colegios para el estudio de diversas lenguas no cristianas, en especial del árabe.

¿Qué pasó en Etiopía? Cuando Cartago, que fue el último bastión cristiano en el norte de África, cayó en un ataque de los árabes en el año 697, el rey Mercurio asentó su autoridad en Nubia, región situada al sur de Egipto y el norte de Sudán, estableciendo un reino cristiano que se extendió desde Assuán al Nilo Azul. Cuando este reino sucumbió a los ataques de los turcos islamitas en 1270, hubo un renacimiento de la Iglesia etiopé, ya con 900 años de existencia. La restauración de la dinastía de Salomón bajo Ykumo Amlak y las reformas religiosas de Takla Haymanot, el gran padre del monaquismo copto, trajo nueva vida a este singular reino cristiano. Hubo una cultura cristiana floreciente en las montañas de Etiopía, semejante a la de la Europa medieval, hasta que una gran parte fue destruida en la guerra santa del Islam, en 1527.

Pero por esta época ya hubo otro rey que llevó la antorcha de la fe: Don Alfonso, rey del Congo, el primer cristiano al sur del Sahara. Durante veinte años trabajó incansablemente por crear un reino cristiano, y en 1526, junto con su hijo, el obispo Enrique, organizó un programa de evangelización, para llevarlo a todas las provincias de su reino. Durante más de 300 años, sus sucesores tuvieron contactos con Roma; durante siglo y medio, llamaron a 450 capuchinos a su país.

Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 17ª (La evangelización en las Islas Filipinas)

La evangelización en las Islas Filipinas

¿Cuándo comenzó la evangelización de las Islas Filipinas? Filipinas es la nación católica más importante del Extremo Oriente. En 1521, Fernando de Magallanes llegó a Filipinas y tomó posesión de las islas para España. El 31 de marzo de ese año, que fue el domingo de Pascua, se celebró la primera Misa en Filipinas. Aunque fueron bautizados entonces el rey Humabon, su esposa y 800 de sus súbditos por el sacerdote Pedro de Valderrama, la cristianización del archipiélago no se concretó en acción organizada hasta la expedición de Legazpi. Éste llegó a las islas el 13 de febrero de 1565. Con él llegaron los agustinos Andrés de Urdaneta, Diego de Herrera, Andrés de Aguirre y Pedro de Gamboa, que fueron los primeros misioneros de Filipinas

Los misioneros que fueron asignados para cristianizar a los nativos del archipiélago pertenecían a cuatro órdenes religiosas. Los primeros en llegar fueron los agustinos, que ya estaban en la expedición de Legazpi. Después, los franciscanos descalzos en el año 1578. Los jesuitas llegaron en 1581, y, por último, los dominicos en 1587. En 1594, los misioneros acordaron distribuirse el archipiélago para hacer frente a la vasta dispersión de los indígenas.

¿Encontraron dificultades los misioneros en su tarea evangelizadora? En Filipinas no hubo persecuciones contra la Iglesia Católica. Sin embargo, la evangelización tuvo que vencer varios obstáculos. Antes de la conquista, la religión de los nativos consistía en cultos monoteístas y politeístas. Tenían un dios superior que era máximo creador por encima de otros dioses y diosas inferiores; también adoraban a la naturaleza y rezaban a los espíritus de sus antepasados a los que también ofrecían sacrificios. La magia y la superstición existían también entre los indígenas. Los misioneros se esforzaron por liberar a los nativos de sus prácticas y mostrarles el camino correcto hacia Dios.

La estrategia utilizada por los misioneros para convertir a los nativos era educar a los niños de los caudillos, instruyéndoles en la doctrina cristiana y enseñándoles el idioma español para que ellos a su vez, pudieran convertir a sus padres y sus seguidores. Los nativos terminarían por emular a sus caudillos. Entre 1578 y 1609, los misioneros vieron una actitud optimista y entusiasta de los indígenas y hubo muchos adeptos.

Hubo varios factores que dificultaron los esfuerzos de los españoles para extender el cristianismo en todo el archipiélago. Un número insuficiente de los misioneros en la isla hacía ardua la tarea de llegar a todas las personas y aún más difícil de convertirlas. Esto se debía también al hecho de que la ruta a las Filipinas era en sí poco frecuentada y parte del clero nunca tuvo la oportunidad de poner un pie en las islas. Algunos clérigos estuvieron años esperando su oportunidad para emprender el viaje. También hubo quienes por la diferencia del clima que encontraron, una vez que llegaban les era insoportable, y en lugar de difundir su fe en Filipinas, su deseo y empeño era ir a Japón o China.

Los obstáculos más difíciles con que se enfrentaron los misioneros fueron la dispersión de los filipinos y sus variedades aparentemente sin fin de idiomas y dialectos. El aislamiento geográfico obligó a numerosos pequeños pueblos a tener su propio dialecto. La evangelización se hizo en lengua nativa. La Doctrina Christiana fue un libro de oraciones en tagalo publicado en el siglo XVI.

A pesar de los progresos de los españoles, se necesitaron muchos años para que los nativos realmente comprendieran los conceptos claves del cristianismo. Los cuatro principales sacramentos (Bautismo, Penitencia, Eucaristía y Matrimonio) fueron atractivos para los nativos, aunque sólo por razones rituales, pero no acababan de modificar el estilo de vida indígena como los misioneros esperaban.

El Bautismo fue visto con buenos ojos por los indígenas porque creían que curaban enfermedades. El sacramento del Matrimonio era un concepto que los nativos no podían entender, pues la poligamia no era algo extraño para ellos y, además el divorcio lo justificaban por diversas razones: la enfermedad, la infertilidad o una mejor esposa potencial. Con paciencia, los misioneros lograron que aceptaran la monogamia. Para la Penitencia, los misioneros utilizaron un texto de ayuda bilingüe para ayudar a los filipinos a comprender el significado de la confesión y lo que tenían que confesar. El sacramento de la Comunión se dio en forma selectiva por su importancia, pues los misioneros querían que los indígenas lo recibieran bien.

¿Qué otro país asiático fue evangelizado en el siglo XVI? Vietnam. A inicios del siglo XVI llegaron a Vietnam los primeros misioneros procedentes de Portugal. Un siglo después, los jesuitas lograron establecer posiciones cristianas entre la población local. Entre 1627 y 1630, los sacerdotes jesuitas Alexandre de Rhodes y Antoine Márquez lograron convertir 6.000 fieles. Otro misionero que jugó un papel preponderante en la historia del cristianismo vietnamita fue el sacerdote francés Pigneau de Behaine. Éste llegó al sur de Vietnam a finales del siglo XVIII.

Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 17ª (Llegada del cristianismo a China)

Llegada del cristianismo a China

¿Cuándo llegó el cristianismo a China? Los primeros cristianos que llegaron a China eran nestorianos de Persia y establecieron una floreciente Iglesia con numerosos obispos. Esto ocurrió en el siglo VII. Del siglo XIII data la misión católica a China. El papa Inocencio IV envió a franciscanos, y estos fueron los primeros en dar a conocer en Europa la existencia de la antigua civilización china. La misión se mantuvo por espacio de más de un siglo, hasta que, con la caída de los mongoles en 1368, tocó a su fin en circunstancias poco conocidas.

La misión moderna en China comenzó realmente con la llegada del jesuita Mateo Ricci en 1568, juntamente con otros miembros de la Compañía de Jesús. Pero no fueron los hijos de san Ignacio de Loyola los únicos misioneros. También franciscanos y dominicos compartieron la tarea evangelizadora de China. A fines del siglo XVII Francia empezó a enviar sacerdotes del seminario de Misiones Extranjeras, que se había fundado en París. Y los lazaristas comenzaron a misionar el inmenso país chino, tomando bajo su responsabilidad, después de la supresión de los jesuitas, las misiones que éstos abandonaron.

¿Hubo persecución contra los cristianos en China? Sí. La evangelización de China no careció de dificultades. La conquista de los manchúes, en 1644, ocasionó un considerable retroceso, y a mediados del siglo XVIII la persecución empezó a ser sistemática. Hubo nuevos edictos y nuevos martirios durante toda la mitad del siglo XIX, hasta 1870. El heroísmo de los cristianos chinos hace que su martirologio recuerde los peores tiempos de las persecuciones romanas. Muchos de los mártires de China -indígenas y europeos, obispos, sacerdotes y laicos- han sido canonizados.

Ya en el siglo XX, en 1949, triunfó de la Revolución Comunista de Mao Tse Tung. Nada más instaurarse, el régimen comunista comenzó la persecución de las religiones -consideradas instrumentos extranjeros de control- y a interferir políticamente en las instituciones religiosas. En 1951 el papa Pío XII excomulgó a dos obispos nombrados por el Gobierno chino sin su autorización. La respuesta gubernamental fue la expulsión del nuncio apostólico y de todos los misioneros y religiosos extranjeros, restringiendo la propagación del cristianismo por todo el territorio nacional. Las relaciones diplomáticas entre Pekín y el Vaticano quedaron rotas. En 1957 el Gobierno comunista de China creó la Asociación Patriótica Católica China, un organismo estatal que pretendía implantar “los principios de independencia y autonomía, autogestión y administración democrática” en la Iglesia Católica china. Todos aquellos cristianos que formaran parte de este órgano de vigilancia e intervención del Partido Comunista podían practicar su religión públicamente.

En los años cincuenta y sesenta hubo una persecución muy fuerte contra los cristianos: todo el clero nativo y muchos laicos con capacidad de liderazgo fueron encarcelados o conducidos a campos de trabajos forzados. Muchos cristianos no soportaron los largos años de padecimiento y se hicieron miembros de la Asociación Patriótica, cediendo así a la imposición gubernamental. Otros prefirieron permanecer en la clandestinidad, manteniéndose fieles a la unidad de la Iglesia universal y al Papa. Estos últimos siguieron sufriendo la persecución, especialmente los obispos, los sacerdotes y los religiosos.

A partir de la reforma política impulsada por Deng Xiaoping a comienzos de los años ochenta, se empezó a dejar paulatinamente en libertad a sacerdotes que habían pasado hasta 25 años en la cárcel. Los excarcelados optaron por continuar en la clandestinidad para salvaguardar su fidelidad a la Iglesia y al Papa. Trataban de evitar de ese modo su detención y cautiverio.

En China existe una única Iglesia Católica, pero dividida en dos comunidades: una oficial y otra clandestina. Es decir, no hay diferencias doctrinales entre ellas, pero una admite la injerencia del gobierno y la otra no. Mientras los fieles católicos oficiales practican su religión abiertamente en hermosas iglesias y catedrales, los fieles clandestinos lo hacen en casas particulares, con cuidado de no ser descubiertos, y protegiendo a sus pastores para que no sean detenidos y sometidos a interrogatorios inhumanos por el simple hecho de ser sacerdotes. Los seminaristas oficiales reciben su formación en seminarios abiertos y son seleccionados para la ordenación en función de su afinidad con el pensamiento comunista; los seminaristas clandestinos lo hacen ocultos en viviendas normales y con frecuentes cambios de domicilio cada vez que hay indicios de que pueden ser descubiertos.

Compendio de Historia de l Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 17ª (La singular evangelización de Corea)

 

La singular evangelización de Corea

¿Qué singularidad presenta la evangelización en Corea? El catolicismo en Corea es una página única de la historia de la Iglesia. Nació a finales del siglo XVIII; primero como convicción intelectual y luego como aceptación de la fe. Un “jangban”, un letrado de formación confuciana llamado Lee Byeok, tuvo noticia del cristianismo por la lectura de un libro editado en China. Durante años reflexionó en aquella doctrina. En 1779 acudió a la pagoda budista de Chonjinam y discutió diez días con otros sabios. Ni las enseñanzas de Buda ni la ética agnóstica de Confucio respondían a los temas de la inmortalidad del alma, la sanción moral eterna y la existencia de un Dios personal. El cristianismo era la ilustración misma de esos problemas. Lee Byeok y sus colegas abrazaron la fe católica antes de haber conocido un solo católico. La Iglesia coreana nació así con un grupo de laicos, antes de toda catequesis oral, sin jerarquías, sin sacerdocio, sin sacramentos, y años antes de que ninguno de ellos recibiera el bautismo.

En 1784, uno de ellos -Lee Seung-hun- fue enviado a Pekín para ser bautizado recibiendo el nombre de Pedro y traer algún catecismo. Cuando seis meses después regresó a Corea, bautizó a sus compañeros. Lee Byeok al ser bautizado tomó el nombre de Juan Bautista. Aún sin sacerdotes, dividieron el país en “diócesis” y comenzaron a difundir su fe. La oposición del confucionismo oficial era previsible: Los católicos abandonaban el culto a los antepasados, predicaban la igualdad ante Dios del hombre y de la mujer, y difundiendo la igual dignidad humana alteraban la estratificación de clases entre nobleza y sirvientes. Demasiado para el humanismo formal de Confucio y para el estático devenir de la rueda eterna de Buda.

Este progresismo social de la doctrina cristiana originó la primera persecución. Lee Byeok fue encerrado en su casa por su propio padre que amenazaba suicidarse. La costumbre social confuciana prohibía a los hijos comer, dormir o reír mientras sus padres estuvieran enfadados por su causa. Lee Byeok, entonces de treinta y un años, se lavó, vistió su traje blanco solemne, se encerró en su habitación e, inmóvil, se dedicó a la oración. No se movió más. No volvió a comer ni a dormir. Quince días más tarde, el fundador de la Iglesia Católica en Corea moría de inanición. Cuando diez años después -año 1794- llegaba desde Pekín Chu Mun-mo Vellozo, el primer sacerdote católico, de nacionalidad china, los bautizados eran ya cuatro mil, tan fervorosos que en poco tiempo su número se duplicó: sin duda, un caso único de toda la cristiandad.

¿Hubo paz para los cristianos coreanos en el siglo XIX? No. En 1801 se produjo una fuerte represión contra la comunidad católica, y el sacerdote chino fue asesinado con unos trescientos cristianos, entre los que estaban el noble Juan Niou y su mujer Lutgarda, A pesar de que en 1815 y en 1827 hubo nuevas oleadas persecutorias, en 1831 el número de cristianos ya era de de seis mil. Fue entonces cuando la Santa Sede erigió un vicariato apostólico en Corea, poniendo al frente del mismo a un fervoroso misionero de China: Lorenzo Imbert. Éste es consagrado obispo en mayo de 1837 y llega a Corea seis meses más tarde. Dos años después, el 21 de septiembre de 1839 recibió la palma del martirio. Con él también compartieron el martirio dos misioneros franceses: Pedro Maubant y Jacobo Chastan.

Pero no eran ellos solos. Antes y después sufrieron martirio otros muchos cristianos, entre otros Andrés Kim Taegon y Pablo Chong Hassang.

¿Quiénes fueron Andrés KimTaegon y Pablo Chong Hassang? Andrés Kim Taegon nació en 1821 en Solmoe (Corea). Era niño cuando la familia se trasladó a Kolbaemasil para huir de las persecuciones. Su padre murió mártir en 1839. También un bisabuelo suyo había muerto mártir en el año 1814, después de diez años de prisión. Tenía quince años de edad cuando el padre Maubant lo invitó a ingresar al seminario.

Fue enviado al seminario de Macao. Hacia el año 1843 intentó regresar a Corea con el obispo Ferréol, pero en la frontera fueron rechazados. Se ordenó diácono en China en el año 1844. Volvió a Corea el 15 de enero de 1845. Por su seguridad sólo saludó unos cuantos catequistas; ni siquiera vio a su madre. En una pequeña embarcación de madera guió a los misioneros franceses hasta Shangai, a la que arribaron soportando peligrosas tormentas.

En Shangai recibió la ordenación sacerdotal de manos de monseñor Ferréol el 17 de agosto de 1845, convirtiéndose en el primer sacerdote coreano. Hacia fines del mismo mes emprendió el regreso a Corea con el obispo y el padre Daveluy. Llegaron a la Isla Cheju y, en octubre del mismo año, arribaron a Kanggyong donde pudo ver a su madre.

El 5 de junio de 1846 fue arrestado en la isla Yonpyong mientras trataba con los pescadores la forma de llevar a Corea a los misioneros franceses que estaban en China. Inmediatamente fue enviado a la prisión central de Seúl. El rey y algunos de ministros no lo querían condenar por sus vastos conocimientos y dominar varios idiomas. Otros ministros insistieron en que se le aplicara la pena de muerte. Después de tres meses de cárcel fue decapitado el 16 de septiembre de 1846, a la edad de veintiséis años. Antes de morir dijo: ¡Ahora comienza la eternidad! y con serenidad y valentía se acercó al martirio.

Pablo Chong Ha-Sang nació en el año 1795 en Mahyon (Corea) siendo miembro de una noble familia tradicional. Después del martirio de su padre y de su hermano mayor Carlos, ocurridos en el año 1801, la familia sufrió mucho. Pablo tenía siete años. Su madre vio cómo confiscaban sus bienes y les dejaban en extrema pobreza. Se educó bajo los cuidados de su devota madre.

A los veinte años dejó su familia para reorganizar la Iglesia Católica en Seúl y pensó en traer misioneros. En el año 1816 viajó a Pekín para solicitar al obispo algunos misioneros; se le concedió uno que falleció antes de llegar a Corea. Él y sus compañeros escribieron al papa para que enviara misioneros. Finalmente gracias a los ruegos de los católicos, el 9 de septiembre de 1831 se estableció el vicariato apostólico de Corea y se nombró su primer obispo, encargando a la Sociedad de las Misiones Extranjeras de París la evangelización de Corea.

Pablo introdujo al obispo Imbert en Corea, lo recibió en su casa y lo ayudó durante su ministerio. Monseñor Imbert pensó que Pablo podía ser sacerdote y comenzó a enseñarle teología… Mientras tanto brotó una nueva persecución. Pablo, su mamá y su hermana Isabel fueron arrestados en el año 1839. Aguantó las torturas hasta que fue decapitado a las afueras de Seúl el 22 de septiembre. Poco después también su madre y su hermana sufrieron el martirio.

¿Fue la del año 1846 la última persecución contra los católicos coreanos? No. Se desencadenó una nueva persecución que en un primer momento se cobró sólo en Seúl la vida de unos cuatrocientos católicos, preludio de una tragedia en toda Corea que para septiembre de 1868 sumó unos dos mil fieles martirizados, cifra que en 1870 alcanzó los ocho mil, entre quienes sufrieron trabajos forzados o fueron asesinados por su fe.

Pese a la brutal persecución de sucesivos gobiernos contra los católicos coreanos a los largo de todo el siglo XIX, a comienzos del siglo XX aún se contaban hasta cincuenta mil los católicos que había en Corea.

¿Se puede decir también en Corea que “la sangre de los mártires es semilla de cristianos”? Sí. La Iglesia Católica en Corea del Sur ha experimentado un crecimiento enorme en los últimos años del siglo XX y principios del XXI teniendo un aumento de sus miembros en un 70% en la primera década del tercer milenio. Parte de este crecimiento puede atribuirse a la percepción relativamente positiva de la Iglesia por el público en general por su papel en la democratización de Corea del Sur, su participación activa en diversas obras de bienestar social, y su aproximación respetuosa a la relación entre religiones y las cuestiones de la espiritualidad tradicional coreana. Al 31 de diciembre de 2011 la Iglesia tenía más de cinco millones de católicos en Corea del Sur -el 10% de la población-. La proporción de católicos es superior entre los estudiantes y los intelectuales. Hay 15 diócesis incluyendo tres archidiócesis. Actualmente constituye la religión de mayor crecimiento en Corea del Sur, con una de las tasas de conversión más altas del mundo con unos 150.000 bautismos de personas mayores de edad al año. Las conversiones proceden del confucionismo y del budismo prevalentemente en las áreas urbanas. El concepto cristiano de igualdad y de dignidad humana, la oración como diálogo con Dios y, por tanto, como superación del “nirvana” budista, el acento personal de la moral cristiana, todo eso es atrayente para una sociedad confuciana que no comprende las virtudes morales más que en el cuadro de su utilidad social. La Iglesia Católica constituye la tercera religión más importante de Corea del Sur con un 35% de creyentes que profesan el catolicismo entre la población religiosa.

Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 17ª (La evangelización en Japón)

La evangelización de Japón

¿Qué se entiende por el Siglo Cristiano del Japón? La historia de la Iglesia Católica en Japón está dividida en tres grandes períodos: el Siglo Cristiano del Japón, la Iglesia de las Catacumbas o la de los Cristianos ocultos (Kakure Kirishitan), y el Catolicismo japonés en la actualidad.

El primer período (el Siglo Cristiano del Japón) va desde el año 1549 al 1640. En 1543 arribaron los primeros barcos portugueses y la actividad misionera de los primeros sacerdotes católicos en Japón se inició a comienzos de 1549, principalmente por jesuitas patrocinados por el Reino de Portugal. Muy poco tiempo después comenzaron a llegar sacerdotes pertenecientes a las órdenes mendicantes como la de los dominicos y los franciscanos, patrocinados por España.

El jesuita san Francisco Javier llegó a tierras niponas en 15 de agosto de 1549, acompañado por otros dos misioneros jesuitas, Cosme de Torres y Juan Fernández, y por el traductor Anjirô, dando inicio a lo que se ha denominado el Siglo Cristiano del Japón. En Kagoshima permaneció san Francisco Javier un año. Después estuvo evangelizando otras poblaciones japonesas (Yamaguchi, Sakai y Meaco) junto con su compañero Pablo de Santa Fe, e hizo traducir la obra Declaración de los artículos de la Fe, que se aprendió de memoria y solía recitar en las esquinas. Para responder a las preguntas que los transeúntes realizaban se valía de un intérprete. Ante el fracaso de la misión, pensó en citarse con el rey de la zona con la esperanza de que si éste se convertía al catolicismo, el pueblo también lo haría.

En Meaco intentó, sin lograrlo, ser recibido por el emperador. De nuevo en Yamaguchi, realizó junto con sus dos compañeros una intensa labor de predicación que da su fruto en la creación de una pequeña comunidad católica. En septiembre de 1551 le llamó el príncipe de Bungo, y le permitió predicar en las islas de su territorio. Un mes después abandonó el Japón, dejando la tarea de la evangelización del Imperio del Sol Naciente a los jesuitas Cosme de Torres y Juan Fernández. Los dos jesuitas optaron por tratar de convertir a personas de las clases altas y lograron que varios nobles se bautizaran.

En 1579 llegó por primera vez al Japón Alessandro Valgnano, y nada más llegar fundó un seminario en Arima que contó con 22 seminaristas japoneses. Tres años después fundó otro seminario en Azuchi, con 33 seminaristas, también nativos del país. En 1582 organizó el viaje de cuatro jóvenes japoneses a Roma para ser formados como sacerdotes. Este grupo fue recibido por el papa Gregorio XIII.

A finales del siglo XVI había ya en el Japón 300.000 católicos.

¿Por qué no prosperó más el cristianismo en Japón? Por las persecuciones. En 1587 se promulgó el primer edicto de persecución contra los cristianos a instancia de un bonzo. En 1597 fueron condenados a muerte veintiséis cristianos. Sentencia que se cumplió el 5 de febrero. Los mártires fueron atados en cruces, elevadas en lo alto de una colina de Nagasaki y fueron lanceados. Son conocidos como los 26 mártires de Japón. Uno de ellos, san Pablo Miki dijo antes de morir: Soy japonés y hermano jesuita y no he cometido ningún crimen pero muero sólo por haber predicado la religión de Jesucristo, Nuestro Señor. Siento gran regocijo de morir por esta causa. Para mí es una gran bendición. Puedo garantizar y afirmar que el único modo de salvación es a través del camino cristiano.

Después, desde 1597 hasta 1614 los casos de martirio fueron 70 en total. En este último año fueron expulsados los jesuitas del Japón. Pero luego, durante la primera mitad del siglo XVII, al menos 5.500 cristianos fueron asesinados. En 1622 se produjo otro martirio de cristianos conocido como el Gran Martirio de Nagasaki. Y en 1637 estalló una rebelión -la Rebelión de Shimabara- siendo uno de los líderes un adolescente cristiano. Cerca de 37.000 rebeldes fueron muertos durante los combates, la mayoría de ellos cristianos. Cincuenta y cinco personas de todas las edades y de ambos sexos fueron quemados vivos en el cauce seco del Río Kamo en Kioto, entre ellos había un niño de cinco o seis años en los brazos de su madre, llorando e implorando, ¡Jesús, recibe sus almas!

¿Quiénes fueron los “cristianos ocultos”? Con el término japonés Kakure Kirishitan se denomina a un miembro japonés de la Iglesia Católica que pasó a la clandestinidad después de la Rebelión de Shimabara.

La historia cuenta que los campesinos Hichiemon y Magoemon eran amigos que se criaron como cristianos. Un día Magoemon le propuso a Hichiemon ir a pescar al río Urakami. Ninguno de los dos sabía si el otro había abandonado la fe. Al comprobar cada uno que el otro había conservado la fe, decidieron crear una organización clandestina para preservar el cristianismo en Japón. Los dos amigos se dirigieron al pueblo para preguntar a cada uno de los aldeanos si aún eran cristianos. Con los que se habían mantenido fieles a Cristo, formaron la organización con un hombre (mizukata) que se dedicaba a bautizar a los niños; otro hombre cuya misión era mantener el calendario litúrgico, y una persona (chokata) que era el jefe de la comunidad cristiana (de los cristianos escondidos). El cargo de jefe era hereditario, y pasaba al hijo mayor de la familia; todos eran laicos ya que no existían sacerdotes en Japón.

¿Se puede decir que formaron una “Iglesia de las Catacumbas”? Sí. Los cristianos ocultos adoraban en cuartos secretos y en sus hogares. La Biblia se transmitía por tradición, debidos a que las versiones impresas eran confiscadas por las autoridades japonesas. Tras la expulsión de los sacerdotes, la formación de los cristianos había quedado en manos de laicos, y estos eran los que bautizaban a los nuevos miembros de la comunidad cristiana. Los cristianos, durante más de 200 años, transmitieron la fe oralmente, de generación en generación, confiando en el retorno prometido de los misioneros. La Virgen María era conocida como la madre en la alacena ya que la imagen la colocaban en las alacenas del hogar.

Los cristianos ocultos subieron persecución. Cada Año Nuevo japonés se les obligaban a pisar imágenes de la Virgen María y de otros santos para probar que no eran cristianos. En caso contrario eran asesinados arrojándolos en el volcán del monte Unzen. Y la Iglesia de las Catacumbas dio nuevos mártires de la fe al Japón.

¿Por qué la fiesta más importante para la Iglesia en Japón es la “Nuestra Señora del Descubrimiento de los Cristianos Japoneses”? Los sacerdotes europeos, cuando fueron expulsados de Japón, en el siglo XVII, habían dejado dicho a los cristianos japoneses algo que sería utilizado como una señal, y que ellos preservaron oralmente: La Iglesia retornará al Japón, y vosotros lo sabrán por estos tres signos: los sacerdotes serán célibes, habrá una imagen de María, y ellos obedecerán al Papa de Roma.

En 1865 el sacerdote francés Bernard Petitjean edificó una iglesia en Urakami, en las afueras de Nagasaki, para atender las necesidades espirituales de los católicos europeos. El 17 de marzo de ese año, el sacerdote encontró a un grupo de 15 japoneses, asustados, en la puerta de la parroquia. Uno de ellos, de nombre Pedro se presentó como catequista y preguntó si Petitjean obedecía al gran jefe que vivía en Roma, si creía en la Madre de Dios y si no estaba casado. Luego que el sacerdote respondiera afirmativamente, aquellos cristianos japoneses se convencieron de que el misionero pertenecía a la fe de sus antepasados. Y Pedro feliz dijo que en casa (Urakami) todos son como nosotros. Todos tienen el mismo corazón.

Después de este encuentro, el misionero francés visitó de incógnito el lugar donde vivían los cristianos escondidos. El cristianismo para los japoneses era aún una práctica ilegal. Allí se enteró que los que habían ido a la iglesia lo hicieron para ver si allí había una imagen de la Virgen María. Petitjean animó a los cristianos japoneses a practicar su fe libremente, un consejo muy imprudente que le costaría la vida a muchos de ellos. Enterado de esto, las autoridades japonesas arrestaron a cien cristianos ocultos, y con el correr de los años, hasta 1873, más de 3.404 cristianos fueron deportados a distintas parte del Japón o sufrieron prisión, y trece de ellos fueron asesinados; 660 murieron en el exilio y sólo 1.580 retornaron a Urakami.

¿Desde cuándo en Japón hay libertad para la Iglesia Católica? Las naciones occidentales protestaron contra la persecución contra los cristianos en el Japón. Persecución iniciada en 1587 y finalizada en 1873. En 1889 se estableció la libertad de religión en el Imperio del Sol Naciente. Desde entonces los católicos japoneses han vivido en paz. En 1918 el político católico Hara Takasi fue designado Primer Ministro, siendo el primer católico en ocupar tan alta posición. Y más recientemente, en 2008, otro católico -Taro Aso- también fue elegido Primer Ministro.

Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2107-18. Clases de Religión. Lección 17ª (Los comienzos de la evangelización en Asia)

Los comienzos de la evangelización de Asia

¿Cuándo comenzó la predicación del Evangelio en Asia? El anuncio del Evangelio comenzó en el continente asiático. Y fue el mismo Jesucristo el primero en anunciar la Buena Nueva. La tierra del Señor -Palestina- está en Asia. De ahí partieron los apóstoles por todo el mundo conocido para predicar el Evangelio. Varios de ellos propagaron la doctrina de Cristo por diversas ciudades de Asia antes de ir a comarcas o regiones de Europa y África.

¿A qué apóstol se le atribuye la evangelización de Oriente? A santo Tomás. Eusebio de Cesarea, en su Historia Eclesiástica, cita un texto de Orígenes en el que afirma que santo Tomás fue el apóstol de los partos. Sin embargo santo Tomás es más conocido como evangelizador de la India (al este de Partia). Según una tradición no escrita, el apóstol desembarcó en la India en el año 52, y fundó las iglesias popularmente conocidas como Siete Iglesias y Media. Y en la India sufrió martirio el 3 de julio del año 72.

¿Cuál fue la actividad del misionero jesuita san Francisco Javier en Asia? San Francisco Javier se ofreció al Papa para ser enviado a cualquier parte como misionero. Y fue nombrado por el Papa legado suyo en las tierras del Mar Rojo, del Golfo Pérsico y de Oceanía, a uno y otro lado del Ganges. En 1541 salió de Lisboa, y un año después llegó a Goa. En la ciudad que después sería capital de la india Portuguesa, comenzó a predicar la doctrina católica, a la vez que asiste a moribundos, visita a presos y socorre a pobres. En octubre de 1542 se embarcó para las islas de la Pesquería, donde permaneció un año evangelizando en varias ciudades. Allí encontró la oposición de los brahmanes. Para conseguir más eficacia en su labor evangelizadora aprendió la lengua del país (tamil), y tradujo a esa lengua parte de los textos cristianos y una plática sobre el cielo y el infierno.

Acompañado por otros misioneros, partió hacia Manapar, donde bautizó a más de 10.000 personas. En 1544 realizó más de veinte viajes misioneros. Un año después viajó a las Islas Molucas, llegando poco después a Malaca, donde aprendió un mínimo del idioma del lugar y se familiarizó con su cultura. Allí tradujo la parte básica de los textos de la doctrina católica. Ese mismo año escribió al rey de Portugal sobre las injusticias y vejaciones que les imponen los propios oficiales de Vuestra Majestad.

Después de dejar establecidas misiones en la India y Molucas, partió para Japón, junto con otros dos jesuitas y un traductor. En agosto de 1549, desembarcó en Kagoshima, entonces capital del reino Sur de Japón. Un año después viajó hacia el norte, donde fundó una pequeña comunidad cristiana en Hirado. Estuvo dos años y tres meses evangelizando tierras niponas, logrando en Yamaguchi del príncipe la garantía de respeto a los conversos al cristianismo. Muchos de los convertidos eran sumuráis, a pesar de la fuerte oposición de los bonzos. En 1551, dejando en Japón un buen grupo de japoneses cristianos, volvió a la India. Y de allí tenía pensado pasar a China. En la espera de un barco chino que debía introducirle en China, el 3 de diciembre de 1552 murió, a la edad de 46 años.

Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 16ª (Ruptura de relaciones diplomátocas con Francia)

Ruptura de relaciones diplomáticas con Francia

¿Cuál fue el por qué de la ruptura de relaciones diplomáticas con Francia? La política anticlerical. Una prepotente oligarquía masónica gobernaba Francia. Los gobernantes radicales fueron llevando a cabo hechos que coartaban la dignidad y la libertad de la conciencia católica francesa, con el meditado propósito de llegar a la separación del Estado y de la Iglesia. Y con un espíritu de intransigente laicismo, abolieron muchas de las instituciones seculares de la Iglesia.

En 1902, viviendo aún León XIII, el gobierno francés acentuó la política anticlerical hasta convertirla en una auténtica persecución. Las Congregaciones religiosas fueron disueltas y sus bienes embargados: 3.000 escuelas religiosas fueron cerradas; los religiosos y religiosas que enseñaban aún en las escuelas públicas -20.000- fueron expulsados. En enero de 1904, siendo papa san Pío X, surgió un incidente. El gobierno francés entendió que la formulación de unas bulas de nombramientos episcopales, suscritas por san Pío X, de alguna manera recortaba sus derechos. El Papa, en un gesto de buena voluntad, se avino a corregir las bulas.

En abril del mismo año se producía otro incidente: el presidente de la República Francesa decidió realizar un viaje a Roma para corresponder a la visita de los reyes de Italia. Ante esta decisión, san Pío X comunicó a todas las Cortes católicas que consideraría ofensiva para la Santa Sede toda visita de un Jefe de Estado al Quirinal, donde residía el Monarca italiano. Ya el beato Pío IX, tras la pérdida de los Estados Pontificios, había prohibido a los príncipes cristianos que realizaran visitas oficiales a la Casa de Saboya, usurpadora de los Estados de la Iglesia. Un mes después, en mayo, a pesar de la protesta del Papa, el presidente Loubet realizó el viaje a Roma.

La tensión subió cuando en junio de 1904 san Pío X invitó a los obispos de Dijon y de Laval a que fuesen a Roma para responder a algunas graves y notorias acusaciones de irregularidades. Tratándose de una cuestión de orden estrictamente disciplinar, podía hacerlo y estaba en su pleno derecho y en su pleno deber de hacerlo, porque el artículo 5º del Concordato exigía la intervención del Estado en el nombramiento de los obispos, pero no se decía que el Estado pudiese y debiese injerirse en cosas que sólo miraban a la disciplina de la Iglesia. Los dos prelados, en vez de obedecer al Romano Pontífice, acudieron en solicitud de protección y ayuda al Gobierno francés. Éste se puso de inmediato a su lado, y fingió demostrar que había en ello una infracción del Concordato de 1801 por parte de la Santa Sede. Pero san Pío X se mantuvo firme en la defensa de sus sagrados derechos. Ante la actitud del Papa, el Gobierno francés declaró en suspenso el Concordato alegando intolerancia por parte de la Sede Apostólica. A partir de ese momento intentaría regular unilateralmente la situación de la Iglesia en Francia. Esto supuso la ruptura de las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y Francia.

¿Qué ocurrió a raíz de la ruptura? Rotas las relaciones diplomáticas, suspenso el Concordato, la lucha contra la Iglesia adoptó formas claramente persecutorias. El Gobierno francés, llevando hasta sus últimas consecuencias la radicalización de la política antirreligiosa, consiguió un mes después, en julio de 1904, la aprobación de una ley que prohibía la enseñanza a las Congregaciones religiosas simplemente por ser Congregaciones religiosas. Después vino la aprobación de la Ley de separación de la Iglesia y del Estado (9 de diciembre de 1905).

La ley de separación, dividida en seis títulos y redactada en 44 artículos, era una ley tiránica y sectaria que trataba dos problemas fundamentales. La República -decía en primer término- asegura la libertad de conciencia. Ella garantiza el libre ejercicio de los cultos. Y decía igualmente: La República no reconoce, ni paga, ni subvenciona ningún culto. A la Iglesia Católica no le era reconocida su personalidad como institución de derecho público. La misma ley estipulaba que todos los edificios eclesiásticos pasarían a propiedad del Estado que, a su vez, los cedería gratuitamente a unas asociaciones cultuales que habían de constituirse en todas las parroquias y que serían también las titulares de los bienes de los establecimientos públicos de culto.

¿Cómo reaccionó Roma con la promulgación de la “ley de separación”? En Francia, la ley suscitó -apenas promulgada- un casi unánime rechazo por parte del episcopado, y la respuesta de Roma habría de llegar, en forma de dos encíclicas, en 1906. En la primera -la Vehementer, del 11 de febrero- se contenía la solemne condena de principio de la ley. En la segunda -la Gravissimo officii munere, fechada el 10 de agosto- rechazaba las asociaciones cultuales por cuanto la ley francesa quería hacer de ellas no sólo las gerentes de los bienes eclesiásticos, sino capacitarlas para intervenir en el ejercicio del culto. Declaraba que la Ley de Separación no era compatible con los derechos de la Iglesia y exhortaba a los cardenales y obispos franceses a rechazar las insidiosas ofertas del Gobierno y a atrincherarse en la roca de la justicia que destrozaría la opresión de los enemigos. Las dos encíclicas dejan ver la postura del Papa, en defensa de la vejada libertad de la Iglesia, que era de una firmeza radical. La actitud de san Pío X contaba con el respaldo del episcopado francés.

La reacción del Gobierno francés ante la condena de la Ley de separación no se hizo esperar. Expulsó de París a monseñor Montagnini, que permanecía en la nunciatura para la custodia del archivo y, cosa jamás vista en el Derecho Internacional, mandó confiscar el cifrado secreto, publicándose, falsificados, ciertos documentos que pretendían demostrar que se había intentado sublevar a los católicos contra el Gobierno de la nación. El cardenal arzobispo de Burdeos fue procesado por decir que las malas leyes no obligan a las conciencias y, puesto que las emanadas del Gobierno perjudican los intereses más sagrados de la Iglesia y de la familia, existe no sólo el derecho, sino el deber de desobedecer.

Los intentos de mediación fueron inútiles. San Pío X se mantuvo firme. Era una cuestión de principio. Prefería la expoliación, la pérdida de los bienes temporales. Y así sucedió. En la primavera de 1908, el Gobierno francés confiscaba los inmuebles, se atribuía las rentas diocesanas y las fábricas parroquiales, las casas de retiro, las fundaciones de misas, etc. La Iglesia quedaba pobre, pero libre. Había roto los lazos de su esclavitud. Las medidas gubernamentales supusieron el golpe de muerte del galicanismo. Los nombramientos episcopales serían realizados directamente por la Santa Sede, y por tanto, la Iglesia en Francia ya no recibiría a sus obispos de París, sino de Roma.

En definitiva, el sectarismo de los gobernantes sirvió para purificar a la Iglesia en Francia. El mismo san Pío X tuvo el consuelo de consagrar por su propia mano, sobre la tumba del Príncipe de los Apóstoles, a catorce obispos franceses, libres de todo vínculo de intromisión laica y encargados de difundir la palabra y la autoridad de Roma en las diócesis devastadas por el sectarismo.

¿Por qué a san Pío X se le llama el “Papa de la Eucaristía”? Por el decreto Sacra Tridentina Synodus san Pío X daba amplias facilidades a todos los fieles, de cualquier clase y condición, para la Comunión frecuente y diaria, pues éste es el deseo ardiente de Nuestro Señor y de la Iglesia Católica. Más célebre aún fue el decreto Quam singulari sobre la edad para la Primera Comunión. En este decreto se especificaba que la edad de la discreción, tanto para la Confesión como para la Sagrada Comunión, es aquella en la que el niño empieza a razonar, o sea, hacia los siete años más o menos. En esa edad comienza la obligación de cumplir con los preceptos de la Confesión y de la Comunión. Por estos dos decretos, san Pío X es conocido como el “Papa de la Eucaristía”.

Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 16ª (La crisis modernista)

La crisis modernista

¿Cuál fue la crisis modernista? El mundo evolucionaba aparentemente hacia ideas cada vez más contrarias al cristianismo. Un cierto número de pensadores habían andado a la búsqueda de una expresión actualizada de la fe, deslumbrados por las categorías intelectuales acordes con la época, pero tan caducas como la misma época. Los mismos católicos vacilaban entre tantas tentaciones y el prestigio creciente de la ciencia empujaba a muchos hacia un agnosticismo crecido al amparo de las corrientes filosóficas del momento. Semejante actitud intelectual desvirtuaba de hecho el contenido de la fe misma, que no puede encontrar una expresión adecuada en un pensamiento que separa, oponiéndolas, la fe y la ciencia en su origen y en su objeto.

En el aspecto teológico el conjunto de las ideas propagadas y defendidas por pensadores católicos influidos por las corrientes imperantes de la época se conoce con el nombre de Modernismo. Los modernistas se obsesionaron en buscar una conciliación entre la fe y las corrientes más modernas de la filosofía, de las ciencias profanas y de la crítica histórica.

San Pío X vio el peligro que encerraban las ideas modernistas cada vez más lejanas de la doctrina de la Iglesia, hasta desembocar en un conjunto de herejías que atacaban los mismos fundamentos de la fe. La corriente modernista, en efecto, negaba la inspiración divina de la Sagrada Escritura y la historicidad del Evangelio; remitía al plano del sentimiento religioso la divinidad de Jesucristo, su resurrección, su concepción virginal; rechazaba el origen divino de la Iglesia, negando que Jesucristo la hubiera instituido e igualmente negaba que los dogmas fueran inmutables; consideraba que los sacramentos no eran cauces de la gracia, sino meros instrumentos disciplinares de la Iglesia; y proclamaba que el catolicismo de su tiempo no era conciliable con la ciencia.

San Pío X ante la contumacia de los modernistas, y por su permanente preocupación por preservar la fe de los errores que la asediaban, después de observar y orar, planteó una firme batalla y actuó con una severidad implacable. Mediante el decreto Lamentabili sane exitu, de julio 1907, condenó los errores cometidos por numerosos escritores católicos que bajo el pretexto de una inteligencia más profunda y de investigación histórica, buscan un progreso de los dogmas que es, en realidad, su corrupción. En concreto, fueron condenadas sesenta y cinco tesis exegéticas y dogmáticas.

Meses después, ante la crisis abierta en los medios eclesiásticos, san Pío X publicó el 8 de septiembre de 1907 la encíclica Pascendi Domini gregis, en la que explica la raíz y el alcance de cada uno de los errores condenados en el decreto Lamentabili, analizando los peligros del Modernismo en sus relaciones con la filosofía, la exégesis, la apologética, la historia, la liturgia y la disciplina eclesiástica.

Con la publicación de la Pascendi el movimiento modernista entró en una fase de plena descomposición, pero san Pío X, en una actitud vigilante frente a la heterodoxia y para impedir el rebrote de las ideas condenadas, el 1 de septiembre de 1910, por el motu proprio Sacrorum Antistitum prescribió a todos los aspirantes al sacerdocio o a cualquier dignidad eclesiástica y a todos los que ejercieran el ministerio sagrado o enseñaran en establecimientos de la Iglesia un juramento especial antimodernista.

Compendio de Historia de la Iglesia. Curso 2017-18. Clases de Religión. Lección 16ª (El Pontificado de san Pío X)

El Pontificado de san Pío X

¿Qué pasó en el primer cónclave del siglo XX? En la mañana del 2 de agosto de 1903, antes de procederse al tercer escrutinio, el cardenal Jean Puzyna de Kosielsko, arzobispo de Cracovia, declaró en nombre de su Majestad Apostólica, el emperador Francisco José I la oposición de la corona austríaca a la elección del antiguo Secretario de Estado de León XIII, el cardenal Rampolla. Fue la última vez que se puso el veto a un cardenal en un cónclave.

¿Qué es el veto? A partir de mediados del siglo XVII se fue introduciendo el llamado derecho de exclusiva o veto en los cónclaves, como una forma bien precisa de influencia de los monarcas católicos -en concreto, el emperador de Austria y los reyes de España y Francia- en la elección de los papas. Con este pretendido derecho algunas naciones excluían a determinados cardenales, impidiéndoles alcanzar la tiara pontificia.

El veto fue sufrido a la vez que tolerado por la Iglesia sin rasgarse las vestiduras al considerar a las naciones que se arrogaban este seudoderecho como protectoras suya, y, también, por el temor de que en caso de contrariarlas, estas naciones causaran un daño grave a la religión católica.

San Pío X, elegido -los caminos de la Providencia son inescrutables- quizás gracias al veto austríaco al cardenal Rampolla, para evitar que en sucesivos cónclaves se hiciera uso del seudoderecho del veto, promulgó el 20 de enero de 1904 la constitución Commissum nobis, en la que se declaraba nulo y absolutamente prohibido el derecho de exclusiva, o veto, aun cuando fuera expresado como deseo o mera indicación iniciada de la voluntad de cualquier potestad civil.

¿Cuáles son los hechos más sobresalientes del Pontificado de san Pío X? Los tiempos de san Pío X fueron difíciles. De esta época es la crisis modernista y la ruptura de las relaciones diplomáticas con Francia. Siguiendo el programa de su pontifificado –Instaurare omnia in Christo-, san Pío X no desperdició ninguna ocasión de inculcar la piedad a los fieles cristianos. Por ejemplo, se valió del primer cincuentenario de la definición dogmática de la Inmaculada Concepción para propagar la devoción a la Virgen María.

Además emprendió una serie de reformas intraeclesiales Empezó con la renovación de la música sacra. El motu proprio Inter sollicitudines, de 1903, representa el código fundamental de la música de la Iglesia: el canto genuino de la Iglesia Católica es el coral gregoriano, que es el que ha de emplearse sobre todo en el servicio litúrgico. Con objeto de poner al día el derecho de la Iglesia, san Pío X ordenó una codificación del Derecho Canónico. De especial importancia para la vida de piedad de los fieles fue el empeño de san Pío X en promover el uso frecuente de los sacramentos y aun la recepción diaria de la Sagrada Eucaristía, como el medio más eficaz para la santificación de las almas.

En 1908 inició la reforma de la Curia romana, pues desde los tiempos de Sixto V no se había introducido ninguna innovación importante en la ordenación curial. Las competencias eran confusas y algunas congregaciones estaban sobrecargadas de trabajo. Con la constitución Sapienti consilio se redujo el número de congregaciones y se precisaron mejor las competencias respectivas.