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Mesías

Mesías. Término hebreo. Significa: ungido. Con esta palabra se designaba en el Antiguo Testamento al futuro salvador de Israel, cuya venida anunciaban los profetas. Y es título aplicado a Jesucristo como Salvador del mundo.

Manifestaciones mesiánicas de Cristo

Durante su vida pública, Jesús de Nazaret se manifestó varias veces como el Mesías anunciado por los profetas.

a) En primer lugar, en su bautismo en el río Jordán (cfr. Mt 3, 13-17).

b) Con sus milagros, que asombraban a los apóstoles y a las multitudes (cfr. Jn 6, 1-15).

c) Con sus enseñanzas, que llevan a las gentes a exclamar: Jamás nadie ha hablado como este hombre (Jn 7, 46).

d) Pedro lo confiesa abiertamente: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo (cfr. Mt 16, 13-16).

e) Después de resucitar a Lázaro, las multitudes entusiasmadas le vitorean en su entrada triunfal en Jerusalén: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel! (cfr. Jn 12, 12-18).

Clases de males

Mal. Es la ausencia de una perfección que un ser debiera poseer. El mal físico tiene su origen en la naturaleza; el mal moral (pecado), en el libre albedrío. El mal es lo que se opone al bien. Alude a defecto, falta, privación de un bien debido. Entendemos comúnmente por mal todo aquello que contraría los deseos, exigencias o necesidades de los seres, originando, al menos en el hombre, sufrimiento y dolor. Hay males físicos y morales. El mal moral es debido al desorden de la voluntad libre. El origen y el sentido del mal es uno de los problemas insolubles de la Filosofía.

Mal físico. Es la privación de un bien natural. Puede consistir en una enfermedad, en una catástrofe, en la pérdida de bienes materiales, etc.

Mal moral. Equivale, ante todo, al pecado, es decir, a la desobediencia voluntaria a la ley de Dios.

Magisterio de la Iglesia

Magisterio de la Iglesia. Es la misión confiada por Cristo a los apóstoles y sus sucesores para que con la autoridad del mismo y en su nombre, propaguen y conserven la verdad revelada.

El Magisterio al servicio de la palabra de Dios

El Magisterio no está por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio, para enseñar puramente lo transmitido, pues por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo, lo escucha devotamente, lo custodia celosamente, lo explica fielmente; y de este único depósito de la fe saca todo lo que propone como revelado por Dios para ser creído (Concilio Vaticano II, Constitución Dogmática Dei verbum, n. 86).

Magia

Magia. Es el arte de conseguir, por medios ocultos o con ayuda del demonio, algún efecto maravilloso que supera o parece superar las fuerzas humanas. No debe confundirse con la prestidigitación o magia blanca, que consiste en juegos de manos hechos con habilidad o destreza, o en hacer cosas maravillosas con medios naturales, como trucos o rampas desconocidos para quienes los contemplan.

Madre de Dios

Madre de Dios. La Virgen María es Madre de Dios por ser madre de Jesucristo, y en Jesucristo sólo hay una persona, que es la persona divina. La Iglesia celebra el día 1 de enero la solemnidad de Santa María, Madre de Dios.

Júbilo en el pueblo cristiano

La Maternidad divina de María fue definida como verdad de fe en el Concilio de Éfeso. El pueblo entero de la ciudad de Éfeso, desde las primeras horas de la mañana hasta la noche, permaneció ansioso en espera de la resolución… Cuando se supo que el autor de las blasfemias (Nestorio) había sido depuesto, todos a una voz comenzamos a glorificar a Dios y a aclamar al Sínodo, porque había caído el enemigo de la fe. Apenas salidos de la iglesia, fuimos acompañados con antorchas a nuestras casas. Era de noche: toda la ciudad estaba alegre e iluminada (San Cirilo de Alejandría, Epístola XXIV).

Madre de Dios

Madre de Dios. La Virgen María es Madre de Dios por ser madre de Jesucristo, y en Jesucristo sólo hay una persona, que es la persona divina. La Iglesia celebra el día 1 de enero la solemnidad de Santa María, Madre de Dios.

Júbilo en el pueblo cristiano

La Maternidad divina de María fue definida como verdad de fe en el Concilio de Éfeso. El pueblo entero de la ciudad de Éfeso, desde las primeras horas de la mañana hasta la noche, permaneció ansioso en espera de la resolución… Cuando se supo que el autor de las blasfemias (Nestorio) había sido depuesto, todos a una voz comenzamos a glorificar a Dios y a aclamar al Sínodo, porque había caído el enemigo de la fe. Apenas salidos de la iglesia, fuimos acompañados con antorchas a nuestras casas. Era de noche: toda la ciudad estaba alegre e iluminada (San Cirilo de Alejandría, Epístola XXIV).