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Los Reyes Magos

Los Reyes Magos

La Iglesia y el vulgo, la piedad y el arte, rezan y cantan, se extasían y pintan desde tiempos remotos en torno a este entrañable misterio. Bucear en los orígenes de esta tradición implica remontarse a uno de los Evangelio: Mateo (2, 1-12) nos narra cómo unos Magos guiados por una estrella, llegaron a Belén para adorar al recién nacido Mesías. Magos. Mateo tampoco los menciona.

El venerable Beda, un monje benedictino y doctor de la Iglesia (siglo VIII) los describió así en un códice: Melchor, anciano de blancos cabellos y larga barba del mismo color; Gaspar más joven y rubio;Baltasar, negro. Los nombres son distintos en diversas lenguas. En griego: Appellicón, Amerín y Damascón; en hebreo: Magalah, Galgalath y Serakin.

Los dones con que obsequiaron al Niño Jesús simbolizan: el oro la realeza de Cristo; el incienso su divinidad; la mirra era una alusión a la pasión. O en otras palabras, cada uno aludía a la triple condición de Jesús como rey, Dios y hombre. Su destino tras la adoración fue incierto San Mateo sólo dice que regresaron a su país por otro camino para burlar a Herodes.

El martirio de los siete hermanos Macabeos

El martirio de los Macabeos

Antíoco Epifanes, monarca de Siria, conquista Jerusalén y se propone acabar con la religión judaica, obligando a los judíos a ofrecer sacrificios a los dioses falsos. Muchos judíos se niegan a obedecer las órdenes del rey y mueren heroicamente en medio de grandes sufrimientos.

En Jersualén vive una familia compuesta por una madre y siete hijos. Todos ellos profesan una gran amor a Dios y sólo conocen el temor de ofenderle.

Un día son llevados ante el rey. Antíoco les ordena que ofrezcan sacrificios a los ídolos y que abandonen su religión, bajo la siguiente amenaza: O hacéis lo que os pido o moriréis en el tormento. La contestación de los jóvenes es la siguiente: Preferimos morir antes que desobedecer a Dios. Esto es mucho más importante para nosotros. Estamos dispuestos a dar la vida.

El rey -enfurecido con esta respuesta- ordena a sus verdugos: Coged al mayor de los hermanos; cortadle la lengua, los brazos y arrancadle la piel de la cabeza; después arrojadle a una caldera de aceite hirviendo.

También el segundo de los jóvenes muere entre horribles tormentos. Un poco antes de expiar, mira al tirano y le dice: ¡Príncipe malvado!, tú nos quitas la vida presente, pero el Señor de los cielos y la tierr nos resucitará y nos dará la vida eterna, porque morimos en defensa de su ley.

De igual modo mueren los restantes hermanos. Sólo queda el más pequeño. Antíoco desea convencerle y cambia de táctica: Si abandonas la religión de tus padres -le dice- serás uno de mis amigos, te dar´r grandes cargos en el país y te colmaré de riquezas.

El niño mira al rey y le dice: ¿Qué esperas? Yo no obedeceré tus órdenes y moriré como mis hermanos. Antíoco se dirige ahora a la madre para que anime a su hijo a adorar a los ídolos. La mujer abrazando a su hijo le alienta a permanecer fiel a Dios: ¡Hijo mío, muy querido!, pídele a Dios fortaleza, y ten el mismo valor que tus hermanos; recibe la muerte con alegría, a fin de que por la misericordia del Señor, te vuelva a ver en la gloria que esperamos en el Cielo.

De nuevo el niño habla al rey: Estoy dispuesto a morir y no tengo miedo a ti castigo. Yo sólo obedezco los mandamientos de Dios.