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Una opinión particular… y su rectificación

Juan XXII. Papa. De nacionalidad francesa, residió en Aviñón. Gobernó la Iglesia desde agosto de 1316 a diciembre de 1334.

Una opinión particular

Cabe destacar del pontificado de Juan XXII algo más que una simple anécdota, pues dio lugar a la controversia. El día de Todos los Santos de 1331 el Papa, predicando en la catedral de Aviñón, como hacía con frecuencia, afirmó, advirtiendo que se trataba de una opinión personal que a nadie obligaba, que las almas de los bienaventurados no verían a Dios hasta después del Juicio Final. Esta arriesgada opinión fue de inmediato rebatida por la mayoría de los teólogos. El 18 de noviembre de 1333 aclaró que él no había querido decir que fuese doctrina segura, sino solamente que era una cuestión que convenía debatir.

Ya en su lecho de muerte, Juan XXII se retractó de su afirmación, expresando que la había hecho a título personal y diciendo: Creo y confieso que las almas, separadas del cuerpo y purificadas, están en el cielo con Jesucristo y con los ángeles, ven a Dios y la divina esencia claramente y cara a cara. Si alguna vez he predicado, dicho o escrito lo contrario, lo revoco expresamente.

Su sucesor, el papa Benedicto XII, con la constitución Benedictus Deus, definió dogmáticamente la visión beatífica de los bienaventurados sin tener que esperar al Juicio Final.

La Ciudad Santa (Jerusalén)

Tus umbrales, Jerusalén

Jerusalén aparece en la historia en el tercer y segundo milenio antes de Cristo, aunque con distintos nombres. La primera vez que se cita en la Biblia es cuando Abrahán volvía de rescatar a su sobrino Lot y los suyos de manos de una coalición de reyes, a quienes Abrahán venció. Jerusalén significa la ciudad de la paz, cuando difícilmente se encontrara otra ciudad más veces machacada por la guerra. Es la ciudad sagrada para las tres grandes religiones monoteístas: judía, cristiana y musulmana. Para los judíos porque es la ciudad de David, por derecho de conquista y porque allí estableció su reino. Para los cristianos allí está el Santo Sepulcro, testigo de la resurrección de Cristo, donde tuvo origen el cristianismo. Para los musulmanes es la santa, desde donde según sus creencias Mahoma subió al cielo.

La ciudad sagrada es la Jerusalén circundada de murallas. La ciudad santa a la que canta y por la que suspira el creyente es esa viaja ciudad con sus barrios judíos, cristiano y árabe, de calles estrechas, de revueltas constantes, con su zoco tradicional. Allí los judíos rezan lastimeros ante el Muro de las Lamentaciones; los musulmanes oran en la inmensidad de la Mezquita de El-Aksa; y los cristianos recorremos la vía dolorosa y nos postramos ante el sepulcro vacío para sentir después el gozo de la Resurrección.

Pedro Sánchez, Carlos V, Franco y Lutero

El Presidente en funciones del gobierno de España Pedro Sánchez, en vez de mirar hacia el futuro para procurar mejorar la vida de los españoles, está empeñado en mirar hacia atrás reavivando resentimientos. Yo les diría que a los muertos les dejen en paz. ¿Qué va a conseguir con haber desenterrado a Franco? Me permito contarle una anecdóta de Carlos I de Espeña y V de Alemania.

Carlos V luchó contra la Reforma Protestante y, desde luego, contra Martín Lutero. Después de muerto Lutero, en un viaje que realizó Carlos V por sus dominios alemanes, llegó a la ciudad donde estaba -y continúa estando- la tumba del Reformador. Los de su séquito le aconsejaron que hiciera destruir la tumba de Lutero. El Emperador se negó. No soy quién para juzgarle después de muerto ‑dijo‑, pues sería meterme en el terreno del Juez Supremo. Ni he hecho jamás la guerra a los muertos ni a nadie que no estuviera debidamente armado.

¿Quién es el Papa de la Inmaculada?

Pío IX. Beato. Papa. Su pontificado es el de mayor duración de la historia (de junio de 1846 a febrero de 1878). En él se produjeron los siguientes hechos: Proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María; Celebración del Concilio Vaticano I; Proclamación de la República Romana y destierro del Papa a Gaeta; Dogma de la Infalibilidad del Papa; Fin de los Estados Pontificios por la toma de Roma por los ejércitos del Nuevo Estado Italiano. Durante el Jubileo del año 2000 Pío IX fue beatificado.

Una vieja profecía

En la Roma secular circulaba una profecía según la cual ningún papa había de alcanzar los veinticinco años de pontificado atribuidos a san Pedro, el primer pontífice. Annos Petri non videbis (no alcanzarás la edad de Pedro). El beato Pío IX desmintió la profecía: gobernó la Iglesia treinta y un años, siete meses y veintidós días. En 1871, Pío IX, con su fino rasgo de humor, aceptó que se colocara un medallón de mosaico en un pilar de la Basílica Vaticana, encima de la estatua de bronce de san Pedro, como acta notarial de que la profecía había sido derrotada.

Persecuciones

Persecuciones. Procedimientos judiciales punitivos contra los cristianos por parte de los poderes civiles. En la historia de la Iglesia no ha habido época que en algún lugar de la tierra no haya habido persecuciones.

Al salir al destierro

Pío VI fue hecho prisionero por Napoleón y obligado a salir de Roma. Antes de salir de la Ciudad Eterna, camino del cautiverio, escribió a los obispos: Dios ha querido, vosotros lo sabéis, que la Iglesia debe su nacimiento a la Cruz y al sufrimiento, su gloria a la ignominia, sus luces a las tinieblas del error, sus progresos a los ataques de sus enemigos, sus fuerzas a las privaciones y a la adversidad. Por eso su esplendor no ha sido nunca tan puro como cuando los hombres hicieron esfuerzo para ensombrecerlo; pues, “como el oro es probado en el fuego”, así los amigos de Dios son probados en la tribulación.

China: ¿Una nueva Ostpolitik?

¿Una nueva Ostpolitik?

La Ostpolitik fue la política vaticana para una apertura hacia el Este europeo, dominado por el régimen comunista de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Encargado de llevar a cabo esa política fue Agostino Casaroli, que tuvo cumplir delicadas misiones ante los gobiernos de los países satélites de la Unión Soviética.

La Santa Sede, con una angustia centrada en no abandonar a su suerte a las Iglesias del Este, quería mantener un diálogo con los regímenes comunistas que facilitasen a los católicos un modus vivendi, pero los resultados no fueron del agrado de todos ni satisfactorios, porque las palabras y las promesas no tenían el mismo valor y significado en el Vaticano que en el Kremlin. Tal era la realidad que monseñor Jean Villot, cardenal Secretario de Estado, llegó a afirmar que la Ostpolitik no estaba basada en un modus vivendi sino en un modus non moriendi. En Polonia esta política levantó recelos, que el tiempo demostró que eran fundados.

En Checoslovaquia monseñor Casaroli creyó haber dado un gran paso al conseguir que Pablo VI nombrase a monseñor Frantisek Tomasek administrador apostólico de la diócesis de Praga y a otros obispos para varias diócesis checoslovacas que, desde hacía bastantes años estaban vacantes, a la vez que las autoridades checoslovacas autorizaban al arzobispo de la capital, monseñor Josef Beran -en residencia vigilada desde hacía más de 15 años- para volar a Roma donde iba a recibir el capelo cardenalicio. La desilusión fue grande. En el mismo momento de despegar el avión le comunicaron al nuevo cardenal la única condición que le ponían para autorizarle la salida: no regresar a Praga. El vuelo de Beran fue un viaje sin retorno.

Con el Gobierno de Budapest se consiguió el desbloqueo del statu quo con Hungría, que permitió el nombramiento de nuevos obispos, y resolver el caso del heroico cardenal Mindszenty. El Primado húngaro murió en su destierro vianés el 6 de mayo de 1975. Cuando, recobrada la libertad por parte del pueblo magiar, el cuerpo de Mindszenty fue recibido con todos los honores y enterrado en la catedral de su Sede Primada, monseñor Casaroli, a la sazón cardenal Secretario de Estado, enviado por san Juan Pablo II para presidir en su nombre los solemnes actos, públicamente reconoció no haberse resuelto con pleno acierto el espinoso asunto y pidió perdón por la culpa que pudo tener en el posible desacierto de la política practicada en aquella ocasión.

Por lo más seguro

Enrique IV de Francia era hugonote, siendo rey de la Baja Navarra, antes de sentarse en el trono francés. Es célebre su frase: París bien vale una misa. Pero realmente la decisión de hacerse católico fue de la siguiente forma: Enrique, después de pensarlo mucho, reunió un grupo de ministros protestantes y les preguntó si creían que un hombre podría salvarse en la Iglesia Católica Romana. Respondieron que sí. “Entonces, ¿por qué la habéis abandonado vosotros?”, dijo Enrique. Y a continuación añadió: “Los católicos pretenden que no puede haber salvación en vuestra Iglesia; vosotros admitís que podríais salvaron en la de ellos. El sentido común me lleva a tomar el camino más seguro y preferir una religión en la cual con el testimonio de todo el mundo puedo asegurarme una felicidad eterna”.