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El nombre de Jesús

Jesús. Significa: Salvador. Es el nombre que el ángel dijo a san José que pusiera al hijo que iba a nacer de su Esposa, la Virgen María. En este nombre el mundo y el hombre son salvados.

Consideraciones de santa Teresa de Calcuta

Jesús es mi Dios; Jesús es mi Esposo; Jesús es mi vida; Jesús es mi único Amor; Jesús es mi Todo; Jesús es Todo para mí. Jesús, lo amo con todo mi corazón. Todo le he dado a Él, incluso mis pecados, y Él me ha escogido como Su esposa, con ternura y amor. Ahora y para siempre, yo soy toda de mi Esposo Crucificado.

Jesús es la Palabra que debe ser proclamada. La verdad que debe ser dicha. La luz que debe ser encendida. La vida que debe ser vivida. El amor que debe ser amado. La alegría que debe ser compartida. Jesús es aquel hambriento que debe ser sustentado. Aquel sediento que debe ser saciado. Aquel sin‑casa que debe ser albergado. Aquel enfermo que debe ser asistido. Aquel solitario que debe ser amado. Aquel desprestigiado que debe ser acogido. Aquel mendigo al que se le debe una sonrisa. Aquel enfermo mental a quien se debe proteger. Aquel pequeño a quien se debe abrazar. Aquel ciego a quien se debe conducir. Aquel drogado a quien se debe dar comprensión. Aquel anciano a quien se debe servir.

Jesucristo

Jesucristo. Es el Hijo de Dios hecho hombre que nació de la Virgen María, perfecto Dios y perfecto hombre.

¿Qué ha dicho Jesucristo de sí mismo?

Jesús dijo:

‑Yo soy el Mesías (Jn 4, 26).

‑Yo soy Rey (Jn 18, 37).

‑Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14, 6).

‑Yo soy la luz del mundo… (Jn 8, 2).

‑Yo soy la Resurrección y la Vida (Jn 11, 25).

‑Yo soy el pan de vida (Jn 6, 35).

‑Yo soy el alfa y el omega, el primero y el último (Ap 22, 13).

‑Yo y el Padre somos una sola cosa (Jn 10, 30).

‑El Padre está en mí y Yo en el Padre (Jn 10, 38).

‑El que me ha visto a mí ha visto al Padre (Jn 14, 9).

Jesucristo mismo se proclamó Hijo de Dios y Dios verdadero.

La fe de la Iglesia

Es contrario a la fe cristiana introducir cualquier separación entre el Verbo y Jesucristo. San Juan afirma claramente que el Verbo, que estaba en el principio con Dios, es el mismo que se hizo carne (Jn 1, 2.14). Jesús es el Verbo encarnado, una sola persona e inseparable: no se puede separar a Jesús de Cristo, ni hablar de un Jesús de la historia, que sería distinto del Cristo de la fe. La Iglesia conoce y confiesa a Jesús como el Cristo, el Hijo de Dios vivo (Mt 16, 16). Cristo no es sino Jesús de Nazaret, y éste es el Verbo de Dios hecho hombre para la salvación de todos (Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Redemptoris Missio, n. 6).

Lo que caracteriza a la fe cristiana, a diferencia de todas las otras religiones, es la certeza de que el hombre Jesús de Nazaret es el Hijo de Dios, la Palabra hecha carne, la segunda Persona de la Trinidad que ha venido al mundo. Ésta es la alegre convicción de la Iglesia desde sus comienzos cuando canta “el gran misterio de piedad”: Él ha sido manifestado en la carne (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 463). Dios, el invisible, está vivo y presente en Jesús, el hijo de María, la Theotokos, la Madre de Dios. Jesús de Nazaret es Dios-con-nosotros, el Emmanuel: quien le conoce, conoce a Dios; quien le ve, ve a Dios; quien le sigue, sigue a Dios; quien se une a Él está unido a Dios. En Jesús, nacido en Belén, Dios se apropia la condición humana y se hace accesible, estableciendo una alianza con el hombre (Juan Pablo II, Mensaje 29.VI.1999).

Un pensamiento

La vida de Jesucristo en la tierra obliga a los hombres a tomar postura; o con Dios, o contra Dios: el que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama (Lc 11,23).