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El Rosario

El Rosario

Historia

El Santo Rosario es una devoción muy antigua. Surgió aproximadamente en el año 800 a la sombra de los monasterios, como Salterio de los laicos. Dado que los monjes rezaban los salmos (150), a los laicos, los cuales en su mayoría no sabían leer, se les enseñó a rezar 150 padrenuestros. A pasar el tiempo, se formaron otros tres salterios con 150 avemarías, 150 alabanzas en honor de Jesús y 150 alabanzas en honor de María. Por tanto, la piedad medieval de Occidente desarrolló la oración del Rosario en sustitución de la Oración de las Horas.

En el año 1365 se hizo una combinación de los cuatro salterios, dividiendo las 150 avemarías en 15 decenas y poniendo un padrenuestro al inicio de cada una de ellas. En 1500 se estableció, para cada decena, la meditación de un hecho de la vida de Jesús o María, y así surgió el Rosario de quince misterios.

Los misterios que se contemplaban se dividieron en tres grupos (misterios gozosos, misterios dolorosos y misterios gloriosos).

San Pío V, en la bula Consueverunt, del 17 de septiembre de 1569, afirmó: El Rosario o Salterio de la Virgen María, es un modo de oración a través del cual María es venerada con el saludo del ángel repetido 150 veces según el número de los Salmos de David, intercalando cada diez avemarías la oración del Señor con meditaciones que ilustran toda la vida del mismo Señor nuestro Jesucristo.

San Juan Pablo II, con la carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, del 16 de octubre de 2002, añadió a los 15 misterios del Rosario otros 5 (misterios luminosos) para completar toda la vida de Cristo, recogiendo momentos del ministerio público del Señor.

La Santa Iglesia recibió el Rosario en el año 1214 de una forma milagrosa: cuando la Virgen se apareció a santo Domingo y se lo entregó como un arma poderosa para la conversión de herejes y otros pecadores de esos tiempos. Desde entonces su devoción se propagó rápidamente alrededor del mundo con increíbles y milagrosos resultados.

Oración contemplativa

El Santo Rosario es considerado como la oración perfecta porque junto con él está aunada la majestuosa historia de nuestra salvación. Con el Rosario meditamos los misterios de gozo, luz, dolor y gloria de Jesús y de María. Es una oración simple, humilde como María. Es una oración que podemos hacer con ella, la Madre de Dios, contemplar con María el rostro de Cristo. Con el avemaría la invitamos a que rece por nosotros.

El Rosario es una meditación de la vida de Jesucristo y de la Virgen María. El papa san Juan Pablo II dijo: En el Rosario aprendemos de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor. Como toda oración cristiana, el Rosario se aplica preferentemente a meditar los misterios de Cristo. La meditación hace intervenir al pensamiento, la imaginación, la emoción y el deseo. Esta movilización es necesaria para profundizar en las convicciones de fe, suscitar la conversión del corazón y fortalecer la voluntad de seguir a Cristo. La meditación de estos misterios conduce a la contemplación.

El Rosario, oración especialmente recomendada

El mes de octubre tiene en el calendario religioso popular una dedicación tradicional de gran raigambre: el Santo Rosario. Siglos de presencia en la vida e historia de la Iglesia avalan su validez y le otorgan el primer lugar entre las devociones marianas.

Desde el pontificado de Sixto IV, 1478, hasta nuestros días el testimonio de todos los Papas sobre la excelencia del Rosario no ha podido ser más unánime. Sobre ninguna otra práctica de piedad los Papas han publicado jamás tanto número de encíclicas.

La vida cristiana de millones de católicos en los últimos siglos está trenzada con el rezo del Rosario y la espiritualidad mariana se ha alimentado con esta oración y meditación. El papa Pío XII lo definió como el breviario de todo el Evangelio y norma popular adaptada a la capacidad y al alcance de todos los fieles. Síntesis perfecta de oración mental y vocal amalgama las más preciosas plegarias con los contenidos fundamentales del Evangelio, del Dogma y de la Historia de la salvación.

En Lourdes y en Fátima la Santísima Virgen mostró el Rosario como instrumento de santificación y de salvación.

El Rosario o Salterio de la Virgen es una de las oraciones más excelsas a la Madre del Señor. Por eso, los Sumos Pontífices han exhortado repetidamente a los fieles a la recitación frecuente del santo Rosario, oración de impronta bíblica, centrada en la contemplación de los acontecimientos salvíficos de la vida de Cristo, a quien estuvo asociada estrechamente la Virgen María. Son numerosos los testimonios de los Pastores y de hombres de vida santa sobre el valor y eficacia de esta oración.

El Rosario es una oración esencialmente contemplativa, cuya recitación exige un ritmo tranquilo y un reflexivo remanso, que favorezcan, en quien ora, la meditación de los misterios de la vida del Señor. Está expresamente recomendado en la formación y en la vida espiritual de los clérigos y de los religiosos.

¿Cómo se reza el Rosario?

El Rosario está compuesto de dos elementos: oración mental y oración vocal. En el Rosario la oración mental no es otra cosa que la meditación sobre los principales misterios o hechos de la vida (infancia, ministerio público, pasión y gloria) de Jesucristo y de su Santísima Madre.

La oración vocal consiste en recitar veinte decenas del Rosario (o cinco decenas, si se reza una sola parte). En cada decena, después de enunciar el misterio, se reza diez avemarías encabezada por un padrenuestro. Al terminar las avemarías de la decena se reza el gloria. Durante la decena se medita el misterio que se contempla.

Los misterios del santo Rosario

Misterios gozosos:

1º La Encarnación del Hijo de Dios.

2º La Visitación de la Virgen María a su prima santa Isabel.

3º El Nacimiento de Jesús.

4º La Presentación del Niño y la Purificación de la Virgen María.

5º El Niño Jesús perdido y hallado en el Templo.

Misterios luminosos:

1º El bautismo de Jesús.

2º Las bodas de Caná.

3º El anuncio del reino de Dios invitando a la conversión.

4º La Transfiguración del Señor.

5º La institución de la eucarística.

Misterios dolorosos:

1º La oración de Jesús en el huerto de los olivos.

2º La flagelación del Señor.

3º La coronación de espinas.

4º. Jesús con la cruz a cuesta.

5º Muere Jesús en la cruz.

Misterios gloriosos:

1º La Resurrección del Señor.

2º La Ascensión del Señor al cielo.

3º La venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles.

4º La Asunción de la Virgen María.

5º La coronación de María Santísima como Reina y Señora del Universo.