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San Josemaría Escrivá

Josemaría Escrivá. Santo. Sacerdote. Nació en Barbastro (Huesca, España) el 9 de enero de 1902. Murió en Roma, en olor de santidad, el 26 de junio de 1975. El 2 de octubre de 1928 fundó, por inspiración divina, el Opus Dei, camino de santificación en el trabajo profesional y en el cumplimiento de los deberes ordinarios del cristiano.

De la Homilía de san Juan Pablo II en la Misa de la canonización

Desde que el 7 de agosto de 1931, durante la celebración de la Santa Misa, resonaron en su alma las palabras de Jesús: “cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí (Jn 12, 32), Josemaría Escrivá comprendió más claramente que la misión de los bautizados consiste en elevar la Cruz de Cristo sobre toda realidad humana, y sintió surgir en su interior la apasionante llamada a evangelizar todos los ambientes. Acogió entonces sin vacilar la invitación hecha por Jesús al apóstol Pedro y que hace poco ha resonado en esta Plaza: “Duc in altum!”. Lo transmitió a toda su familia espiritual, para que ofreciese a la Iglesia una aportación válida de comunión y servicio apostólico. Esta invitación se extiende hoy a todos nosotros. “Rema mas adentro -nos dice el divino Maestro- y echad las redes para la pesca” (Lc 5, 4).

Venerable Faustino Pérez-Manglano

Un joven llamado por Dios (Venerable Faustino Pérez-Manglano)

Proceso de beatificación de un adolescente

El 14 de enero de 2011 el papa Benedicto XVI aprobó el decreto de virtudes heroicas de Faustino Pérez-Manglano Magro, por lo que el Siervo de Dios pasó a ser declarado Venerable. La Causa de beatificación y canonización de Faustino comenzó el 17 de octubre de 1986. El entonces arzobispo de Valencia, Miguel Roca Cabanellas presidió la apertura del proceso. Anteriormente, a raíz de la muerte de Faustino, Mons. Marcelino Olaechea, que era quien regía la archidiócesis valenciana cuando murió Faustino, leyó un breve escrito con rasgos de la vida de Faustino, testimonios, extractos de su Diario… Se entusiasmó y, como buen educador salesiano, dijo: ¡Aquí tenemos un nuevo santo Domingo Savio! Éste, el joven discípulo de san Juan Bosco, fue el primer adolescente no mártir canonizado. Y el prelado valenciano aprobó una oración para pedir favores por intercesión de Faustino.

Por una serie de circunstancias, la Causa tardó en empezarse oficialmente. Uno de los motivos, la discusión entre teólogos sobre la posible santidad canonizable de niños y jóvenes. San Pablo VI nombró una comisión de expertos para estudiar la cuestión. Terminaron su estudio ya bajo el pontificado de san Juan Pablo II. La conclusión era clara: el Concilio Vaticano II había declarado que la santidad tenía que ser la meta de todo bautizado. También niños y adolescentes, fallecidos prematuramente, pueden acceder a la santidad oficial, si han amado a Dios y al prójimo de modo sobresaliente, según su edad, a su estilo y en sus circunstancias.

Dadas las nuevas normas para las Causas de Canonización, se pudo iniciar el proceso de Faustino. Mons. Roca Cabanellas se entusiasmó cuando se le propuso iniciar la fase diocesana en vista a la beatificación. Confesó que la lectura de la vida de Faustino le había conmovido hasta las lágrimas al recordar algún episodio de su propia juventud. Además, pidió que fueran traslados los restos mortales de Faustino a la capilla del Colegio del Pilar de Valencia y así se hizo. Él mismo quiso presidir personalmente la ceremonia el 11 de abril de 1986. Desde entonces en la Capilla Faustino del Colegio del Pilar donde están enterrados sus restos, esperando el día de la resurrección.

Iniciado el proceso, durante cuatro años fueron desfilando testigos para declarar ante el tribunal diocesano: familiares, profesores, compañeros, personas que le habían conocido. Se recogieron todos sus escritos. Se hicieron dos estudios teológicos… Y el 14 de diciembre 1990, de nuevo mons. Roca presidió la ceremonia de clausura. Se sellaron varios paquetes con toda la información recibida y se envió todo a la Congregación para las Causas de los Santos del Vaticano. El postulador de las causas marianistas estudió toda la documentación para comprobar si de verdad podía tratarse de una auténtica santidad canonizable. Con todos esos estudios y documentación se imprimió un volumen de más de setecientas páginas, llamado Positio. En el año 2009 nueve teólogos, después de haber estudiado los escritos de Fautisno y los muchos testimonios sobre él, dieron su parecer por escrito. La conclusión fue unánime: Faustino ha practicado las virtudes cristianas de modo heroico. Traduciéndolo al lenguaje corriente nos querían decir que Faustino se merecía una matrícula de honor en vida cristiana. Y eso sin dejar de ser un joven aficionado al fútbol, a la natación, al montañismo, a los deportes. Faustino vivió su vida sonriendo siempre. Era todo sonrisa, dijo alguien de él. Alegre, entusiasta, se le ocurrió a sus catorce años decir sí a todo lo bueno, a lo humano y a lo divino. Amigo de sus amigos y amigo de Cristo y de María, que eran -como aquellos- una presencia habitual en su vida. Sus compañeros decían que era muy servicial. Tanto que él se sintió llamado por Cristo para ser marianista y misionero. No pudo, pues la enfermedad de Hodgkin acabó con su vida el 3 de marzo de 1963.

Una comisión de cardenales y obispos volvió a estudiar todo el proceso y dio su aprobación para que el papa lo ratificara. Y Benedicto XVI al aprobar el decreto de virtudes heroicas del Siervo de Dios Faustino Pérez-Manglano Magro, alumno y postulante de los Padres Marianistas, nacido en Valencia (España) el 4 de agosto de 1946 y muerto el 3 de marzo de 1963, confirmó que Faustino supo vivir con sentido común y naturalidad, y además con el don de sabiduría del Espíritu Santo. Por lo tanto se le puede dar el título de Venerable.

Alumno del Pilar

Faustino Pérez-Manglano Magro nació en Valencia el 4 de agosto 1946, siendo el mayor de cuatro hermanos. Recibió de sus padres, Faustino y Encarnación, una cuidada educación cristiana. En 1952 ingresa en el colegio marianista “Nuestra Señora del Pilar” de Valencia. En 1954, recibe la primera comunión y en el 1955 la confirmación. En 1957 empieza el segundo curso de Bachillerato. Su vida se desarrollaba como un chico corriente, alegre y simpático, con una vida bastante común. Le gustaban los deportes, especialmente el fútbol, por el que sentía pasión -era seguidor del Valencia CF- y también la montaña, entusiasta del camping,la natación, el cine, la televisión, leer novelas, hacer amigos… de todo lo bueno. Pocos podían sospechar la grandeza de alma que se escondía en el cuerpo menudo de este chico sencillo y amigo de todos: su fidelidad a toda prueba, su voluntad de hierro, su amor intenso a Cristo, su cariño filial a la Virgen.

A los trece años hizo su primer retiro espiritual, una experiencia común para los alumnos del Pilar. Tiene ahí momentos de silencio, de oración, y conferencias. Durante este retiro, Faustino comunica a su capellán la promesa que ha hecho: Le prometí a la Virgen María rezar el Rosario todos los días, sobre todo cuando voy al colegio solo. Escribió más tarde: El mayor esfuerzo de mi vida, lo hice en el retiro, cuando traté de cambiar mi vida por completo.

El 14 de septiembre 1960 escribió la primera página de su Diario. Llevar un diario fue una idea que se le ocurrió después de leer una novela. Ahora escribirá periódicamente, incluso mencionando los hechos que marcaron el día. Este Diario es un indicador valioso de su vida espiritual y de los acontecimientos de su vida. El valor es su espontaneidad, ya que es es el diario de un adolescente. El 17 de octubre 1960, escribe: He rezado el rosario. He comulgado durante el recreo. He tenido un examen de Ciencias Naturales, y he contestado bien. He hablado durante 10 minutos con Cristo, sobre las misiones y sobre el empate entre el Zaragoza-Valencia. Es en este Diario donde se menciona por primera vez el dolor que anuncia su enfermedad. Lo escribió el 14 de noviembre de 1960.

La llamada de Dios

En octubre de 1960, se unió a una fraternidad de jóvenes del colegio. Este grupo se reúne una vez a la semana. El 22 de octubre ocurre algo muy importante para él. En un retiro, después de reunirse con su capellán, escribió ese día: Hablamos de muchas cosas, pero hubo una cosa que me llamó la atención: ¿Qué vocación es la mía? ¿Médico, químico? ¿Tal vez la opción de ser sacerdote? Esa última posibilidad es lo que más me ha impresionado. ¿Me ha elegido Dios? Él me lo dirá. Las horas que me quedan hoy de retiro, voy a guardar completo silencio. Tal vez me hable Dios… Fue también durante este retiro cuando escribió en forma de resolución: “Voy a tratar de vivir la “ascesis de sí”: decir que sí a todo lo que es bueno“. Más tarde, cuando se le preguntó cuándo sintió la llamada del Señor, dirá que esa misma noche, durante la cena en silencio: En la cena vi con toda claridad: el Señor me quiere religioso marianista. Su gran ideal fue consagrar su vida a la salvación de los hombres como religioso marianista; prometiendo, antes de morir, ocuparse desde el cielo de las vocaciones.

A partir del día de la llamada divina, su amistad con el Señor crece día a día. Esta relación tan estrecha y frecuente con Cristo se convierte en amistad sencilla y profunda. Para él, Jesús es un familiar, un amigo con quien se puede hablar de todo, incluso el fútbol. Miembro de la Congregación-estado de María Inmaculada (C.E.M.I.) desde 1962, el 9 de febrero de 1963, después de recibir la unción de enfermos, hizo su consagración definitiva como congregante.

Su Diario

A través de su Diario puede rastrearse un poco la obra del Espíritu Santo en su alma totalmente entregada al Señor. He aquí algunos extractos de su Diario que muestran que para Faustino, Cristo es alguien cercano: ¡Qué bien se está en compañía de Cristo (21.X.1960). Ayúdame, Jesús, para ser apóstol. Ya no guardo nada para mí. Que mi amor por ti me haga darme a los demás (22.VI.1961). Me trajeron la comunión. Es maravilloso recibir el cuerpo de Cristo!(28.I.1961). Cristo está aquí, junto a mí, en mí … (24.II.1962). ¡Qué bueno que está aquí, cerca de Cristo! (25.I.1962). Soy muy feliz. Hoy es el primer viernes de mayo, un día importante para mí. Sentí la llamada de Dios como pocas veces antes. Unido a María y Jesús, yo estaba desbordante de alegría. ¿Cómo daré gracias a Dios, por ser tan hermoso y maravilloso vivir cerca de Cristo! (4.V.1962). Me doy cuenta de que debo llegar a ser santo. No se puede ser cristiano mediocre. Que los que me ven, puedan ver a Cristo en mí  (20.I.1963). Tenemos que ser apóstoles por el ejemplo; debe ser nuestra sola presencia la que atraiga a otros a Cristo (22.I.1963 ). Y la alegría de vivir con Cristo no le impide, sino todo lo contrario, su pasión por el fútbol, la montaña, la lectura y los amigos.

En enero de 1962, Faustino cuenta en el Diario una anécdota que muestra la preocupación que tiene por el otro: Este chico tiene catorce años. Vive en una buhardilla, apenas puede comer, trabaja ocho horas al día. Se cita con un amigo que pasa necesidad, para ayudarle. Este sentido del otro es una señal importante de su carácter y sensibilidad social. Su camino espiritual no le centra en sí mismo sino en los otros: Ser útil a los demás es una de mis resoluciones y quiero ponerlo en práctica estaré muy atento con todos los que conozco y les voy a ayudar (22.VI.1961). Tenemos que empezar a trabajar por eliminar de nosotros mismos todo lo que Cristo no aprobaría. Eso significa trabajar en mi entorno, en casa, en el colegio, con mis compañeros de clase, en la ciudad, en el mundo entero. (25.I.1962). Pero no ahorra ningún esfuerzo por vivir al cien por cien la vida cristiana: Hoy la Iglesia necesita testigos Debemos ser testigos de Cristo del siglo XX muestran que uno puede vivir una santa tan grande que durante los primeros siglos de la Iglesia (26.I.1962). En este proceso, María ocupa un lugar muy grande: “María, yo quiero ser tu apóstol. Tenemos que ganar el mundo para ti, como hizo el Padre Chaminade, tenerte como nuestra guía y a Jesús como nuestro modelo. Ayúdame, Madre, para amarte más y mejor (16.V.1962).

Enfermo

El 29 de noviembre 1960 cae enfermo. Después de los análisis médicos, finalmente le diagnosticaron la enfermedad de Hodgkin, un cáncer del sistema linfático, una dolencia incurable en aquel momento. En 1961 la enfermedad deteriora rápidamente su salud, pero él asumió su muerte con naturalidad después de dar un testimonio excepcional durante toda su vida y hasta el último momento. Se le aplica un tratamiento agresivo y agotador. Durante largos períodos, tiene que permanecer en casa, pero él sigue trabajando duro con el fin de no perder el curso. Nunca se quejó, pero en su Diario, se descubren los momento más difíciles: Durante la tarde me dolía todo el tiempo (6.II.1961). A las 8, le pedí a mamá que me diera masajes para dormir sin demasiado dolor. A las 10, me desperté, y nos fuimos a la Cruz Roja. Me hicieron dos radiografías. Cuando volvimos a casa al mediodía, sentía ganas de llorar. Estaba muy mal, con la moral baja. (27.XI.1961). Desde febrero, ya no puede ir a clase. Pero le dedica mucho tiempo a su trabajo escolar: él no quiere perder su año. Tiene que limitar todos los deportes, pero no se queja: está satisfecho con lo que puede hacer y escribe que él es feliz y que todo es “maravilloso”: es la palabra favorita de Faustino. Disfruta con las sesiones de cine-fórum que tiene lugar en el colegio. Ve la película Los cuatrocientos golpes de François Truffaut. A pesar de que ya no podía hacer deporte, está con sus compañeros cuando compiten. En 1961 peregrina a Lourdes y pasa temporadas alternando la vida en el campo (recomendación de los médicos) y el curso escolar. Hay meses en los que se siente mejor, aunque las sesiones de radioterapia le suponen cansancio y desmejora física.

A los 15 años, escribió en su Diario, con fecha 22 de junio de 1962: Hoy hace veinte meses que Dios me dijo que le siguiera. Es maravilloso pensar que estaré toda mi vida al servicio de Jesús y de María. Seré un pescador de almas. He estado reflexionando y me gustaría ir como religioso marianista a Sudamérica, donde hacen falta tantos brazos para salvar almas. Faustino es consecuente: no olvida la decisión tomada veinte meses antes. En el verano de 1962 participa en el camping colegial por Francia y Suiza. El 23 de enero 1963 escribe: Tengo que ser un verdadero cristiano. Para lograr esto, tengo que limar lentamente mis imperfecciones porque ser un buen cristiano no es fácil. Es aún más difícil de lo que uno imagina. María, ayúdame a ser otro Cristo.

Muerte santa

El 23 de enero 1963 no se levanta de la cama. Ya no se recuperará. No reacciona al tratamiento. Los médicos están desarmados y saben que no hay esperanza de recuperación. El 11 de febrero 1963 escribe: Anteayer sábado, fue un día muy feliz para mí, porque recibí el sacramento de los enfermos y renové mis promesas por un mes como miembro de la Fraternidad. Hoy es la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes. Que nuestra maravillosa madre del Cielo nos ayude a todos a ser mejores. Ayúdame, madre, a ofrecer estas pequeñas molestias para el bien del mundo.

Tres días antes de su muerte, su capellán lo visita; parece sufrir mucho. El sacerdote le pregunta: ¿Cómo estás Faustino?, y el chico responde: Bien, padre. Ante esta respuesta, el capellán le pregunta de nuevo: ¿Tienes dolores? Y Faustino, con sencillez, dice: Depende del punto de vista. El sacerdote, un poco extrañado por la contestación, pregunta: ¿Cómo es eso? La respuesta del enfermo, muestra la grandeza de su alma: Bueno, vamos a ver, padre, en este momento hay muchos que están sufriendo más que yo Faustino tiene un gran dominio de sí. No se le oía ni una palabra de queja. El 3 de marzo 1963, por la tarde, su capellán viene a ver a Faustino que parece sufrir mucho. Pero en medio de la conversación, preguntó de todos modos: Padre, ¿sabe usted si el partido de esta noche lo van a televisar? ¡Pero qué tonto soy: si no voy a poder seguirlo! ¡Estoy muy cansado! En la mesilla de noche hay un papel en el que se puede leer la alineación del partido. Esa misma noche, tarde, llama a su madre. Al enderezar el cuerpo dolorido, cae de repente, sin un gesto, en silencio, con suavidad, y ya permanece inconsciente en los brazos de su madre. Así pasó a los brazos de Dios nuestro Padre. Quedaban cuarenta minutos para la medianoche. Tenía dieciséis años y estaba cursando Preuniversitario cuando retornó a la Casa del Padre. Su breve vida estuvo llena de síes a la Virgen, a una existencia consagrada a Dios, al sufrimiento y también a la muerte

Difusión de la devoción

Faustino practicó en vida las virtudes teologales y cardinales en un grado superior, convirtiéndose en un auténtico misionero que, incluso tras su muerte, misiona, allí donde alguien se pone en contacto con él. Había manifestado su deseo de ir a Sudamérica para evangelizar, algo que no pudo hacer por su breve vida, pero su vocación misionera continua hoy desde el cielo. Muchas personas han recibido gracias a través de su intercesión. Las biografías de él que se han publicado han ayudado a abundantes vocaciones sacerdotales y religiosas, como lo prometió él mismo el último día antes de morir, y hoy jóvenes de todo el mundo lo tienen ya como ejemplo de vida cristiana.

Desde que comenzó la causa de beatificación y canonización, se han registrado más de cuatrocientos testimonios sobre la intercesión del venerable siervo de Dios. Durante todos estos años Faustino ha ido conquistando a las personas que han conocido su vida. Cientos de cartas atestiguan el bien que hace. Favores materiales de todo tipo. Hay vocaciones de consagrados a Dios ayudadas por él: prometió hacerlo desde el cielo ya que él no podía. Pero sobre todo, cuando a través de la lectura de su vida, se cuela en el alma de alguien, despierta el santo dormido que todos llevamos dentro, y dan ganas de ser mejor.

Anna-Gabrielle Caron

Una figura de santidad (Anne Gabrielle Caron)

Primeros años

El 12 de septiembre de 2020, festividad del Dulce Nombre de María, tuvo lugar la apertura oficial de la causa de beatificación de Anne Grabielle Caron en la iglesia de San Francisco de Paula de Toulon. Anne era una niña de ocho años que falleció en 2010 debido a un agresivo cáncer de huesos. Pese a su corta vida dio un impresionante testimonio de fe y las gracias llevan tiempo llegando a la familia y a la diócesis de Fréjus-Toulon. Esta niña una figura de santidad para los niños enfermos y sus familias

Si la santidad es posible hasta en los adolescentes y los jóvenes de hoy, entonces también es posible para los niños. Aquí hay un claro ejemplo de ello: el de Anna Gabrielle Caron. Nació el 29 de enero de 2002 en Toulon, Francia, en el seno de una familia católica practicante. Era la mayor de tres hermanos. Su padre era un oficial naval submarino, y su madre una profesora de letras clásicas.

En general fue una niña tierna y de carácter tranquilo. En 2004 le nació un hermanito, François-Xavier, y Anne Gabrielle experimentó una crisis de celos. Desde que aprendió a hablar y a tener uso de razón llamaba la atención por la sensibilidad que tenía por el sufrimiento de los demás. Con dos años y medio ya procuraba consolar als que tenían alguna pena, y en especial a Jesús crucificado. Frente el crucifijo de la iglesia que frecuentaba su familia, dijo: Jesús. Él está herido. Lo consolaré. Y agregó que quería ofrecer sacrificios para quitar espinas de la corona de Jesús.

En 2005 salvó a su hermanito François-Xavier de morir, al alertar al adulto presente, que no vio que el niño se estaba ahogando en silencio. En septiembre de 2007 ingresó a la escuela, donde hizo amigos. Siendo más mayor sorprendió a sus profesores por querer siempre ir al encuentro de los niños que estaban solos en el patio; si veía a un niño solo, no dudaba en intentar acercarlo al grupo o, en caso de fallar, se ponía a jugar con él.

Enfermedad

En el verano de 2008, cuando tan sólo tenía seis años, Anne-Gabrielle se quejó de un fuerte dolor en la pierna derecha; sus padres pensaron que se debía a un paseo por los Alpes, donde quizá se había lastimado. Pero el dolor fue aumentando, la niña cojeaba y llegó un momento en que el malestar la despertaba todas las noches. En la consulta médica de febrero de 2009 le diagnosticaron cáncer. Una biopsia ósea reveló que Anne Gabrielle tenía sarcoma de Ewing, que es un cáncer óseo muy agresivo. La enfermedad ya había producido numerosas metástasis.

Su forma de afrontar la enfermedad desde el amor a Jesús, su intención de parecerse a santa Teresa del Niño Jesús. La santa de Lisieux era su ejemplo, a la que quería imitar en su vida. Una santa que, por otro lado, también sufrió mucho durante su corta vida. Y  tenía tal confianza con Dios que ella alegremente, pese al sufrimiento, decía claramente: “seré santa”. Pero antes pasó por la “noche oscura”.

Su noche oscura

Anne tenía 7 años cuando comenzó a ser tratada en el hospital de Timone, en Marsella. En esta lucha no todo fue una aceptación total sino que el dolor provocado por este cáncer le hizo a la pequeña cuestionarse todo. El duro tratamiento que recibió al inicio de la enfermedad hizo que Anne empezara a tener dudas de fe. Llegó a afirmar: Necesito que alguien me diga que Dios es realmente bueno. Y en otra ocasión dijo: Cuando veo que tan pocas personas creen en Dios, me pregunto si realmente existe. Y, sobre su situación particular, Anne Gabrielle se preguntaba una y otra vez: ¿Por qué Dios me ha elegido a mí para esto? Pero rápidamente volvía a abrazarse a su querido Jesús. Finalmente, el sacerdote que la acompañó en todo este proceso le hizo entender que no había respuesta para esta pregunta, pero que sí podía dar sentido a sus sufrimientos ofreciéndolos por distintas intenciones, y unirse a los sufrimientos de Cristo en su Pasión. Y ella aceptó. Esta respuesta marcó profundamente a la pequeña Anne que lo integró muy rápido en su día a día. Para este sacerdote, ella inició su propio camino de santidad.

Aceptación del dolor

En marzo de 2009 Anne Gabrielle comenzó su primera quimioterapia, la cual tuvo que enfrentar sola porque su madre estaba dando a luz a su tercer hijo, una niña a la que llamaron Alix. Los tratamientos, el avance y el retroceso de la enfermedad fueron marcando sus días en el que Jesús era el centro. Su fe y discernimiento no parecían propios de su edad. Ante los efectos adversos de la quimioterapia -úlceras bucales, náuseas, vómitos, pérdida del cabello, etc.-, Anne-Gabrielle recurrió a Cristo y a la Virgen María. Este sufrimiento sería más tarde el que marcaría el resto de su vida.

¿Por qué Dios me ha elegido a mí para esta prueba?, se preguntaba la pequeña cuando el dolor arreciaba. Pero rápidamente ella decía: Estoy dispuesta a aceptarlo. Su sensibilidad por el sufrimiento de los demás hizo que ofreciera todo aquel sufrimiento de la quimioterapia que la consumía por el resto de niños del hospital y por los médico.

El 30 de abril de 2009 la resonancia magnética reveló una remisión, y la niña creía estar definitivamente curada; pero los médicos ya habían advertido a sus padres que el alivio sería sólo temporal.

Su amor por la Eucaristía

Anne Gabrielle recibió el sacramento de la Confirmación en mayo de 2009. Pero si algo marcó la parte final de la vida de Anne Gabrielle Caron fue su enorme deseo por la Eucaristía, marcado además por su Primera Comunión, un auténtico acontecimiento dadas las circunstancias. El anhelo por recibir a Jesús Sacramentado irradió luz a todo su entorno y mucho más allá.

Durante meses, ya enferma, la pequeña se preparó para recibir a Jesús. En marzo de 2009 le decía a su madre: Me gustaría hacer mi primera comunión para poder hacer aún más sacrificios. Unas semanas después ya sólo hablaba de su comunión, y no por la fiesta o los regalos. En mayo decía a su madre: Quiero recibir a Jesús. Te das cuenta que Él va a entrar en mi corazón, no puedo esperar. Su madre luego le preguntó si estaba así por llevar un vestido blanco y una bonita corona de flores. Pero Anne Gabrielle respondió: Oh mamá, por supuesto que me hará feliz. Pero lo que realmente me gusta es que voy a recibir a Jesús. Sin embargo, también aquí vivió una dura prueba.

La prueba de su Primera Comunión

Su Primera Comunión estaba prevista para el día 7 de junio de 2009, pero tres días antes su estado de salud empeoró por la enfermedad. Tuvo que ser hospitalizada de urgencia por un problema cardíaco. Ella no entendía los planes de Dios. Sabía que no saldría de allí para poder hacer su Primera Comunión. ¿Por qué, por qué el buen Señor permite esto? Le había pedido a la Virgen que no volviera al hospital. ¿Por qué? ¡Tenía tantas ganas de hacer mi primera comunión!”, decía entre lágrimas. Una cosa pidió a su madre, que rezara a la Virgen para que le diera a tiempo a salir del hospital para hacer su comunión. Ella estaba hospitalizada en Marsella. Con todo el que se cruzaba le pedían que rezara por esta intención.

Finalmente, como si fuera un milagro todas las pruebas médicas se fueron realizando rápidamente y su propio estado de salud fue mejorando. El domingo por la mañana le dieron el alta, pero era casi imposible llegar a la iglesia de Toulon. Cuando llegaron a la autopista eran las 11 de la mañana y la misa ya había comenzado. Su padre condujo lo más rápido que pudo y juntos rezaron a la Santísima Virgen para que los ayudase a llegar a tiempo. A medida que avanzaban, también recitaron las oraciones para prepararse para la comunión. Creían que llegarían, esperando contra toda esperanza.

Pero al llegar a Toulon quedaron atrapados en un atasco. Su padre empezó a mentalizar a Anne de que no podría hacer la primera comunión. Pero aún así lo intentó dirigiéndose a toda prisa con su familia al templo de Toulon y 20 minutos más tarde llegaron a la iglesia. La misa acababa de terminar y los niños ya habían comulgado y estaban preparados para hacer la procesión de salida. Anne Gabrielle entró llorando a la iglesia con su vestido blanco. De pronto, el coro dejó de cantar y al verla llorando y con su vestido blanco, el sacerdote, que conocía la situación de Anne Gabrielle, decidió que era el día de que recibiera por primera vez a Jesús-Eucaristía. Cuando recibió la Hostia Santa se hizo un gran silencio en toda la iglesia parroquial. Así que ella comulgó una vez acabada la misa y oró con tal intensidad que todos los presentes quedaron fascinados por la meditación de esta pequeña niña y conmovidos por este encuentro entre Dios y esta alma que tanto le amaba.

Anne Gabrielle escribió el día de su comunión sobre ese gran acontecimiento: Estoy feliz porque puedo decir: estoy cerca de Ti, mi Dios. Se había cumplido el gran deseo de su vida. Y el presbítero diría después: Nunca he visto a nadie como ella. Para mi corazón sacerdotal, éste sigue iendo un momento muy conmovedor.

Al encuentro con Cristo

En enero de 2010 la enfermedad regresó, y hubo que ir de nuevo al hospital de Timone, donde Anne Gabrielle permaneció internada. Le reveló a su madre que tenía miedo de morir. Hacia finales de febrero el dolor ya le dificultaba levantarse de la cama. En la noche del 7 al 8 de julio de 2010, Anne Gabrielle se despertó con un tremendo dolor de cabeza. Sufría espasmos y a veces gritaba. La tuvieron que tratar con morfina. Sus padres la sacaron del hospital para que pudiera morir en casa. Ella a veces hablaba en voz alta con el Señor y le decía: Jesús, Jesús, me duele en todas partes. En las últimas semanas vivió su propia Pasión. Una vez que su salud empeoró y la muerte se aproximaba hasta el propio obispo de la diócesis acudió a su casa a dar la comunión a la pequeña.

Anne Gabrielle entró en agonía el 23 de julio; se asfixiaba. Pero, contra todo pronóstico, tuvo una leve mejoría que le permitió recibir el Viático. Después de treinta horas de agonía, entregó santamente su alma a Dios, la noche del viernes 23 de julio de 2010. Ella tenía 8 años.

Fama de santidad

Ver a Anne Gabrielle fue ver a Dios, diría durante el funeral el sacerdote. Desde entonces son numerosas las gracias en todo el mundo las que ha recibido la familia y los sacerdotes que llevan la causa. Su testimonio ha recorrido el mundo y su ejemplo ha ayudado a numerosas familias a las que ha golpeado la enfermedad, tanto a los propios niños como a sus padres.

Años después de su muerte su madre lo ve claro: Todo es gracia. Ella enseñó a su familia y a su entorno a vivir el presente, “el día de Dios” y a ser feliz aun con las cosas más sencillas.

El testimonio de su madre

Mi hija me mostró el camino al cielo, afirmó Marie-Dauphine Caron, explicando que la pérdida de un hijo es terrible, ver el sufrimiento de un niño es también terrible porque te sientes impotente. Pero a pesar de ello, tenía claro que su sufrimiento se ha convertido en una obra de amor en medio de un mundo hedonista.

Marie-Dauphine ha relatado numerosos momentos durante la enfermedad de su hija que atisbaban esta fama de santidad que se ha extendido una vez fallecida. Aunque no me gusta estar enferma tengo suerte porque puedo ayudar al buen Dios a llevarle a la gente de nuevo a Él. Quiero ayudar a los que sufren, decía Anne. De hecho, cinco meses antes morir confesó una cosa a su madre que la dejó completamente estupefacta. Un domingo me dijo:“Le he pedido a Dios que me dé todos los sufrimientos de los niños del hospital”. Y Dios se los dio porque en ocasiones decía: Y estoy sufriendo tanto…, le dijo su hija.

Otra confesión que hizo Anne emocionó profundamente a su madre: Sabes mamá, creo de vez en cuando que cuando esté muerta no va a ser difícil para mí portarme bien. No será difícil ser agradable con la gente, pensar en los demás, obedecer y pintar con los hermanos.

Palabras de Anne Gabrielle Caron

.- No es difícil ser amable, pensar en los demás, obedecer y no molestar a tus hermanos y hermanas.

.- Quiero recibir a Jesús. ¿Te das cuenta que Él va a entrar en mi corazón? ¡No puedo esperar!

.- Aunque no me gusta estar enferma, tengo suerte porque puedo ayudar al buen Dios a llevarle la gente de nuevo hacia Él. Quiero ayudar a los que sufren.

.- ¿Sabes, mamá?, le dije a la Santísima Virgen que si no quería sanarme, no importa.

.- Mi más gran sueño sería que sane. Adiós jeringas y medicinas, adiós piquetes y quimios. Si eso fuera a suceder, realmente seré muy feliz. Pero, después todo, estoy muy feliz así.

Para ser santos

Un predicador inglés, Mac Nabb, hablando en Hyde Park, se había referido a la Iglesia. Al terminar, uno pide la palabra y dice: Bonito lo que ha dicho. Pero yo conozco algunos sacerdotes católicos que no han estado con los pobres y se han hecho ricos. Conozco también maridos católicos que han traicionado a su mujer. No me gusta esta Iglesia formada por pecadores.

El padre le dijo: Tiene algo de razón. Pero ¿puedo hacer una objeción?

Veamos.

Perdone, pero si no me equivoco, lleva usted el cuello de la camisa un poco sucio.

Sí, lo reconozco.

Pero ¿está sucio porque no ha empleado jabón o porque ha utilizado el jabón y no ha servido para nada?

No, no he usado jabón.

Pues bien, la Iglesia Católica tiene un jabón excelente: Evangelio, sacramentos, oración; Evangelio leído y vivido; sacramentos celebrados del modo debido; y oración bien hecha, serían un jabón maravilloso capaz de hacernos santos a todos. No somos todos santos por no haber utilizado bastante este jabón.

(Juan Pablo I)