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Una virtud a recuperar

En la sociedad actual la pureza está completamente infravalorada, por lo que la virginidad ya no se ve como un don a preservar sino más bien como un motivo de vergüenza. No sólo se escucha poco o nada sobre el tema en las parroquias y catequesis, sino que en las escuelas, sean religiosas o no, se les explican a los niños, adolescentes y jóvenes los métodos anticonceptivos para enseñarles a tener relaciones sin «peligro». Además en la televisión, en el cine y en las canciones de moda la ausencia de la pureza es un elemento predominante.

Pero si los santos jóvenes de todos los tiempos han sido capaces de aceptar la muerte con tal de proteger su pureza, eso significa que ésta tiene un valor importantísimo para Dios, pero que hoy escapa a los ojos del mundo. Hay que atreverse a indagar sobre ella a fin de recuperar como sociedad el aprecio y la práctica de esta virtud.

De nuevo la palabreja: sinodalidad

Sí, de nuevo ha salido con fuerza la palabra mágica: sinodalidad. Cuando se celebró en el otoño pasado el Sínodo de los Obispos que trató sobre los jóvenes parece ser que la solución para atraer a la gente joven a la vida cristiana era hablarle de sinodalidad. Ahora con la reunión en el Vaticano de los presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo, de nuevo ha cobrado actualidad la palabreja sinodalidad.

Para que no vuelvan los abusos que tan lamentablemente se han dado -sin que haya que generalizar, como hacen muchos medios de comunicación-, sería mejor hablar, además de citar los textos bíblicos en los que se condenan los pecados de lujuria, de la gravedad de dichos pecados -son pecados mortales- y de los novísimos, sin excluir ni el juicio ni el infierno. Hay que dejar bien claro que quien muere en estado de pecado (es decir, con pecados mortales) va al infierno, que es un castigo eterno. La predicación de los novísimos han hecho siempre mucho bien y han alejado del pecado a muchos, y a otros le ha servido para convertirse, hacer una buena confesión y empezar a llevar una vida cristiana, con el alma en gracia de Dios.

Pensamientos…

Una vida sin Dios es un buque sin timón; una vida fuera de Dios es una vida mísera y vana.

Una vida en Dios es una vida rica y sublime.

Si la tentación de la rutina te acosa, fortalece tu voluntad con la virtud.

El paraíso que formaste en tu imaginación, no lo busques… Sólo existe en tu imaginación.

Si tu mirada se pierde en la lejanía, no te fijes en el horizonte, que no es ni cielo ni tierra.

Si frente a ti ves una figura doliente, no desvíes tu mirada: es la imagen de un hombre, siempre hermano.

Si una mano extendida te suplica, no empequeñezcas la grandeza del corazón humano.

Si hay palabras, mas no obras, huye… sólo hay hipocresía.

A nadie se le puede hacer bien si antes no se le quiere bien.

Si asumes el compromiso de tu vida, no pienses en la caducidad de lo terreno, sino en la dimensión de eternidad con que fuiste creado.

En el rompeolas de tu vida, esa espuma que blanquea ilusoriamente la arena, no la recojas. Es el pasado que quedó atrás cuando empezaste a sentir la alegría en tu alma.

No te preocupes de la oscuridad que sientas en la noche de la prueba siempre que tengas la esperanza de un amanecer claro.

No pierdas energías en lamentarte por ese pasado tuyo que Dios ya ha olvidado y perdonado cuando aún te queda vida para hacer penitencia.

No mires hacia atrás porque tropezarás en el camino que te queda por recorrer.

No digas nunca: ¡basta!, en tu esfuerzo por una siembra de bien, porque la cizaña continúa siendo abundante.

No hables de imposibilidades en el apostolado cuando Dios está de nuestra parte y su poder no se ha empequeñecido.

No cierres tus oídos al oír gritos angustiados porque son manos que buscan en ti ayuda.

No reces sólo para ti cuando en la tierra que pisamos millones de hombres arrastran consigo el dolor.

No andes por esas sendas torcidas de la iniquidad sino por el camino de los mandatos del Señor.

No dejes en tu caminar más huella que aquella que pueda seguir otro hombre en su encuentro con Dios.

No busques tranquilidad y sosiego cuando aún se oye estrépito de guerra, porque se te pide que combatas en primera línea de fuego.

Apostolado

Queridísimos jóvenes: Cada generación necesita nuevos apóstoles. Es aquí donde surge una misión especial para vosotros. Sois los primeros apóstoles y evangelizadores del mundo juvenil, atormentado, hoy, por tantos retos y amenazas. Ante todo vosotros podéis serlo y nadie os puede reemplazar en vuestro ambiente de estudio, de trabajo y de recreo. Son muchos vuestros coetáneos que no conocen a Cristo, o no lo conocen lo suficiente. Por consiguiente, no podéis permanecer callados o indiferentes. Debéis tener el valor de hablar de Cristo, de dar testimonio de vuestra fe a través de vuestro estilo de vida inspirado en el Evangelio. San Pablo escribe: ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio! Cristo confía en vosotros y cuenta con vuestra colaboración. ¡Cristo tiene necesidad de vosotros! ¡Responded a su llamamiento con el valor y el entusiasmo característicos de vuestra edad!

(San Juan Pablo II, Mensaje a los jóvenes, 1989)