San Kizito, un mártir de trece años

San Kizito

VIAJE APOSTÓLICO DE BENEDICTO XVI A BENÍN 8-20 DE NOVIEMBRE DE 2011

ENCUENTRO CON LOS NIÑOS

PALABRAS DEL SANTO PADRE BENEDETTO XVI

Cotonú, iglesia parroquial de Santa Rita

Sábado 19 de noviembre de 2011

Queridos niños.

Agradezco a Monseñor René-Marie Ehuzu, Obispo de Porto Novo y responsable de la Pastoral Social de la Conferencia Episcopal de Benin, sus palabras de bienvenida. Doy las gracias también al Señor Cura Párroco y a Aïcha por lo que me han dicho en nombre de todos. Después de este precioso momento de adoración, os saludo con gran alegría. Gracias por haber venido tantos.

Dios nuestro Padre nos ha convocado alrededor de su Hijo y nuestro hermano, Jesús, presente en la hostia consagrada en la misa. Es un gran misterio que hay que adorar y creer. Jesús, que nos quiere tanto, está verdaderamente presente en los sagrarios de todas las iglesias del mundo, en los sagrarios de las iglesias de vuestros barrios y parroquias. Os invito a visitarlo con frecuencia para manifestarle vuestro amor.

Algunos de vosotros habéis hecho ya la primera comunión, otros os estáis preparando para hacerla. El día de mi primera comunión fue uno de los más bonitos de mi vida. También para vosotros, ¿no es verdad? Y, ¿sabéis por qué? No sólo por los lindos vestidos, los regalos o el banquete de fiesta, sino principalmente porque en ese día recibimos por primera vez a Jesús-Cristo. Cuando yo comulgo, Jesús viene a habitar dentro de mí. Tengo que recibirlo con amor y escucharlo con atención. En lo más profundo del corazón, le puedo decir por ejemplo: “Jesús, yo sé que tú me amas. Dame tu amor para que te ame y ame a los demás con tu amor. Te confío mis alegrías, mis penas y mi futuro”. Queridos niños, no dudéis en hablar de Jesús a los demás. Es un tesoro que hay que saber compartir con generosidad. En la historia de la Iglesia, el amor a Jesús ha llenado de valor y de fuerza a muchos cristianos, incluso a niños como vosotros. Así, a san Kizito, un muchacho ugandés, lo mataron porque él quería vivir según el bautismo que acababa de recibir. Kizito rezó. Había comprendido que Dios no sólo es importante sino que lo es todo.

Pero, ¿qué es la oración? Es un grito de amor dirigido a Dios nuestro Padre, deseando imitar a Jesús nuestro Hermano. Jesús se fue a un lugar apartado para orar. Como Jesús, yo también puedo encontrar cada día un lugar tranquilo para recogerme delante de una cruz o una imagen sagrada y hablar y escuchar a Jesús. También puedo usar el Evangelio. Después me fijo con el corazón en un pasaje que me ha impresionado y me que guiará durante la jornada. Quedarme así por un rato con Jesús, él me puede llenar con su amor, su luz y su vida. Y estoy llamado, por mi parte, a dar este amor que recibo en la oración a mis padres, mis amigos, a todos los que me rodean, incluso a los que no me quieren o a los que yo quiero tanto. Queridos niños, Jesús os ama. Pedid también a vuestros padres que recen con vosotros. Algunas veces habrá que insistirles un poco. No dudéis en hacerlo. Dios es muy importante.

Que la Virgen María, su madre, os enseñe a amarlo cada vez más mediante la oración, el perdón y la caridad. Os confío a todos a Ella, así como a vuestras familias y educadores. Mirad, saco un rosario de mi bolsillo. El rosario es como un instrumento que uso para rezar. Es muy sencillo rezar el rosario. Tal vez lo sabéis ya, si no es así, pedid a vuestros padres que os lo enseñen. Además, cada uno de vosotros recibirá un rosario al terminar nuestro encuentro. Cuando lo tengáis en vuestras manos, podréis rezar por el Papa, os lo ruego, por la Iglesia y por todas las intenciones importantes. Y ahora, antes de que os bendiga con gran afecto, recemos juntos un Ave María por los niños de todo el mundo, especialmente por los que sufren a causa de la enfermedad, el hambre y la guerra. Recemos ahora: Ave María, etc.

¿Quién fue San Kizito?

Kizito nació en 1872. Fue nombrado paje del rey de Buganda, actual Uganda. En aquella época, los mejores jóvenes del reino eran llevados al palacio del rey, donde se preparaba para ser gobernantes o militares.

Kizito conoció la fe cristiana a través de los Padres Blancos, religiosos misioneros; y se convirtió en un fiel seguidor de Jesús. En 1885, el rey de Buganda empezó a perseguir a los cristianos. Kizito tenía miedo de morir sin haber sido bautizado. Pero su catequista, san Carlos Lwanga, le bautizó y le dijo: Cuando llegue la prueba decisiva, yo te tomaré de la mano. Si tenemos que morir por Jesús, moriremos juntos, mano con mano. Al día siguiente, 3 de junio de 1886, los dos murieron martirizados. Kizito tenía trece años.

Carlos, Kizito y otros veinte mártires ugandeses fueron declarados santos en 1964. el día de su fiesta, 3 de junio, cientos de miles de católicos ugandeses y de otros países africanos peregrinan al santuario de Namugongo, en Uganda, para rezar juntos. Este templo fue construido en el lugar donde Kizito y sus compañeros dieron su vida por Jesús.

 

 

 

 

Clases de Religión. Historia Sagrada (Lección décima)

Historia Sagrada

Lección décima

José, primer ministro de Egipto

¿Cambió la suerte de José? Sí. Estando en la cárcel José, el faraón tuvo dos sueños que le causaron gran espanto. Aunque recurrió a todos los adivinos y sabios de Egipto, ninguno fue capaz de interpretar los sueños del faraón; y fue entonces cuando el copero del rey se acordó de José y le habló al faraón de él. Es hora de que reconozca mi falta. Cuando el faraón se irritó contra sus servidores y me puso bajo custodia en casa del jefe de la guardia a mí y al jefe de los panaderos, él y yo tuvimos un sueño la misma noche; cada sueño con su propio sentido. Había allí con nosotros un joven hebreo, criado del jefe de la guardia; le contamos nuestros sueños y él nos los interpretó, dando a cada sueño su sentido propio. Y conforme nos los interpretó, así sucedió: a mí se me restableció en mi cargo, y a él se lo colgó (Gn 41, 9-13). Después de oír el relato del copero, el faraón mandó llamar a José, y se apresuraron a sacarlo del calabozo. Se cortó el pelo, se cambió de ropa y se presentó al faraón (Gn 41, 14).

¿Cuáles fueron los sueños del faraón? El faraón soñó que estaba junto al Nilo, y salían del Nilo siete vacas hermosas y gordas que se pusieron a pacer en el juncal, detrás de ellas salían del Nilo otras siete vacas macilentas y flacas que se pararon junto a las primeras a la orilla del Nilo. Y las vacas macilentas y flacas devoraron a las siete vacas hermosas y gordas. Entonces se despertó el faraón. Volvió a dormirse y tuvo un segundo sueño: siete espigas repletas y lozanas brotaban de una misma caña; y, a continuación, surgían otras siete espigas delgadas y abrasadas por el solano. Y las espigas delgadas devoraron a las siete espigas repletas y granadas. Luego se despertó el faraón, y vio que era un sueño (Gn 41, 1-7).

¿Qué interpretación dio José a esos sueños? José dijo al faraón: Dios comunica al faraón lo que va a hacer. Las siete vacas hermosas son siete años y las siete espigas lozanas son siete años; el sueño es solamente uno. Las siete vacas flacas y macilentas que salen detrás de aquellas son siete años, y las siete espigas delgadas y abrasadas por el solano serán siete años de hambre. Van a venir siete años prósperos en todo el país de Egipto; después sobrevendrán siete años de hambre que harán olvidar la abundancia en el país de Egipto, pues el hambre consumirá la tierra; no se reconocerá la abundancia en la tierra a causa del hambre que la seguirá, porque será terrible. Y en cuanto a que el sueño se haya repetido al faraón dos veces, significa que la decisión es firme por parte de Dios, y Dios se apresura a realizarla (Gn 41, 25-27.29-32).

¿Qué consejo dio entonces José al faraón? José aconsejó al faraón que buscase a un hombre perspicaz y sabio, y lo pusiese al frente de la tierra de Egipto, para que almacene granos durante los años de abundancia, y así el país tenga alimento de reserva durante los años de hambre, y de esta forma Egipto no perecerá de hambre.

¿Hizo caso el faraón a la propuesta de José? Sí. El faraón dijo a José: Después de haberte dado Dios a conocer todo esto, no hay nadie tan inteligente y sabio como tú. Tú estarás al frente de mi casa, y todo mi pueblo obedecerá tus órdenes; tan sólo yo en el trono estaré por encima de ti (Gn 41, 39-40). Entonces el faraón puso su anillo en el dedo de José y le confirió el gobierno de todo Egipto. Así fue como José llegó a ser primer ministro de Egipto.

¿Cuántos años tenía José cuando fue nombrado primer ministro de Egipto? Treinta años. También el faraón puso a José por nombre Zafnat Panej (que significa: salvador del mundo), y le dio por esposa a Asenat. Ésta le dio a José dos hijos. Al primogénito le puso José el nombre de Manasés, que significa: “Dios me ha hecho olvidar toda mi fatiga y toda la casa de mi padre”. Al segundo le puso el nombre de Efraim, cuyo significado es: “Dios me ha hecho crecer en la tierra de mi aflicción”.

¿Se cumplieron las predicciones de José? Sí. La tierra produjo copiosamente en los siete años de abundancia. José almacenó mucho grano, hasta el punto que dejó de medirlo. Cuando se acabaron los siete años de abundancia en el país de Egipto, comenzaron a llegar los siete años de hambre, como había anunciado José. Hubo hambre en todos los países; pero en toda la tierra de Egipto había pan. Llegó también el hambre a todo el país de Egipto, y el pueblo clamó al faraón pidiendo pan. El faraón dijo a todos los egipcios: “Id a José, y haced lo que él os diga”. Reinaba el hambre sobre toda la faz de la tierra, y entonces José abrió todos los graneros y vendió grano a los egipcios (Gn 41, 53-56). Eran tan abundantes las reservas de grano que se habían hecho que, además de atender a las necesidades de los egipcios, se pudo aún vender trigo a los habitantes de otros países, los cuales acudieron a Egipto a comprar grano.

¿Qué hizo Jacob cuando el hambre llegó a la tierra de Canaán? Enterándose Jacob de que había grano en Egipto, dijo a sus hijos: ¿Por qué estáis mirándoos unos a otros? He oído que hay grano en Egipto; bajad allí y comprad para nosotros, para que podamos vivir y no muramos (Gn 42, 1-2). Fueron los hijos de Jacob a Egipto como su padre les había dicho a comprar trigo. Pero Benjamín, el pequeño, no fue con sus hermanos, porque pensó Jacob: No vaya a sucederle una desgracia (Gn 42, 4). Cuando los hijos de Jacob llegaron a Egipto, estuvieron en presencia de José. Ellos no le reconocieron.  

¿Qué hizo José al ver a sus hermanos? Al ver José a sus hermanos los reconoció; pero fingiéndose extraño, les habló duramente. Les pregunto: “¿De dónde venís?” Ellos respondieron: “Del país de Canaán a comprar alimentos”. Se acordó José de los sueños que había tenido acerca de ellos, y les dijo: “¡Vosotros sois espías! Habéis venido a observar los puntos desguarnecidos del país”. Le respondieron: “No, señor, tus siervos han venido a comprar alimentos; todos nosotros somos hijos del mismo padre, y gente honrada; tus siervos no son espías” (Gn 42, 7.9-11). Como José insistía en decir que eran espías, ellos dijeron: “Nosotros, tus siervos, éramos doce hermanos, hijos del mismo padre en el país de Canaán; el pequeño está ahora con nuestro padre, y el otro ya no existe (Gn 42, 13).

José decidió poner a prueba a sus hermanos. “Enviad a uno de vosotros que busque a vuestro hermano; mientras tanto quedaréis presos, y se pondrán a prueba vuestras palabras, a ver si la verdad está de vuestra parte. Si no, ¡por vida del faraón!, es que sois espías”. Y los puso bajo custodia tres días. Al tercer día les dijo José: Haced esto y viviréis, pues yo temo a Dios. Si sois gente honrada, ¡uno de vuestros hermanos quede preso en la cárcel! Los demás id a llevar el grano comprado para remediar el hambre de vuestras casas. Después me traeréis a vuestro hermano pequeño para poder comprobar la verdad de vuestras palabras” (Gn 42, 16-20).

Simeón se quedó preso en Egipto, y los otros, después de cargar el trigo que compraron a José, se volvieron tristes a su casa y contaron a Jacob lo que había sucedido; pero grande fue su sorpresa cuando, al desatar los sacos, encontraron en ellos el dinero que habían entregado en pago del trigo; y se llenaron de temor. Jacob les dijo: “Me estáis dejando sin hijos; José ya no existe, Simeón tampoco, y queréis llevaros a Benjamín. Todo recae sobre mí”. Respondió Rubén a su padre: “Puedes matar a mis dos hijos si no te lo devuelvo; confíamelo que yo te lo devolveré” (Gn 42, 36-37).

¿Volvieron a Egipto los hijos de Jacob? Como el hambre continuaba asolando la tierra y la provisión de grano que habían traído de Egipto se estaba acabando, Jacob envió de nuevo a sus hijos a Egipto para comprar alimento. Pero Rubén le dijo: “Si accedes a mandar a nuestro hermano, bajaremos, porque aquel hombre nos advirtió: ‘No os presentéis ante mí sin vuestro hermano’” (Gn 43, 4-5). Jacob se resistía a dejar a Benjamín a que acompañar a sus hermanos a Egipto. Insistió Judá en la necesidad absoluta de esta separación momentánea, prometiendo tener especial cuidado de su hermano menor. Jacob, al fin, accedió. Y les dijo a sus hijos: “Llevaos el doble de dinero y devolved personalmente el dinero encontrado en los sacos, pues quizás fue un error, y traed a vuestro hermano. Poneos en camino y volved a aquel hombre. Que Dios todopoderoso os conceda el favor de ese hombre para que deje volver a vuestro hermano y a Benjamín. En cuanto a mí, si he de perder a mis hijos, los perderé” (Gn 43, 12-14).

¿Cómo fueron acogidos los hijos de Jacob por José en este segundo viaje? Se pusieron en marcha los hijos de Jacob, y, así que llegaron a Egipto, se presentaron de nuevo a José. Éste los recibió con cariño. Al ver que también estaba Benjamín, dijo al mayordomo: “Haz entrar a estos hombres en casa, mata algún animal y prepáralo, pues ellos van a comer conmigo a mediodía” (Gn 43, 16). El mayordomo hizo lo que José le había mandado. Los hermanos de José tenían miedo, por lo del dinero que había aparecido en sus sacos. Y les dijeron al mayordomo: “Escúchanos, por favor, señor; ya bajamos antes otra vez a comprar alimento, y sucedió que al llegar al lugar donde pernoctamos y abrir nuestros sacos, el dinero de cada uno estaba en la boca de su saco, todo nuestro dinero en su justo peso, y queremos devolverlo personalmente. Hemos traído, además, otro dinero para comprar alimento. No sabemos quién metió nuestro dinero en los sacos”. Él respondió: “Quedaos en paz, no temáis; vuestro Dios, el Dios de vuestros padres, os puso un tesoro en los sacos; pues vuestro dinero me llegó a mí” (Gn 43, 19-22). Entonces el mayordomo mandó que trajeran a Simeón, e introdujo a todos en la casa de José.

José les saludó y les preguntó: “¿Qué tal está vuestro anciano padre del que me hablasteis? ¿Vive todavía?” Respondieron: “Tu siervo, nuestro padre vive, está bien; vive todavía” (Gn 43, 27-28). Vio José a su hermano Benjamín, hijo de su madre, y preguntó: “¿Es éste vuestro hermano pequeño del que me hablasteis?” Y exclamó: “¡Qué Dios te guarde, hijo mío!” Entonces José salió a toda prisa, porque se le conmovieron las entrañas a la vista de su hermano, sintiendo ganas de llorar, y entrando en su habitación, lloró allí. Luego se lavó la cara, salió y, conteniéndose, ordenó: “Servid la comida” (Gn 43, 29-31).    

¿Qué prueba puso José a sus hermanos antes de darse a conocer? José dio la siguiente orden al mayordomo: “Llena de víveres los sacos de estos hombres tanto como quepan, y pon el dinero de cada uno en la boca del saco. Además colocarás mi copa, la de plata, en la boca del saco del pequeño, junto con el dinero de su compra”. Él cumplió tal cual la orden de José. Al amanecer se despidieron los hombres con sus asnos. Estos salieron de la ciudad (Gn 44, 1-4).

Cuando aún no estaban de la ciudad, los hijos de Jacob vieron llegar, corriendo tras ellos, al mayordomo. Éste los detuvo y les afeó el haber robado la copa de su señor. Ellos respondieron: “Lejos de tus siervos hacer tal cosa. El dinero que encontramos en la boca de nuestros sacos te lo trajimos desde el país de Canaán. ¿Cómo íbamos a robar plata ni oro de casa de tu señor? Aquél de tus siervos a quien se  le encuentre, que muera, e incluso nosotros quedaremos como esclavos de mi señor” (Gn 44, 7-9). Estaban seguros de su inocencia, pero en el registro de los sacos apareció la copa en el saco de Benjamín.

Consternados de pena y de temor, comparecieron los hijos de Jacob ante José. Éste les dijo: “¿Qué acción habéis cometido? ¿No sabíais que un hombre como yo puedo adivinar?” Respondió Judá: “¿Qué podemos exponer a mi señor? ¿Qué alegaremos y cómo nos vamos a justificar? Dios ha descubierto la falta de tus siervos, aquí estamos como esclavos de mi señor, tanto nosotros como aquél en cuyo poder se ha encontrado la copa”. Repuso José: “Lejos de mí tal acción; aquél en cuyo poder se ha encontrado la copa, ése será mi esclavo; los demás id en paz a donde está vuestro padre” (Gn 44, 15-17).

Tomó de nuevo la palabra Judá, expresó en términos tan vivos y conmovedores la pena que causaría a su anciano padre si volvían sin Benjamín, que José no pudiendo contener su emoción ordenó a todos sus asistentes que salieran de su presencia. Y cuando ya no quedó nadie, José se dio a conocer a sus hermanos, diciendo mientras lloraba: “Yo soy José; ¿vive aún mi padre?” Sus hermanos no podían responderle, porque quedaron aterrados ante él. Entonces José dijo a sus hermanos: “Acercaos a mí”. Se acercaron y les dijo: “Yo soy José, vuestro hermano, el que vendisteis a los egipcios; pero ahora no os preocupéis, ni os parezca odioso el haberme vendido aquí, pues Dios me envió delante para vuestra salvación” (Gn 45, 3- 5). Dicho esto abrazó a Benjamín, estrechándole largo rato contra su pecho, con abundante efusión de lágrimas; abrazó también con cariño a los demás hermanos, llorando sobre cada uno de ellos, y después les dijo: “Daos prisa, subid donde está mi padre y decidle: ‘Así dice tu hijo José: Dios me ha hecho señor de todo Egipto, baja adonde estoy yo, sin detenerte; te instalaras en la región de Gosén, vivirás cerca de mí, tú, tus hijos y los hijos de tus hijos; tu ganado mayor y menor, y todo lo que poseas. Yo te mantendré allí, pues todavía quedan cinco años de hambre, para que no perezcas ni tú, ni tu casa, ni nada de los que posees’” (Gn 45, 9-11).

Homilía de la Solemnidad de la Santísima Trinidad (Ciclo B)

SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD (B)

Lecturas: Dt 4, 32-34.39-40; Rm 8, 14-17; Mt 28, 16-20

Dios Uno y Trino. Celebramos hoy el misterio de la Santísima Trinidad. En el único Dios hay tres personas realmente distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Cada una de estas personas es Dios, pero no son tres dioses, sino un solo Dios. En el Antiguo Testamento hay indicios del misterio trinitario: El Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas (Gn 1, 2); Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra propia semejanza (Gn 1, 26); Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy (Sal 2, 7).

Pero es en el Nuevo Testamento donde está explícita la revelación de la Trinidad. En la Anunciación se habla por primera vez de las Tres Personas divinas. El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra; por cuya causa, el fruto santo que de ti nacerá será llamado Hijo de Dios (Lc 1, 35). De esta forma tan sencilla, Dios se da a conocer: Él es Padre (Altísimo), Hijo (se va a encarnar en las purísimas entrañas de Santa María) y Espíritu Santo (descenderá sobre la Virgen).

Intimidad con Dios. Revelado este misterio, ya no podemos hablar sólo de un Dios en el que vivimos, nos movemos y existimos, sino de un Dios‑Padre, que quiere constituir al hombre en hijo suyo; de un Dios‑Hijo, que se hace de nuestra carne y sangre para liberarnos del pecado y congregarnos en la comunidad que forma su pueblo; de un Dios‑Espíritu Santo, don y amor, que nos santifica y empuja a decir: Abba, Padre. Éste es el Dios, Uno y Trino, en quien creemos.

La Santísima Trinidad inhabita en el alma que está en gracia, sin mancha de pecado grave. Esta inhabitación ayuda a tener intimidad con las tres Personas Divinas. El camino a seguir para tener esta intimidad, nos lo señala san Josemaría Escrivá: Querría deciros pocas cosas, pero muy claras. Y una de éstas es que para llegar a la Trinidad Beatísima paso por María, y por María llego hasta Jesús. Y es lógico que María sea el camino para llegar a Dios Uno y Trino porque Ella es Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo y Esposa de Dios Espíritu Santo.

Devoción trinitaria. Para honrar a la Santísima Trinidad hemos de hacer: Adorar el misterio de Dios Uno y Trino, que es el misterio central de la fe y de la vida cristiana; el misterio de Dios en sí mismo. Dar gracias a la Trinidad Beatísima por todos los beneficios temporales y espirituales que de Ella recibimos. Pensar que, por el Bautismo, entramos en la Iglesia y fuimos hemos miembros de Jesucristo por la invocación del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Consagrarnos totalmente a Dios y rendirnos del todo a su divina Providencia. Determinarnos a hacer siempre con devoción la señal de la Cruz, que expresa este misterio, y a rezar con fe viva e intención de glorificar a las tres Personas Divinas la oración del Gloria.

Cristo envió a los Apóstoles por todo el mundo a predicar el Evangelio: Id, pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Evangelizar es anunciar a todos los hombres y mujeres que están llamados por su Creador a participar de la vida intratrinitaria de Dios, en un derroche de amor.

 

Clases de Religión. Historia Sagrada(Lección novena)

Historia Sagrada

Lección novena

Infancia y tribulaciones de José

¿Quién era José? José era el hijo predilecto de Jacob. Éste le amaba más que a todos los otros hijos, porque le habido nacido en la vejez. Muestra de esta predilección es la túnica con mangas que le hizo. Al ver sus hermanos que su padre lo prefería a los demás, empezaron a odiarlo y le negaron el saludo.

¿Cuáles fueron los sueños de José? Un día José tuvo un sueño y se lo contó a sus hermanos, que lo odiaron aún más. Les dijo: “Escuchad el sueño que he tenido: Estábamos atando gavillas en el campo y mi gavilla se erguía y se mantenía en pie, mientras que vuestras gavillas la rodeaban y se postraban ante ella”. Sus hermanos le dijeron: “¿Acaso vas a ser tú nuestro rey o vas a someternos a tu dominio?” Y le tuvieron todavía más odio a causa de sus sueños y de sus palabras. Aún tuvo otro sueño y lo contó a sus hermanos diciendo: “He tenido otro sueño: el sol, la luna y once estrellas se postraban ante mí”. Cuando se lo contó a su padre y a sus hermanos, su padre le recriminó diciéndole: “¿Qué significa ese sueño que has tenido? ¿Es que yo, tu madre y tus hermanos vamos a postrarnos por tierra ante ti?” Sus hermanos sintieron celos de él, pero su padre meditaba todas estas cosas (Gn 37, 5-11).

¿Qué significado tienen estos sueños? En este pasaje bíblico de los sueños de José, un Padre de la Iglesia ve reflejada la futura resurrección de Cristo, a quien, cuando lo vieron en Jerusalén, lo adoraron los once discípulos, y a quien adorarán todos los Santos cuando resuciten llevando los frutos de las buenas obras, como está escrito: “Vienen con alegría llevando sus gavillas” (Sal 125, 6) (San Ambrosio).   

¿Qué hicieron los hijos de Jacob para deshacerse de su hermano José, a quien tanto odiaban? Cierto día en que los hermanos de José se habían ido a pastorear las ovejas de su padre a Siquem, Jacob le dijo a José: “Tus hermanos deben estar con los rebaños en Siquem. Anda, pues, a ver cómo siguen tus hermanos y cómo está el ganado, y tráeme noticias (Gn 37, 13-14). José estuvo caminando hasta que encontró a sus hermanos en Dotán. Ellos lo vieron a lo lejos y antes de que se acercara a donde estaban, se confabularon contra él para darle muerte. Se decían unos a otros: “Mira, ahí viene ese soñador; vamos a matarlo y a echarlo en un aljibe; luego diremos que una fiera lo ha devorado; veremos en qué paran sus sueños” (Gn 37, 18-21). Entonces Rubén, queriendo salvar a José, dijo: “No le quitemos la vida. No derraméis sangre; echadlo a este pozo, en medio del desierto, pero no pongáis las manos sobre él” (Gn 37, 21-22). Con esta propuesta, el hijo mayor de Jacob salvó de la muerte a José, con la intención de devolverlo a su padre.

Se aceptó la propuesta de Rubén, y en cuanto llegó José donde estaban sus hermanos, estos lo prendieron, le quitaron la túnica y lo arrojaron al pozo. El pozo estaba vacío, sin agua. Después se sentaron a comer, y he aquí que llegó al lugar donde estaban una caravana de ismaelitas que se dirigían a Egipto. Entonces, no estando presente Rubén, dijo Judá a sus hermanos: “¿Qué sacamos con matar a nuestro hermano y ocultar su sangre? Vamos a venderlo a los ismaelitas y no pongamos las manos sobre él, pues es nuestro hermano y carne nuestra” (Gn 37, 26-27). Los hermanos asintieron. Y vendieron a José cómo esclavo a los ismaelitas por veinte monedas de plata.

¿Cómo reaccionó Jacob? Volvió Rubén al pozo y José no estaba allí. Entonces se rasgó las vestiduras, y yendo donde estaban sus hermanos les dijo: “El muchacho no aparece; ¿dónde voy a ir ahora?” Ellos tomaron la túnica de José, degollaron un cabrito y empaparon la túnica en la sangre. Después mandaron llevar la túnica con mangas a su padre, y decirle: “Hemos encontrado esto. Comprueba si es la túnica de tu hijo o no”. Él la reconoció y exclamó: “Es la túnica de mi hijo. Una fiera salvaje lo ha devorado; José ha sido despedazado”. Entonces Jacob rasgó sus vestiduras, se puso un saco a la cintura e hizo muchos días de duelo por su hijo (Gn 37, 29-34).

¿Qué pasó con José después de ser vendido a los ismaelitas? Mientras Jacob lloraba desconsolado la pérdida de su hijo José, los mercaderes ismaelitas llegaron a Egipto. Y José fue vendido de nuevo, esta vez a Putifar, cortesano del faraón y jefe de la guardia. Al poco tiempo, José obtuvo el favor y la confianza de su amo, pues todo cuanto emprendía prosperaba. Putifar nombró a José administrador de su casa confiándole todo lo que tenía.

¿Conservó José el favor de Putifar? No. José era un joven bien parecido y de bella presencia, por lo que la mujer de Putifar puso los ojos en él. Un día la mujer dijo a José: “Acuéstate conmigo”. Pero él rehusó, y dijo a la mujer: “Mira, mi amo no se preocupa de lo que hay en la casa y todo lo suyo lo ha puesto en mi mano. Él no ejerce más autoridad en esta casa que yo, y no se ha reservado nada sino a ti, porque eres su mujer. ¿Cómo voy a cometer yo semejante injusticia y a pecar contra Dios?” Y, aunque ella insistía un día y otro, José no accedió a acostarse ni a estar con ella. Pero cierto día entró él en la casa para hacer su trabajo, y no había ningún criado allí en la casa. Ella lo agarró de la ropa y le dijo: “Acuéstate conmigo”. Pero él dejando el vestido, huyó y salió afuera (Gn 39, 7-12). Entonces la mujer llamó a los criados para decirles que José, el hebreo, había querido acostarse con ella, y como prueba patente era la ropa que tenía en sus manos. Cuando Putifar llegó a la casa, su mujer le dijo: “El siervo hebreo que nos trajiste ha entrado donde yo estaba para abusar de mí, y cuando levanté la voz y grité, abandonó su ropa  junto a mí, huyó fuera” (Gn 39, 17-18). Putifar creyó en las palabras calumniosas de su mujer, y apresó a José y lo metió en la cárcel.

¿Qué enseñanza se puede sacar de este episodio? José es ejemplo de cómo hombre que vive la castidad. San Cesáreo de Arlés comenta este pasaje bíblico, diciendo: José huye para poder escapar de aquella mujer indecente. Aprende, por tanto, a huir si quieres obtener la victoria contra el ataque de la lujuria. No te avergüences de huir si deseas alcanzar la palma de la castidad. Entre todos los combates del cristiano, los más difíciles son los de la castidad, en la que la lucha es diaria y la victoria difícil. En esto no pueden faltar al cristiano actos diarios de martirio. Pues si Cristo es la castidad, la verdad y la justicia, quien obstaculiza estas virtudes es un perseguidor de Cristo, quien las intenta defender en otros o guardarlas en sí mismo, será un mártir. También San Josemaría Escrivá aconseja la huída ante el peligro de caer en la impureza: No tengas la cobardía de ser “valiente”: ¡huye! (Camino, n. 132).

¿Qué le ocurrió a José en la cárcel? Dios no abandona nunca a los que le son fieles. El Señor estaba con José y tuvo misericordia de él, haciéndole obtener gracia ante el jefe de la cárcel (Gn 39, 21). Éste dejó al cuidado de José a todos los presos y de cuanto allí se hacía. Estaban encerrados en la cárcel el copero y el panadero del rey de Egipto porque habían ofendido a su señor. Ambos tuvieron sendos sueños y José los interpretó. Al copero le dijo que en término de tres días se vería repuesto en su cargo; al panadero le anunció que, por el mismo tiempo, el faraón lo colgaría de un árbol, y los pájaros comerían su carne. Y las dos cosas ocurrieron como había predicho José. A pesar de la promesa que el copero le había hecho a José de que procuraría su libertad cuando él se viese libre, una vez libre que estuvo libre se olvidó de interceder por José, por lo que éste permaneció encarcelado aún dos años más.             

Entrevista con el Obispo de Alcalá de Henares

El obispo Reig Pla habla por primera vez a un medio de comunicación desde que se desató la controversia por las palabras que pronunció en la homilía del Viernes Santo retransmitida por RTVE.

Es una entrevista concedida en exclusiva al portal ReligiónenLibertad.com donde el Obispo de Alcalá (España) y Presidente de la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida de la Conferencia Episcopal Española, explica lo que dijo y lo que pretendió decir en esa famosa homilía.

- De su homilía durante los Oficios del Viernes Santo, que bien pudo durar unos 20 minutos, algunos medios destacaron tan sólo un párrafo que incendió una polémica en la opinión pública que muchos consideramos artificial y forzada. Usted decía lo siguiente: “Quisiera decir una palabra a aquellas personas que, llevadas por tantas ideologías, acaban por no orientar bien lo que es la sexualidad humana, piensan ya desde niño que tienen atracción hacia las personas de su mismo sexo y, a veces, para comprobarlo, se corrompen y se prostituyen, o van a clubs de hombres. Os aseguro que encuentran el infierno”. ¿Podría explicar que quiso decir exactamente con esta idea?

- Vayamos por orden. La sexualidad humana posee un sentido y significado inherente que la persona debe aprender a reconocer y descubrir respetando su lógica interna, la llamada “antropología adecuada”. Sin embargo, las ideologías a las que me refería son la llamada “ideología de género” y sus sucesivas mutaciones (teoría queer, etc.).

Muy brevemente indicaré que el principal postulado de la ideología de género es negar la diferencia sexual entre varón y mujer y afirmar que la configuración de la identidad sexual masculina y femenina es un producto de la cultura, una decisión personal construida en función de los deseos y apetencias subjetivas. Realmente, lo que se pretende es “deconstruir” la antropología humana propuesta por la naturaleza de la persona y el pensamiento coherente con la misma. Todo lo demás quedaría justificado por el principio de no discriminación y tolerancia.

En todo caso he de advertir que la ideología de género se está quedando obsoleta ante otras propuestas más radicales de “deconstrucción de la identidad”, como son la teoría queer, el transhumanismo, posthumanismo y la teoría cyborg. Naturalmente, estas teorías que desconocen la naturaleza humana, no orientan bien el verdadero sentido y significado de la sexualidad, propiciando, más bien, la confusión del corazón humano.

La persona humana es una unidad substancial cuerpo-espíritu y la sexualidad es una dimensión esencial de la persona. El cuerpo no es una prótesis del «yo» sino una visibilización de la persona. El cuerpo modalizado como varón o como mujer es una expresión del ser personal. Su configuración «esponsal» es una llamada al amor y a la complementariedad sexual. Si confundimos el “ser sexuado” con el “deseo de elegir el modo de ser sexuado” estamos equivocando el mensaje.

Nos encontramos, pues, ante un programa de “deconstrucción” calculado y propiciado en todos los ámbitos (en la educación desde la más tierna infancia, en ciertos medios de comunicación, en el trabajo y en el ocio, etc.), que además cuenta con el impulso y protección de una gran cantidad de leyes inicuas y algunos poderosos lobbys que determinan qué es lo políticamente correcto y, por lo tanto, lo socialmente aceptable.

Desde estos presupuestos, a muchos niños, jóvenes y adultos -cada vez más- se les invita a poner en cuestión su identidad sexual, y con el tiempo se les exhorta a “verificar y comprobar” cuáles son sus “preferencias sexuales”; algunos caen en la trampa.

Los sacerdotes que conocemos la intimidad de las personas escuchando y ayudando a los feligreses que así lo solicitan, sabemos que las consecuencias de ello para muchas personas, son sufrimiento y destrucción, coloquialmente un “infierno” en sus vidas.

- ¿Hay algún punto de lo que usted dijo en su homilía del Viernes Santo que vaya en contra de lo que dice el Magisterio de la Iglesia Católica?

- Humildemente he de decir que todo lo que expliqué en mi homilía responde al Magisterio de la Iglesia Católica. Quise poner ejemplos actuales, que todo el mundo conoce, con la máxima delicadeza y caridad posible, pero con claridad; San Vicente Ferrer así lo sugiere en sus escritos cuando enseña cómo preparar y desarrollar las homilías.

Pero volviendo a la cuestión del Magisterio: la Iglesia enseña que hay que distinguir entre las personas que siente inclinación sexual hacia el mismo sexo, la inclinación sexual propiamente dicha y los actos homosexuales.

Respecto a las personas con atracción sexual hacia el mismo sexo (AMS) la Iglesia enseña que “deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2358).

En lo que se refiere a la particular inclinación de la persona con AMS, “aunque en sí no sea pecado, constituye sin embargo una tendencia, más o menos fuerte, hacia un comportamiento intrínsecamente malo desde el punto de vista moral. Por este motivo la inclinación misma debe ser considerada como objetivamente desordenada” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta sobre la atención pastoral a las personas homosexuales, 1. X. 1986, n. 3); por cierto, esta carta está firmada por el entonces Cardenal Joseph Ratzinger.

Con respecto a los actos sexuales entre personas del mismo sexo la Iglesia afirma que “«son intrínsecamente desordenados». Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso” (Catecismo de la Iglesia Católica n. 2357).

Hay que aclarar que esta es una valoración objetiva de dichos actos; otra cosa es que “la ignorancia involuntaria puede disminuir, y aún excusar, la imputabilidad de una falta grave, pero se supone que nadie ignora los principios de la ley moral que están inscritos en la conciencia de todo hombre. Los impulsos de la sensibilidad, las pasiones pueden igualmente reducir el carácter voluntario y libre de la falta, lo mismo que las presiones exteriores o los trastornos patológicos.” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1860)

- Pero entonces, ¿hay esperanza para quienes sienten atracción sexual por el mismo sexo? ¿Hay esperanza para quienes se han abandonado al así llamado “estilo de vida gay”?

- Por supuesto que sí. El corazón de cada hombre y mujer desea encontrar la verdad sobre el amor humano. “En esperanza fuimos salvados, dice san Pablo a los Romanos y también a nosotros (Rm 8,24). Según la fe cristiana, la «redención», la salvación, no es simplemente un dato de hecho. Se nos ofrece la salvación en el sentido de que se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente: el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino” (Benedicto XVI, Carta encíclica Spe salvi, n. 1).

Hemos celebrado el Domingo de la Divina Misericordia; Dios es amor y también todopoderoso; lo que es imposible para los hombres es posible para Él. Nadie queda fuera de la universal voluntad salvífica de Dios. Jesús no ha venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores (Cf. Lc 5, 32).

Siempre con la asistencia del Espíritu Santo -que nos precede en todo- es posible iniciar el camino de retorno a la Casa del Padre. La Iglesia pone a disposición de todos los tesoros que Cristo ha depositado en ella: la Palabra de Dios, los sacramentos (en particular los de la Penitencia y la Eucaristía), la oración, etc. Con la ayuda de la gracia de Dios y acompañados por sacerdotes, orientadores y catequistas y ayudados, en su caso, por profesionales, las personas con AMS pueden vivir en castidad (dominio de sí); no sin combate, pero la vida de todo cristiano que quiere vivir según la voluntad de Dios implica batallar contra las propias concupiscencias hasta el mismo día de la muerte.

Pero además, el Pontificio Consejo para la Familia en un documento titulado “Sexualidad Humana: Verdad y Significado” (n.104) afirma que “los padres, por su parte, cuando advierten en sus hijos, en edad infantil o en la adolescencia, alguna manifestación de dicha tendencia o de tales comportamientos, deben buscar la ayuda de personas expertas y calificadas para proporcionarle todo el apoyo posible”, y añade: “muchos casos, especialmente si la práctica de actos homosexuales no se ha enraizado, pueden ser resueltos positivamente con una terapia apropiada”.

A este respecto, las experiencias de las que tengo noticias, especialmente en España, Europa, Estados Unidos y Latinoamérica son muy esperanzadoras. Un itinerario que restaure las heridas en el corazón humano debería ser aquel que integre en su actuación todas las dimensiones de la persona (psíquica, somática y espiritual), ya que la sexualidad humana atraviesa todas estas dimensiones. Una ayuda epidérmica que no integre estas tres dimensiones no puede dar una respuesta adecuada. Con la pertinente unión de la ayuda espiritual y profesional, muchas personas, laicos, religiosos y sacerdotes, que voluntariamente lo han solicitado, se están viendo beneficiados por estos nuevos “itinerarios de libertad, caridad, verdad y esperanza” que conducen al dominio de sí y, en su caso, al cambio. Como dato interesante le diré que estos días he recibido muchos correos electrónicos de personas con AMS contando su experiencia de sufrimiento cuando llevaban el llamado estilo de vida gay, y explicando todo el bien que les está haciendo participar de estos “itinerarios de la esperanza”; es posible que, con la pertinente autorización, publiquemos alguna de estas experiencias en nuestra página web.

Para los que deseen conocer algunos de estos “itinerarios de la esperanza” pueden consultar la siguiente página web: unav.es

- ¿Proponer un itinerario hacia el gobierno de la propia persona y, en su caso, la reorientación de la inclinación sexual, puede ofender a las personas con sentimientos homosexuales?

- No, porque nosotros sólo proponemos; sin embargo, es cierto que los lobbys parecen usar la estrategia mediática de hacerse los ofendidos si se citan en voz alta algunos textos de la Biblia o del Magisterio de la Iglesia sobre este tema. Si alguien piensa que tiene un problema y pide ayuda, sin duda la Iglesia lo atenderá. No se trata de imponer nada a nadie, sólo ofrecemos el espacio de libertad, verdad y esperanza que otorga la Iglesia para quien libremente desee escapar de la dictadura del silencio.

Sabemos que hablar de castidad como dominio sobre la propia persona, e incluso de cambio para volver a la orientación sexual varón-mujer, no es políticamente correcto; desde luego los católicos, y yo en particular, bajo ningún concepto queremos ofender a nadie, sin embargo no renunciamos a anunciar la verdad en la caridad.

Para quienes deseen ampliar conocimientos sobre este tema, hemos preparado en nuestra página web una sección titulada “Homosexualidad y esperanza” con información sobre documentos de la Iglesia, recursos, profesionales especialistas que abordan el tema, etc.: Homosexualidad y Esperanza

- ¿Se ha sentido solo ante este acoso mediático que ha tenido que soportar estos días?

- Cuando se cree en Jesucristo y en la maternidad de la Iglesia uno no está nunca solo. He recibido el apoyo de obispos, sacerdotes, religiosos y fieles laicos de España y de muchas partes del mundo, así como de importantísimas instituciones eclesiales y civiles.

He recibido más de un millar de correos electrónicos, cartas, faxes, telegramas y llamadas telefónicas de personas que han querido mostrarme su cercanía espiritual afirmando su adhesión al Magisterio de la Iglesia y asegurándome sus oraciones por mi persona y ministerio.

Tengo que agradecer también el apoyo a multitud de medios de comunicación (prensa, radio, televisión e Internet) de España y del extranjero. En particular quiero referirme a un medio local de Alcalá de Henares que ha escrito un editorial con evidente objetividad y buena voluntad: lo agradezco de corazón.

- Desde algunos ámbitos le han acusado de “homofobia” por sus palabras sobre la homosexualidad en la homilía del Viernes Santo, ¿qué tiene que decir al respecto?

- La precisión terminológica es aquí, como en todo, muy importante. El diccionario de la Real Academia Española (RAE) de la Lengua define la homofobia como “aversión obsesiva hacia las personas homosexuales”: nada más lejos del Magisterio de la Iglesia y de mi voluntad. Como ya he recordado la Iglesia enseña que las personas con AMS deben ser acogidas “con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta”.

Más aún, la Iglesia acoge a todos los que, en esta situación, se acercan solicitando ayuda. Otra cosa bien distinta es la inclinación propiamente dicha (objetivamente desordenada) y los actos homosexuales (intrínsecamente desordenados). Algunos juegan a confundir conceptos, de modo que acusan, ilícita e ilegalmente, de homofobia a quienes afirmamos el desorden de dicha inclinación y de dichos actos; es una cuestión de estrategia: confundir conceptos para confundir a la opinión pública.

En mi homilía, poniendo ejemplos de pecados concretos, hablé de las infidelidades conyugales, del aborto procurado, de los empresarios y trabajadores que cometen injusticias, de los sacerdotes que se corrompen, de los jóvenes que consumen drogas y de las personas con AMS que, a veces, se corrompen y se prostituyen, o van a clubs de hombres. Deducir de ello que incitaba al odio hacia los matrimonios, las mujeres y los médicos, los sacerdotes, los empresarios y los trabajadores, los jóvenes y las personas con AMS es simplemente, por ser parco, una colosal manipulación; al contrario, anuncié que hay esperanza, que Dios nos ama a todos, que Cristo ha muerto por nuestros pecados llamándonos a conversión, y que nadie queda fuera de su Divina Misericordia.

- Finalmente, don Juan Antonio, ¿qué les diría a quienes han manipulado y tergiversado sus palabras, y a quienes le han amenazado de muerte, le han llamado imbécil o piden que sea encarcelado o expulsado del país?

- Simplemente les diría que les quiero y les perdono. Los insultos y amenazas me ayudan a ser humilde. Como dijo un gran obispo torturado en la cárcel, los hombres para mí se dividen en dos grupos: los que son mis hermanos y los que todavía no saben que lo son.

Si me permite, por último quiero decir que considero que, en España, es muy importante mantener abierto un serio debate sobre estos temas, aportando los argumentos de la teología, de la antropología cristiana y de todas las ciencias humanas que faciliten más y mejor la propuesta del Magisterio de la Iglesia. El corazón humano es nuestro principal aliado y ese corazón espera el anuncio de la verdad y de la esperanza.

Homilía de la Solemnidad de Pentecostés (Ciclo B)

SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS (B)

Lecturas: Hch 2, 1-11; Ga 5, 16-25; Jn 15, 26-27; 16, 12-15

Espíritu Creador. Celebramos hoy la venida del Espíritu Santo sobre los discípulos del Señor, que estaban en el Cenáculo. Preguntémonos: ¿Quién es el Espíritu Santo? La respuesta es conocida por todos: la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Sin embargo, para muchos es el Gran Desconocido. Surge una nueva pregunta: ¿Cómo podemos reconocerlo? En el Génesis, al hablar de la Creación, se dice, ante todo, que por encima del caos, por encima de las aguas del abismo, aleteaba el Espíritu de Dios. El mundo en que vivimos es obra del Espíritu Creador de Dios. Por eso refleja también la sabiduría de Dios. La creación, en su amplitud y en la lógica omnicomprensiva de sus leyes, permite vislumbrar algo del Espíritu Creador de Dios (Benedicto XVI).

Sale a nuestro encuentro a través de la creación y su belleza. Ante un ocaso en el mar, durante una excursión a la montaña o ante una flor abierta, se despierta en nosotros, casi espontáneamente, la conciencia de la existencia del Creador.

Espíritu de Amor. El Espíritu Santo ha entrado en la historia del hombre. Jesucristo, en el Cenáculo, durante la Última Cena, habla a los Apóstoles de su partida. Para consolarlos, les dice que no los dejará huérfanos, pues enviará al Consolador, al Espíritu del Padre, y será el Espíritu quien les dará a conocer que la obra de Cristo es obra de amor: amor de Él que se ha entregado y amor del Padre que lo ha dado.

Cristo hace contemplar en cierto modo la intimidad de Dios. El Dios misterioso no es una soledad infinita; es un acontecimiento de amor. Si al contemplar la creación pensamos que podemos vislumbrar al Espíritu Creador, a Dios mismo, casi como matemática creadora, como poder que forja las leyes del mundo y su orden, pero luego también como belleza, ahora llegamos a saber que el Espíritu Creador tiene un corazón. Es Amor (Benedicto XVI). El Espíritu Santo es el Espíritu de Jesucristo, el Espíritu que une al Padre y al Hijo en el Amor que en el único Dios da y acoge.

Protagonista de la Iglesia. Pentecostés es también la fiesta del origen de la Iglesia, el día que el Espíritu Santo descendió con fuerza sobre los Apóstoles; así comenzó la misión de la Iglesia en el mundo. Desde entonces el Espíritu Santo es el verdadero protagonista de la Iglesia. Su misión consiste en introducir a la Iglesia de modo siempre nuevo, de generación en generación, en la grandeza del misterio de Cristo. Del libro de los Hechos de los Apóstoles se ha dicho que es el Evangelio del Espíritu Santo.

La tradición cristiana ha resumido la actitud que debemos adoptar ante el Espíritu Santo en un solo concepto: docilidad (San Josemaría Escrivá). El Espíritu Santo nos enseña que, aunque avancen los años, podemos conservar la juventud espiritual. Nuestro testimonio cristiano debe ser siempre joven. El Espíritu Santo, con su soplo, nos impulsa hacia Cristo. Un verdadero testigo de Cristo no envejece nunca. En efecto, Cristo no envejece nunca: es el mismo ayer, hoy y siempre (Hb 13, 8). Él nos da al Espíritu Santo, que nos rejuvenece espiritualmente y mantiene a la Iglesia en una permanente juventud.

Homilía del Domingo VII de Pascua (Ciclo B)

DOMINGO VII DE PASCUA (B)

Lecturas: Hch 1, 15-17.20-26; 1 Jn 4, 11-16; Jn 17, 11-19

Don gratuito. Echaron suertes y la suerte recayó sobre Matías, que fue agregado a los once apóstoles. En la 1ª lectura está la elección de san Matías para ocupar el puesto dejado por Judas Iscariote. Toda vocación específica a seguir a Cristo más de cerca es una elección por parte de Dios. La llamada del Señor es una muestra de predilección, manifestada en una invitación a dejarlo todo para seguirle. La iniciativa es de Dios: No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca (Jn 15, 16).

La persona que es así invitada vive la belleza de la llamada en el momento que podríamos definir de “enamoramiento”. Su ánimo le hace decir en la oración: Señor, ¿por qué precisamente a mí? Pero el amor no tiene un “por qué”, es un don gratuito al que se corresponde con la entrega de sí mismo. La respuesta a la vocación divina es una respuesta de amor al amor que Cristo nos ha demostrado de manera sublime (Pablo VI).

Vale la pena. Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él. Jesucristo llamó a quienes quiso, y también hoy día llama a muchos jóvenes a trabajar en su viña, a trabajar por Él y con Él para la extensión de su reino. Le pedimos que envíe operarios a su mies, y que ilumine con su palabra a los que llama. Que ayude a todos los que ya han respondido a vencer las dificultades del camino, a perseverar hasta el fin.

Dirigiéndose a un grupo de jóvenes, Juan Pablo II les decía: Suplicadle también vosotros, como el ciego de Jericó: Domine, ut videam! (Lc 18, 41). Señor, ¡que vea! Que yo vea, Señor, cuál es tu voluntad; qué deseas de mi vida y cuál es tu designio sobre mi futuro y sobre mi vocación. Y pedidle que os conceda una generosidad sin límites para seguirle en el camino que, con su gracia, os vaya indicando. Sí, Cristo es exigente: pide todo. Lo que vale forzosamente cuesta, como el tesoro y la perla de gran valor. Pero vale la pena seguir al Señor, que nunca se deja ganar en generosidad.

Instrumentos insuficientes. Padre Santo, guarda en tu nombre a aquellos que me has dado. En su Diario, un sacerdote recién ordenado escribió: ¡Qué delicia pensar en lo que hizo Jesús para fundar la Iglesia! En lugar de llamar en las academias, en las sinagogas, en las cátedras a los doctos, a los sabios, puso sus ojos amorosos en doce pobres pescadores, rudos, ignorantes. Los admitió a su escuela, los hizo partícipes de sus confidencias más íntimas, objeto de sus delicadezas más amorosas, les confió la gran misión de cambiar a la humanidad (Beato Juan XXIII).

A los que Dios elige para una misión los dispone y prepara de suerte que resulten idóneos para desempeñar la misión para la que fueron elegidos. Benedicto XVI se consideraba un simple y humilde trabajador de la viña del Señor, cuando fue elegido Papa, pero le consolaba el hecho de que el Señor sabe trabajar y actuar con instrumentos insuficientes. Si el Señor da la vocación, la respuesta debe ser sí. Dios le dará la gracia necesaria para desempeñar la misión que lleva consigo la vocación.