Día 30 de agosto

30 de agosto

Historia bíblica

Daniel interpreta el sueño de Nabucodonosor

Dios concedió al profeta Daniel la capacidad de interpretar visiones y sueños. Estando Daniel deportado en Babilonia, el rey Nabucodonosor tuvo un sueño que le llenó de preocupaciones, pues no consiguió recordarlo, y le dejó un poco trastornado. Llamó a los magos, astrólogos y adivinos de su imperio, y ninguno de ellos supo decirle al rey c uál era su sueño y la interpretación del mismo. Entonces Daniel, después de haber invocado al Señor, se presentó ante el rey para darle a conocer el sueño y su interpretación. Tú, oh rey, estabas mirando y apareció una gran estatua. Era una estatua enorme; su brillo extraordinario resplandecía ante ti, y su aspecto era terrible. Aquella estatua tenía la cabeza de oro fino, el pecho y los brazos de plata, el vientre y los muslos de bronce, las piernas de hierro, y los pies parte de hierro y parte de barro. Seguías mirando hasta que una piedra se desprendió sin intervención de mano alguna, golpeó la estatua sobre los pies de hierro y de barro, y los hizo pedazos. Entonces se hicieron pedazos a la vez el hierro, el barro, el bronce, la plata y el oro, y fueron como el tamo de una era en verano; el viento se los llevó y desaparecieron sin dejar rastro. Y la piedra que golpeó la estatua se convirtió en una montaña y llenó toda la tierra (Dn 2, 31-35).

Daniel continuó diciendo: Éste es el sueño: su interpretación la vamos a exponer al rey. Tú, majestad, eres rey de reyes, a quien el Dios del cielo ha entregado el reino, el poder, la fuerza y la gloria, y en cuyas manos ha puesto todo lugar donde habitan los hombres, las bestias del campo y las aves del cielo; tu dominio se extiende sobre todos ellos. Tú eres la cabeza de oro. En tu lugar se establecerá después otro reino inferior a ti; y luego otro tercer reino de bronce, que dominará toda la tierra. Habrá después un cuarto reino, fuerte como el hierro; y lo mismo que el hierro rompe y machaca todo, como hierro demoledor él romperá y triturará a todos ellos. Los pies y dedos que viste, parte de barro de alfarero y parte de hierro, será un reino dividido, pero que tendrá la fuerza del hierro, porque viste hierro mezclado con barro de arcilla. Como los dedos de los pies, parte de hierro y parte de barro, parte del reino será fuerte y parte será débil. Como viste el hierro mezclado con barro de arcilla, así se mezclarán ellos mediante descendencia humana, pero no llegarán a unirse el uno con el otro, lo mismo que el hierro no se fusiona con el barro. En los días de esos reyes el Dios del cielo suscitará un reino que nunca será destruido, y ese reino no pasará a otro pueblo; destruirá y acabará con todos los demás reinos, y él permanecerá por siempre. Tal como viste que de la montaña se desprendió una piedra sin intervención humana, y que destrozó el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro, así el Gran Dios da a conocer al rey lo que sucederá después de esto. El sueño es verdadero y la interpretación cierta (Dn 2, 36-45). Apenas acabó de hablar Daniel, el rey Nabucodonosor cayó rostro en tierra, y exclamó: Verdaderamente vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de reyes, el que revela los secretos, pues tú fuiste capaz de desvelar este secreto (Dn 2, 47); y después colmó de honores a Daniel y a sus compañeros.

La interpretación dada por Daniel anuncia que, tras los reinos de este mundo que se han ido sucediendo a lo largo de la historia, llegará un reino eterno instaurado por Dios mismo por encima de todas las posibilidades humanas. El cristiano ve aquí el reino de Cristo, si bien no se trata de un reino de carácter terreno y político sino espiritual, como dijo Jesús al procurador romano Poncio Pilato: Mi reino no es de este mundo (Jn 18, 36).

Día 29 de agosto

29 de agosto

Memoria obligatoria del martirio de san Juan Bautista

Memoria del martirio de san Juan Bautista, a quien el rey Herodes Antipas retuvo encarcelado en la fortaleza de Maqueronte, en el actual Israel, y al cual mandó decapitar en el día de su cumpleaños, a petición de la hija de Herodías. De esta suerte, el Precursor del Señor, como lámpara encendida resplandeciente, tanto en la muerte como en la vida dio testimonio de la verdad. (s. I) (Martirologio Romano).

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Siempre, en primer lugar, la caridad

Del libro de Jesús Urteaga, El valor divino de lo humano

Allá en la montaña -me dicen- vive un hombre de Dios. Le hemos visto rezar en la noche y fatigarse durante el día. Ve allí, a la montaña. Si mañana estás aquí, verás a las doce lucir una estrella. Ese hombre de Dios -enteré después- baja muy de mañana al pueblo que se encuentra al pie de la montaña. Trabaja con ilusión, sin olvidar a su Dios. Al terminar su labor comienza la ascensión pina y dura, con su borrico de carga; cuando más fuertemente pega el sol, se encuentra todos los días junto a la fuente clara de la montaña. Su boca pastosa se aliviaría con el agua, pero puede siempre más su amor, y siempre, cada día, ofrece ese pequeño dolor a su Padre-Dios. El cielo, en recompensa, con la luz del mediodía, dibuja entre las nubes una estrella. Así todos los días.

Han pasado unos meses, y un pequeñuelo se ha acercado a contemplar la vida de aquel pobre anciano. Un muchacho sin años, que pide aventuras, le quiere imitar. Pero el anciano le disuade: No podrás, pequeño, sufrir esta vida. Pero él insistió tanto, que trataron de poner su tesón a prueba un solo día.

Rezaron de noche a su Dios. Y muy de madrugada bajaron con leña en el borriquillo al trabajo duro del amanecer. Los dos trabajaron, el viejo y el niño. Terminaron la labor, y de nuevo, tirando del jumento, iniciaron la subida. El pequeño jadea, se cansa y sonríe. ¿No podrás más? Las piedras, sujetas en falso, le hacen perder el equilibrio, y rueda alguna vez con pequeños gritos. Se levanta, sacude su alforja y sigue adelante.

Ahora se le van los ojos hacia la fuente. Será un buen descanso. El muchacho mira al agua y mira al viejo. Si el viejo no bebe, ¿podré beber yo? Y en el viejo, otra duda: ¿Me mortificaré, Señor? ¡No beberá el niño si no bebo yo!

Indecisión. ¿Mortificación o caridad? Una de las dos ha de postergarse en aque momento. Y pudo más la caridad. Beberé para que él se atreva a beber. Y el viejo se acercó a la fuente y bebió de ella. Al muchacho se le escapó un grito de alegría y se volcó en las aguas.

Los dos ahora descansan. Pero el buen viejo reflexiona: ¿Me sonreirá hoy también el cielo con su estrella? Y con temor levantó, lentamente, sus ojos a las nubes.

En el cielo, aquel día, lucieron dos estrellas.

Día 28 de agosto

28 de agosto

Memoria obligatoria de san Agustín

Memoria de san Agustín, obispo y doctor eximio de la Iglesia, que, convertido a la fe católica después de una adolescencia inquieta por los principios doctrinales y las costumbres, fue bautizado en Milán por san Ambrosio y, vuelto a su patria, llevó con algunos amigos una vida ascética y entregada al estudio de las Sagradas Escrituras. Elegido después obispo de Hipona, en la actual Argelia, durante treinta y cuatro años fue maestro de su grey, a la que instruyó con sermones y numerosos escritos, con los cuales también combatió valientemente los errores de su tiempo y expuso con sabiduría la recta fe. (430) (Martirologio Romano).

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Elección de san Agustín para el episcopado

Cuando el anciano obispo de la ciudad de Hippo Regio (Hipona, la actual Bona) quiso que alguien le sustituyera, el pueblo fiel empezó a gritar: ¡Agustín obispo! (Como el pueblo de Milán había hecho años antes con Ambrosio).

Un problema teológico

San Juan Pablo II, durante su estancia en Zaragoza en su primer viajo apostólico a España (año 1982), al ver a los baturros Zaragoza delante de la Virgen del Pilar, dijo: Unas palabras de reflexión. En todos los países se reza y se canta, parece que en España no sólo se reza y se canta, sino que también se baila por la gloria de la Virgen. Entonces se plantea aquí un problema para los teólogos. San Agustín ha declarado que aquél que canta reza dos veces. Yo me pregunto cuántas veces reza aquél que baila. Éste es un problema para los teólogos. ¡Buenas noches! ¡Alabado sea Jesucristo!

Menos preguntas y más acción

San Agustín, en una de sus cartas, cuenta: Uno cayó en un pozo donde el agua era bastante para que flotase sin morir ni ahogarle, no impidiéndole hablar, y se le acercó otro y, al verlo, le dijo con admiración: “¿Cómo has caído aquí?”. Y el otro le respondió: “Por favor, mira a ver si puedes sacarme de aquí y no me vengas con preguntas sobre cómo he caído”.

Reflexionando sobre la Santísima Trinidad

San Agustín escribió un tratado sobre la Santísima Trinidad (De Trinitate). Se cuenta que un día caminando por la orilla del mar, e iba reflexionando sobre este misterio de Dios. Intentaba comprender cómo tres personas distintas, siendo las tres Dios, no eran tres dioses, sino un solo Dios. Mientras le daba vueltas a este tema, vio a un niño en la playa que había hecho un hoyo en la arena, y con una concha iba al mar, llenaba el pequeño recipiente y vertía el agua en el hoyo. San Agustín le preguntó: ¿Qué haces? Y el niño respondió: Quiero trasladar todo el agua del mar a este pozo que he hecho. El santo obispo de Hipona exclamó: Pero, muchacho, ¿no ves que eso es imposible? Entonces el niño le dijo: Antes sucederá que yo traslade toda el agua del mar a este hoyo, que tú consigas penetrar con tu mente el misterio de la Santísima Trinidad.

Día 27 de agosto

27 de agosto

Memoria obligatoria de santa Mónica

Memoria de santa Mónica, que, aún jovencísima, fue dada en matrimonio a Patricio, con quien tuvo hijos, entre ellos a Agustín, por cuya conversión derramó abundantes lágrimas y oró mucho a Dios, y, anhelante de la vida celestial, abandonó la terrenal en Ostia Tiberina, en Italia, cuando regresaba de África. (387) (Martirologio Romano).

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Santa Mónica, madre de san Agustín, cuando éste aún no se había convertido, no cesaba de llorar y de rogar a Dios por su hijo. Un buen día, un obispo le dijo estas palabras, que tanto la consolaron: ¡Vete en paz, mujer!, pues es imposible que se pierda el hijo de tantas lágrimas. Más tarde dijo san Agustín: Si yo no perecí en el error, fue debido a las lágrimas cotidianas llenas de fe de mi madre.

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Preguntas y respuestas

¿Cuáles son los deberes de los padres con respecto a sus hijos?

Los padres tienen el deber de ocuparse de sus hijos, mientras dependan de ellos. Deben cuidar no sólo de su cuerpo -dándoles alimento, vestido, etc.- sino también de su alma, proporcionándoles la formación intelectual necesaria, ante todo en lo que se refiere a la fe. Esta formación comprende no solamente el aprendizaje de la doctrina cristiana, sino la educación en las buenas costumbres, para lo cual tiene una importancia fundamental el buen ejemplo de los padres.

Una de las anécdotas de la que es protagonista Diógenes es la siguiente: Un muchacho, hijo de un hombre rico, iba por la calle con su padre. Vio a Diógenes en su tonel y le lanzó una piedra. Diógenes se levantó, dio un bofetón al padre y le dijo: “Es tu merecido, por lo mal que has educado a este niño”. Y es que la buena educación de los hijos es para los padres un deber sagrado e indispensable.

¿Cómo educan los padres a sus hijos en la fe cristiana?

La principal obligación de los padres, tocante a sus hijos, es la formación cristiana. Los padres educan a sus hijos en la fe cristiana principalmente con el ejemplo, la oración, la catequesis familiar y la participación en la vida de la Iglesia. Esta formación exige de los padres que enseñen la doctrina cristiana a sus hijos por sí y por buenos maestros, y les ayuden a practicarla; que en todo momento les den buen ejemplo, asistiendo a Misa los días de precepto, leyendo libros buenos, practicando obras de misericordia, etc.

Al enviar los hijos a una escuela, las padres no pueden desentenderse de su educación; es necesario comprobar frecuentemente qué tipo de enseñanza reciben los hijos, los libros que estudian, el ambiente, etc. La siguiente anécdota no necesita ningún tipo de comentarios: En una ocasión, un muchacho, al volver de la escuela a su casa, sacó de la cartera la fotografía de un gran enemigo de la fe y de la Iglesia, y se dispuso a colgarla de la pared, como le había aconsejado el maestro. Al verlo el padre, un impetuoso ferroviario y buen cristiano, le regañó con amenazas. El muchacho empezó a llorar, mientras decía: “¿A quién hago caso, a ti o al maestro?” El pobre chico estaba confuso ante los consejos que recibía, unos en casa -conformes a la doctrina cristiana- y otros -totalmente opuestos- en la escuela.

La educación en la moral católica exige de los padres que enseñen a sus hijos buenas costumbres; que corrijan sus defectos; que vigilen con celo y prudencia sus lecturas, conversaciones, espectáculos, diversiones y amistades; que los aparten de los vicios y de las ocasiones de pecar; que los castiguen, si es menester, pero paternalmente, siempre a tenor de la falta, sin excesos ni blanduras. Es preferible que los hijos lloren cuando son pequeños a que lloren los padres cuando los hijos son mayores, dice la sabiduría popular.

Día 26 de agosto

26 de agosto

Memoria obligatoria de santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars

Memoria de santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars, virgen, que para la asistencia a los ancianos fundó el Instituto de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados y falleció en Liria, en España. (1897) (Martirologio Romano).

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Efemérides

Tal día como hoy del año 1978 fue elegido papa el cardenal patriarca de Venecia Albino Luciani. El nuevo papa eligió para su pontificado el nombre de Juan Pablo. Era la primera vez en la historia del Pontificado que un papa elegía un nombre compuesto. Al día siguiente de su elección explicó porqué había elegido ese nombre: Después vino la cuestión del nombre, porque preguntan también qué nombre se quiere tomar, y yo había pensado poco en ello. Hice este razonamiento: el papa Juan quiso consagrarme él personalmente aquí, en la Basílica de San Pedro. Después, aunque indignamente, en Venecia le he sucedido en la cátedra de San Marcos, en esa Venecia que todavía está completamente llena del papa Juan. Lo recuerdan los gondoleros, las religiosas, todos. Pero el papa Pablo no sólo me ha hecho cardenal, sino que unos meses antes, sobre el estrado de la Plaza de San Marcos, me hizo poner completamente colorado ante veinte mil personas, porque se quitó la estola y me la puso sobre las espaldas. Jamás me he puesto tan rojo. Por otra parte, en quince años de pontificado este Papa ha demostrado, no sólo a mí, sino a todo el mundo, cómo se ama, cómo se sirve y cómo se trabaja y se sufre por la Iglesia de Cristo. Por estas razones dije: me llamaré Juan Pablo.

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Albino Luciani era un publicista discreto, popular sin ser famoso, cultivado sin ser brillante, de expresión sencilla, con decidida vocación catequística nunca pospuesta a las urgencias del gobierno episcopal, virtuoso de la anécdota. Entre sus libros están: Catequesis en migajas e Ilustrísimos Señores. Este último libro fue muy difundido durante aquel mes mes de su efímero pontificado.

Antes de ser patriarca de Venecia, Luciani fue obispo de Vittorio Veneto. En aquella diócesis también se hizo notar la crisis posconciliar: abandono del sacerdocio, descenso de las vocaciones, interpretaciones erradas o arbitrarias del Concilio Vaticano II, fuerte difusión del marxismo y del comunismo. Ante este panorama, Luciani supo unir a su natural apacible la firmeza propia del maestro y pastor. Tenía gran compasión para con las debilidades humanas y para con aquellos que sinceramente buscaban vivir según las enseñanzas de la iglesia; pero se mostraba severo con cuantos ponían en discusión, fuesen sacerdotes o laicos, las enseñanzas del papa o del Concilio. Cuando fue promulgada la encíclica Humanae vitae, que tantas polémicas y críticas suscitó entre los católicos y los no católicos, Albino Luciani se alineó abiertamente con Pablo VI y le manifestó vivo reconocimiento por su testimonio en favor del Pueblo de Dios y de sus pastores.

La muerte se lo llevó un mes después de su elección. Pudo haber sido el pontificado de Juan Pablo I como un viento impetuoso, pero se quedó en una brisa leve.

Día 25 de agosto

25 de agosto

Memoria libre de san Luis de Francia

San Luis IX, rey de Francia, que se distinguió excepcionalmente por su activa fe, tanto en tiempo de paz como durante guerras interpuestas en defensa del cristianismo, y por la justicia en el gobierno, el amor a los pobres y la constancia en las adversidades. Tuvo once hijos en su matrimonio, a los que educó de una manera inmejorable y piadosa, y gastó sus bienes y fuerzas, y su vida misma, en la adoración de la cruz, la corona de espinas y el sepulcro del Señor, hasta que, estando acampado cerca de Túnez, en la costa de África del Norte, murió contagiado de peste. (1270) (Martirologio Romano).

Memoria libre de san José de Calasanz

San José de Calasanz, presbítero, que promovió escuelas populares para la formación de los niños y adolescentes en el amor y en la sabiduría del Evangelio, y fundó en Roma la Orden de Clérigos Regulares de las Escuelas Pías. (1648) (Martirologio Romano).

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Temas familiares

Para fomentar la vida de piedad en los niños: 1) Orientarles desde pequeños en el amor a la Sagrada Eucaristía y a la Santísima Virgen. 2) Cuidar que las devociones y actos de piedad, desde pequeños, tengan un contenido teológico que van entendiendo poco a poco. 3) Los padres deben enseñar a rezar, pero deben explicar también a quien se reza y por qué se reza. 4) No abandonar nunca el “seguimiento” de los niños en las oraciones diarias, como el ofrecimiento de obras y lo que recen al acostarse. 5) Que el rezo en familia se haga con respeto. Cuidar las posturas. No es lo mismo rezar que jugar o ver la “tele”. La actitud debe ser otra. Fomentar la atención. 6) Buscar la manera, sin ahorrarse sacrificio -los padres y los hijos- de rezar el Rosario en familia. Los más pequeños pueden rezar algunos misterios, de acuerdo con su edad. Organizar el estudio, el descanso, las horas de llegada, etcétera, para que se rece el Rosario. Razonarlo. 7) Acudir con los hijos a la Santa Misa, siempre que se pueda. Cuando son pequeños ir explicándoles, poco a poco, los cuatro fines de la Misa, para que acostumbren y aprendan a valorarla. 8) Cuidar especialmente la compostura en la Iglesia. Hacerles notar que el Señor está real y verdaderamente presente. 9) Cuidar los atuendos. No se debe ir a la Iglesia y menos a la Misa el domingo, por ejemplo, con ropa de deporte. Hay que enseñarles a distinguir una cosa de otra. 10) Preocuparse de que guarden el ayuno eucarístico. 11) Enseñarles a prepararse para ir a comulgar, con actos de contrición y de amor a Dios. 12) Enseñarles a dar gracias después de la comunión, descendiendo a detalles concretos. 13) Permanecer dando gracias un rato, explicando que el Señor está todavía dentro de nosotros realmente. Dar ejemplo. 14) Explicarles desde pequeños el significado de las distintas fiestas litúrgicas. 15) Que asocien desde pequeños el dolor, la contrariedad, el esfuerzo, el trabajo, con la reparación y la corredención. Hay que ir dándoles razones “poderosas” que luego les sirvan de apoyo. 16) Ayudarles cuando llegan a los 11-13 años a superar los respetos humanos, la vergüenza a que les vean rezar. Saber los padre que el ambiente favorece en muchos casos a que los tengan. 17) Ayudarles a que sean constantes en la oración y demás prácticas de piedad. 18) Explicarles por qué se escogen determinados lugares de veraneo, en vez de otros con ambientes donde se ofende a Dios, de modo que también ellos asuman esta decisión.

Día 24 de agosto

24 de agosto

Fiesta de san Bartolomé

Fiesta de san Bartolomé, apóstol, a quien generalmente se identifica con Natanael. Nacido en Caná de Galilea, fue presentado por Felipe a Cristo Jesús en las cercanías del Jordán, donde el Señor le invitó a seguirle, agregándolo a los Doce. Después de la Ascensión del Señor, es tradición que predicó el Evangelio en la India y que allí fue coronado con el martirio. (s. I) (Martirologio Romano).

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Meditación

San Bartolomé

San Bartolomé es uno de los discípulos llamados por Jesús durante su vida terrena, uno de los Doce. En las cuatro listas de los Apóstoles que aparecen en el Nuevo Testamento está Bartolomé, sin embargo no se tiene noticias relevantes de él. En efecto, su nombre sólo aparece dentro de esas listas de los Doce, pero no se encuentra jamás en el centro de ninguna narración.

Llama la atención su nombre, que es claramente patronímico, porque está formulado con una referencia explícita al nombre de su padre. Es posiblemente un nombre de origen arameo, bar Talmay, que significa precisamente hijo de Talmay.

Vamos a fijarnos en Bartolomé, pero ¿cómo? Si no sabemos nada de él. Sí, sabemos que era -nada más ni nada menos- apóstol de Cristo. Y quizá lo bonito de su vida es eso, ser apóstol pasando desapercibido. Anunció a Cristo, dio testimonio de su resurrección, predicó el Evangelio, permaneciendo él, por decirlo de alguna manera, en el anonimato. Al igual que el Bautista, sólo quería dar a conocer al Señor.

Pero sí sabemos algo de su vida, y especialmente, de su encuentro con el Señor y de su vocación, porque tradicionalmente se le identifica con Natanael. Y en el cuarto Evangelio está narrado este encuentro y las consecuencias que tuvo en su vida.

Pero antes, ¿por qué esa identificación entre Natanael y Bartolomé? Con toda probabilidad se deba al hecho de que Natanael, en la escena de su vocación narrada por el evangelio de san Juan, está situado al lado de Felipe, es decir, en el lugar que tiene Bartolomé en las listas de los Apóstoles referidas por los otros tres evangelios.

Antes hicimos referencia al nombre de Bartolomé, pero más interesante es fijarnos en el significado de Natanael. Este nombre significa Dios ha dado. Y nos preguntamos ahora cada uno de nosotros: ¿Qué me ha dado Dios? Seguramente que ya lo habremos dicho mentalmente, porque se puede contestar a esta pregunta con una sola palabra: Todo. Sí, Dios nos dado todo, y esto nos mueve a darle gracias, pero especialmente le agradecemos la vida, la fe, la gracia, la filiación divina, el abrazo misericordioso que nos da cada vez que nos confesamos y nos perdona los pecados, su entrega hasta la muerte de cruz por nosotros, la Eucaristía, los sacramentos…, y el habernos dado a su Madre por madre nuestra. En Jesús, Dios se nos ha dado totalmente a sí mismo, es decir, nos lo ha dado todo.

Natanael era oriundo de Caná y, por consiguiente, es posible que estuviera en las bodas de Caná donde Cristo hizo su primer milagro y, por tanto, que fuera testigo del gran signo realizado por Jesús en aquel lugar. Además, era amigo del también apóstol Felipe, y gracias a esa amistad conoció al Señor, un día de primavera, en la región del Jordán. En el Evangelio se dice que Felipe le comunicó que había encontrado a ese del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas: Jesús el hijo de José, el de Nazaret (Jn 1, 45).

Felipe da por hecho que su amigo conoce las Escrituras, que ha leído lo que escribieron los profetas acerca del Mesías. Antes de seguir con la narración evangélica, nos preguntamos: ¿conozco bien la Sagrada Escritura? Quizá el Antiguo Testamento no lo hayamos leído entero, pero ¿y el Nuevo Testamento?… Pues la Iglesia recomienda insistentemente a todos los fieles la lectura asidua de la Escritura para que adquieran la ciencia suprema de Jesucristo. Especialmente hay que conocer el Evangelio, donde está la vida de Cristo y sus enseñanzas. En el Evangelio está la voz de la agonía en Getsemaní; el grito del Gólgota; la voz silenciosa pero poderosa del Niño en la cueva de Belén; la voz laboriosa de la vida privada del Maestro en Nazaret; y la voz de las Bienaventuranzas desde el monte que se asoma al lago donde tuvieron lugar los hechos emblemáticos del Hijo de Dios.

Jesucristo sigue hablando. Sus palabras, por ser divinas y eternas, son siempre actuales. Leer el Evangelio con fe es creer que todo lo que se dice en él está, de alguna manera, ocurriendo ahora. Es actual la marcha y la vuelta del hijo pródigo; la oveja que anda perdida, sin saber a donde camina y el Pastor que ha salido a buscarla; la necesidad de la levadura para convertir la masa y de la luz para que ilumine la tremenda oscuridad que, a veces, se cierne sobre el mundo y el hombre.

Al abrir el Santo Evangelio, piensa que lo que allí se narra -obras y dichos de Cristo- no sólo has de saberlo, sino que has de vivirlo. Todo, cada punto relatado, se ha recogido, detalle a detalle, para que lo encarnes en las circunstancias concretas de tu existencia (San Josemaría Escrivá, Forja, n. 754).

Natanael le manifestó a Felipe un prejuicio más bien fuerte: ¿De Nazaret puede salir algo bueno?(Jn 1, 46). Natanael (…) habría oído por las Escrituras que el Cristo debía venir de Belén, del pueblo de David. Así lo creían los judíos y lo había anunciado, tiempo atrás, el profeta: “Y tú, Belén, no eres ciertamente la menor entre las principales ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe, que apacentará a mi pueblo Israel” (Mi 5, 2)). Por tanto, al escuchar que provenía de Nazaret se turbó y dudó, al no encontrar cómo compaginar las palabras de Felipe con la predicación profética (San Juan Crisóstomo). Además, Nazaret era un pueblecito pequeño y desconocido de Israel. Estaba situado al norte de Galilea. Jesús había nacido en Belén, pero no era exclusivamente de Belén, sino también se puede decir que era de Nazaret, donde fue concebido en las purísimas entrañas de Santa María por obra y gracia del Espíritu Santo, y además, la mayor parte de su vida vivió en Nazaret. Pero lo realmente importante es Jesús venía del cielo, del Padre que está en los cielos.

Felipe, en su réplica, dirigió a su amigo una invitación significativa: Ven y verás (Jn 1, 46). Comenta Benedicto XVI: Nuestro conocimiento de Jesús necesita sobre todo una experiencia viva: el testimonio de los demás ciertamente es importante, puesto que por lo general toda nuestra vida cristiana comienza con el anuncio que nos llega a través de uno o más testigos. Pero después nosotros mismos debemos implicarnos personalmente en una relación íntima y profunda con Jesús. De modo análogo los samaritanos, después de haber oído el testimonio de su conciudadana, a la que Jesús había encontrado junto al pozo de Jacob, quisieron hablar directamente con él y, después de ese coloquio, dijeron a la mujer: “Ya no creemos por tus palabras; que nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo”.

El evangelista Juan nos refiere que, cuando Jesús ve a Natanael que venía hacia Él, y dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño (Jn 1, 47). Se trata de un elogio parecido al que está en el salmo 32: Dichoso el hombre… en cuyo espíritu no hay fraude (versículo 2). De los labios del Maestro divino salió aquella alabanza porque Bartolomé es un hombre sencillo, sincero.

La sencillez es una cualidad que debe brillar en la vida de los cristianos. Sencillez es descomplicación, naturalidad, franqueza, consecuencia necesaria de la bondad de corazón, porque así como la propiedad de la estrella es la luz de que está rodeada, la propiedad del hombre piadoso y temeroso de Dios es la sencillez y la humildad (Hesiquio). El alma sencilla no se enreda ni se complica inútilmente por dentro: hace lo de todos, pero procura hacerlo bien, cara a Dios.

Al oír las palabras del Señor, Natanael, asombrado, replica: ¿De dónde me conoces? Contestó Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamase, cuando estabas debajo de la higuera te vi (Jn 1, 48). La respuesta de Jesús no es inmediatamente comprensible. Y comenta Benedicto XVI: No sabemos qué había sucedido bajo esa higuera. Es evidente que se trata de un momento decisivo en la vida de Natanael. Él se siente tocado en el corazón por estas palabras de Jesús, se siente comprendido y llega a la conclusión: este hombre sabe todo sobre mí, sabe y conoce el camino de la vida, de este hombre puedo fiarme realmente. Y así responde con una confesión de fe límpida y hermosa, diciendo: “ Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel”.

En esta respuesta se da un primer e importante paso en el camino del seguimiento de Cristo. Las palabras de Natanael presentan un doble aspecto complementario de la identidad de Jesús: es reconocido tanto en su relación especial con Dios Padre, de quien es Hijo unigénito, como en su relación con el pueblo de Israel, del que es declarado rey, calificación propia del Mesías esperado. No debemos perder de vista jamás ninguno de estos dos componentes, ya que si proclamamos solamente la dimensión celestial de Jesús, corremos el riesgo de transformarlo en un ser etéreo y evanescente; y si, por el contrario, reconocemos solamente su puesto concreto en la historia, terminamos por descuidar la dimensión divina que propiamente distingue (Benedicto XVI).

Natanael siguió a Cristo. Aquel encuentro propiciado por su amigo Felipe fue el principio de una aventura divina. Tú y yo, como el apóstol san Bartolomé, debemos seguir a Cristo. Si seguimos a Cristo y llevamos a los demás hombres tras de Él, entonces el camino de nuestra vida terrena estará lleno de paz aun en medio de las tempestades. Si perseveramos en nuestro camino terreno en pos de Cristo, en la eternidad gozaremos de su misma felicidad. Vale la pena dar todo, renunciar a todo, incluso a la vida, para merecer ser contado entre los amigos de Cristo. Vale la pena.

San Bartolomé recibió la recompensa que el Señor le anunció: ¿Porque te he dicho que te vi debajo de la higuera crees? Cosas mayores has de ver. Y añadió: En verdad, en verdad os digo que veréis abrirse el cielo y a los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del hombre (Jn 1, 50-51).

Sobre su actividad apostólica no tenemos noticias precisas. Según tradiciones, parece ser que predicó el Evangelio en la India, y que dio testimonio de su fe en Cristo con el martirio, muriendo desollado. Sus reliquias se veneran en Roma, en una iglesia dedicada a él. Concluyendo, podemos decir que la figura de san Bartolomé, a pesar de la escasez de informaciones sobre él, de todos modos sigue estando ante nosotros para decirnos que la adhesión a Jesús puede vivirse y testimoniarse también sin la realización de obras sensacionales. Extraordinario es, y seguirá siéndolo, Jesús mismo, al que cada uno de nosotros está llamado a consagrarle su vida y su muerte (Benedicto XVI).