Compendio de Historia Sagrada. Curso 2016-17. Clases de Religión. Lección vigésima tercera. Reinado de David

Lección vigésima tercera

Reinado de David

¿Quién sucedió a Saúl? Después de la muerte de Saúl, David fue reconocido sucesivamente por rey por todas las tribus de Judá y de Israel, y con sus victorias contra sus enemigos consolidó su trono y dilató los confines del reino de Israel hasta la orillas del río Éufrates, al norte, y del golfo Elanítico, al sur.

¿Qué hizo David después de ser consagrado como rey? David, después de ser reconocido como rey por todas las tribus, se dedicó a formar un verdadero reino con sus instituciones, su capital y sus fronteras. En primer lugar conquistó Jerusalén que estaba en poder de los jebuseos. Esta ciudad quedó como capital del reino. Luego edificó en el monte Sión una casa para él.

¿Se puede decir que Jerusalén es también la Ciudad Santa? Sí. No se contentó David con los triunfos de guerra; su piedad le inclinó a ambicionar otra gloria más elevada: la de promover el culto de Dios con el esplendor y solemnidad que le correspondían. Y así hizo trasladar el Arca de la Alianza, que se hallaba en casa del levita Abinadab, desde que los filisteos la habían devuelto, hasta Jerusalén. Al conferir David a Jerusalén la categoría de capital religiosa, en adelante será la Ciudad Santa bendecida por la presencia del Señor, pues el Arca era símbolo de la presencia de Dios entre los suyos.

¿Fue solemne el traslado el Arca de Dios? El traslado del Arca se hizo con pompa extraordinaria y con una gran concurrencia del pueblo. Los levitas llevaron el Arca en hombros, marchando detrás los ancianos de Israel y gran número de músicos, que tocaban toda clase de instrumentos. David y toda la casa de Israel trasladaban el Arca del Señor entre gritos de júbilo y sonar de trompetas (2 S 6, 15).

¿Qué actitud adoptó David en el traslado del Arca de la Alianza? Una actitud de profunda humildad ante Dios. Cuando el Arca del Señor estaba entrando en la ciudad de David, Mical, hija de Saúl, que estaba mirando por la ventana, vio al rey David saltando y danzando ante el Señor y lo despreció en su corazón. Introdujeron el Arca del Señor y la colocaron en su sitio en medio de la tienda que David había mandado levantar. David ofreció ante el Señor holocaustos y sacrificios de comunión. Y cuando terminó la ofrenda del holocausto y de los sacrificios de comunión, bendijo al pueblo en nombre del Señor de los ejércitos. Después repartió a todo el pueblo, a toda la muchedumbre de Israel, hombres y mujeres, una torta de pan, un trozo de carne y un pan de pasas. Y se marcharon todos, cada uno a su casa. Cuando volvía David para bendecir su casa, salió a su encuentro Mical, la hija de Saúl, y le dijo: “¡Qué honorable ha estado hoy el rey de Israel, desnudándose a la vista de las criadas de sus servidores, como se desnuda un cualquiera!” Respondió David a Mical: “He danzado delante del Señor que me ha elegido y me ha preferido a tu padre y a toda tu familia, constituyéndome príncipe sobre el pueblo del Señor, sobre Israel. Y delante del Señor seguiré danzando. Estoy dispuesto a rebajarme más y a resultar más vil todavía ante tus ojos, pero seré más honrado por las criadas a las que te refieres”. Y Mical, hija de Saúl, no tuvo ya hijos hasta el día de su muerte (2 S 6, 16-23).

¿Qué interpretación se le ha dado a este pasaje bíblico? Algunos Padres de la Iglesia han visto en el Arca una figura de la Virgen María. Así el traslado del Arca sería figura de la visita de Santa María a su prima Isabel, y la danza de David, figura de Juan Bautista, alegre en el seno de su madre ante la Virgen María gestante de Jesús. El profeta David danzó ante el arca, pero ¿qué es el arca si no habáramos de Santa María? Pues el arca encerraba las tablas del testamento, María gestaba al heredero del testamento; el arca llevaba la Ley, María el Evangelio; el arca portaba la voz de Dios; María al Verbo; el arca brillaba por dentro y por fuera con el resplandor del oro, María brillaba por dentro y por fuera con el resplandor de la virginidad; el arca estaba adornada con oro terrenal, María con oro celestial (San Máximo de Turín, Sermones 42, 5).

¿Agradó siempre David a Dios? No. David, como hizo el primer hombre (Adán), a pesar de haber recibido todo de Dios, sucumbió ante la tentación y cometió dos pecados gravísimos: adulterio y asesinato. Sin embargo, ante el arrepentimiento del rey David prevalece la misericordia de Dios, que perdona a David.

¿Cómo es narrado este triste episodio de la vida de David? Con sobriedad. Sucedió una tarde que David, al levantarse de la cama se puso a pasear por la terraza del palacio real y vio desde allí a una mujer que se estaba bañando. Era muy bella. David mandó a preguntar por la mujer y le dijeron: “Es Betsabé, hija de Eliam, mujer de Urías, el hitita”. David envió a unos para que se la trajesen, y cuando llegó, durmió con ella que acababa de purificarse de la regla. Después, ella se volvió a casa. La mujer quedó embarazada y mandó recado a David para comunicárselo: “Estoy encinta” (2 S 11, 2-5). David decidió eliminar a Urías. Estaba a la sazón el pueblo de Israel en guerra con los amonitas, y David ordenó secretamente a Joab: Poned a Urías en primera línea, donde más recio sea el combate, y dejadlo solo para que sea alcanzado y muera (2 S 11, 15). Y así ocurrió. Urías, el esposo de Betsabé, murió en la batalla. Muerto Urías, David mandó traer a Betsabé a su casa y la hizo su esposa. Todo esto que David había hecho desagradó al Señor.

¿Castigó Dios a David por este horrendo pecado? Sí, aunque perdonó a David del pecado al ver su sincero arrepentimiento. El Señor envió a Natán ante David y cuando llegó a su presencia le dijo: “Había dos hombres en una ciudad, uno rico y otro pobre. El rico tenía ovejas y bueyes en abundancia. El pobre no tenía más que una corderilla que había comprado y criado; crecía junto a él y con sus hijos, comiendo de su mismo pan, bebiendo de su mismo vaso y durmiendo en su regazo. Era para él como una hija. Vino una vez un huésped a casa del rico y le dio pena tomar una de sus ovejas o de sus vacas para honrar al recién llegado; así que robó la corderilla al hombre pobre y se la preparó al viajero”. Se encendió la ira de David contra aquel hombre y dijo a Natán: “Vive el Señor, que el que haya hecho tal cosa es reo de muerte, y por haber actuado de esa manera, sin tener compasión, habrá de pagar cuatro veces por la corderilla”. Dijo entonces Natán a David: “Tú eres ese hombre. Así dice el Señor, Dios de Israel: ‘Yo te ungido como rey de Israel; Yo te librado de la mano de Saúl, te he entregado la casa de tu señor y he puesto en tu regazo las mujeres de tu señor; te he dado la casa de Israel y de Judá; y, por si fuera poco, voy a añadirte muchas cosas más. ¿Por qué has despreciado al Señor, haciendo lo que más le desagrada? Has matado a espada a Urías, el hitita; has tomado su mujer como esposa tuya y lo has matado con la espada de los amonitas. Por todo esto, por haberme despreciado y haber tomado como esposa la mujer de Urías, el hitita, la espada no se apartará nunca de tu casa’. Así dice el Señor: ‘Suscitaré el mal en tu casa; ante tus ojos te quitaré tus mujeres y se las daré a otro que dormirá con ellas a la luz del sol que vemos. Tú lo has hecho en secreto. Yo lo haré a la vista de todo Israel y a la luz del sol’”. David dijo a Natán: “He pecado contra el Señor”. Natán le respondió: “El Señor ya ha perdonado tu pecado. No morirás. Pero, por haber ofendido al Señor con esta acción, el hijo que te ha nacido morirá”. Y Natán se volvió a su casa (2 S 12, 5-15).

¿Cuál fue este castigo? El castigo que Natán le anuncia al rey David es triple pues corresponde al triple delito de asesinato, adulterio y abuso de un inocente. En concreto, por el asesinato, la espada no se apartará de la familia de David; este castigo se cumplirá en los hijos mayores Amón, Absalón y Adonías que morirán violentamente. En segundo lugar, por el adulterio, sus mujeres serán violentadas en público; esto se cumplirá cuando Absalón, hijo de David, haga suyo el harén de su padre. En tercer lugar, por la muerte de un inocente, el hijo que le dio Betsabé, fruto del adulterio, morirá apenas recién nacido.

¿Cómo fue el arrepentimiento de David? David lloró de verdad su pecado. Su arrepentimiento es ejemplar, humillándose ante el Señor y pidiéndole perdón. A pesar de sus debilidades y pecados, confió en la misericordia de Dios. Se puede decir que David es modelo de penitencia porque reconoció su pecado y así obtuvo el perdón divino. Su arrepentimiento quedó plasmado en el salmo miserere, donde con una gran belleza y profunda piedad se recoge la súplica de David pecador ante el Señor. Tan sincero fue el arrepentimiento David que durante el resto de su vida se distinguió por su penitencia y piedad.

¿Qué se dice en el salmo “miserere”? El rey David es en este salmo el modelo de arrepentimiento. Tras haber cometido crímenes contra su prójimo, los confiesa como pecados ante Dios con arrepentimiento sincero. Desde el fondo de su corazón desea cambiar radicalmente de vida, e implora a Dios que no le niegue su amistad. Promete mostrar su agradecimiento sirviendo al Señor continuamente y enseñando a otros los caminos divinos, para que ellos también cumplan en todo la voluntad de Dios.

Ten piedad de mí, oh Dios, // según tu misericordia: // Y según la muchedumbre de tus piedades, // borra mi iniquidad. // Lávame todavía más de mi iniquidad // y límpiame de mi pecado. // Porque yo reconozco mi maldad, // y delante de mí tengo siempre mi pecado. // Contra Ti solo he pecado; // y he cometido la maldad delante de tus ojos // a fin de que perdonándome, aparezca justo en cuanto hables, // y quedes victorioso en los juicios que de Ti se forme. // Mira, pues, que fui concebido en iniquidad, // y que mi madre me concibió en pecado. // Y mira que Tú amas la verdad: // Tú me revelaste los secretos y recónditos misterios de tu sabiduría. // Me rociarás, Señor, con el hisopo, y seré purificado: // me lavarás, y quedaré más blanco que la nieve. // Infundirás en mi oído palabras de gozo, y de alegría; // con lo que se recrearán mis huesos quebrantados. // Aparta tu rostro de mis pecados, // y borra todas mis iniquidades. // Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, // y renueva en mis entrañas el espíritu de rectitud. // No me arrojes de tu presencia, // y no retires de mí tu santo Espíritu. // Restitúyeme la alegría de tu Salvador; // y fortaléceme con un espíritu generoso. // Yo enseñaré tus caminos a los malos, // y se convertirán a Ti los impíos. // Líbrame de la sangre, oh Dios, Dios salvador mío, // y ensalzará mi lengua tu justicia. // Oh Señor, Tú abrirás mis labios; // y publicará mi boca tus alabanzas. // Que si Tú quisieras sacrificios, ciertamente te los ofreciera; // mas Tú no te complaces sólo con holocaustos. // El espíritu compungido es el sacrificio más grato para Dios: // no despreciarás, oh Dios mío, el corazón contrito y humillado (Sal 50, 3-19).

¿Compuso David más salmos? Sí. Hay varios salmos davídicos. En estos salmos que compuso el rey David, y que la Iglesia recita en sus oraciones y cantos litúrgicos, se ensalza portentosamente la grandeza de Dios, se implora su misericordia y se le pide su auxilio. Además, David como profeta, predice en los salmos los principales pormenores de la pasión y muerte del Mesías.

¿Cuál fue la pena mayor que tuvo el rey David? Además de la muerte del primer hijo que tuvo con Betsabé, entre las desgracias que sobrevinieron a David en castigo de sus pecados, ninguna le fue tan sensible como la rebelión de su hijo Absalón. Éste tomó las armas contra su padre para arrebatarle la corona, consiguiendo expulsar a David de Jerusalén. Sin embargo, pudo reunir David al otro lado del Jordán un pequeño ejército compuesto por hombres valerosos y fieles a su rey, que hizo marchar contra su hijo rebelde. Absalón fue derrotado en el bosque de Efraím; y viéndose perdido se puso en precipitada fuga en un mulo. Al pasar el mulo por debajo del ramaje denso de una gran encina, la cabeza de Absalón se enredó en ella. Él quedó suspendido entre el cielo y la tierra, mientras el mulo que montaba siguió su camino (2 S 18, 9). Enterado Joab de tal suceso, corrió allá inmediatamente, y atravesó con tres flechas a Absalón, desobedeciendo a David que había ordenado que se respetara la vida de su hijo. Enterado de la noticia de la victoria de su ejército y de la muerte de Absalón, David completamente desolado convirtió la victoria en luto, mientras entre lágrimas decía: ¡Hijo mío! ¡Absalón! ¡Hijo mío, hijo mío Absalón! Si yo pudiera haber muerto en tu lugar, Absalón, hijo mío, hijo mío (2 S 19, 1).

¿Qué promesa hizo Dios a David? El profeta Natán dijo a David de parte de Dios: Cuando hayas completado los días de tu vida y descanses con tus padres, suscitaré después de ti un linaje salido de tus entrañas y consolidaré su reino. Él edificará una casa en honor de mi nombre y yo mantendré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo (2 S 7, 12-14). Estas palabras se cumplen en Jesús, que es el “Hijo eterno del Padre” hecho hombre. Y más adelante añade el profeta: Tu casa y tu reino permanecerán para siempre en mi presencia y tu trono será firme también para siempre (2 S 7, 16). Es una profecía mesiánica. El Mesías será descendiente del rey David. Y el reino de Cristo durará para siempre.

¿Quién sucedió a David? Conociendo David que se acercaba el fin de sus días, dio sanos y prudentes consejos a su hijo Salomón, a quien había nombrado sucesor suyo. Después David fue a descansar con sus padres y fue sepultado en la Ciudad de David. El tiempo que reinó David sobre Israel fue cuarenta años; en Hebrón reinó siete años y en Jerusalén treinta y tres. Después Salomón se sentó sobre el trono de su padre David y reafirmó con fuerza su reino (1 R 2, 10-12).

Alegría en la tercera edad

Alegría en la tercera edad.

Toda la sociedad tiene una deuda moral con los ancianos y con razón se ha dicho que el modo en que los pueblos tratan a sus mayores revela su calidad humana. Los cristianos sabemos que la vida del hombre tiene un carácter trascendente; que después de trapasar las diferentes etapas dentro del proceso de crecimiento humano, la madurez es una puerta al infinito, a la eternidad.

Los últimos años de la vida son todo lo contrario a un túnel sombrío que aboca en la muerte como anonadamiento. Partiendo de la concepción cristiana del hombre se ve claro que no tiene sentido el deseo de tantos que anhelan la muerte simplemente para verse libres de las limitaciones que lleva consigo la vejez.

Pero hablemos de la vida y de sus posibilidades porque dentro de la familia cristiana los abuelos están llamados a compartir el gran tesoro de la experiencia. La familia necesita de los abuelos porque ellos pueden colaborar en la estabilidad familiar, la animación de la vida social y la conservación y transmisión de los valores del espíritu. Una persona mayor que verdaderamente crea en Dios es una joya de la que nadie querría desprenderse, es un a bendición para la familia.

La confesión

Para tomar la decisión de vivir como cristiano, es una equivocación esperar, dejándola siempre para más adelante. Quien se mete en el camino del después desemboca en el sendero del nunca. Conozco a alguno que parece haber convertido la vida en una perpetua “sala de espera”. Llegan y parten los trenes y él dice: “¡Saldré otro día! ¡Me confesaré al final de mi vida!”. Del “valiente Anselmo” decía Visconti-Venosta: Pasa un día, pasa otro / nunca vuelve el valiente Anselmo. Aquí tenemos todo lo contrario: Un Anselmo que no parte nunca. Supongamos que hay una guerra. El enemigo avanza destruyendo todo y asesinando en masa. Todos escapan: los aviones, los coches, los trenes son tomados al asalto.

¡Ven -le grito yo a Anselmo-, todavía queda un puesto en el tren , sube rápido!

Y él: –Pero ¿es cierto que el enemigo me hará papilla si me quedo aquí?

-¡Cierto no, podría perdonarte, podría suceder también que antes de su llegada pasase otro tren. Pero son posibilidades lejanas y se trata de la vida. Esperar todavía más es una imprudencia temeraria!

-¿No podré convertirme también más tarde?

-¡Ciertamente, pero será quizá más difícil que ahora. Los pecados repetidos se convierten en hábitos y en cadenas, que son más difíciles de romper. Ahora, corre, por favor!

(Cardenal Albino Luciani)

Evangelización de América (V)

Las Órdenes religiosas en la Evangelización de América y su propagación por el Nuevo Mundo (Siglo XVI)

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En Chile, la evangelización se inició muy pronto, con las primeras exploraciones. Las Órdenes religiosas se establecieron inmediatamente. Los mercedarios llegaron en 1550, los dominicos -a ruegos de Felipe II- estaban ya en Santiago a finales de 1577 y crearon la provincia de chile, Argentina y Paraguay.

En 1563 los franciscanos -establecidos en Chile desde 1552- fundaban convento en Santiago, aunque no se organizaron en provincia religiosa independiente hasta 1572. En 1593 llegaron los jesuitas, y dos años más tarde los agustinos.

Las dificultades para la cristianización de Chile fueron enormes. A las normales de escasez de claro y otras semejantes, habría de añadir la pobreza del territorio y la terrible guerra de los araucanos que comenzó en 1553.

Confesión sacramental

Se presentó cierto día a los pies de san Felipe de Neri un pobre joven extraviado hacía tiempo en una vida disoluta, y pidió confesarse. El santo lo acogió con su acostumbrada caridad, y oída la acusación de sus miserias le absolvió, poniéndole como penitencia que apenas hubiera recaído en sus torpezas volviese a confesarse. El joven prometió sinceramente hacerlo; y habiendo caído presto, cumplió su promesa, presentándose enseguida al santo. Éste le absolvió de nuevo, imponiéndole la misma penitencia y exhortándole a cumplirla fielmente. Fue el joven tan dócil, que habiendo recaído de nuevo, tornó otra vez a confesarse. Así siguió por algún tiempo; las recaídas, sin embargo, eran raras… hasta que por fin consiguió corregirse del todo y llegó a ser muy ejemplar y virtuoso.

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Del diario de un joven: Estoy triste; solo, sin Dios en mi alma. Necesito confesarme, pero no me atrevo. Me da vergüenza. Intento luchar, pero no puedo. Siento un peso enorme. Quizás vaya mañana. Sí, de mañana no pasa. Aun así no me quedo tranquilo. Sé que debo hacerlo ahora. ¿Seré capaz? ¿Podré vencer? Señor, te necesito; quiero conseguirlo pero me cuesta; dame fortaleza. Parece que poco me voy decidiendo. Alguien me anima por dentro: “¡Vence!” “¡Tú puedes!” Voy a dejarlo todo. Iré a confesarme. Son las nueve de la noche. Por fin me he confesado. Tengo una alegría enorme. Pienso que hoy debo aprender una lección importante: jamás caeré en la trampa de mi cobardía o de mi vergüenza. Confesaré semanalmente.

Compendio de Historia Sagrada. Curso 2016-17. Clases de Religión. Lección vigésima segunda. Reinado de Saúl y elección de David

Lección vigésima segunda

Reinado de Saúl y elección de David

¿Quién fue el primer rey de Israel? Saúl fue el primer rey ungido por mandato del Señor. Era hijo de Quis, de la tribu de Benjamín.

¿Qué sentido tiene la unción? La unción con óleo sagrado significaba la elección divina de una persona para desempeñar en nombre de Dios la función encomendada. Más tarde serán ungidos también los sacerdotes e incluso los profetas. Pero sólo el rey de Israel es denominado el “ungido del Señor”, en cuanto elegido como representante de Dios para dirigir al pueblo. En este sentido el rey de Israel, sobre todo a partir de David, es figura de Jesús, llamado Cristo. Cristo viene de la traducción griega del término hebreo “Mesías” que quiere decir “ungido”. No pasa a ser nombre propio de Jesús sino porque Él cumple perfectamente la misión divina que esa palabra significa. En efecto, en Israel eran ungidos en el nombre de Dios los que le eran consagrados para una misión que habían recibido de Él. Éste era el caso de los reyes, de los sacerdotes y, excepcionalmente, de los profetas. Éste debía ser por excelencia el caso del Mesías que Dios enviaría para instaurar definitivamente su reino. El Mesías debía ser ungido por el Espíritu del Señor a la vez como rey y sacerdote. Jesús cumplió la esperanza mesiánica de Israel en su triple función de sacerdote, profeta y rey (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 436).

¿Cómo fue elegido Saúl para ser rey? Samuel convocó al pueblo en Mispá, junto al Señor, y dijo a los hijos de Israel: “Así dice el Señor, Dios de Israel: Yo hice subir a Israel de Egipto y os libré de la mano de los egipcios y de la mano de los reinos que os oprimían. En cambio, vosotros habéis rechazado hoy a vuestro Dios, al que os salvado de todos los males y de vuestras tribulaciones, y habéis dicho: ‘No. Tú nómbranos un rey’. Así pues, congregaos ante el Señor por tribus y por familias”. Samuel ordenó que se acercaran todas las tribus de Israel y fue elegida por suerte la tribu de Benjamín. Mandó luego que se acercara la tribu de Benjamín, por familias, y fue elegida por suerte la familia de Matrí; finalmente fue elegido por suerte Saúl, hijo de Quis (1 S 10, 17-21).

¿Quién ungió a Saúl y cómo fue? Samuel. Un día Saúl salió a buscar unas asnas que su padre había perdido en el campo, pero no las encontró. Entonces un criado le dijo que consultase con un vidente, pues seguramente el vidente le diría dónde encontrar las asnas. Y Saúl fue a la ciudad en busca del vidente. Cuando Samuel vio entrar por la puerta a Saúl, el Señor le dijo: Éste es el hombre del que te hablé; éste regirá mi pueblo (1 S 9, 17). Saúl se acercó a Samuel para preguntarle por el vidente, y Samuel le respondió que él era el vidente. Entonces Samuel ungió a Saúl, derramando sobre su cabeza aceite, mientras le decía: He aquí que el Señor te ha ungido como príncipe de mi pueblo Israel. Tu regirás al pueblo del Señor y le librarás de la mano de los enemigos que le rodean (1 S 10, 1). Saúl sólo tenía entonces veintidós años. Era aventajado y robusto; no había en Israel nadie más alto que él.

¿Cuál fue el comportamiento de Saúl una vez ya rey? El nuevo rey siguió al principio los caminos del Señor, que le hablaba por boca de Samuel, y triunfó en las batallas contra los enemigos de su pueblo, venciendo sucesivamente a los amonitas y a los filisteos. En esta última guerra -la de los filisteos- sobresalió Jonatán, hijo de Saúl. Sin embargo, luego Saúl abandonó el buen camino, irritó al Señor con su desobediencia, y acabó por hacérsele odioso.

¿En que desobedeció Saúl a Dios? Samuel mandó a Saúl, de parte de Dios, que atacase a los amalecitas, enemigos acérrimos de su pueblo y les hiciese una guerra de exterminio, incluyendo al ganado. Aunque Saúl obedeció en parte, no lo hizo de forma completa como le pedía el Señor. Por codicia perdonó la vida a Agag, rey de Amalec, y se quedó con lo mejor del ganado menor y mayor -las reses cebadas y corderos- de los amalecitas, cuando el Señor le había dicho que no dejara nada con vida. Fue cuando el Señor dijo a Samuel: Me arrepiento de haber constituido a Saúl rey porque se ha apartado de mí y no ha cumplido mis palabras (1 S 15, 11).

¿Qué pasó entonces? Saúl trató de excusar su falta, respondiendo a las reconvenciones que le hizo Samuel por haber desobedecido a Dios, diciendo: El pueblo tuvo lástima de los mejor del ganado mayor y menor con intención de ofrecerlos en sacrificio al Señor, tu Dios (1 S 15, 15). Pero Samuel le replicó: ¿Se complace el Señor en holocaustos y sacrificios o más bien en quien escucha la voz del Señor? La obediencia vale más que el sacrificio, la docilidad más que la grasa de los carneros (1 S 15, 22). Entonces Saúl le dijo a Samuel: “He pecado al desobedecer la orden del Señor y tus palabras. Tuve miedo al pueblo y le hice caso; pero ahora, tú, perdona mi pecado, vuelve conmigo y me postraré ante el Señor”. Samuel le respondió: “No volveré contigo. Has rechazado la palabra del Señor y Él te rechaza como rey de Israel”. Samuel se volvió para marcharse, pero Saúl le agarró por el extremo del manto, que se rasgó. Sin embargo le dijo Samuel. “El Señor te ha arrancado hoy el reino de Israel para entregarlo a otro más digno que tú” (1 S 15, 24-28).

¿Quién fue el elegido por Dios para ocupar el puesto de Saúl? El Señor ordenó a Samuel que fuese secretamente a Belén para ungir al que había elegido para ser rey de Israel. El Señor le dijo a Samuel que el elegido era un hijo de Jesé de Belén, pero sin decir cuál de los hijos era. Samuel hizo lo que le había dicho el Señor. Ya en Belén preguntó a Jesé por sus hijos. Éste les fue presentando a todos sus hijos, empezando por el mayor; pero ninguno de los siete hijos de Jesé que vio Samuel era el elegido del Señor. Samuel dijo entonces a Jesé: “¿No te quedan más hijos?” Él respondió: “Todavía queda el más pequeño que está apacentando el rebaño”. Samuel dijo a Jesé: “Manda que lo traigan, pues no nos sentaremos hasta que haya llegado”. Jesé mandó que lo trajeran. Era rubio, de ojos hermosos y de buena presencia. El Señor dijo a Samuel: “Levántate y úngelo. Él es”. Tomó, pues, Samuel el cuerno de aceite y lo ungió entre sus hermanos. El espíritu del Señor invadió a David desde aquel día. Samuel se levantó y partió hacia Ramá (1 S 16, 11-13).

¿Qué le pasó a Saúl? El espíritu de Dios abandonó a Saúl, que cayó en la más profunda melancolía. Le aconsejaron que combatiese el estado melancólico oyendo tocar algunos instrumentos de música, y como David tañía muy bien el arpa, fue llamado para vivir en la casa del rey. Y así cuando el mal espíritu asaltaba a Saúl, David tomaba el arpa y tocaba; Saúl se aliviaba y se sentía mejor, y el mal espíritu se alejaba de él (1 S 16, 23).

¿Cómo surgió la fama del joven David? Los filisteos, repuestos de la derrota infligida por Saúl, se prepararon para entrar en guerra contra los israelitas. Cuando los dos ejércitos se hallaban frente a frente -el israelita formado en orden de combate- de las filas filisteas salió un gigante guerrero, llamado Goliat, desafiando a singular combate al que se creyese el más valiente de los guerreros israelitas, con estas palabras: ¿Por qué habéis salido en orden de combate? Yo soy filisteo; vosotros, hijos de Saúl. Elegid a uno de vosotros y que baje a enfrentarse conmigo. Si se atreve a luchar conmigo y me vence, seremos siervos vuestros; pero si yo consigo vencerle, seréis siervos nuestros y nos serviréis (1 S 17, 8-9). Ningún israelita se atrevió a aceptar el reto de tan formidable adversario, por más que Saúl había prometido darle por esposa a su hija y eximirle de pagar impuestos al que venciera a Goliat. Enterado David del reto, aunque era muy joven, se presentó a Saúl y le dijo: Que nadie se acobarde por este filisteo. Yo, tu siervo, iré y lucharé con él (1 S 17, 32). Y así, sin más armas que su honda, cinco cantos lisos y el cayado de pastor se dirigió en busca del gigante filisteo. Goliat al verle de esa forma, le gritó: “¿Soy yo un perro para que te acerques a mí con un cayado?” Y maldijo a David por sus dioses falsos. Luego dijo a David: “Ven hasta mí, que voy a entregar tus carnes a las aves del cielo y a las fieras del campo”. David contestó al filisteo: “Tú vienes a mí con espada, lanza y jabalina. Yo, en cambio, voy a ti en el nombre del Señor de los ejércitos, del Dios de las huestes de Israel a las que has escarnecido. Hoy el Señor te va a entregar en mis manos, te venceré y te arrancaré la cabeza; hoy mismo les daré tu cadáver y los cadáveres de los campamentos filisteos a las aves del cielo y a las fieras de la tierra para que todo el mundo sepa que hay un Dios en Israel. Y toda esta asamblea conocerá que el Señor obtiene la salvación no con espada y lanza: que del Señor es esta guerra y Él os entregará en nuestras manos” (1 S 17, 43-47). Y tomando carrera, hizo girar rápidamente su honda, le dio al soberbio Goliat una pedrada en la frente que le hizo caer desplomado en tierra. Entonces David se lanzó en seguida sobre él, y con la misma espada del filisteo le cortó la cabeza.

Se alzó un gran clamoreo, y poseídos los filisteos del más espantoso pánico, emprendieron la huída, mientras los israelitas, al grito de victoria, fueron corriendo en persecución de sus enemigos matando a muchos de ellos.

¿Cómo reaccionó Saúl con la victoria de David? El rey Saúl puso a David al frente de los hombres de guerra y éste alcanzó el favor a los ojos de todo el pueblo y también a los ojos de los servidores de Saúl. En especial, el hijo de Saúl, Jonatán, se sintió unido a David y le tomó tanto afecto como a sí mismo. Tanto es así, que David y Jonatán establecieron un pacto de amistad, que en momentos difíciles se invocará como “pacto del Señor”, es decir, pacto sagrado. La amistad sincera entre David y Jonatán, además de reflejar la magnanimidad de ambos, es fundamental para dejar claro que David nunca quiso arrebatarle el trono a Jonatán, al que correspondía por ser hijo de Saúl, sino que accedió a él por designio divino, sin violentar los acontecimientos. Además, David llegó a ser yerno del rey, pues Saúl le dio por esposa a su hija Mical. Siempre salía David con éxito de todas las expediciones que Saúl le encomendaba.

¿Gozó siempre David del favor del rey? No. Sucedió que a su regreso, cuando volvía David de vencer al filisteo, las mujeres salían de todas las ciudades de Israel cantando y danzando ante el rey Saúl, al son de alegres panderos y tímpanos. Las mujeres cantaban gozosas a coro: “Saúl ha matado a mil y David a diez mil”. Se irritó mucho Saúl y le desagradó esta copla, pues decía: “Le atribuyen a David diez mil y a mí sólo mil; no les falta más que hacerlo rey”. Desde entonces Saúl no miraba a David con buenos ojos (1 S 18, 6-9). Pronto, pues, la admiración de Saúl por David tras la derrota de Goliat se transformó en envidia y celos. A la vez que crece el aprecio y el entusiasmo de los ciudadanos que incluso inventan una canción, crece también la envidia del rey, que varias veces intentó matar a David. En vista del peligro que le amenazaba, huyó David de la casa de Saúl, y, protegido por el Señor, pudo librarse de la injusta persecución de tan poderoso enemigo.

¿Cuál fue la última desobediencia de Saúl a Dios? El rey Saúl, sabiendo que la nigromancia estaba prohibida en Israel, pues implica querer arrogarse un conocimiento que solamente corresponde a Dios, fue a consultar a una mujer nigromante en Endor. Se disfrazó Saúl con otras vestiduras y se encaminó con dos de sus hombres llegando donde la mujer cuando ya era de noche. Y le dijo: “Hazme un rito de adivinación evocando a un muerto y haz que aparezca el que yo te diga” (1 S 28, 8).

¿Cuál fue el motivo del final del reinado de Saúl? La muerte del rey en batalla. Los filisteos entraron una vez más en combate contra Israel, y los israelitas huyeron ante ellos y cayeron heridos de muerte. Antes de la batalla, Saúl se hallaba al frente de sus tropas, acampadas en el monte Gelboé. Ya presentía la derrota, y así ocurrió efectivamente. Su ejército quedó completamente destrozado; perecieron en la batalla tres hijos de Saúl, entre ellos Jonatán. El rey, para no ser hecho prisionero, se atravesó el cuerpo con su espada.

¿Cómo reaccionó David con noticia de la muerte de Saúl? Cuando supo David la muerte de Saúl y las de sus hijos, rasgó sus vestidos en señal de duelo, y derramó muchas lágrimas. Además entonó una elegía sobre Saúl y Jonatán, cuyo final es: ¡Cómo han caído los fuertes en la pelea! ¡Jonatán, muerto sobre tus collados! Siento angustia por ti, Jonatán, hermano mío, tan grato para mí. Era tu amor para mí más preciado que el amor de las mujeres. ¡Cómo han caído los valientes, cómo han perecido los guerreros! (2 S 1, 25-27).

Compendio de Historia Sagrada. Curso 2016-17. Clases de Religión. Lección vigésima primera. Historia de Rut

Lección vigésima primera

Historia de Rut

¿Por qué esta historia? El libro de Rut narra de cómo una mujer extranjera, de cuya descendencia nacería el rey David -y por tanto, también Jesucristo- se incorporó al pueblo de Israel. Rut aparece en la genealogía del Mesías que está en el Evangelio según san Mateo.

¿En qué época se sitúa la historia de Rut? Al final del tiempo en que el pueblo israelita era gobernado por jueces. Aproximadamente, en el siglo XI antes de Cristo.

¿Quién era Rut? Antes de hablar de Rut hay que hacer una referencia a Elimélec. Éste era un judío, de Belén de Judá, que salió de su tierra cuando hubo una gran hambre en su país. Se fue a vivir a los campos de Moab, junto con su mujer -Noemí- y sus dos hijos, Majlón y Quilyón. Cuando murió Elimélec, su viuda se quedó con sus dos hijos; éstos se casaron con mujeres moabitas, una se llamaba Orfa y la otra Rut. En Moab permanecieron diez años, al cabo de los cuales murieron Majlón y Quilyón. Noemí se vio entonces en tierra extranjera sin su marido y sin sus dos hijos.

¿Qué hizo entonces Noemí? Angustiada de dolor, resolvió volver a su tierra, pues había oído que el hambre había desaparecido de la tierra de Judá. En principio, sus nueras estaban dispuestas a acompañarla. Pero Noemí dijo a sus dos nueras: Marchaos, regresad cada una a la casa de su madre, y que el Señor tenga con vosotras la misericordia que habéis tenido con los difuntos y conmigo, y que os conceda a las dos encontrar descanso en casa de un nuevo esposo (Rt 1, 8-9). Ninguna de las dos querían dejar sola a su suegra y le dijeron: Regresaremos contigo a tu pueblo (Rt 1, 10). Sin embargo, Noemí insistió. Entonces Orfa lloró mucho, besó a su suegra y después se marchó a su casa paterna.

¿Cuál fue la decisión de Rut? La de quedarse con su suegra. Noemí, al ver que Rut estaba decidida a acompañarla, le dijo: “Mira que tu cuñada regresa a su pueblo y a sus dioses, ¡vete con ella!” Pero Rut le respondió: “No me obligues a marcharme y a alejarme de ti, pues adonde vayas iré y donde pases las noches las pasaré yo; tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios; donde mueras moriré y allí mismo recibiré sepultura. Que el señor me haga esto y aquello me añada, si no es la muerte lo que nos separe a ti y a mí”. Al ver Noemí la firmeza de Rut, dejó de insistirle (Rt 1, 15-18). Así, pues, se marcharon juntas las dos y llegaron a Belén en la época de la siega.

¿Cómo fue el encuentro de Rut con Booz? Según la Ley estaba previsto que después de segar un terreno no se volviese a recoger lo que se les hubiera caído u olvidado a los segadores, de modo que los necesitados pudieran alimentarse de las espigas que quedasen en el suelo. Rut, acogiéndose a esta medida humanitaria, sale tras los segadores para buscar algo de alimento y entra en un campo, que resulta ser de un hombre rico y bondadoso llamado Booz. Éste, al visitar su campo y ver la labor de sus hombres, reparó en la muchacha. Entonces Booz preguntó: “¿De quién es esta muchacha?” El criado que estaba al frente de los segadores respondió: “Es la muchacha moabita que ha venido con Noemí desde la campiña de Moab. Me ha pedido que la deje rebuscar y espigar entre las gavillas tras los segadores; y está ahí, en el campo, desde esta mañana sin descansar un solo momento”. Y Booz dijo a Rut: “Escucha, hija mía. No vayas a espigar en otro campo; no hace falta que te salgas de éste; únete a mis muchachas. Fíjate en qué campo van a segar y síguelas. He dado orden de que no te molesten; y si tienes sed, toma los botijos y bebe del agua que saquen los criados” (Rt 2, 5-9).

¿Por qué tuvo Booz tanta benevolencia con Rut? La primera sorprendida de la actitud de Booz fue Rut, que le preguntó: “¿Cómo es que he encontrado gracia a tus ojos y te has fijado en mí, que soy extranjera?” Booz le contestó diciendo: “Me han contado con detalle todo lo que has hecho por tu suegra tras la muerte de su marido; que dejaste a tu padre, a tu madre y a tu tierra natal y te marchaste a un pueblo que no conocías: Que el Señor te pague por lo que has hecho, y que te colme de bienes el Señor, Dios de Israel, bajo cuyas alas buscaste refugio” (Rt 2, 10- 12).

Satisfecha y alegre Rut con esa expresión de bondad, contó a su suegra por la tarde todo lo que le había pasado, y Noemí exclamó: ¡Que el Señor, cuya piedad no abandona a los vivos ni a los muertos, lo bendiga! (Rt 2, 20).

¿Cuál es el final de esta historia? Booz, prendado de Rut, la tomó como esposa. Dios bendijo el matrimonio con un hijo, Obed, que fue padre de Jesé, y éste a su vez es padre del rey David. De este modo, esta mujer moabita que dejó su familia y su tierra por fidelidad al Dios de su esposo, fue premiada con generosidad por ese Dios que hizo de ella una de las grandes mujeres que protagonizaron la historia de la salvación. San Ambrosio comenta: Con razón recordó san Mateo mediante su Evangelio que el Señor, que habría de llamar a los gentiles a incorporarse a la Iglesia, Él mismo asumió según la carne un linaje en el que había extranjeros (Expositio Evangelii secundum Lucam 3, 33).