Catequesis sobre la Confesión (XXI)


Del libro: Un Dios que perdona

(El sacramento de la Penitencia explicado a los jóvenes)

Capítulo 4: Confesión (continuación)

Y los pecados dudosos, ¿cómo se confiesan? Cuando hay dudas, lo primero que debe hacerse es poner los medios razonables para salir de ella; en este caso, bien sea cuidando el examen de conciencia, o bien pidiendo al confesor que le saque de la duda.

En el caso de un pecado dudoso (la duda puede recaer sobre una de estas tres cosas: 1º si se cometió o no el pecado; 2º si fue grave o leve; 3º si está ya confesado o no) y sin haberse obtenido ningún resultado después de hacerse lo dicho anteriormente, el consejo más común es que se debe como confesar el pecado como dudoso, o sea, tal como está en la conciencia. Las personas escrupulosas no deben acusarse de sus pecados dudosos, por la gran facilidad con que surgen en su espíritu dudas del todo infundadas. Deben obedecer al confesor cuando les mande omitir los pecados dudosos.

Y terminamos con los requisitos para hacer una buena confesión con el quinto y último.

* Cumplir la penitencia, que es rezar las oraciones y hacer las buenas obras que mande el confesor para satisfacer por la pena temporal de los pecados.

Has dicho que el examen de conciencia debe ser “profundo y diligente”. ¿Podrías indicar cómo hacerlo? Por supuesto que el examen de conciencia no puede ser algo que se hace rápidamente, sino debe ser detenido, máxime cuando el que se va a confesar lleva bastante tiempo sin acudir al sacramento de la Penitencia. Puede servir de ayuda, a la hora de repasar los mandamientos de la Ley de Dios y los de la Iglesia una serie de preguntas. A continuación están 73 preguntas, algunas de ellas con aclaraciones, que ayudan a examinar la conciencia.

¿Podrías decirme cómo hay que confesarse? Me imagino que esta pregunta se refiere a la forma de decir los pecados. Pues bien, la confesión de los pecados debe ser concisa, concreta, clara y completa.

* concreta: sin generalizaciones, pero dando todos los datos necesarios para que se cumpla el sacramento y para que el confesor pueda dar unos consejos al penitente. No vale decir: Menos matar, he cometido todos los pecados. Tampoco vale decir: soy soberbio o vanidoso. La soberbia no es un cajón de sastre al que va todo. Si uno se enfada, dice que se ha enfadado, no que tiene soberbia. Y si uno menosprecia a los demás porque se cree superior (pura soberbia), dice que ha menospreciado al prójimo. Ya se ha dicho que hay que decir los pecados en su especie ínfima. Algo concreto. No basta decir: He pecado contra la caridad, porque esto no es nada concreto. Se puede pecar contra la caridad insultando a una persona o dejándola morir por no socorrerla.

* concisa: sin rodeos, con sencillez y humildad como consecuencia de un examen hondo, lleno de dolor. Se trata de no alargarse con explicaciones inútiles.

* clara: sin deformar, ni encubrir, ni mediatizar, sin excusarse, para que se pueda juzgar exactamente el estado del alma del penitente.

* completa: diciendo todos los pecados mortales cometidos.

En la Confesión hay que decir los pecados, no las virtudes que uno tiene. Para hablar de las virtudes y de las cosas buenas que uno hace (por la gracia de Dios) está la dirección espiritual. Y los pecados propios. No hay que decir los pecados del prójimo. Ya éste los dirá cuando se confiese él. Y en el caso de que se haya pecado con la complicidad de otra persona (u otras personas) no hay que decir el nombre del cómplice (o de los cómplices). Además, el sacerdote no lo puede preguntar.

¿Y qué es eso de las absoluciones colectivas? En caso de peligro de muerte (y en algún otro caso) un sacerdote puede dar la absolución sacramental (perdonar los pecados) a todo un grupo a la vez. Por ejemplo, un avión que se va a estrellar y entre los pasajeros está un sacerdote. Éste puede decir al resto del pasaje que se arrepienta de sus pecados que les va a absolver de sus pecados. Y a los pasajeros se les perdonan los pecados. Pero como ves es algo excepcional.

La Iglesia dice con respecto a las absoluciones colectivas: No puede darse la absolución colectiva a varios penitentes a la vez sin previa confesión individual y con carácter general a no ser que: 1º amenace un peligro de muerte, y el sacerdote o los sacerdotes no tengan tiempo para oír la confesión de cada penitente; 2º haya una necesidad grave, es decir, cuando, teniendo en cuenta el número de penitentes, no hay bastantes confesores para oír debidamente la confesión de cada uno dentro de un tiempo razonable, de manera que los penitentes, sin culpa por su parte, se verían privados durante notable tiempo de la gracia sacramental o de la sagrada comunión; pero no se considera suficiente necesidad cuando no se dispone de confesores a causa sólo de una gran concurrencia de penitentes, como puede suceder en una gran fiesta o peregrinación (Código de Derecho Canónico, c. 961).

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