Memoria histórica de la persecución religiosa en España durante el siglo XX


Joven apóstol de los obreros (Beato Joan Roig i Diggle)

Beatificación en la “Sagrada Familia”

El 7 de noviembre de 2010, el papa Benedicto XVI dedicó el templo expiatorio de la Sagrada Familia, de Barcelona, que desde ese día pasó ser Basílica Menor. Diez años más tarde, en ese mismo templo tuvo lugar la ceremonia de la beatificación de un joven catalán de 19 años, mártir de la fe. El nuevo beato -Joan Roig i Diggle- era una joven apasionado por la evangelización de los alejados, pero también por la cuestión social, sobre la que escribió varias veces a partir de los 17 años. Fue un joven normal, con los gustos y aficiones propias de su edad, que desde pequeño tenía la ilusión de ser un sacerdote enamorado de la Eucaristía y apóstol de los obreros. Quería estar con ellos para conocerlos, quererlos y para llevarles la Buena Nueva de Cristo. No llegó a realizar estos deseos pues fue asesinado por los enemigos de la Iglesia. Dios le concedió la palma del martirio.

En una familia cristiana

Joan Roig Diggle nació en Barcelona el 12 de mayo de 1917. Su padre era Ramón Roig Fuente y su madre era Maud Diggle Puckering. Ambos padres eran barceloneses, aunque con su madre, de familia inglesa, hablaba en inglés. De niño estudió en los Hermanos de La Salle de la calle Condal. Después estudió bachillerato en los escolapios de la calle Diputación. Tuvo como profesores a los sacerdotes escolapios Ignacio Casanovas y Francesc Carceller, que serían mártires y beatos.

Durante su infancia, la familia de Joan era burguesa razonablemente acomodada. Su padre, catalán, tenía un pequeño negocio textil. Pero cuando Joan entró en la adolescencia, la crisis del textil, y más en concreto a partir de 1934 unas deudas por avales, hundieron la economía familiar. Empobrecida la familia, se trasladó a El Masnou, un municipio de la provincia de Barcelona, situado en la costa del Maresme. En este lugar, los Roig Diggle podían vivir con más austeridad, y además tenían el mar muy cerca. Cada día rezaban el rosario en familia, alternando el inglés, el castellano y el catalán. De niño estudió en los Hermanos de La Salle de la calle Condal. Después estudió bachillerato en los escolapios de la calle Diputación. Tuvo como profesores a los sacerdotes escolapios Ignacio Casanovas y Francesc Carceller, que serían mártires y beatos.

Trabajo y estudio

Joan, cuando ya tenía 16 años, para apoyar la difícil economía familiar comenzó a trabajar como dependiente en una tienda de ropa. Durante dos años estuvo en el almacén de tejidos, y luego trabajó de obrero en una fábrica textil de Barcelona. Todo sin dejar de estudiar por su cuenta desde casa, con el objetivo de llegar a ser quizá abogado, porque estaba muy interesado en temas de doctrina social y laboral. Era, por lo tanto, estudiante y obrero de fábrica. Al llegar a El Masnou, ingresó en la Federación de Jóvenes Cristianos de Cataluña (FJCC), creada en 1932 por mosén Albert Bonet y que llegó a contar con ocho mil muchachos antes de la guerra.

Iba a misa diaria muy temprano de madrugada en El Masnou y luego en tren recorría los 17 kilómetros hasta Barcelona para entrar en la fábrica de Can Font, en el barrio de Poble Sec. Solía santiguarse al entrar en el vagón de tercera, con otros obreros, y sus compañeros -la mayoría de ellos alejados de la fe- conocían su firme religiosidad.

Joan Meseguer, presidente en 1936 de la rama infantil de la FJCC, escribió acerca de Joan Roig: Cuando vino a El Masnou nadie lo conocía, pero muy pronto se hizo notoria su piedad y ardiente amor a la Eucaristía. Se pasaba horas ante el Santísimo sin darse cuenta. Su ejemplo convertía más que sus palabras. Quería ser misionero. En un Círculo de estudios celebrado pocos días antes del 18 de julio nos dijo que veríamos a Cataluña roja, pero no sólo de comunismo, sino de la sangre de sus mártires, y que nos preparásemos todos, porque si Dios nos había elegido para ser uno de éstos, debíamos estar dispuestos a recibir el martirio con gracia y valentía como corresponde a todo buen cristiano, y así lo hacían los primeros en las catacumbas.

El joven Roig fue designado responsable de la rama infantil (10 a 14 años) de la FJCC, que eran unos veinte niños. Más tarde, se implicó con más cargos en la FJCC y se hizo amigo de su consiliario, el padre Pere Llumá, que fue su director espiritual. También trató mucho con el beato Pere Tarrés, que entonces era un joven médico laico y vicepresidente de la FJCC.

La Federación de Jóvenes Cristianos de Cataluña

Esta asociación de jóvenes fue sometida a una dura persecución anticlerical al empezar la Guerra Civil española. La asociación apenas tenía 4 años de historia, y sería disuelta en 1939 tras la guerra, pero se calcula que produjo unos 300 mártires para Cristo.

El sacerdote Albert Bonet i Marrugat, de Barcelona, recorrió en los años 30 distintas ciudades europeas para conocer los movimientos juveniles católicos de la época. Inspirado en la JOC de Joseph Cardijn en Bélgica, impulsó, con otros clérigos y laicos, la Federación de Jóvenes Cristianos de Cataluña. La asociación fundada en 1930 creció muy rápidamente. En julio de 1936, justo antes de comenzar las persecuciones, llegó a sumar 14.000 afiliados de 15 a 35 años y 8.000 en la rama infantil, de 10 a 14 años.

Tenían sedes y bases en las parroquias y a cada grupo les acompañaban sacerdotes “amigos de los jóvenes”. Realizaban actividades deportivas, culturales, de canto, de tiempo libre, de formación y de fe. Al crecer se organizaron en subfederaciones agrícolas, escolares, obreras, de dependientes de tiendas y universitarios. Cubrían todos los ámbitos en los que se movía un joven.

Su revista oficial se llamaba Flama. Controlaban otra publicación influyente, El Matí. Y, para los niños, L’Avant. Se veían como un movimiento de juventudes católicas no adheridas a ningún partido. Adoptaron como lema la frase atribuida al ya difunto obispo de Vic Torras i Bages (1846-1916): Cataluña será cristiana o no será y proclamaban el amor a la Iglesia y, específicamente, a su magisterio social.

Entre otros mártires beatos de la FJCC está el beato Josep Guardiet, uno de los sacerdotes consiliarios de la asociación, párroco en Rubí. Le detuvo un chico de 16 años que había sido monaguillo suyo asegurando que el Comité de Milicias le había pedido llevarlo a la prisión del pueblo “por su seguridad”. Lo fusilaron milicianos de Barcelona (no de Rubí) en la carretera de la Rabassada.

Orador apasionado interesado en la doctrina social

Joan Roig tuvo varias responsabilidades en la Federación de Jóvenes Cristianos de Cataluña. No sólo tenía a su cargos una veintena de niños (que se llamaban “vanguardistas” y le recuerdan con afecto y por su devoción eucarística) sino que le encargaban realizar predicaciones para otros jóvenes, a veces sobre temas de doctrina social, otras veces sobre temas de devoción y piedad. El joven mártir es recordado como un orador apasionado, que se movía por el escenario agitando las manos con emoción, cosa no muy frecuente en la época. Explicó a su hermana que las primeras charlas que dio las preparó mucho, pero pronto empezó a dejar los papeles a un lado, rezando al Espíritu Santo y dejando que Él le inspirara.

En las publicaciones de la Federación de Jóvenes Cristianos (Flama, o el boletín de su grupo local, Mar Blava) escribió en varias ocasiones sobre temas de doctrina social, que conocía a partir de las encíclicas papales. En aquella época no había las facilidades de hoy para documentarse, pero, por otra parte, los documentos papales sobre la cuestión social no eran tantos en esa época y a ellos acudía Joan. Se basaba sobre todo en la Rerum novarum de León XIII (de 1892) y la Quadragesimo anno de Pío XI (de 1931).

Sus enseñanzas sociales

He aquí diez de sus enseñanzas sociales, recordando que las escribió entre 1934 y 1936, que tenía entre 17 y 19 años y que no era historiador ni estudiante aún de ninguna carrera universitaria, sino un joven apasionado por la evangelización de los obreros y la justicia social, que escribió justo antes de empezar la Guerra Civil española.

1. El ejemplo de la esclavitud. Para abolir la esclavitud, por ejemplo, la Iglesia no procedió como Espartaco, capitaneando una revuelta violenta, sino que fue transformando, siglo tras siglo, el corazón de los señores con la difusión diaria de su doctrina de fraternidad, y la esclavitud cayó ella sola cuando la sociedad se hizo suficientemente cristiana como para que aquella injusticia repugnara a la nueva constitución de los espíritus.

2. No a la revolución; sí a la rectificación del espíritu. El tumulto externo compromete la eficacia de las grandes reformas; enturbia los espíritus les da el gusto al desorden que hace imposible el arreglo de toda mejora y apasiona a los hombres, impulsándolos hacia las exageraciones comprometedoras de las grandes ideas de justicia; la Iglesia conocer esto por instinto divino y por experiencia humana, y por eso prefiere trabajar silenciosamente en la rectificación de los espíritus con la que se consiguen todas las ventajas de la revolución, evitando todas las desventajas.

3. Que los socialistas mediten un poquito… (La Iglesia arma) los espíritus con la doctrina de la igualdad de todos los hombres delante de Dios y de la dignidad natural, y sobrenatural, de la persona humana, que no consiste en la riqueza, ni en la cultura, ni en la influencia social, sino en el hecho de ser hijo de Dios, alta categoría sagrada, rica en los derechos más augustos y exigentes, que nuestros socialistas harían bien en meditar un poquito.

4. Es normal que la Iglesia reciba críticas de unos y otros. La Iglesia elabora su doctrina social sin afán de popularidad y exponiéndose a las críticas de unos y de otros y esperando tranquilamente con la fe del que tiene toda la certeza y con las esperanza del que tiene todo el tiempo, que los programas inspirados en la ambición o el odio vayan desinflándose de su popularidad, poniendo cordura aquel carácter objetivo que da la experiencia de la vida.

5. La eficacia verdadera no es inmediata ni popular. La Iglesia deja a otros el papel de agitador, de leader de masas, de luchador contra unos hombres o unas clases, exponiéndose a una impopularidad momentánea, abnegación indispensable a toda persona o institución que aspirar a la mejora de la sociedad sinceramente y de buena fe. Los que la critican porque no actúa ni hace de revolucionaria, además de olvidar su misión substancial que abarca a todos los hombres, ignoran su amor a la eficacia verdadera, que no es nunca la inmediata.

6. Las nacionalidades y la Iglesia: que busquen el reino de Dios. En el problema de las nacionalidades no hay que esperar que la Iglesia haga ninguna revolución, ni provoque ningún alzamiento, ni tan siquiera que riña con los hombres por una cuestión que, a fin de cuentas, es puramente terrena. Pero, dentro de su peculiar competencia, la Iglesia siempre ha sostenido la teoría y la práctica del derecho que cada pueblo tiene a cultivar su lengua mientras él así lo ha querido. La Iglesia hace todo lo que esté en su mano para favorecer a los pueblos desgraciados, da el ejemplo y da la idea. Lo demás no es cosa suya, sino añadidura que la naturaleza, instrumento de la Providencia, dará a los pueblos

que buscan primero el reino de Dios y su justicia.

7. Las masas desconocen la doctrina social católica… que no es utópica. Hemos de reconocer que las masas aun no conocen la sociología cristiana. Es necesario, pues, ahora más que nunca, que lleguen a conocerla. Si en lo más íntimo de la voluntad popular se manifiesta este deseo de renovación y de justicia social, es muy lógico que al encontrar la única y verdadera justicia social las únicas normas y leyes de proceso social que pueden ser íntegramente llevadas a la práctica, porque no son utópicas, las masas se adherirán y harán suyas estas doctrinas y estos programas. Y es lógico también que si es

menester que se conozca la doctrina social católica hay que hacer propaganda práctica, que consiste en ver plasmadas en la realidad lo que hasta ahora sólo han sido palabras.

8. Si algo bueno tiene el socialismo… Si algo bueno tiene el socialismo es lo que ha aprendido de la sociología cristiana. Esto tendrá, por tanto, en el socialismo, algunos puntos de contacto. Uno de los medios de propaganda de nuestra doctrina social será, pues, hacer ver claro lo que de bueno pueda haber en la propaganda, los programas y la legislación social que nos espera. Lo malo, por sí solo, se descartará. (Escrito en marzo de 1936, antes de la Guerra Civil).

9. Qué hacer ante la anti-patria y el comunismo. Frente a la Patria Roja, frente a la patria comunista, delante del monstruo de la revolución, delante de la anti-patria, mostrémonos firmes y valientes, y demos a los hombres aquella paz, aquella justicia, aquel amor que buscan con tanta ansia y que no son capaces de encontrar. Es menester predicar, propagar y hacer conocer la doctrina social de la Iglesia.

10. Los cristianos que desacreditan la doctrina social cristiana. ¡Ay de aquel que, diciéndose cristiano, ataque o desacredite la propaganda social cristiana! ¡Ay de aquel que pudiendo practicar la doctrina social cristiana no lo haga! Que si las palabras del Divino Maestro, aquel que no está conmigo está contra Mí, suenan como terrible sentencia a los oídos de aquellos que conscientes de su catolicismo colaboraron al triunfo de las fuerzas revolucionarias, tanto más serán terribles para los que descuidan sus deberes sociales y cristianos.

Persecución religiosa

El 20 de julio de 1936, milicianos rojos quemaron la sede de la Federación. Empezó una persecución contra los jóvenes fejocistas (que eran una asociación de fe y acción social, pero no política ni de partido). Se calcula que unos 300 fejocistas fueron asesinados en la retaguardia republicana en Cataluña, incluyendo unos 40 sacerdotes ligados a ellos.

Maud, la madre de Joan, recordó después lo que su hijo hizo esos días: Fue aliviando penas, animando a los tímidos, visitando a los heridos, buscando diariamente en los hospitales entre los muertos, para saber cuáles de los suyos habían caído asesinados. Cada noche, al pie del lecho, con el crucifijo estrechado en sus manos imploraba para unos clemencia, para otros perdón, y para todos misericordia y fortaleza.

Las iglesias de Barcelona estaban cerradas, quemadas o destruidas y no era posible ir a misa a ningún templo. El padre Llumá entregó al joven Joan una reserva eucarística para que pudiera acudir a casas particulares a atender a los más necesitados. Joan dijo a la familia Rosés a la que visitó la misma tarde en que le matarían, el 11 de septiembre de 1936: Nada temo, llevo conmigo al Amo. Les dejó el Santísimo y, a la vuelta del trabajo, lo recogió y se lo llevó a su casa.

Martirio

Horas después, milicianos anticlericales, anarquistas de Santa Coloma de Gramanet, golpearon a la puerta de su casa, la de su familia. Fueron a buscar al joven Roig por petición de un vecino comunista. Joan, que escondía la Eucaristía en su cuarto, rápidamente consumió las Formas Sagradas encomendadas a su cuidado. Se abrazó a su madre y se despidió de ella en inglés: God is with me, (Dios está conmigo).

La patrulla, de las juventudes libertarias de Badalona, le llevó junto al cementerio nuevo de Santa Coloma de Gramanet. Le permitieron unas últimas palabras. Que Dios os perdone como yo os perdono, dijo él. Lo mataron de 5 disparos al corazón y uno de gracia en la nuca. Tenía 19 años: según la legislación de la época no era aún adulto. El martirio fue en la madrugada del 12 de septiembre de 1936, día en que la Iglesia celebra el Dulce Nombre de María. Después de la guerra, sus restos fueron recuperados y reconocidos por las 5 heridas del pecho y la del cráneo. Actualmente, descansan en una capilla de la parroquia de San Pere de El Masnou.

Semanas antes, unos milicianos habían quemado la iglesia del pueblo. Desde los asesinatos de varios clérigos en Asturias en 1934 Joan había reflexionado mucho sobre los mártires y la violencia social.

Jaume Marés, tío de Joan Roig, cuando se enteró de su detención pidió ayuda a un amigo policía. Le reveló que uno de los verdugo le había hablado del muchacho: ¡Ah! Aquel chico rubio era un valiente, murió predicando. Moría diciendo que nos perdonaba y que pedía a Dios que nos perdonará. Casi nos conmovió.

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