Corremos un riesgo


A Isabella le faltó tiempo para decirle a su amiga que esas Navidades serían las primeras que iba a celebrarla con Nacho. Atrás quedaban los años en los que su novio pasaba estas fiestas en América, en plena temporada taurina de allá, sin el calor familiar propio de los días navideños.

-En la nochebuena y en el día de Navidad estaremos con mi madre, en mi casa –dijo Isabella-; y la nochevieja y el día primero del 2009, con la familia de Nacho. Para mí es un alivio grande que este año no se haya ido a torear durante el invierno a América. Así, por lo menos, no tengo la inquietud que me invade los días en que se viste de luces. Y el estar tranquila, sin nervios, es lo que me recomendó el médico que me dio el alta. Gracias a Dios, lo estoy consiguiendo.

-También a mí me dijeron que me tomara las cosas con calma; y que no me agobiara con los estudios, ya que al incorporarme a las clases dos meses después de haber comenzado el curso, sentí un poco de ansiedad para recuperar los temas que ya se habían explicado y ponerme al día en todas las asignaturas, manifestó Marina.

-Totalmente lógico…, mala cosa es la ansiedad, precisó Isabella.

-Sí, además me aconsejaron: “Nada de quedarte en casa encerrada los fines de semana; sal con tus amigas… y amigos”. Y eso fue lo primero que hice. Algunos me preguntaron el por qué me había incorporado a finales de octubre a las clases, que si me había pasado algo. Yo dudé contarles el motivo, pero como -quiera o no quiera- todo termina sabiéndose, decidí decírselos. Y he aquí una grata sorpresa: todos -no sé cómo decirlo- me mostraron palpablemente su amistad, su apoyo y su deseo de ayudarme en lo que fuera preciso.

-¡Qué bueno que conectaras de nuevo con tus amigos de la facultad!

-Un compañero se ofreció en explicarme las materias que ya se habían dado durante mi ausencia. Y yo acepté.

-¿Aquél que estaba interesado por ti?, preguntó Isabella.

-No, no es Esteban. ¡Ojalá hubiese sido él! Ya te dije lo del feeling…, respondió con rapidez Marina, pero dejando inconclusa la respuesta.

-Y ese que te está ayudando en los estudios, ¿no estará tirándote los tejos?, comentó Isabella con una amplia sonrisa.

Es posible…, musitó Marina. Y enseguida añadió: Desde entonces, todas las mañanas de los sábados viene a mi casa como “profesor”. Y ahora te cuento la conversación surrealista, por llamarla de alguna manera, que tuvimos el primer día en que empezó las clases de recuperación.

-Cuéntame, cuéntame…

-De entrada, me dijo Fermín -así se llama-: -“Marina, corremos un riesgo con estas clases particulares”. Quedé sorprendida. -“¿Qué riesgo?”, pregunté. Y él, con una sonrisa, me contestó: “Que terminemos siendo novios”. A mí me entró la risa y le dije: “No es un riesgo, porque el riesgo es la posibilidad de que se produzca un contratiempo o una desgracia, de que alguien o algo sufra perjuicio o daño. Y el ennoviarnos es también una posibilidad, pero una bonita posibilidad… de algo bueno… señal de un enamoramiento mutuo. Ya veremos si esa posibilidad se convierte en realidad. Si así fuera, estupendo. Y si no, pues no pasa nada”. Y añadí para no crearle falsas expectativas: “En el presente, no estoy enamorada de ti… ni de nadie. En el futuro -y no tiene por qué ser lejano- espero enamorarme de alguien, y ¿por qué no de ti?”. Él, sin contener la risa, me dijo: “Ese es también mi caso. No estoy enamorado, pero te diré que me caes muy bien”. Al oírle decir esto último, lo de caerle bien, le dije: “Es lógico -y recíproco- si no, no seríamos amigos”.

-Lo que le dijiste, más que crearle falsas expectativas, es todo lo contrario.

-Si tú lo dices… Ya llevamos cuatro semanas y tengo que reconocer que mi amistad con él va encendiéndose a medida que estamos juntos esas mañanas de los sábados. Nos comportamos con naturalidad, él como profesor y yo como alumna; pero una vez acabada la clase, como amigos. El primer día, al despedirse, agarró mi cabeza con sus manos para acercarla hacia él y me plantó un beso en cada mejilla. Y desde entonces, así nos saludamos cuando Fermín llega, y al despedirse. Bueno, en alguna otra ocasión, he sido yo quien ha tomado la iniciativa besándole en las dos caras.

-Por lo que me cuentas, la impresión que saco es de que perseverar por ese camino que habéis emprendido acabaréis, sin duda alguna, enamorados y ennoviados, apostilló Isabella.

-Eso es lo que también a mí me parece…, ya el tiempo dirá… Con sinceridad te digo que cuando estoy con él no siento mariposas en el estómago, pero sí noto crecer mis sentimientos y afectos hacia él. La última vez, mientras me estaba explicando algo, nuestros ojos se encontraron más de una vez, sosteniendo la mirada unos segundos. Al darme cuenta, me ruboricé y agaché la cabeza nerviosa, para fijar la vista en el cuaderno en los que tomaba apuntes.

-¿Habéis salido ya juntos alguna vez?

-Solos, no; ni siquiera me lo ha propuesto. Las tardes de los sábados salgo en grupo, con amigas y amigos… entre los que está Fermín.

-¿Y Esteban?

-Éste sólo ha venido una vez, fue el primer sábado después de incorporarme al curso.

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