Beato Vicente de San José Ramírez

Beato Vicente de San José Ramírez

Nacimiento y emigración

Vicente Ramírez nació el 6 de agosto de 1595 en Ayamonte (Huelva), y fue bautizado en la Iglesia de las Angustias. Sus padres le educaron en el santo temor de Dios. Un día la familia emigró a América y se estableció en Puebla de los Ángeles, México. Allí, antes de ingresar el año 1615 en la Orden Franciscana, como lego, Vicente recordó las palabras que le dijera el Padre Guardián del Convento de Ayamonte, que tanta visitaba: Pero Vicente, ¿eso es lo que te preocupa y entristece? Pero si tú también eres noble porque eres hijo del Rey de Reyes, del Señor de los Señores, eres hijo de Dios. ¿Quieres mayor nobleza? Y puedes ser armado caballero y luchar por tu Dios y por tu Dama, en un torneo para el que no se necesita más bravura, más valor que para el torneo que viste ayer. Si lo deseas la palestra será tu alma y los enemigos con quienes has de contender serán tus propios defectos y pasiones. Lucha contra ellos, por tu Dios y por tu Dama, la Virgen Santísima. Lleva por guión la pureza y por divisa: El mundo para Dios; por trotón las sandalias de franciscano y por armadura un tosco sayal… Y vete por el mundo a rescatar almas para Dios.

En la Orden de San Francisco de Asís

En 1615 entró como hermano como hermano no clérigo en la Orden de los Hermanos Menores, distinguiéndose en la observancia de la regla y en el ejercicio fiel de los más humildes oficios. Bello de aspecto y noble en su porte, suscitó admiración entre las mujeres, pero siempre supo defender su castidad con la prudencia y la mortificación.

En 1617 se unió a fray Luis Sotelo y con fray Pedro de Ávila en viaje hacia Filipinas. De allí, en 1619, pasó al Japón, a pesar de la prohibición severísima contra los misioneros extranjeros de desembarcar en las islas japonesas. Colaboró celosamente con los sacerdotes y misioneros y sirvió de varias maneras a la comunidad cristiana.

Encarcelado por la fe en Japón

El 7 de septiembre de 1620 fue descubierto en casa de Domingo y Clara Yamada. Arrestado junto con el también beato fray Pedro de Ávila y otros misioneros, fue trasladado a la cárcel de Suzuta, donde faltaba totalmente la higiene y la comida era escasa y mala; permaneció allí cerca de dos años. La presencia de los hermanos de fe y de los sacerdotes aliviaba en gran parte los sufrimientos. El gobernador Gonrocu ordenó su traslado a Nagasaki junto con otros 23 cristianos europeos y japoneses en septiembre de 1622.

Lo que más entristeció a fray Vicente fue la traición de un apóstata, que conocía el refugio suyo y de fray Pedro de Ávila. El cristiano traidor fue un día donde el fray Pedro a pedirle que lo escuchara en confesión. Él le dijo que primero se preparase para la confesión y regresara. El traidor más bien se apresuró a correr donde el gobernador para advertirle de la presencia de los dos religiosos. Fueron enviados guardias para arrestarlos. Fueron atados estrechamente por los brazos y conducidos a las prisiones de Nagasaki y de Omura, donde ya se encontraba el Padre Apolinar Franco y otros dos religiosos franciscanos. Antes de partir para Omura los dos confesores de la fe tuvieron el gusto de poder vestirse con el hábito franciscano y por todo el camino fray Pedro de Ávila predicó la fe en Jesucristo.

Desde la cárcel de Omura, fray Vicente de San José escribe: Parece que esto va despacio para darnos muerte más prolongada, porque ya va para 5 años que está preso nuestro hermano fray Apolinario, que es el más antiguo en la cárcel. Aquí nos dan muchos pescozones, nos queman con ramas encendidas, otros nos hacen cortes en las manos, con todo lo cual nos estamos preparando para lo que ha de llegar, pero así y todo no lo cambio por nada. Sólo deseo que se haga en mí la voluntad de Nuestro Buen Dios.

Martirio

El 10 de septiembre de 1622 fue sábado de Gloria para fray Vicente Ramírez de San José y sus otros compañeros de martirio, un grupo de 205 testigos de Cristo. En la colina de Nagasaki, los mártires son atados cada uno al palo donde está la leña lista para ser encendida. Con el fin de que el suplicio fue más duro, la muerte más espantosa y la agonía larga, la leña que debía arder fue colocada a cierta distancia de los postes donde estaban colocados los mártires, y así, el fuego a distancia hizo más cruel el martirio. Después las cenizas de los mártires fueron tiradas al mar para evitar que fuesen recogidas como reliquias.

Fray Vicente de San José tenía apenas 25 años cuando recibió la corona del martirio. Fue beatificado por el beato Pío IX el 7 de julio de 1867. Su fiesta litúrgica se celebra en la diócesis de Huelva el día 11 de julio.

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