Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra


Comenzar el año haciendo memoria de la bondad de Dios en el rostro maternal de María, en el rostro maternal de la Iglesia, en el rostro de nuestras madres, nos protege de la corrosiva enfermedad de “la orfandad espiritual”. Jesucristo en el momento de mayor entrega de su vida, en la cruz, entregando su vida nos entregó también a su Madre. Y nosotros queremos recibirla en nuestro corazón y en nuestra familia. Queremos encontramos con su mirada maternal. Esa mirada que nos libra de la orfandad; nos recuerda que somos hermanos: que yo te pertenezco, que tú me perteneces; que nos enseña que tenemos que aprender a cuidar la vida de la misma manera y con la misma ternura con la que Ella la ha cuidado: sembrando esperanza, sembrando pertenencia, sembrando fraternidad (Papa Francisco).

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