Homilía de la Solemnidad de la Ascensión del Señor al Cielo (Ciclo C)

SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR (C)

Lecturas: Hch 1, 1-11; Ef 1, 17-23; Lc 24, 46-53

Fiesta grande. Celebra la Iglesia la Ascensión de Jesús al cielo, el retorno de Cristo al Padre, su entrada en la gloria definitiva. Este misterio es el punto culminante de todo el ministerio terrestre de Jesús: el Resucitado toma posesión del universo para recapitular todo lo creado y entregar su Reino al Padre. Dios ha vencido la muerte y en Jesús ha inaugurado definitivamente su Reino. Durante su vida terrena Jesús es el profeta del Reino. Y, después de su Pasión, Resurrección y Ascensión al cielo, participa del poder de Dios y de su dominio sobre el mundo (Juan Pablo II).

Varones de Galilea, ¿qué hacéis mirando al cielo? Los Apóstoles vieron cómo su Maestro se elevaba hasta que una nube lo ocultó a sus ojos, pero ellos continuaron mirando atentamente al cielo. Cristo, en su Humanidad Santísima, ocupa ya su lugar en la gloria; y allí nos prepara nuestra futura morada. En nuestro paso por este mundo, debemos tener los pies en la tierra y la cabeza en el cielo. Debemos dirigir nuestra mirada hacia los bienes celestiales.

Gozo y esperanza. Este día es de gozo por ser el de la exaltación y entronización de Cristo en la soberanía que le corresponde como Dios, sentado a la derecha del Padre con la gloria, majestad, poder y divinidad de Dios. Es Señor universal que gobierna sobre vivos y sobre muertos, Rey de reyes y Señor de señores (Ap 19, 16). Desde el santuario del cielo, Jesucristo no cesa de interceder por nosotros como el mediador que nos asegura permanentemente la efusión del Espíritu Santo.

Además, la Ascensión del Señor nos habla de esperanza. Abandonada a sus recursos naturales, la humanidad no tenía acceso a la Casa del Padre. Sólo Cristo ha podido abrir este acceso al hombre, ha querido precedernos como cabeza nuestra para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su Reino (Prefacio de la Misa de la Ascensión).

La Parusía. Con su Ascensión al cielo, Cristo termina su paso por la tierra. Vino como Salvador y Redentor del hombre. Realizada su misión, vuelve al Padre. Pero habrá una segunda venida, anunciada por los dos ángeles: Este mismo Jesús, que de entre vosotros ha sido elevado al cielo, vendrá de igual manera a como le habéis visto subir al cielo. Vendrá Jesucristo con gran poder, gloria y majestad, como Juez Supremo de todos los hombres. La capacidad de juzgar definitivamente las obras y los corazones de los hombres pertenece a Cristo. Adquirió este derecho en la Cruz. El Padre también ha confiado todo juicio al Hijo (Jn 5, 22).

Hay diversos pasajes evangélicos que son una llamada a vigilar para que su segunda venida no nos sorprenda. Son ejemplos sencillos y característicos que aparecen continuamente en el Evangelio. Advertencias para que estemos preparados, no solamente para la segunda venida de Jesucristo, sino también para el encuentro con el Señor en el momento que Él nos llame a su presencia.

 

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