Catequesis sobre la Confesión (IV)


Del libro: Un Dios que perdona

(El sacramento de la Penitencia explicado a los jóvenes)

Capítulo 2: Vivir en gracia

Ahora vamos a hablar de la gracia y de la necesidad de vivir con el alma en estado de gracia.

¿Y qué es la gracia? Te respondo a esta pregunta con un ejemplo. Un niño perdió a toda su familia -padres, hermanos…- en un desgraciado accidente. Al conocer la noticia, un hombre muy bueno, de gran corazón y con bienes abundantes, se compadeció tanto que decidió llevar a su casa a aquel chaval que se había quedado completamente solo en el mundo. Y le trató como a un hijo, haciéndole participar de sus bienes. Pues bien, por la gracia, Dios hace eso con nosotros. Esto lo explica bien el Catecismo de la Iglesia Católica: La gracia es una participación de la vida en Dios. Nos introduce en la intimidad de la vida intratrinitaria… El cristiano como “hijo adoptivo” puede ahora llamar “Padre” a Dios, en unión con el Hijo único (n. 1.997). Es, pues, un beneficio recibido sin merecerlo; un don sobrenatural que, gratuitamente, de balde, infunde Dios en el alma de modo permanente, como fruto de la Redención de Cristo. La gracia se adquiere por vez primera por el Bautismo; por la Confesión se recupera si se ha perdido; con los demás sacramentos y las buenas obras crece; y se pierde por el pecado mortal.

No hay que olvidar que sólo alcanzan la salvación eterna, es decir, el Cielo, los que mueren en gracia de Dios. Y para morir en gracia lo mejor es vivir siempre en gracia.

¿Siempre?, preguntas. Bueno, si se ha tenido la desgracia de perder el estado de gracia porque se ha cometido un pecado mortal, lo que hay que hacer es salir cuanto antes del estado de pecado, y esto se consigue acudiendo a la Confesión. Hay un dicho, que es éste: Normalmente, se muere como se ha vivido, o también, expresado de otra forma: Como se vive se muere. Por eso, si lo habitual en uno es vivir sin pecados mortales, no quepa la menor duda de que estando en gracia Dios le llamará a la eternidad.

Pero, ¿eso de vivir en gracia es muy difícil? Y además, ¿es posible vivir siempre en estado de gracia? Me parece bien tus preguntas, pero ahora no las voy a contestar. Lo haré más adelante.

Comenzamos con dos anécdotas. Entre las figuras del rejoneo de la última década del siglo pasado estaba un rejoneador perteneciente a una dinastíaSiempre salgo a la plaza a torear en gracia de Dios. Y añado yo: no sólo para torear hay que estar en gracia sino siempre. En la vida de santo Tomás de Aquino se refiere que estando el santo moribundo y rodeado por los religiosos de Fosanova, uno de éstos le dijo: Padre, decidnos lo que más os ha admirado en la tierra. Y Tomás respondió: Lo que nunca he comprendido es que un hombre se atreva a dormir en pecado mortal. jerezana siempre relacionada con el mundo de los toros y de los caballos. En una ocasión le preguntaron por qué se sentía tan seguro en la plaza. Y la respuesta fue:

Contadas las anécdotas, te diré que el alma humana puede estar en estado de gracia o en pecado. No hay estados intermedios. Algunas veces, en conversaciones con gente joven -y también con personas maduras-, al hablar de la vida espiritual, de su trato con el Señor, alguien me ha comentado que estaba mitad en gracia y mitad en pecado. No es posible: o se está en gracia o se está en pecado, de la misma manera que una mujer no puede estar medio embarazada y medio no embarazada. O está embarazada o no lo está.

(continuará)

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