Guadalupe Ortiz de Landázuri (IV)

El amor a Nuestra Señora

El amor a Santa María fue una constante en la vida de Guadalupe. Había aprendido del Fundador del Opus Dei a amar a todas las advocaciones de Nuestra Señora y, siguiendo su ejemplo, acudía siempre que podía a visitarla en distintos santuarios y ermitas. A los pocos días de llegar a México, el 9 de marzo de 1950, Guadalupe envió una carta a san Josemaría: Padre, nada más llegar fuimos a ponernos bajo la protección de la Virgen de Guadalupe en su Basílica (…). Estuvimos allí una media hora. ¡Qué pronto se me pasó! Había que pedir tanto. Yo creo que nos oyó.

Son muchos los testimonios sobre ese cariño a Nuestra Señora. Dice Encarnita Ortega: Tenía una gran devoción a la Virgen, de un modo especial bajo la advocación de Guadalupe (…). Cuando estaba en México iba frecuentemente a la Villa a contar a la virgen sus preocupaciones y a hacerla partícipe de sus alegrías (1).

Ponía siempre en manos de Santa María todas sus inquietudes, y acudía para todo a su intercesión: Su gran cariño a la Virgen era muy notorio. Demostraba su devoción a la Señora con el rezo pausado del Rosario, del Ángelus; jaculatorias durante la jornada; el “Acordaos” encomendando a la persona que más lo necesitara; y tres Avemarías por la noche pidiendo la santa pureza, En mayo visitaba algunos santuarios marianos, mostrándole su cariño iba a decirle que la quería, que le ayudara en su trabajo y en toda la labor apostólica que tenía confiada (2).

Ya ingresada en la Clínica de la Universidad de Navarra, poco antes de fallecer, un día que le dijeron que podía hacer un paseo más largo, quiso que fuéramos a la ermita de Nuestra Señora del Amor Hermoso del campus universitario (3). Aquella era la visita más deseada desde que los médicos la encerraron en su habitación. Se arregló elegantemente (…), y pasó a los pies de la Virgen un buen rato rezando el Rosario. Después, con pausa, recitaron la Salve (4).

En sus últimos momentos tenía en sus manos la estampa de la Patrona de América y una de las personas que la acompañaban le dijo: Guadalupe, ahora va a venir la Virgen a cogerte de la mano para llevarte al cielo como tú siempre querías. Le dieron a besar el crucifijo y esa estampa y dejó de respirar. Eran las seis y media de la madrugada y despuntaba la aurora del día de la Virgen del Carmen.

***

(1) AGP, GOL. T-Encarnación Ortega

(2) Idem

(3) AGP, GOL. T-Ángela Mouriz García

(4) Mercedes Eguibar, Guadalupe Ortiz de Landázuri, ed. Palabra, Madrid 2001, p. 272

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s